logotipo

img_google
Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
La puta y la monja
El año pasado, en Carnavales, vino a mi pueblo el que por entonces era mi novio. Había estado poniéndose en el messenger los días anteriores el nick "quién va a invitarme a su pueblo a Carnavales?" y yo, que no tengo un pelo de tonto, pillé la indirecta. Así que se lo propuse, él se hizo el remolón tres segundos y medio y aceptó. Pero dijo:
- Ah, una cosita. Yo no me voy a disfrazar.
- No te preocupes, tú haz lo que quieras -le tranquilicé, y me sonreí. Porque sabía que se iba a disfrazar. Por encima de mi cadáver.

Así que lo primero que hicimos al llegar fue tirarnos unas bolas de nieve, ponernos cachondos por la excitación de tanto abrigo y tanta bufanda y tanto sofoco pueril, culminar dicho asunto en mi habitación -aún decorada como cuando era pequeño, con mis naves de Star Wars y mis tebeos de Astérix- mientras sonaba uno de mis viejos vinilos de Dylan -él preguntó "¿quién es este que canta como una cabra montesa?" y yo casi lo mato pero en lugar de eso se me puso más dura-, vestirnos de nuevo e irnos a casa de la Gago, una de mis mejores amigas en el pueblo, a ver de qué nos disfrazábamos.
- Que yo no me voy a disfrazar -repetía por el camino.
- Que no me comas la oreja, que hagas lo que quieras -en aquella época aún tenía yo la sartén por el mango.

Pues le apañamos entre la madre de la Gago -absolutamente consciente de que aquel chico era más que un amigo de Madrid- un traje de monja que para sí le quisieran las clarisas del otro lado del río. Era un poema verle a la madre de la Gago arreglarle la cofia y decirle:
- Estate quieto, chiguito, que te voy a clavar un alfiler. Coño con el niño.
- Si es que yo no me quiero disfrazar.
- Ay qué ocurrencias. ¿Qué piensas, salir vestido de calle? Se ríen de ti. Qué chavales.
Así que se disfrazó, quisiera o no, y yo me disfracé, para hacer el contraste, de auténtica zorra. Yo, aunque intente parecer una chica fina o pija, o una chica normal, siempre parezco el zorrón del barrio. La Marisa me maquilla y me pongo to nervioso cuando me pinta la raya con el ojo cerrao. No valdría para ser tía. Pues parezco una zorra hasta las cuatro. A partir de las cuatro parezco un travelo chungo al que le han obligado a una felación, le han pegado dos hostias y encima no le han pagado.

Pues de semejante guisa salimos con mi pandilla. Yo le miraba -su actitud, sólo le asomaba la cara en el disfraz, y todo él, a excepción del whisky cola en la mano, era de una monja de verdad- y me partía el eje de las equis. Yo le metía mano debajo de la sotana y se apartaba todo recatado. Más tarde, mandábamos aquel recato y aquella sotana a un rincón de mi habitación de niño, pero eso ya no sale en el capítulo de hoy, queridos televidentes. No queremos que nos retiren de la parrilla tan pronto.

Hablando de series, el Alvarito me ha mandado una foto con el nuevo prota de "UPA dance". Yo nunca he visto esa serie, pero un poster del colega éste si me compraba. Dice Alvarito que, por él, la serie debería llamarse "Chupa dance". Estoy de acuerdo.
 
Comentario:
ya sabia la historia, pero pense que si que estabas liado con el
 
Comentario:
aquel chavalito sí tenía algo de monja, despues de todo
: lo de su voto de silencio
No