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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Por segunda vez
Ayer fui otra vez a ver el Episodio III, esta vez con el Zoo. Le avisé al Zoo lo del despertar de Anakin y me susurró al oído -en dicho momento cumbre del film- algo así como:
-Pues a mí me gusta más uno que yo me sé.
Ante lo cuál, ocurrieron dos cosas: una, me empalmé. Y otra, me callé como una puta, porque, si bien es cierto que el Zoo me gusta como el comer con los dedos, también tengo claro que nunca vendrá un Anakin recién llegado de Tatooine a mi vida. Vale, sé que no me creéis cuando me hago el duro y hacéis bien: me gusta mucho el Zoo y no tengo reparos en admitirlo. Y qué cojones, el Zoo hubiera dado totalmente el pego como Anakin, lo que pasa es que no estuvo en el Silicon Valley en el momento adecuado.

Por seguir con el tema de las crisis de ansiedad, os comentaré cómo fue la primera que tuve -sólo he tenido dos plenamente identificadas-. Estábamos en COU y Aguilar era ya para mí la más sofisticada de las prisiones. Jornada de convivencias con los Menesianos, subimos a las Tuerces -unos montes a tomar por culo-, comimos bocadillos, cantamos canciones de misa y de vuelta a casa. No dormí nada y, al día siguiente, autobús a Madrid , que veníamos a concursar al programa de la Verónica Mengod.

Pues a las once de la mañana, llegando al plató, servidor se mareó y se sumió en una espiral de certeza de muerte. La gente aparecía ante mí al final de un túnel vaporoso, sus voces se perdían en la lejanía y mis brazos y mis piernas no eran míos anymore.
-¿Qué te pasa? -notó un compañero, muy observador-. Estás pálido.
-Me muero.
Supe que mi carrera social se estaba yendo a la mierda, que ya todo el mundo pensaría para los restos que estaba loco, pero me daba igual, porque mi muerte era inminente.

Mientras el Colegio Menesiano de Aguilar perdía en todos y cada uno de los estilos de natación, servidor montaba el numerito. Me tumbaron en una ambulancia y, como aquellos gilipollas no debían saber qué es un ataque de pánico, me pusieron oxígeno. Ello, como sabéis, cuadriplicó mi hiperventilación, con lo que mis extremidades pertenecieron ya a un señor de Murcia y el túnel auditivo y visual era de la envergadura del de Guadarrama. Pero la muerte no llegaba, y el colmo fue cuando la propia Verónica Mengod se asomó la ambulancia todo sonriente a ver cómo andaban las bajas. "Ahora sí que me he muerto" pensé yo, porque no era posible que una presentadora de éxito estuviese allí, haciéndome cariñitos y diciéndome:
-No te preocupes, guapo, que no te pasa nada. Ay, qué nervios pasan estos chicos.
Creo que también me agarré a su mano. Me agarraba de las manos de todo el mundo, incluídos compañeros, curas, enfermeros y presentadoras, no me importaba sexo, edad o estado civil.

Pues no morí, pero sabéis lo que son estas cosas. Tardé mucho en perder el miedo a que volviera a ocurrir. Lo bueno que tiene la vida es que es muy entretenida, así que, después, el miedo a las hipotecas a treinta años, a los chicos psicópatas que dicen "te quiero" y desaparecen, a los gerentes de cuenta, a los virus, a los domingos, todos esos miedos, hacen de ti una persona normal y corriente. Besos para todos.
 
Comentario:
Sí Anakin está cañón. Pero a mi me pone más cuando es Dar Vader, con esa voz... Joder, dicen que si te acercas a Constantino cuando habla te retumba el cuerpo.
 
Comentario:
Si tú con tal de no quedarte con el ataque en casa jejejejje. Seguro que la Mengod se acuerda de ti.
No