logotipo

img_google
Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Zoo en la piscina (II)
Vino Zoo a mi piscina, hijos míos, y mi madre en casa se asustó y anunció, encima de sus trapos para los pies:
-No se te ocurra subirle a casa. Que no estoy arreglada.
Eso es todo lo que se le antojó decir, que no estaba arreglada. Yo siempre he conocido mi nivel de egoísmo, sé que puede ser muy, muy alto, tan alto que me cuesta creer que los demás seres humanos puedan igualarlo, mucho menos superarlo. Y me quedo helado cuando veo que los seres humanos lo igualan con la polla, y lo superan con idéntica facilidad. Y, cuando se trata de una madre, ya es que flipas.
-Traquila, mamá. Sólo vengo a pillar un bañador para él.
-Tienes uno ahí, de tu cuñado. A ti no te vale.
Encima de que se preocupa por su imágen cuando no ha lugar, insinúa que tengo las caderas anchas. ¡Pero si ella no sabe cómo tiene las caderas mi novio! Esto es la hostia.

Un agobio, oyes. Pero lo bueno fue que, de pronto, allí apareció mi madre, en la piscina, con sus pendientes de tres oros que le regalamos los hijos por un cumpleaños, su blusa color crema y su marido, mi padre, del brazo. Las gotas de agua sobre mi piel se hicieron hielo, de pronto.
-¿Pero qué hacéis vosotros aquí? -pregunté yo, levantándome de un salto.
-No hables así a tus padres -se pone el Zoo. El que faltaba.
-Hemos venido a ver cómo os bañáis -dice mi madre, como lo más normal del mundo.
-¡Adiós! -espeté yo, no como forzando una despedida, sino como mera interjección, como un "apaga y vámonos", como un "la madre que me parió, nunca mejor dicho", como un "necesito un agujero aquí, en mitad del cesped, un agujero espacio-temporal por el que escapar, que me escupa varios siglos a partir de este momento y a dos o tres años luz de distancia". No way. No hubo agujero.

Y Zoo hablaba con mi hermana y con mis padres como si fueran los suyos propios, con toda su soltura, con toda esa seguridad en sí mismo que a mí, cuando no la tengo, me toca tanto los cojones. Me sentí violento, oyes. Qué le vas a hacer.

Hijos míos, no quiero ahondar más en este episodio, que se me encoge el estómago y me entra el hambre. Por cierto, que me piro a Aguilar este fin de semana. Lo pasaremos bien. Mañana os cuento más. Besos para todos.
 
 
Comentario:
Joder el Zoo qué suelto y qué majo. Tiene mucho mérito entrarle así a la familia :)
 
Comentario:
Espero que te sigan pasando cositas (ellas a ti) porque tu blog es de lo más estimulante, no sólo por lo que te sucede, sino por cómo lo cuentas. Encantadísima de recomendarte.
 
Comentario:
Asi como vas a estar pendiente de nuestra excursión si es que estas de lo más ajetreado.....
 
Comentario:
soy el del comentario anterior
 
Comentario:
La Rosi es lo más.
No