La prueba
Esta mañana he ido al médico a recoger mis pruebas que me había hecho -ahora podéis comprender mi bajón espiritual de estos días pasados-. Iba con mi coche por medio del atasco de Alberto Aguilera, drogado con dos Lexatines 1,5 y un porro cojonudo que me fumé ayer después de salir de la empresa con mi compi de atrás, el vasco que dice que a los barbos les gusta el queso.
Hace siglos que no fumaba un porro, tenéis que comprenderme -sobrinos lectores míos, tomad nota de mi actitud y no malinterpretéis mis acciones o justifiquéis las vuestras propias-, es que estaba fatal de los nervios. Pues en el parque de la Ventilla nos lo fumamos, y después me fui al cine, y después a ver a Moni y a Vic en plan última despedida, y allí me tomé un Lexatin mientras veíamos las tomas falsas de Aquí no hay quien viva -me reí, a mi pesar- y lo empujé con un poco de cerveza, y ya en casa me tomé otro, por si las moscas. Voy a acabar como el hijo de la Lola Flores, me dije, exagerando, como siempre.
Y abrí el ojo a las 3.30 de la mañana sin saber si era yo o Catalina de Aragón, y dormité hasta que sonó el despertador y me duché, llamé a Moni -había dicho que me acompañaría- y me dirigí a mi destino en forma de informe clínico, calle Sandoval.
-¿Le importa que me quede de pie? -le dije a la enfermera.
-No. Si yo, es por ti.
-Muchas gracias -la habitación daba vueltas a mi alrededor y yo flotaba en mi nube de ansiedad suprema, ahora lejos de la médico, ahora cerca, cada vez más lejos de allí y del mundo.
-Sífilis no tienes, déjame encontrar el otro papel -y rebuscaba y rebuscaba, y yo ya entraba ya en la órbita de Urano-. Me estás poniendo nerviosa a mí, que no lo encuentro.
-Dios -dije yo, con todo lo ateo que soy.
-No tienes nada -leyó, por fin-. Negativo VIH, negativo hepatitis. Estás más sano que una manzana.
Sono el teléfono, era la Moni que justo entraba en la sala de espera. A buenas horas, nena.
-Ya estoy aquí -jadeando-, ¿dónde estás?
-Dentro. Que me acaban de decir que no tengo nada.
-Cuánto me jode tener razón -es una frase que le encanta a la Moni.
Al rato llamé a mi hermana Nuri, que hizo unos gorgoritos muy raros por el teléfono, entendí que de alivio -o falta de cobertura- y me echó media charla acerca de mi promiscuidad. Y llamé a mi hermana Mari, a quien sí entendí sus gorgoritos de alivio, y luego a mi madre, que se extendió en alabanzas celestiales. Y luego a Zoo, que pegó un grito de tribu neozelandesa en pie de guerra y luego me prometió varias cosas al oído que no tengo huevos para reproducir aquí, pero para las que necesitaremos una cama grande.
Esto es todo por hoy, hijos míos. Estoy exhausto pero no hay nadie más feliz que yo hoy bajo la estratosfera. Gracias Moni, Nuri, Mari, mamá, Zoo, Canario Cuatro Caminos, Noe, Yorch, Vic y todos todos, todos los demás. Os llevo dentro.
Hace siglos que no fumaba un porro, tenéis que comprenderme -sobrinos lectores míos, tomad nota de mi actitud y no malinterpretéis mis acciones o justifiquéis las vuestras propias-, es que estaba fatal de los nervios. Pues en el parque de la Ventilla nos lo fumamos, y después me fui al cine, y después a ver a Moni y a Vic en plan última despedida, y allí me tomé un Lexatin mientras veíamos las tomas falsas de Aquí no hay quien viva -me reí, a mi pesar- y lo empujé con un poco de cerveza, y ya en casa me tomé otro, por si las moscas. Voy a acabar como el hijo de la Lola Flores, me dije, exagerando, como siempre.
Y abrí el ojo a las 3.30 de la mañana sin saber si era yo o Catalina de Aragón, y dormité hasta que sonó el despertador y me duché, llamé a Moni -había dicho que me acompañaría- y me dirigí a mi destino en forma de informe clínico, calle Sandoval.
-¿Le importa que me quede de pie? -le dije a la enfermera.
-No. Si yo, es por ti.
-Muchas gracias -la habitación daba vueltas a mi alrededor y yo flotaba en mi nube de ansiedad suprema, ahora lejos de la médico, ahora cerca, cada vez más lejos de allí y del mundo.
-Sífilis no tienes, déjame encontrar el otro papel -y rebuscaba y rebuscaba, y yo ya entraba ya en la órbita de Urano-. Me estás poniendo nerviosa a mí, que no lo encuentro.
-Dios -dije yo, con todo lo ateo que soy.
-No tienes nada -leyó, por fin-. Negativo VIH, negativo hepatitis. Estás más sano que una manzana.
Sono el teléfono, era la Moni que justo entraba en la sala de espera. A buenas horas, nena.
-Ya estoy aquí -jadeando-, ¿dónde estás?
-Dentro. Que me acaban de decir que no tengo nada.
-Cuánto me jode tener razón -es una frase que le encanta a la Moni.
Al rato llamé a mi hermana Nuri, que hizo unos gorgoritos muy raros por el teléfono, entendí que de alivio -o falta de cobertura- y me echó media charla acerca de mi promiscuidad. Y llamé a mi hermana Mari, a quien sí entendí sus gorgoritos de alivio, y luego a mi madre, que se extendió en alabanzas celestiales. Y luego a Zoo, que pegó un grito de tribu neozelandesa en pie de guerra y luego me prometió varias cosas al oído que no tengo huevos para reproducir aquí, pero para las que necesitaremos una cama grande.
Esto es todo por hoy, hijos míos. Estoy exhausto pero no hay nadie más feliz que yo hoy bajo la estratosfera. Gracias Moni, Nuri, Mari, mamá, Zoo, Canario Cuatro Caminos, Noe, Yorch, Vic y todos todos, todos los demás. Os llevo dentro.
Comentario:
La tacones te fue a llamar puta eh Juliete,? un saludo Mari.
Comentario:
Eres un hipocondrias de la ostia. ¡¡¿Ves como no era nada?!!
Enhorabuena chavalote. Besucos, m.
Enhorabuena chavalote. Besucos, m.





