Se me va la pinza
A principios de los sesenta, posguerra total aún, mi padre y mi madre y mis hermanas, entonces niñas, comen todos a la mesa. Mi hermana Pilé -tengo que dar nombres, esta vez-, que siempre fue la más radical, se pone:
-Mamá, ¿a ti te gustan los toros? -y sorbe una cucharada de sopa. Expectación en el ambiente, ante aquella pregunta repentina.
-Pues sí.
Entonces mi hermana, feliz por poder completar el chiste que había escuchado aquella mañana en el colegio, suelta la cuchara y dice:
-Anda, igual que a las vacas.
En un abrir y cerrar de ojos, recibe un tortazo de mi padre igualmente inesperado, que resuena por toda la cocina y por el portal abajo. Cuando ahora lo recuerdan, a todos nos da la risa, pero es que, según mi padre, aquello era una especie de falta de respeto.
-Ahora, son otros tiempos -añade, como para quitarle hierro. Es verdad, no le gusta recordar su etapa autoritaria -luego se quedó en nada, si hasta mi hermana melliza y yo insultábamos a nuestra madre delante de él y no nos pasaba nada-.
Es que mi hermana Pilé fue la revolucionaria de la familia, en aquellos años franquistas. Con ocho años se perdió en la playa del Sardinero porque se puso a seguir a un negro. En aquella época no había muchos negros, así que aquello era el colmo del exotismo, y mi hermana lo hubiera seguido hasta el fin del mundo.
Y hay una foto de su primera comunión en la que salen todas las niñas de todos los bancos a la redonda, sin excepción, giradando por completo sus cuerpos hacia mi hermana, que alarga una mano hacia adelante y mira a la cámara como reconociendo su culpa.
-Es que a la que estaba al lado mío le habían robado el misalito y yo estaba averigüando quién lo tenía -en mitad de la misa, oyes. Ella, como el Robin Hood, siempre mirando por los desfavorecidos.
Y vivió un poco la Movida Madrileña, que iba a casa de unos pintores y llegaba el Fabio McNamara y se cambiaba delante de ellas y se quedaba en bragas negras de puntilla. Y eso que mi madre, desde niña, ya intentaba convertirla en una renegada, que la decía:
-Hija mía, qué negruca eres -ni que mi madre fuera la Romi Schneider.
-Que no soy negra, que soy "colodada" -protestaba mi hermana.
En fin, que todo esto iba a que hoy me voy a los toros, y se me ha ido la pinza. Mañana os cuento.
-Mamá, ¿a ti te gustan los toros? -y sorbe una cucharada de sopa. Expectación en el ambiente, ante aquella pregunta repentina.
-Pues sí.
Entonces mi hermana, feliz por poder completar el chiste que había escuchado aquella mañana en el colegio, suelta la cuchara y dice:
-Anda, igual que a las vacas.
En un abrir y cerrar de ojos, recibe un tortazo de mi padre igualmente inesperado, que resuena por toda la cocina y por el portal abajo. Cuando ahora lo recuerdan, a todos nos da la risa, pero es que, según mi padre, aquello era una especie de falta de respeto.
-Ahora, son otros tiempos -añade, como para quitarle hierro. Es verdad, no le gusta recordar su etapa autoritaria -luego se quedó en nada, si hasta mi hermana melliza y yo insultábamos a nuestra madre delante de él y no nos pasaba nada-.
Es que mi hermana Pilé fue la revolucionaria de la familia, en aquellos años franquistas. Con ocho años se perdió en la playa del Sardinero porque se puso a seguir a un negro. En aquella época no había muchos negros, así que aquello era el colmo del exotismo, y mi hermana lo hubiera seguido hasta el fin del mundo.
Y hay una foto de su primera comunión en la que salen todas las niñas de todos los bancos a la redonda, sin excepción, giradando por completo sus cuerpos hacia mi hermana, que alarga una mano hacia adelante y mira a la cámara como reconociendo su culpa.
-Es que a la que estaba al lado mío le habían robado el misalito y yo estaba averigüando quién lo tenía -en mitad de la misa, oyes. Ella, como el Robin Hood, siempre mirando por los desfavorecidos.
Y vivió un poco la Movida Madrileña, que iba a casa de unos pintores y llegaba el Fabio McNamara y se cambiaba delante de ellas y se quedaba en bragas negras de puntilla. Y eso que mi madre, desde niña, ya intentaba convertirla en una renegada, que la decía:
-Hija mía, qué negruca eres -ni que mi madre fuera la Romi Schneider.
-Que no soy negra, que soy "colodada" -protestaba mi hermana.
En fin, que todo esto iba a que hoy me voy a los toros, y se me ha ido la pinza. Mañana os cuento.
Comentario:
si es que mi madre es un puntazo!!!! creo que siempre la recordare en el avión, en el cual un azafato inglés le dice educadamente "chicken or fish, ma´m?" y mi madre le contesta con una amplia sonrisa "yeeeeeeeeeess"
En fin un besito muy gordo para mi mami si lo lee...
En fin un besito muy gordo para mi mami si lo lee...
Comentario:
Jajejeje, me apunto el chiste que me ha encantao jejejeje.
Comentario:
A los toros??? Pero tío, estás muy mal. Tengo un plan súper chulo para el próximo miércoles. Te escribo un meil. Bsis, m.
Comentario:
Sin lugar a dudas se te ha ido la pinza pero no sé si por lo que cuentas o porque te vas a los toros.
Que no se te olvide el bocata de jamón y el tintorro, que es lo único bueno de las corridas xd
Que no se te olvide el bocata de jamón y el tintorro, que es lo único bueno de las corridas xd





