logotipo

img_google
Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
La alfombra
Llegúe el lunes a la casa del pueblo, dejé la maleta en mi habitación, eché una meadilla -como decía ayer uno en "CSI", hay que dar todos los detalles, que en los detalles está la pista clave- y me dirigí a la cocina para abrir la llave del agua. Al entrar en la sala me quedé petrificado. Un olor como a humedad y a muerto asaltó mis narices. Me atreví a dar la luz, a sabiendas de que no me esperaba nada bueno. Me acojoné. A lo Chiquito de la Calzada, retiré el pie que estaba a punto de posar en el salón.

La alfombra milenaria de mi madre, tan enorme que pasaba por debajo de los sofás, estába cubierta de un moho blanquecino de un centímetro de grosor. Diversas tonalidades de pardo ondulaban en torno al foco que suponía un radiador reventado por las heladas. No vomité porque no había nadie para verlo y porque sería ponerlo peor. En aquella alfombra había más fauna que en el Amazonas. Y digo bien, fauna, hijos míos, habéis de saber que los líquenes son animales. Creo. O, si no lo son, lo parecen.

Con el estómago encogido por el asco me armé de valor -si no lo hacía de golpe, no lo haría nunca- y hundí las manos en aquel bosque de helechos y tiré de la alfombra, la separé de los sofás, una lámpara fue a parar al suelo, y la doblé como pude. Cuando la hube hecho un bulto del tamaño de una oveja muerta intenté levantarla, pero no pude. Retenía líquidos y pesaba demasiado.
-Armando, ven a mi casa -le llamé por el móvil.
-¿Ya estás en Aguilar?
-Sí. Armando, ven a mi casa, por dios -no pude ocultar el terror.

Pero no pudo venir, así que tuve durante unos cuantos días la oveja muerta en mitad de mi salón, podía ver su silueta en la penumbra cuando me aventuraba a la cocina a por un vaso de agua. Soñé con ella, soñé que la puerta de mi habitación se abría y la alfombra arrebuñada se abalanzaba sobre mí. Horrible.

Días después, Árman pudo venir a ayudarme a bajarla al contenedor. Dejamos moho en las paredes del portal y en el pasamanos, y también un poco en los pantalones Energie de 118€ de Árman, así que tuve que correr una vuelta a mi manzana para que no me pillara.

Por cierto, le prometí al Juanjo que no enlazaría aquí con las fotos de carnaval. Le mentí. Aquí las tenéis. Daos prisa en verlas, por si acaso las cambia. Yo soy la de la media melena negra con cara de zorra, Juanjo la del top de leopardo y Pichina la de los rizos rubios. Lo demás, amigos o agregados.
 
Comentario:
hola hijodejuliete, no te habras tirado a villalba debajo del puente mayor, porque de tanto dar con los cuernos se ha jodido. Haber quien lo paga.
 
Comentario:
Hey motero, no jodas q tenemos amigos comunes!!! quiénes?

Peq, pues lo de la alfombra no sé si es de Lovecraft, yo es que era más de Poe, pero así ocurrio...
 
Comentario:
1-¿Lo de la alfombra no sale en un cuento de Lovecraft?

2-Por lo que recuerdo de otros carnavales, constato que como tía te hubieras echado a perder mucho más rápido que como tío.
 
Comentario:
Jajaja, he visto las fotos, jajaja. Veo que tenemos amigos comunes.

Bueno, espero no te obsesiones con la oveja. Sigo por aquí, a ver cómo ha ido la SS.
 
Comentario:
Julio, eres una cabrona. Qué fotos, por dios, el día que tengamos alguna despedida de soltero, nos vamos a poner las botas. Je, je.
No