La Jandra
Mi abulela Jandra era lo más. Sólo he conocido a esa abuela, nació en el 1903. Ahí lo llevas. Metro y medio, vestida de negro, pelo blanco en un moño. Y todo el puto día descojonada. Leía los letreros de la calle sin solución de continuidad:
-Academia de inglés rollal cull o englin matrícula gratis pantortillas vejo las auténticas reservado camarero- y se empezaba a partir el eje de las equis.
Cuando echaban una de tiros por ta tele se apartaba porque se pensaba que le podían meter una bala entre ceja y ceja. Lo creía a pies juntillas. Y mi padre la picaba:
-Jandra, póngase aquí delante, conmigo, que lo ve mejor.
-Deja, deja -decía ella, y a descojonarse.
Lo de la tele no lo acabó de entender jamás. Tardamos en hacerle meterse en la cabeza que, aunque alguno se muriera en una serie, luego podía salir en otras películas. Hasta que, viendo conmigo Reservoir Dogs -ella se lo tragaba todo-, resolvió:
-Ese yo creo que ya no hace más -y a reírse.
Ya supimos que iba para vieja el día que yo me levanté, aparecí en la salita de mi casa bostezando y ella le dio un codazo a mi madre, me señaló y se puso:
-Anda, ¿y este quién es?
Y la loca de mi tía la monja un día dejó suelta a la Jandra y nos la encontramos en una terraza de un bar de mi pueblo -de los modernos- tomándose una cerveza con el pañuelo de verano -porque era gris- atado a la cabeza.
-Me lo ha traído ese muchacho tan majo. Está muy rico, esto -y a beber y a partirse. Los camareros de mi pueblo no respetan las canas.
El día del entierro de la abuela lo celebramos todos los primos como se merece: partiéndonos el culo. A la hora del almuerzo estábamos en una mesa aparte y yo empecé a soltar chorradas -es superior a mí, cuando me junto con mis primas las pijas-, me siguió un primo mío que no voy a nombrar, pero que no tiene conocimiento y su humor es mucho más grueso que el mío, aunque también encuentra su público, y no veáis, hijos míos, qué risas nos echamos. Los padres -descendientes directos de la Jandra- nos echaban miradas fulminantes porque no comprendían el verdadero espíritu de la Jandra. A la Jandra le hubiera gustado vernos así el día de su entierro, haciéndola homenaje. Ella hubiera dicho su frase favorita, aquella que repetía día tras día después del postre:
-Qué bueno estaba todo. De hoy en un año -y a estallar en carcajadas.
-Academia de inglés rollal cull o englin matrícula gratis pantortillas vejo las auténticas reservado camarero- y se empezaba a partir el eje de las equis.
Cuando echaban una de tiros por ta tele se apartaba porque se pensaba que le podían meter una bala entre ceja y ceja. Lo creía a pies juntillas. Y mi padre la picaba:
-Jandra, póngase aquí delante, conmigo, que lo ve mejor.
-Deja, deja -decía ella, y a descojonarse.
Lo de la tele no lo acabó de entender jamás. Tardamos en hacerle meterse en la cabeza que, aunque alguno se muriera en una serie, luego podía salir en otras películas. Hasta que, viendo conmigo Reservoir Dogs -ella se lo tragaba todo-, resolvió:
-Ese yo creo que ya no hace más -y a reírse.
Ya supimos que iba para vieja el día que yo me levanté, aparecí en la salita de mi casa bostezando y ella le dio un codazo a mi madre, me señaló y se puso:
-Anda, ¿y este quién es?
Y la loca de mi tía la monja un día dejó suelta a la Jandra y nos la encontramos en una terraza de un bar de mi pueblo -de los modernos- tomándose una cerveza con el pañuelo de verano -porque era gris- atado a la cabeza.
-Me lo ha traído ese muchacho tan majo. Está muy rico, esto -y a beber y a partirse. Los camareros de mi pueblo no respetan las canas.
El día del entierro de la abuela lo celebramos todos los primos como se merece: partiéndonos el culo. A la hora del almuerzo estábamos en una mesa aparte y yo empecé a soltar chorradas -es superior a mí, cuando me junto con mis primas las pijas-, me siguió un primo mío que no voy a nombrar, pero que no tiene conocimiento y su humor es mucho más grueso que el mío, aunque también encuentra su público, y no veáis, hijos míos, qué risas nos echamos. Los padres -descendientes directos de la Jandra- nos echaban miradas fulminantes porque no comprendían el verdadero espíritu de la Jandra. A la Jandra le hubiera gustado vernos así el día de su entierro, haciéndola homenaje. Ella hubiera dicho su frase favorita, aquella que repetía día tras día después del postre:
-Qué bueno estaba todo. De hoy en un año -y a estallar en carcajadas.
Comentario:
Has heredado el buen humor de la abuela Jandra eh :)
He contado la historia de tu vecina la Marián que se curó el ojo rodando por las escaleras y aún me parto cuando me le imagino.
Besos
He contado la historia de tu vecina la Marián que se curó el ojo rodando por las escaleras y aún me parto cuando me le imagino.
Besos





