Inocencia Robada
Cuando el Jota volvió a entrar, el matón golpeaba a la mujer, afirmándola del pelo en un rincón de la barra, los presentes miraban en silencio la violenta escena. El Jota enceguecido se lanzó sobre el hombre y descargó un puñetazo en la sien del agresor haciéndole tropezar y caer aparatosamente entre unas sillas. El Jota tomó de una muñeca a la mujer y la arrastró en el aire corriendo hacia la oscuridad del callejón alejándose para siempre del horrible lugar.Fatigados después de varios minutos, ambos se sentaron en la vereda para recuperar el aliento, la mujer tenía el ojo hinchado y en el labio superior un corte que ya no sangraba. --¿Qué voy a hacer ahora?--, preguntó Antonieta para sí, --¡no puedo volver ahí, este tipo me va a mandar al hospital!--, agregó entre sollozos.
--¿De donde eres?--, preguntó el Jota, mientras se limpiaba la cara con la camisa, --de Tomé, hacia el interior, vivía en el campo hasta que me vine buscando mejor vida--, completó Antonieta entre quejidos. --Por ahora te puedes quedar conmigo--, ofreció preocupado, --pero tienes que irte mañana, la pensión no contempla compañía femenina--, agregó.
A esa hora, Marwa dormía profundamente debido a las pastillas que consumía, así que no escuchó cuando ellos llegaron aún así entraron despacio, ella se sentó en la cama mientras el Jota se bañaba y cambiaba la ropa embarrada. --Tienes que volver con tus padres, esto se va a poner peor si te quedas;, te voy a prestar plata para el pasaje, algún día me la devolverás--, dijo el hombre entre el ruido del agua de la ducha, --no puedo ayudarte de otro modo y tengo otras cosas que hacer. --, Salió de la ducha con una toalla atada a la cintura, secándose la cabeza con otra, --Ahora cuéntame que es eso de que traen chicas...--, la pregunta quedó inconclusa cuando se dió cuenta de que estaba sólo, la mujer se había ido llevándose la historia y su dinero...Búsqueda en Mulchén
De un salto quedó sentado en la cama, observando la cortina en la penumbra; un frío eléctrico recorrió su espalda y se erizaron los pelos de su nuca. Todo permanecía quieto aunque podía oír el silencio y los latidos de su corazón. Se quedó vigilando aquel rincón hasta que el sueño lo venció.El golpeteo de las gotas sobre el cristal despertó al Jota que apenas abrió los ojos dejó la tibieza de sus sueños, la ducha de agua fría lo dejó bien despierto; se vistió y bajó al comedor donde se encontró con Marwa, la dueña de la vieja casona desayunando. Ella le sirvió un café caliente, pan amasado con chicharrones y una paila de huevos que el Jota comió en silencio. Pensó romper el hielo hablando del incidente de la cortina, pero luego desechó la idea.
--¿Y qué lo trae por estas tierras?--, preguntó al Jota la rolliza mujer, --Vengo detrás de una mujer--, respondió apurando un trago de café. --¡Pero que cosa más bonita!, a mi nunca me pasó algo así...--, exclamó ella, --(Capaz que no encontraron grúa)--, pensó el Jota a la vez que le entregaba la fotografía. --¿La ha visto?--; --¡¡Pero si es sólo una niñita!!, respondió Marwa, --se ve joven--, dijo él guardándola nuevamente, --su mamá la mandó para acá para que no me viera--, dijo él. --Mire joven, si la hubiese visto la recordaría; una cara tan bonita no se olvida así como así, ¿Y por que su madre no quiere que la vea?--, preguntó ella; --Dice que no soy un buen partido--, respondió él mascando un pedazo de pan, --pero eso no importa, la voy a encontrar aunque todo el mundo se oponga--, completó dando por terminado su desayuno.
El frío matinal tampoco lo detendría, subió el cuello de su chaqueta y con la foto en la mano, preguntó en el mercado de la ciudad a todo aquel que se cruzó en su camino, la buscó todo el día obteniendo la misma negativa respuesta. Ya tarde, en el terminal de trenes, un viejo maletero tomó la foto entre sus manos y frunció el ceño un buen rato hurgando en su memoria. --Parece que es ella, pero no estoy seguro--, murmuró al fin el viejo, --¿cuándo la vió y hacia adonde se dirigía?--, preguntó el Jota impaciente, --hace dos o tres días, se bajó en esta estación, no recuerdo muy bien, pasa tanta gente por acá, lo siento no puedo ayudarlo más--, se excusó el anciano.
