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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Ayer la tuvimos
Vaya, y ahora tengo a mi hermana Mari y al Zoo aliándose y haciendo pandi en plan "cómo nos gusta que el Julio se vuelva un poco pijo". Y me dice el Zoo, todo crecido, delante de mi sister:
-Es que así nos gustas mucho más, Julito. Hazme caso a mí, que yo sé de esto.
A lo que yo respondo, con este piquito de oro que me caracteriza:
-Hombre, viniendo de uno que usa pantalones blancos de lino, no sé muy bien qué hacer con este consejo, si pasármelo por el forro o pasármelo por el forro.
Y claro, ya la tenemos.

Callad, que ayer ya la tuvimos. Hasta las dos de la mañana discutiendo en mi Opel Corsa que estuvimos, delante de su casa, mientras en vigilante gitano de la obra adyacente nos insultaba y seguía bebiendo. Yo creo que fue nuestra primera discusión en toda regla, y yo me puse un poco cachondo. Sí, qué queréis que le haga.

Pero a lo que vamos, que yo no soporto más mi nueva imagen de super pijo, porque yo no soy pijo. Y ahora, la gente no reconoce mi mitad inferior -por el tema de los náuticos- y la superior aún les descoloca un poco, porque insisto de más en los polos y las camisas. A mí me gustaba cuando iba al Gris, que me contagiaba un poco del look underground y me ponía mis camisetas raras con vaqueros raros y zapatillas raras, todo junto. Con el pelo, poca cosa podía yo hacer, porque, como muy bien sabéis, estoy calvo perdido.

Yo es que fui muy pijo cuando era joven, y no hay peor cosa que ser el típico renegado de algo. Los fachas renegados, los rojos renegados, los jesuítas renegados, los pijos renegados... terminas volviéndote el más recalcitrante en lo tuyo. Yo es que era de castellanos color vino y polito del cocodrilo. Y el facha aquel que fue novio de mi hermana hacía pulseras con la banderita de España y yo iba y me las ponía. Ay, qué gilipollas. Me alegro de haber sido capaz de quitarme de aquello. Y no os preocupéis, que no volveré a las andadas.

Creo.
No