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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
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Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
La próxima vez voy solo a un concierto de música antigua
Yo seré ateo, pero no soy ninguna clase de sacrílego. Una cosa es que no me santigüe cuando entro en las iglesias y otra es que ponga las cruces hacia abajo.

Pues fuimos a pasar el sábado el Zoo y yo a Segovia, en parte porque él no lo conocía -"hostias" exclamó, y él si es creyente, cuando el acueducto apareció ante nuestros ojos- y en parte para ver un concierto de un grupo vocal de música medieval.

Pues entramos en la iglesia, la de San Justo -que sepáis que yo tuve un novio que se llamaba Justo, qué guapo era pero cuánto se había drogado en la vida- y el Zoo se santiguó y nos fuimos derechitos a la primera fila. Siempre tenemos esa discusión, porque a mí me gustan las primeras filas y a él las últimas, para eso me la cojo en vídeo, digo yo siempre, y él no lo entiende. ¿Y qué ocurrió una vez hubo comenzado el evento? Pues que nos empezamos a meter mano.

Yo acariciaba al Zoo por la espalda -supongo que la peña lo vería- y automáticamente me empalmé, y la mirada se me iba a un cristo policromado que tenía justo encima, con dos dedos subidos y una cara de pocos amigos que flipas. Así que retiraba la mano. Pero el Zoo no debió ver el cristo y empezó a meterme mano él, poniendo las cosas peor por la zona de mi entrepierna.

Vimos claramente cómo una mezzosoprano se fijó en nuestras manitas y un "cuando el niño va al agua" se le fué medio tono para arriba, y pestañeó varias veces e intentó concentrarse en el director, pero nada, porque se sabía la pieza de memoria -en realidad, todos pasaban del director-, así que nos miraba y desafinaba.

Y unos chavales detrás, a quién se le ocurre, todo el rato dando por culo. El padre los mandaba callar, que me hubieran dado ganas de decirle:
-Cabrón, si la culpa es tuya por traerlos aquí.
De pronto, mientras metía mi mano por las costillas de Zoo, el chavalillo me asestó en el brazo un sablazo con su espada de plástico que aún tengo marca. Ahogué un grito y me salió un gemido, que quedó afortunadamente sofocado en el ímpetu del "Magnificat". Me volví:
-Puto crío -no me pude reprimir. Lo fulminé con la mirada.
-Oye... -empezó el padre.
-¿Os importaría guardar un poquito de silencio? -silbó una americana coñazo.
-¿Cuándo se aplaude? -se pone la hermana del chavalín, y se le caen cientos de M&M al suelo. La iglesia era ya un clamor contra los dos primeros bancos.

Hijos míos, qué concierto. Y al Zoo le dolía el cuello, le di unos masajillos en el intermedio, ante la atónita mirada de los segovianos y de aquel cristo furibundo. A mí, es que ya me da igual todo.

Así que no me pude quedar a los bises. Con lo que me gustan los conciertos de música antigua. Besos para todos.

PD: si queréis votarme para la movida esa de los blogs de Veinte Minutos, podéis hacerlo aquí.
 
Comentario:
A los segovianos no hace falta que los cure nadie.
 
Comentario:
Será que acostumbraste bien a los segovianos y tras tu paso estan curados de espanto, Marisa, un saludo
 
Comentario:
En Segovia haciendoos manitas? Uhm, ¿y no os miraron raro? Ya sabes que no tengo nada en contra de los segovianos, pero he vivido allí cinco años, no sé, no sé...
No