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Las cosas que me pasan (ellas a mí)
las noches y los días, aventuras y desventuras, los chicos del centro y la periferia
Acerca de
Este soy yo en una de las pocas instantáneas en que no salgo con cara capullo. Tal vez dentro de veinte carretes vuelva a sonar la flauta.
Sindicación
 
Jethro Tull y la rubia de bote
Concierto de Jethro Tull, primera fila, pegaditos a la valla. El Zoo a mi lado, me había preguntado:
-¿Ah, pero no es sentado?
-¿Tú has ido a muchos conciertos? -quise saber yo.
-A dos. Cuando era pequeño.
-¿De Parchís? Tengo entendido que Parchís fueron muy famosos en América.
-Creo haberte dicho que no me gustas cuando sacas el tema de América.
Ya os he dicho alguna vez que me pasa como a mi madre, que tengo un pico que mejor me lo guardaba en el culo.

Pues nos hicimos colegas de una rubia de bote emporrada hasta atrás, pero el tema empeoró cuando apareció su maromo, tocho como un armario empotrado, y marcó el territorio. Pero yo tengo un novio al que le gusta jugarse el tipo -o que no se entera de nada- y durante algunos momentos, temí por su integridad física. Por la mía no, porque yo le querré mucho, pero no soy gilipollas.
-Nene, no es necesario que le rodees el hombro con la mano a la tía cada vez que le vayas a decir algo -le hice notar, mientra sonaba el "Thick as a brick".
-Es que, si no, no me oye. Los porros la dejan sorda -qué sabrá el de porros, me pregunté para mis adentros.
-Ya, pero su novio tiene los ojos inyectados en sangre. Mira sus tetas.
-Te juro que no le he mirado las tetas -se excusó Zoo, señalando el canalillo de la rubia.
-Digo las tetas de él.

No llegó la sangre al río y hasta nos invitaron a una cerveza. ¿Y os podéis creer que, al final, el Martin Barre, guitarrista legendario de los Tull, le dio su púa a la zorra de la rubia? Hay que joderse. Yo estiré más el brazo, pero el Barre lo evitó hábilmente y se la dio a ella, y le guiñó el ojo y le hizo un gesto como "estoy en el camerino en veinte minutos". Flipas.

Al Zoo le gustó el evento, le pareció increíble que hubiera peña que compusiera -ellos mismos- canciones de más de cuatro minutos, letras y todo, y sin estribillos, y que toclara la flauta travesera y la guitarra, y hacía preguntas tipo:
-¿Qué es eso que pisa en el suelo todo el rato?
-Los pedales.
-¿Y para qué sirven?

Y cuando salieron y empezamos a pedir los bises, se puso mi Zoo del alma:
-No sé por qué la gente insiste, no van a salir. Ya se han despedido.
Y la rubia y yo, de una piedra. Ella mirándome como "¿de dónde lo has sacado?" y yo como "a mí que me cuentas, me pone cachondo". Como véis, salir con este chico es un acto de fe, porque a veces te asusta. Yo entiendo que la generación Luis Miguel ha quedado profundamente marcada, y que es muy difícil ver en estos días la conexión arte - música popular. Pero háila, y el Zoo lo vislumbró fugazmente el otro día. Así que omití el pequeño hecho de que yo, no os lo ocultaré a vosotros, mis queridos lectrores, estuve en un concierto de Luis Miguel. Y me quedé con la boca abierta cuando se descolgó de una especie de farola hortera, dejando al descubierto dos docenas de músicos horteras y cantando aquello de "derramando por tu cintura las semillas del querer" enfundado en su traje de Armani. Todos tenemos un lado oscuro. Yo no iba a ser menos.
 
 
Comentario:
Vosotros camino de Cái y yo aquí leyendo tu blog... Si es que. En fin, que me ha gustado, sí señor. Me he reído. Y te pregunto lo mismo que la rubia de bote (que yo también soy, jaté): ¿de dónde le has sacado? Besucos. Voy a seguir con los post de arriba.
 
Comentario:
Reconoceras q fuiste a ver a Luismi porque era gratis....jeje
luego nos vemos.
No