La fiesta de la espuma
Hijos míos, habéis de saber algo: yo inventé las fiestas de la espuma. Cuando tenía cuatro años mi padre llamó a mi madre por teléfono:
-Baja un segundo que tengo un lío con los pedidos.
-¿Y dejo a los chigüitos solos? -en qué momento.
-Es un segundo, Rosi.
Y mi madre bajó al taller, dos minutos desde casa. Al parecer, yo salté de la cuna lleno de decisión, arrastré un bote de Dixán -recordad que los de entonces eran de 5 kilos- hasta la bañera, lo vertí y encendí el agua de la ducha. ¿Alguien puede imaginar lo que pasaba por mi cabeza? Yo tampoco.
Una vecina subía al primero -nosotros vivíamos en el tercero- y vio que una lengua de espuma bajaba por las escaleras, un palmo de alta. Convirtiéndose en la tercera participante en una fiesta de la espuma de la historia -los primeros estábamos siendo mi hermana y yo- subió como pudo y comprobó que la espuma salía bajo la puerta de mi casa. Horrorizada corrió a buscar a mi madre -los corazones de las madres son a prueba de bombas-. La Rosi abrió la puerta y me descubrió ahí, navegando a la deriva boca arriba, en mitad de mi fiesta, morado y haciendo pompas con la que pretendía ser la última bocanada de oxígeno de mi vida.
Es que iba para químico. Otra vez eché lejía en el vaso de agua que mi padre se bebía todas las noches -lo tuvieron que llevar a hacer un lavado de estómago-. Más tarde, intentaría electrocutarlo con el niño Jesús mientras ponía el belén. También tengo una cicatriz encima del labio porque metí la boca en la máquina de coser de mi madre. Funcionando. Me llevaron a Don Luis -el médico-, me quitó el hilo azul de punto cruzado, tan elegante, y ya me puso otro un poco más apropiado.
Y vamos con el reporte habitual: a nuestro enviado especial a Guinea -el impagable JJ- le han colado un recargo de 350€ por exceso de equipaje. ¿Os extraña? ¿A que no? Es que creemos que también se llevaba agua embotellada, y de ahí el sobrepeso.
-Baja un segundo que tengo un lío con los pedidos.
-¿Y dejo a los chigüitos solos? -en qué momento.
-Es un segundo, Rosi.
Y mi madre bajó al taller, dos minutos desde casa. Al parecer, yo salté de la cuna lleno de decisión, arrastré un bote de Dixán -recordad que los de entonces eran de 5 kilos- hasta la bañera, lo vertí y encendí el agua de la ducha. ¿Alguien puede imaginar lo que pasaba por mi cabeza? Yo tampoco.
Una vecina subía al primero -nosotros vivíamos en el tercero- y vio que una lengua de espuma bajaba por las escaleras, un palmo de alta. Convirtiéndose en la tercera participante en una fiesta de la espuma de la historia -los primeros estábamos siendo mi hermana y yo- subió como pudo y comprobó que la espuma salía bajo la puerta de mi casa. Horrorizada corrió a buscar a mi madre -los corazones de las madres son a prueba de bombas-. La Rosi abrió la puerta y me descubrió ahí, navegando a la deriva boca arriba, en mitad de mi fiesta, morado y haciendo pompas con la que pretendía ser la última bocanada de oxígeno de mi vida.
Es que iba para químico. Otra vez eché lejía en el vaso de agua que mi padre se bebía todas las noches -lo tuvieron que llevar a hacer un lavado de estómago-. Más tarde, intentaría electrocutarlo con el niño Jesús mientras ponía el belén. También tengo una cicatriz encima del labio porque metí la boca en la máquina de coser de mi madre. Funcionando. Me llevaron a Don Luis -el médico-, me quitó el hilo azul de punto cruzado, tan elegante, y ya me puso otro un poco más apropiado.
Y vamos con el reporte habitual: a nuestro enviado especial a Guinea -el impagable JJ- le han colado un recargo de 350€ por exceso de equipaje. ¿Os extraña? ¿A que no? Es que creemos que también se llevaba agua embotellada, y de ahí el sobrepeso.
Comentario:
Jajajajaja, no si nunca te acostarás sin saber algo nuevo...
Creo que yo tengo alguna mas bestia, yo iba para fisico porque trate de probar la ley de la gravedad con mi hermano de dos años encima de un balancin del parque pequeño de la cascajera. El experimento constaba de mi hermano en unos de los extremos y yo saltar en otro de los extremos, por eso de la fuerza es igual a la aceleracion por la masa...El pequeño kiko voló por encima del balancín y de mi cabeza, aterrizando sobre su clavícula...En fin, aprendí dos cosas: los experimentos mejor con gaseosa y que mi hermano no era el Babyfeber...
Creo que yo tengo alguna mas bestia, yo iba para fisico porque trate de probar la ley de la gravedad con mi hermano de dos años encima de un balancin del parque pequeño de la cascajera. El experimento constaba de mi hermano en unos de los extremos y yo saltar en otro de los extremos, por eso de la fuerza es igual a la aceleracion por la masa...El pequeño kiko voló por encima del balancín y de mi cabeza, aterrizando sobre su clavícula...En fin, aprendí dos cosas: los experimentos mejor con gaseosa y que mi hermano no era el Babyfeber...
Comentario:
Ja, ja, ja, qué despolle Julio. Muy bueno.
Comentario:
que bueeeeno me descojonoooooo
Te lo he dicho esta mañana y me he quedado corto, un saludo.
Te lo he dicho esta mañana y me he quedado corto, un saludo.





