logotipo

img_google
Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Cómo se hacen los niños
Yo, de pequeño, estaba convencido de que la madera era, cómo os diría yo, hijos míos, una sustancia fabricada artificialmente por los seres humanos. Como el plástico, vamos. Y la gente me decía "que no, que viene de los árboles". Y yo me descojonaba de ellos a la cara. Miraba un tronco flaco de los pinos del pantano de mi pueblo, después miraba una mesa y pensaba "qué tonta es la gente". Así era yo. Del mismo modo que no recuerdo creer nunca en los Reyes Magos -la torpe silueta de mis padres con los regalos se veía perfectamente a través del cristal esmerilado de la puerta de mi habitación, daba igual, me hacía la misma ilusión-, creí lo de la madera hasta mucho después de tener vello púbico, seguramente.

Yo me tenía que hacer mi propia composición de las cosas. Había un dibujo en un libro que yo tenía del cuerpo humano que nunca entendía. El estómago, perfecto: una gran fábrica llena de poleas y almacenes y gente llevando comida de un lado a otro. Pero aquel dibujo, que era un gran muelle alargado que se metía en una especie de hangar y de él salían unos hombrecillos vestidos de blanco, me tenía intrigado. "Los pulmones no es, eso fijo", me decía yo.

Y llegó la lista de mi hermana melliza, que era una adelantada, y me dijo:
-Eso es una pilila, de los niños, que se mete en la peseta de las niñas.
-¿Qué? -lo había entendido, pero me había dado mogollón de asco. No me hubiera parecido a mí necesaria tanta cercanía entre dos personas para nada en el mundo.
-Una pilila dentro de la peseta.
-¿Y por qué?
-Para tener hijos.
Y mi hermana inició una pormenorizada explicación que me fue dejando progresivamente atónito. Pero después entré en la cocina y le dije a mi madre, con el libro en la mano:
-Mamá, ya sé cómo se hacen los niños.
A mi madre, que estaba haciendo un huevo frito, se le cayó la escurridera llena de aceite al suelo. La recogió y dijo:
-Entonces ya sabes lo que cuesta traerlos al mundo, ¿no?
No sé si respondí algo, pero, desde luego, estaba de acuerdo con ella: me parecía un esfuerzo supremo.
 
Comentario:
Completamente de acuerdo con peq.
 
Comentario:
¡¡¡Y estábamos en quinto de egebé!!! No doy crédito aún cuando lo pienso.
 
Comentario:
Yo me quedé alucinada el día que me enteré que las chicas tenían la regla...¡¡¡ESO ES IMPOSIBLE!!! Le dije a la Nely que fue quien me lo desveló. Y ella juraba y perjuraba que una de su clase ya la tenía. Uag, qué asquito me dió. Y ya ves.

Besitos guapetón, m.
 
Comentario:
En mi infancia nadie me explicó nada sobre las relaciones sexuales. La tele me ayudó bastante a ver como encajaban el hombre y la mujer.
Luego los chicos mayores del autobús del colegio, que eran muy cultos y unos pervertidos.
 
Comentario:
No sé si te das cuenta, pero tu blog se está volviendo progresivamente la crónica de un matriarcado llevado con filosofía...
No