La dudosa noticia dió nuevas fuerzas a la deprimida esperanza del Jota y decidió relajarse conociendo la vida nocturna del lugar. Entró en un bar y el olor a humo y vinagre lo golpeó. Pidió un "vino navegado" para paliar el frío que se apoderaba de la noche. En la barra, una pareja de borrachos discutía acalorados un partido de fútbol local elevando la voz de vez en cuando para dar peso a sus argumentos. Una prostituta se acercó sonriente y se apoyó en la barra junto a él y le dirigió una mirada coqueta, --¿no eres de acá, verdad?, ¿me invitas una caña?--, preguntó amigable la mujer. Con poco interés El Jota llamó al dependiente para pedirle otro vaso. Sacó la foto y se la mostró. Ella se puso seria y preguntó --¿eres policía?--, --es mi novia, su madre la alejó de mi, ¿la has visto?--, preguntó él a su vez. --Acá llegan a veces chicas nuevas, las traen un tiempo, luego se las llevan a otras ciudades. --¿Donde las llevan?--, preguntó más interesado esta vez. Un gorila humano lo tomó por la solapa y le acercó el rostro bombardeado por la viruela. --A ti no te importa--, le escupió la respuesta junto a su nauseabundo aliento a la vez que lo empujó a la puerta y con una patada en la espalda lo expulsó del lugar, el Jota aterrizó en el barro y de su rostro se veían sólo los ojos brillantes de rabia, --esta no la voy a a aguantar--, murmuró levantándose y apretando los puños volvió a entrar...Viaje al Sur
Apenas pudo dormir, el rostro de Laurie lo atormentaba, la soñaba vestida de colegial, arriba del tren llorando y él, desnudo en el andén meciendo su mano mientras el tren se aleja; despertó con un grito angustiado, empapadas las sabanas de sudor.No esperó que saliera el sol. Se levantó y se metió bajo el agua helada de la ducha, se vistió, llenó su mochila con ropa, vació la cajita de los ahorros y guardó un rollo de alambre junto al bolsito de herramientas con que hacía artesanías, escribió una nota para Mick y salió silencioso a la oscuridad del amanecer.
Tomó el primer bus a Mulchén a eso de las seis de la mañana, la carretera estaba envuelta en una espesa neblina que parecía devorar los vehículos que la atravesaban, pensó que se sumergía en la dimensión desconocida; arrullado por el vaivén se durmió profundamente.
Ya estaba de noche cuando llegó a la pequeña ciudad, el pavimento mojado por la lluvia devolvía el frío reflejo de las luces y un viento helado y silbante recorría la calle desierta. Trató de adivinar donde estaría ella, aunque ni siquiera sabía muy bien donde estaba él.
Caminó lento y sin rumbo, entró en un pequeño boliche donde compró cigarrillos, una gaseosa, pan y cecinas para un emparedado que devoró de dos mascadas. Preguntó al vendedor donde podía quedarse y éste le indicó una residencial a unas cuatro cuadras de la Plaza de Armas.La habitación no era tan cómoda como la mujer que lo recibió la había descrito, aunque estaba limpia y seca, tenía olor a añejo y el alto cielo raso le daba una sensación de fría antiguedad. Se tiró en la cama y un cansado letargo se apoderó de él; Cuando estaba por dormirse, sintió un leve ruido a sus pies que le hizo abrir los ojos sobresaltado al tiempo que una sombra se desvanecía tras las cortinas...
Balde de Agua
La ventana se abrió e inmediatamente un balde de agua fría cayó sobre el desprevenido Jota a la vez que el rostro de la madre de Laurie se asomaba furibundo soltando toda clase de insultos y descalificaciones. --¡¡No vuelvas a molestarla nunca más!!--, gritó con los ojos desorbitados, --¡ella no te quiere ver!--, gritó cerrando la ventana de un golpe. Humillado, mojado e insultado, el hombre sintió cómo la sangre llenaba su cabeza y en una explosión de rabia, tiró la botella estrellándola contra la ventana, los vidrios reventaron estrepitosamente y el silencio reinó desde ese momento. Tiritando volvió al departamento goteando su ira y mascullando su impotencia.De la fiesta quedaban las cenizas y algunos rezagados dormidos sobre los sillones roncaban sus respectivas borracheras. Se dejó caer en uno de los sillones, tomó otra botella con restos de ron y se la empinó de una vez. Vencido por el cansancio se durmió y soñó corriendo sobre el agua de la mano de Laurie mientras los seguía la Gata vestida de policía.
El dolor de cabeza se apoderó de él y contribuyó con su mal humor, anduvo cabizbajo todo el día y apenas respondía con monosílabos cuando le dirigían la palabra. Ni siquiera la marihuana le quitaba la desoladora sensación que lo abatía.Laurie se paseó por su mente todo el día, él sólo quería estar con ella, no pensaba en otra cosa que en su rostro, se martirizó pensando en su sonrisa y lloró en silencio su ausencia.
Al final del día la Gata apareció en el departamento trayéndole noticias de su amada. Ansioso la arrastró adentro y sin dejarla respirar, la bombardeó con preguntas que la Gata respondió asustada. Según la chica, Laurie lo amaba con locura y haría lo que fuese por él y después del incidente del Cajón del Maipo todavía más. Las malas noticias eran que sus padres la habían mandado al sur del país, según los rumores, a un lugar llamado Mulchén...
