Los higos chungos
El sábado metí el ventilador y la tartera en el maletero y me fui con el Zoo de excursión a Cuenca. El ventilador era con vistas, es que después nos iríamos a dormir a Majadahonda, y en esa habitación no hay mucha corriente y hace mucho calor y dos cuerpos encendidos son dos cuerpos encendidos.
Pues qué bonito Cuenca, oyes, con sus museos de arte abstracto y sus meandros, sus callejuelas empinadas y sus bakalas quemando caucho -cuánto coleguita en su Ibiza amarillo tuneao, lo mismo pensé la última vez que estuve en Toledo, debe ser cosa de Castilla La Mancha-, con sus monumentos árabes y sus cientos de miles de ovejas balando en la ribera del río.
La tía de la oficina de turismo nos hizo un mapa, pero se nos cayó a una fuente y se nos borraron todas las rutas. ¿Y cómo es que se nos cayó a una fuente?, os preguntaréis. Porque este imbécil que escribe, en un alarde de exhibición de cortejo animal, se encaramó a un muro imposible a coger higos chungos.
-A ver, Zoo, no me agarres de ahí -dije, gotas de sudor bajaban por mi nuca.
-¿De dónde ahí?
-Me estás cogiendo directamente de la polla, ¿no lo notas? -y encima se reía. Qué obsesión. Y aún exigía:
-No, ese no, mira a ver si pillas ese otro que está más maduro -y yo estirando el gadgetobrazo.
Así que fuimos a la fuente a lavar los higos y resultaron super chungos, los higos. El idiota del Zoo le dio un mordisco a uno y casi se vomita. Lógico. Aquello, ni eran higos ni eran nada. Y yo, para vengarme de mi espectáculo encima de la tapia, le eché agua de la fuente y él, que es muy vengativo y no tiene sentido del humor y de nada le valen las explicaciones, me puso que parecía que acababa de salir de la ducha. Encima, es que a mí me da la risa en esos momentos en que tienes que salir corriendo, y las piernas no me sirven y los brazos tampoco.
Ni siquiera pudimos ver lo de la ciudad encantada, porque hicimos un alto en el camino, cómo diría yo, una parada técnica en mitad del bosque, lo pilláis, total que aquello cerraba y nos quedamos sin verlo. Y ya, nos volvimos a Majadahonda, a cenar burritos picantes que nos habían sobrado. A las dos de la mañana. Con eso os lo digo todo, qué nochecita. Pero esto ya es otra historia...
Pues qué bonito Cuenca, oyes, con sus museos de arte abstracto y sus meandros, sus callejuelas empinadas y sus bakalas quemando caucho -cuánto coleguita en su Ibiza amarillo tuneao, lo mismo pensé la última vez que estuve en Toledo, debe ser cosa de Castilla La Mancha-, con sus monumentos árabes y sus cientos de miles de ovejas balando en la ribera del río.
La tía de la oficina de turismo nos hizo un mapa, pero se nos cayó a una fuente y se nos borraron todas las rutas. ¿Y cómo es que se nos cayó a una fuente?, os preguntaréis. Porque este imbécil que escribe, en un alarde de exhibición de cortejo animal, se encaramó a un muro imposible a coger higos chungos.
-A ver, Zoo, no me agarres de ahí -dije, gotas de sudor bajaban por mi nuca.
-¿De dónde ahí?
-Me estás cogiendo directamente de la polla, ¿no lo notas? -y encima se reía. Qué obsesión. Y aún exigía:
-No, ese no, mira a ver si pillas ese otro que está más maduro -y yo estirando el gadgetobrazo.
Así que fuimos a la fuente a lavar los higos y resultaron super chungos, los higos. El idiota del Zoo le dio un mordisco a uno y casi se vomita. Lógico. Aquello, ni eran higos ni eran nada. Y yo, para vengarme de mi espectáculo encima de la tapia, le eché agua de la fuente y él, que es muy vengativo y no tiene sentido del humor y de nada le valen las explicaciones, me puso que parecía que acababa de salir de la ducha. Encima, es que a mí me da la risa en esos momentos en que tienes que salir corriendo, y las piernas no me sirven y los brazos tampoco.
Ni siquiera pudimos ver lo de la ciudad encantada, porque hicimos un alto en el camino, cómo diría yo, una parada técnica en mitad del bosque, lo pilláis, total que aquello cerraba y nos quedamos sin verlo. Y ya, nos volvimos a Majadahonda, a cenar burritos picantes que nos habían sobrado. A las dos de la mañana. Con eso os lo digo todo, qué nochecita. Pero esto ya es otra historia...
Comentario:
No queria ser tan insitente, es que he tenido un problemilla y no parecía que se hubiese enviado a la primera,....jejeje
Comentario:
Qué romántico! Por Diossssss!
Aunque pensándolo bien, no sé si creermelo porque el caso es que yo no conozco al Zoo todavía y sabiendo de tus dotes como narrador de ficción (recuerdese el cuento de la Nochevieja de los jabalies y las cabezas rodando,....)pues que hasta que no os vea,....qué sé yo, paseando juntos por un mercado medieval,.....A ver, a ver si me haces creyente!
Besosss
Aunque pensándolo bien, no sé si creermelo porque el caso es que yo no conozco al Zoo todavía y sabiendo de tus dotes como narrador de ficción (recuerdese el cuento de la Nochevieja de los jabalies y las cabezas rodando,....)pues que hasta que no os vea,....qué sé yo, paseando juntos por un mercado medieval,.....A ver, a ver si me haces creyente!
Besosss
Comentario:
Qué romántico! Por Diosss! De todas formas no sé si creermelo, porque el caso es que yo no conozco al Zoo todavia y sabiendo de tus dotes como escritor de ficción(recordando por ejemplo la Nochevieja con los jabalies y las cabezas rodando,....)pues q hasta q no os vea,...qué se yo! paseando por ejemplo de la mano en un mercado medival,..... A ver, a ver si me haces creyente!
Besosssss
Besosssss





