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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Qué de cosas
Hijos míos, qué de cosas tengo que hacer hoy. Tengo que terminar la puta web de cierto resort en Gran Canaria -hasta los huevos de retocar fotos de abueletes salidos con rubias tetonas metiendo los pies en el mar- y después he quedado con Zoo. Es una larga historia, vamos a ayudar a un amigo suyo irlandés a hacer algún tipo de mudanza. Voy porque me lo ha pedido formalmente, y es que a mí me gustará mucho el Zoo, pero no tanto como para hacer trabajo físico de gratis a beneficio de alguien que no es familia mía ni me lo voy a traginar. Que no seais pesados, que me gusta el Zoo y no pienso traginarme a nadie más.
-Nos invitan a una cerveza después -intenta convencerme el Zoo.
-Está bien, iré. Pero espero que se trate de una mudanza, digamos, testimonial. Yo voy por el tema de la cerveza.
-Yo pienso tomarme un zumo.
-¿Es una indirecta? -este chico me hace sentirme un alcohólico. Algún día la tendremos.

Mientras, aquí en el curro te entretienes. A mí me tiene flipado la Dama Antigua, así llamamos a una que parece exactamente éso. Cómo os diría yo, bajita, completamente delgada, huesuda, gasta unos pantalones de esos de tiro muy largo y abombados por arriba y estrechos por abajo, estilo eighties, unas camisas ablusadas y unos zapatos como los de mi tía la monja -parece, en total, un globo desinflado-. El pelo lacio moreno, muy largo, recogido atrás con un cogedor tal cuál los elfos en la peli. Su voz -no podría ser de otra manera-, un hilito agudo y tenue. Me la cruzo yendo al baño, la piso sin querer y me dice:
-Perdona.
-¿Qué? -pregunto, es que no sabía si era a mí o era una voz interior, y tampoco es que la hubiera visto.
-Perdona -repite la Dama Antigua, todavía más pequeñita.
-No, perdona tú -digo, todo conciliador-. Si te he pisado yo.
-Ah -dice simplemente, y desaparece.

El Yorch se ha presentado hoy una hora antes en una movida a la que tenía que acudir. Con su corbata y su bolsa.
-Ha salido de casa con dos horas -me explica la Noe, su compañera de piso y novia.
-¿Tenía que ir fuera de Madrid?
-No. Arturo Soria.
Pues ha tenido que esperar una hora de reloj en el bar de abajo, pero allí ya estaba una comercial nuestra tomándose un café.
-¿Qué haces aquí tan pronto? -ha preguntado Yorch, como si él no estuviera apareciendo allí antes de que abrieran las calles.
-Es que me he despertado a las tres y media y se me va la olla con la hora.
No sabemos qué droga consigue la comercial esta -es argentina- de importación, pero queremos probar un poquito.
No