Rectitud
Tengo un novio que es la rectitud en persona. Y a mí, tanta rectitud me escama. Mi vida, en cuanto a rectitud, es, digamos, la subida a los lagos de Covadonga. El viernes nos fuimos al cine de verano de la Complu a aterrorizarnos un poco con la niña de El Exorcista -no os liéis, la escena más terrorífica de esa película es cuando le hacen el escáner cerebral a la chavala- y olía a porro de puta madre. Pues iba a señalar yo este extremo, cuando mi novio se adelantó en otros términos:
-¿Qué es este olor nauseabundo? -dijo, en su castellano antiguo.
-Porro -aclaré. Me miró que quiso matarme.
-Pues como pille a los que se lo están fumando los descuartizo. No se puede respirar.
-Que sí hombre, sí. Tú hincha los pulmones y luego los deshinchas, verás como respiras -me gané la segunda mirada furibunda de la noche. No fue la última. La última fue cuando estrujé sus glándulas suprarrenales durante el exorcismo final y pegó un salto que casi se sube a una farola. Pero esto es otra historia.
-O sea, que de pedirles un tirito ni hablamos, ¿no? -rematé yo, con lo que a estas alturas no pretendía ser más que una broma. Una de esas en las que te juegas la vida, en este caso.
Y ayer la medio tuvimos porque yo le dije que hoy venían mis adorados Jethro Tull a Madrid y que si quería venir conmigo, y como él es, en cuanto a rectitud, la A6 entre Tordesillas y Valladolid, sólo dijo:
-No me sé ninguna de ellos.
-A ver. Nadie se sabe una canción de los Tull, igual que nadie se sabe una cantata de Bach. Te gusta o no te gusta.
-Ah. ¿Y cuánto cuesta? -evidentemente, su respuesta no estaba siendo la más entusiasta del mundo. Y me piqué.
Así que estuvimos dos horas sin hablarnos en la piscina, yo en la sombra leyéndome "A bag of bones" y él a diez metros, al sol, vuelta y vuelta poco hecho.
-Cuando vayas a bañarte, avísame, si tienes a bien -decía él.
-No creo que me bañe.
Pero luego, el sol se fue moviendo y acercando mi sombra a su sol, así que, cuando estuvimos cerca, nos pedimos disculpas, dijimos que no queríamos sentirnos mal, que treinta y cuatro euros no iban a separarle de mí, decía él, y que vendría a los Tull, y yo dije que no, que no era necesario, que había utilizado una tontería para ponerle entre la espada y la pared, y una lágrima rodó de la esquina de mi ojo hasta la toalla. Y él lo vio, me cago en todo.
Y alargó su mano hacia la mía, en mitad de aquel nucleo duro del pijismo que supone la piscina de mis padres en Pozuelo y nos tocamos como en el mural de Miguel Angel, un dedo hacia el otro, otorgándonos vida mutua, un espacio irreductible entre nuestros dedos y tan exíguo, a la vez.
-¡Toma! -gritó Alicia, la hija de unos vecinos, una especie de terremoto encarnado en niña cándida, y nos asestó un palazo terrible en los dedos con su pala de playa, y su padre y su madre, separados en la teoría y por el tramo de la piscina donde cubre poco en la práctica, corrieron a sacárnosla de encima.
-Puta enana -susurró Zoo, dejándose por una vez de circunloquios medievales. Y yo le volví a querer.
-¿Qué es este olor nauseabundo? -dijo, en su castellano antiguo.
-Porro -aclaré. Me miró que quiso matarme.
-Pues como pille a los que se lo están fumando los descuartizo. No se puede respirar.
-Que sí hombre, sí. Tú hincha los pulmones y luego los deshinchas, verás como respiras -me gané la segunda mirada furibunda de la noche. No fue la última. La última fue cuando estrujé sus glándulas suprarrenales durante el exorcismo final y pegó un salto que casi se sube a una farola. Pero esto es otra historia.
-O sea, que de pedirles un tirito ni hablamos, ¿no? -rematé yo, con lo que a estas alturas no pretendía ser más que una broma. Una de esas en las que te juegas la vida, en este caso.
Y ayer la medio tuvimos porque yo le dije que hoy venían mis adorados Jethro Tull a Madrid y que si quería venir conmigo, y como él es, en cuanto a rectitud, la A6 entre Tordesillas y Valladolid, sólo dijo:
-No me sé ninguna de ellos.
-A ver. Nadie se sabe una canción de los Tull, igual que nadie se sabe una cantata de Bach. Te gusta o no te gusta.
-Ah. ¿Y cuánto cuesta? -evidentemente, su respuesta no estaba siendo la más entusiasta del mundo. Y me piqué.
Así que estuvimos dos horas sin hablarnos en la piscina, yo en la sombra leyéndome "A bag of bones" y él a diez metros, al sol, vuelta y vuelta poco hecho.
-Cuando vayas a bañarte, avísame, si tienes a bien -decía él.
-No creo que me bañe.
Pero luego, el sol se fue moviendo y acercando mi sombra a su sol, así que, cuando estuvimos cerca, nos pedimos disculpas, dijimos que no queríamos sentirnos mal, que treinta y cuatro euros no iban a separarle de mí, decía él, y que vendría a los Tull, y yo dije que no, que no era necesario, que había utilizado una tontería para ponerle entre la espada y la pared, y una lágrima rodó de la esquina de mi ojo hasta la toalla. Y él lo vio, me cago en todo.
Y alargó su mano hacia la mía, en mitad de aquel nucleo duro del pijismo que supone la piscina de mis padres en Pozuelo y nos tocamos como en el mural de Miguel Angel, un dedo hacia el otro, otorgándonos vida mutua, un espacio irreductible entre nuestros dedos y tan exíguo, a la vez.
-¡Toma! -gritó Alicia, la hija de unos vecinos, una especie de terremoto encarnado en niña cándida, y nos asestó un palazo terrible en los dedos con su pala de playa, y su padre y su madre, separados en la teoría y por el tramo de la piscina donde cubre poco en la práctica, corrieron a sacárnosla de encima.
-Puta enana -susurró Zoo, dejándose por una vez de circunloquios medievales. Y yo le volví a querer.
Comentario:
eh arantxa... me ha conmovido tu comentario en serio!!! si mis cosas sirven para q unos colegas os echéis unas risas diez minutos en un viaje coñazo, me doy más que satisfecho!!! es un regalo para mí!!! y cómo no, moniwen, tú siempre estás ahí, fan de la línea dura... gracias!!
bsazos!
bsazos!
Comentario:
Eres genial escribiendo tronko, creo que ya lo he dicho más veces. Con este blog disfuto, sí señor.
Comentario:
Hola!
Soy una adicta a tu blog desde que en marzo me tropece con el mientras buscaba por el google, y este finde, de camino a Suances con unos amigos, al pasar por tu pueblo me he acordado de ti (ha sido raro, nunca te habia metido en mi vida diaria), y el caso es que como estaba ya medio fumadilla le conte tu vida a la colega que iba conmigo en la parte de atrás del coche. De las mejores risas del findesemana, asi que... gracias!.
Soy una adicta a tu blog desde que en marzo me tropece con el mientras buscaba por el google, y este finde, de camino a Suances con unos amigos, al pasar por tu pueblo me he acordado de ti (ha sido raro, nunca te habia metido en mi vida diaria), y el caso es que como estaba ya medio fumadilla le conte tu vida a la colega que iba conmigo en la parte de atrás del coche. De las mejores risas del findesemana, asi que... gracias!.
Comentario:
Me gusta la estructura circular de este post: empieza y acaba con la niña del exorcista.





