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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
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Encuentros en la tercera fase
La auténtica inteligencia, hijos míos, no reside en parecer sesudo y cabreado, sino en mantener el sentido del humor, pase lo que pase -por eso es mucho mejor película "Kill Bill II" que "Pulp Fiction", y la peor de Allen es mejor que cualquiera de estas dos-. Y yo quiero buen rollo en mi blog, así que cambiemos de tercio, digo, perdón, que pasamos a otra cosa -y dejamos el tema de los toros para después de la próxima guerra o hambruna-. Además, Casti, tienes toda la razón, ponerse preachy es lo peor del mundo.

El otro día iba con el Zoo agarrado de la cintura, como van los novios con sus novios -nosotros aún no lo somos, y no quiero risas-, por el Palacio Real. Por fuera del Palacio Real, se entiende. Él iba explicándome no sé qué movidas de los receptores del dolor y de cómo la aspirina se aferra a ellos con uñas y dientes, y yo concentrando todos mis receptores sensoriales en la yema de mis dedos que recorría sus dorsales, y pensando "a ver si llegamos ya al coche" y dando gracias al cielo por aquellos dorsales y por todo lo que ello conlleva.

Pues de morros nos dimos con la hija de la de la pastelería de la plaza -de Aguilar, mi pueblo-, creo que es la pequeña, que iba con más gente y como las vacas al tren se me quedó mirando. Tímidamente la saludé y ella a mí también, después de que su mirada petrificada se parara un segundo en mi brazo alrededor de Zoo, todo lleno de receptores.
-Hostia puta -murmuré-. Pa una vez que me agarro.
-¿Qué pasa? -saqué a Zoo de su disertación.
-Hostias -insití-. ¿La hija de la pastelera en Madrid?
-¿Qué? -el Zoo no entendía nada.
-Bueno, ella sabrá. Porque su hermano es maricón, todo el mundo lo sabe.
-¿Quéeeee? -evidentemente, al Zoo le faltaban datos.

Pero no es la primera vez que tengo encuentros en la tercera fase -o del tercer tipo, como diría Zoo, es que en su país traducen como dios les da a entender-. Una vez que estaba comiéndome los morros con uno en una esquina de Chueca, de pronto abrí un ojo -el otro lo tenía encima de una oreja- y me encontré a un analista programador de mi curro, que me miraba idénticamente como las vacas al tren.
-¿Julio? -dijo, como si yo fuera disfrazado de lagarterana y resultara difícil de reconocer.
-¿Quién? -dije yo, tratando absurdamente de darme algún margen. Y el otro chaval que no se me despegaba. Le empujé un poquito.
-Hola, te presento a Fulanita, mi novia -el cabrón del analista programador quería sonsacarme.
-Encantado -y saludé como pude-. Este es... un amigo -resolví, porque no me acordaba del nombre del muchacho. No es que yo fuera muy promiscuo, es que estaba nervioso.

El encuentro del tercer tipo que tuve con mis primas las pijas, virgen santísima, ya os lo cuento otro día. Besos a todos.
 
Comentario:
Fino olfato el tuyo...julitros...Y para qué empresa prestas tus servicios profesionales? Es mera curiosidad...

Agur.
 
Comentario:
Casti, veo que últimamente te da por poner los puntos sobre las íes. Que lo del hijo de la pastelera va en pos de la tensión humorística. No hay cosa mejor que la "proyección" freudiana para conseguirlo oyes. Bueno, habrá algo mejor, pero es que ayer no tenía mucho tiempo, je je.

David, compañero, ¿y yo que creo que sé por qué lo preguntas? Trabajo cerca de plaza castilla y suelo ir a comer con dos compañeros, un chico y una chica... creo que esto responde a tu pregunta ;)
 
Comentario:
Leete de nuevo lo último que has escrito, parece que ser mariquita sea algo malo.....cuando dices que el hermano de la pastelera lo es y es de dominio público, parece que le estes acusando de algo.....se que no es asi pero releetelo.
Un saludo desde la otra parte del estado.
 
Comentario:
Hola..

Oye...Donde trabajas tu?

Agur.
No