Pero, volviendo a lo que interesa aquí, donde yo soy Jota, tu Marthita, y el deseo es el fundamento de todo lo escrito, me apostillas que, además, con lo que realmente estás soñando es con una siesta en plan sofá, tele, nadie en casa que perturbe tu momento, tu hora, en el sofá, ante la tele, ocupando toda la casa sólo con tu cuerpecito.Y yo te digo que, si vas a tener la casa para ti, yo también quiero practicar, contigo, esa siesta tan bien descrita por tus ojos somnolientos y tu boca siempre húmeda cuando me habla.
Y vas tú y respondes que yo nunca me echo después de comer.
Vaya, como si eso importara lo más mínimo, diosa cruel y puntillosa. Tampoco nunca me había follado a nadie en el baño del curro, y mira.
Pero estoy chulo, ya lo sabes, y me gusta, también lo sabes. Así que no cejo en mi empeño.
Marthita, yo…, es que tengo que contarte una cosa. No me suelo echar la siesta, es verdad…pero…lo que sí me pasa siempre, me la eche o no, es…que…cuando tengo mucho sueño y no dejo de estirarme, se me pone, de repente, sin más, dura como una barra de hierro.
Y tú gruñes, como antaño. Y yo sonrío, como siempre te sonrío cuando quiero follarte y tú te haces la remolona. Y me escribes cosas sin sentido en el Messenger, asteriscos y almohadillas entre números sueltos, vocales desparejadas, puntos y guiones, mucho asdf y lkjh. Y yo río. E insisto, claro, en el mismo tono, disimulando no saber qué decirte pero sabiéndolo siempre, y diciéndotelo, mirándote con los ojos entrecerrados a los tuyos expectantes, sin titubeos, con una sonrisa pintándome la cara y las pupilas clavadas en tus entrañas. Diciéndote lo primero que se me pasa por la cabeza, por la polla, por las tripas, por el corazón, por los cojones.
Marthita, nos tumbamos en tu cama, apretaditos, y estirándome se me pondrá dura como aún no la has visto, más todavía, y tú si quieres puedes seguir intentando echarte la siesta. Pero yo te follaré y, luego, si quieres, ya te echas la siesta. Y, si quieres, te la echas solita.
Y gruñes, y asdf y lkjh sin parar. Pero al final ya lo sueltas.
Vete ya, anda, que es tu hora, que sino voy a empezar a arrepentirme.
Cierro mi sesión. Cojo la chaqueta y las gafas de sol y me levanto.
Voy a despedirme de mi jefe. Paso a tu lado. No me miras, pero yo sí, con la misma sonrisa perenne desde hace un par de minutos. De vuelta del hasta luego y buen finde a mi jefe, me paro a tu lado y me pongo en cuclillas a tu altura.
Vale, Marthita. Tú te lo pierdes. Buena siesta.
Y tú me dices que ya sabes lo que te pierdes, y me llamas cabrón igual que cuando me dices ‘venga, cabrón, vamos a follar al baño’. Pero que hoy estás muy cansada. Y yo te sonrió de una forma que ya parece que me he aprendido, me levanto, te toco el pelo y te dejo un hasta luego y buen finde, ya de pie y en voz alta, rindiéndose los susurros y mis pretensiones de follarte justo antes de que te echaras tu siesta.
Manos en los bolsillos, intentando andar lento y tranquilo a pesar de la erección y de las malditas ganas de volver la cara para mirarte y despedirme en silencio hasta el lunes; si sucumbiera, la ya aprehendida sonrisa les descubriría a todos no sólo lo que se me pasa por la mente, sino también lo que me agranda la polla.
Así que ojos al suelo, sonrisa escondida, y hasta luego, y buen finde.
Abandonación total...
Una pena, me gustaba tu blog...
Un beso
Besos
No dejes de desear.
Y de escribirlo, claro.
Saludos, llegué desde Maktub!
Un beso a mis dos niños. Os leo, os sigo.
De esto necesito unas clases...¡noooo! de siestas no...no sé cómo describir una escena de sexo en una novela, y mira que lo intento, pero me sale sin fuerza y de una sosería...
Pero qué bien describes el deseo y todico lo demás, Jota.
Leí eso hace un ratín y me acorde de ti Jota, de ti y de tus ganas de compartir la siesta conmigo. Hubiera sido un escalofrío más que guardar en mi piel y que plasmar aquí, sin duda.
Te debo unos cuantos post. Lo sé.
Te deseo. Lo sabes.
Kissxxx





