Cómo son las madres
Las madres son las hostia. Cierto ex salió del armario con su madre en la época en que estábamos juntos. Lo primero que hizo su madre fue a) echarle la bronca -como cuando la mía me la echaba cuando me cogía anginas, ni que yo fuera lamiendo las esquinas para contagiarme a propósito- y b) contárselo a la vecina.
- Mi hijo, que me ha dicho que es maricón.
Y la vecina entró en casa para verlo, y todo.
- Me podéis echar unos cacahuetes, si eso -apuntó el chaval. Y después se fue de compras con su madre y ella se lo fue contando a las amigas en la cola del pescado, de la fruta y del banco. Mi ex no sabía dónde meterse.
Cuando yo tenía quince años vino a mi pueblo un veraneante que estaba más bueno que todas las cosas. Me las arreglé para que saliera con mi pandilla. Yo era un cagado en aquella época, pero ese tipo de conspiraciones se me daba genial. Pues me tiré todo el verano enamorado platónicamente de aquel chico, que era de Gijón -y heterosexual-. Nos hicimos hermanos de sangre, y todo, para habernos pegado cualquier cosa.
La cuestión es que yo nunca hábia llegado tarde a casa, y menos entre semana. Y aquel día era un martes cualquiera, al día siguiente tenía que ir a ayudar a mi padre al taller y yo llegaba a casa a las cinco de la mañana. El de Gijón dijo, muy solícito:
- No te preocupes, yo subo contigo y hablo con tu madre.
- ¿Estás loco? ¿Qué quieres, ponerlo peor?
Pero subió, en plan valiente. Metí la llave en la puerta y tuve tiempo de ver cómo mi madre, en plan aparición, se acercaba por el pasillo con su camisón -juraría que no movía las piernas- y una mano levantada en posición tortazo inminente. Pero el terror comenzó cuando vi que el chaval interponía su cuerpo entre mi madre y yo y exclamaba:
- ¡No le pegue, señora! -hablaba de usted, él era temerario pero muy educado.
Se llevó el tortazo posiblemente más gordo de su vida. "¿Qué hace, señora?" dijo -en ningún momento perdió la educación-, y escapó escaleras abajo agarrándose la cara. Al día siguiente volvió a buscarme al taller de mi padre, pero esta vez esperó al otro lado de la calle.
Así son las madres. La mía juraría más tarde que ella pensó que era yo. Nunca me lo he creído. De todas formas, no os equivoquéis. Yo he sido un hijo muy querido y no me han maltratado. A ver si os váis a pensar que soy gay por haber nacido en una familia desesctructurada -como dice la Moni de sí misma, qué morro tiene-.
- Mi hijo, que me ha dicho que es maricón.
Y la vecina entró en casa para verlo, y todo.
- Me podéis echar unos cacahuetes, si eso -apuntó el chaval. Y después se fue de compras con su madre y ella se lo fue contando a las amigas en la cola del pescado, de la fruta y del banco. Mi ex no sabía dónde meterse.
Cuando yo tenía quince años vino a mi pueblo un veraneante que estaba más bueno que todas las cosas. Me las arreglé para que saliera con mi pandilla. Yo era un cagado en aquella época, pero ese tipo de conspiraciones se me daba genial. Pues me tiré todo el verano enamorado platónicamente de aquel chico, que era de Gijón -y heterosexual-. Nos hicimos hermanos de sangre, y todo, para habernos pegado cualquier cosa.
La cuestión es que yo nunca hábia llegado tarde a casa, y menos entre semana. Y aquel día era un martes cualquiera, al día siguiente tenía que ir a ayudar a mi padre al taller y yo llegaba a casa a las cinco de la mañana. El de Gijón dijo, muy solícito:
- No te preocupes, yo subo contigo y hablo con tu madre.
- ¿Estás loco? ¿Qué quieres, ponerlo peor?
Pero subió, en plan valiente. Metí la llave en la puerta y tuve tiempo de ver cómo mi madre, en plan aparición, se acercaba por el pasillo con su camisón -juraría que no movía las piernas- y una mano levantada en posición tortazo inminente. Pero el terror comenzó cuando vi que el chaval interponía su cuerpo entre mi madre y yo y exclamaba:
- ¡No le pegue, señora! -hablaba de usted, él era temerario pero muy educado.
Se llevó el tortazo posiblemente más gordo de su vida. "¿Qué hace, señora?" dijo -en ningún momento perdió la educación-, y escapó escaleras abajo agarrándose la cara. Al día siguiente volvió a buscarme al taller de mi padre, pero esta vez esperó al otro lado de la calle.
Así son las madres. La mía juraría más tarde que ella pensó que era yo. Nunca me lo he creído. De todas formas, no os equivoquéis. Yo he sido un hijo muy querido y no me han maltratado. A ver si os váis a pensar que soy gay por haber nacido en una familia desesctructurada -como dice la Moni de sí misma, qué morro tiene-.
Comentario:
La moni no viene de una familia Desestructurada.
Comentario:
Comentario:
Ya estamos deseando que llegue el lunes porque sabiendo cómo se te dan los fines de semanana,....
(por cierto, te has olvidado de retocar alguna historia,...y no me refiero a poner más pecho a la tia Lici,...)
(por cierto, te has olvidado de retocar alguna historia,...y no me refiero a poner más pecho a la tia Lici,...)
Comentario:
q arte xD m estoy enganchando a tu blog ^_^





