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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Aquí huele a muerto
En 1999, cuando aún era posible, yo me compré mi apartamentito en Majadahonda. Lo había visto de resaca y había dado la señal aquella misma mañana de domingo -no estaba dispuesto a que se me volvieran a adelantar-. Cuando volví a verlo por segunda vez, mi movida mental era: "¿Será una puta mierda de piso pero me moló porque aún había whisky en mis venas? ¿La habré cagado para siempre? ¿Soy el tío más imbécil del noroeste de Madrid?", cosas así. Pero no, el piso molaba.

Pues me llevé a mis padres a limpiarlo -cuánto quiere uno a los padres, ¿verdad?- una calurosa tarde de mayo.
-Este baño huele a muerto. Qué cerdas son estas parejas jóvenes -señaló mi madre, y un sexto sentido me hizo volver la cabeza a la rejilla de ventilación en el techo. Sin decir nada, mis padres limpiando las ventanas por fuera, pillé un destornillador y me subí a una banqueta.

Quité un tornillo y la rejilla cedió por el peso de algo.
Algo.
-Papá, ven un momentito -de pronto, las canillas me temblaban-. Ahí hay algo. Míralo tú, que yo voy a tomar un poco el aire.
Y mi padre, que ha sostenido el cubo en matanzas, degollado pavos de navidad y vivido una posguerra, tomó el relevo mientras algunas plumas se empezaban a colar por los huecos de la rejilla.
-Dios. Mamá, creo que voy a devolver este piso.
Pero fui valiente y cogí una bolsa del Vip's y llegué justo a tiempo para que mi padre terminara de quitar la rejilla: tres palomas en diversos estados de putrefacción cayeron por el hueco, llenando el baño de plumas y de un hedor infinito. Cayeron en mi bolsa. La náusea.

Mi padre aún se descojona de mí cuando se acuerda. Dice que cómo se nota que yo lo he tenido todo en esta vida. Opina que yo me compré ese piso tan bien de precio because of that. Seguro que sí. Los dos que habían vivido antes también parecían, como yo, pusilánimes urbanitas.

Es que Zoo me dijo el sábado de madrugada:
-Aquí huele a muerto -y yo miré la puerta entreabierta del baño desde la cama y sentí ese truco de la distancia focal, como en las escaleras de "Rebeca" y la náusea regresó y vislumbré un ojo de fantasma de paloma mirarme fíjamente desde la penumbra-. ¿Se te está bajando? -notó Zoo, con su mano en mis partes.
-Nada, es que me he desconcentrado un segundo.
-¿Seguimos?
-Claro que sí -decidí, y apagué el mapamundi.
 
Comentario:
Tío, qué me molan tus episodios. JAJAJA. A mi una vez me anidaron una paloma y su hijo en un cazuelo que dejé olvidado en la terraza, MALDITAS RATAS CON ALAS. Con un palo las espanté y desinfecté toooooda la terraza, qué asco joder.
No