Liberación Etílica
Apenas asomó por la puerta de la comisaría, varios gritos y aplausos salieron de sus amigos y familiares que con euforia demostraban su apoyo; con palmadas en la espalda y abrazos lo recibieron, también hubo lágrimas entre sus hermanas. La mezcla de emociones se habría coronado de alegría si hubiese estado ella.El Jota alquilaba a medias un pequeño departamento junto a Mick, artista visual y gran amigo con quien además compartía su adicción por la marihuana y las fiestas improvisadas con su grupo de amigos. Unidos por el impulso de celebrar, el numeroso grupo se dirigió hacia allá.
El "portazo" pegó dos papeles engomados para duplicar su ancho y en seguida vació el contenido de un paquete, lió un cigarro de unos tres centímetros de diámetro y lo encendió inundando el ambiente del característico olor. Luego de tres cigarrillos similares, todos reían relajados por el sopor de la droga y bebían sin pudor, en especial el Jota, celebrando su libertad y su masculina integridad.
Con el paso de las horas, la distorsión era total y algunos se transformaron a tal punto que vagaban entre la realidad y la fantasía, como suele suceder en esas fiestas.
El alcohol sensibilizó los ánimos y el Jota no podía dejar de pensar en Laurie, sabía que lo sucedido los días antes la alejarían de él, ensimismado, no oía ni veía lo que pasaba a su alrededor y la fiesta transcurrió con un Jota emocionalmente ausente.Absolutamente borracho y trastabillando con una botella de ron a medio vaciar, salió al frío amanecer sin que los demás lo notaran, casi inconsciente y como un defectuoso autómata caminó varias cuadras hasta la casa de la chica. Apenas estuvo bajo su ventana comenzó a susurrar su nombre hasta que esta se abrió.
Libertad e Inocencia
Treinta ojos lo miraban fijamente mientras que el silencio se podía sentir en el aire, tragó saliva y en un susurro saludó a los hombres que estaban encerrados con él. Unos lo saludaron con indiferencia, otros no le dirigieron la palabra.El calabozo era frío y el aire era una desagradable mezcla que se impregnaba en la ropa. En un banco largo, algunos dormían abrigados unos con otros mientras otros hablaban. El Jota se sentó en el suelo, cerca de la puerta enrejada y apoyo su frente en las rodillas resignado a esperar lo que viniera.
Uno de los detenidos tenía la camisa bañada en su propia sangre y los labios y un ojo hinchados por los golpes que su hermano le dió cuando él lo encontró con su mujer, según contaba el hombre más tarde jurando vengarse al salir. Unos estaban por consumo o tráfico de drogas, otros por asalto u otros delitos comunes, aunque en ese momento eran todos iguales.
El hambre no hacía más que aumentar su ansiedad por salir y se prometió devorar un pollo asado entero apenas volviera a casa. El resto del día se hizo eterno esperando alguna novedad y todos los ojos se enfocaban hacia la puerta esperando ser liberados, pronto llegó la noche y el sueño hizo cabecear al Jota, aunque no pudo dormir pues el helado amanecer lo hacía tiritar intermitentemente.Ya tarde al otro día, por fin llegó la libertad junto a las noticias del Instituto Médico Legal cuyo informe respaldaba la castidad de ambas chicas y con ello, su honor recuperado anunque los moretones durarían varios días, su amor por Laurie duraría para siempre...
Entre Rejas Rojas
La puerta trasera del furgón se abrió y un corpulento oficial agarró de la camisa al Jota para apurarlo a salir. Con sus ojos hinchados ahora heridos por la luz apenas pudo ver por donde caminaba. Arrastrado por el uniformado, llegó hasta un alto mesón donde un obeso policía escribía con dos dedos en una vieja máquina.--A este lo traemos por violeta--, dijo el más grande; el gordo murmuro una frase inteligible sin levantar la vista. --Gozando a dos bandas, se pescó a un par de pendejas allá en el Cajón del Maipo--, completó el oficial con una risita burlona. Recién ahí el gordo tras la máquina levantó los ojos y estudió el rostro del Jota que evidenciaba los golpes recibidos. El gordo metió otra hoja en el rodillo y tomó la declaración del sospechoso.
--¿lo revisaron?--, preguntó el gordo con la intención de meterlo al calabozo, El policía aludido cacheó al detenido y levantó vencedor la mano cuando se encontró con dos paquetitos de yerba que el Jota había olvidado por completo tras la traumática experiencia. --Más encima traficante, de esta no te vas a salvar, cabro--. dijo el policía a la vez que lo empujaba hacia los calabozos.
El nerviosismo se apoderó del Jota y comenzó a tiritar mientras su rostro adquiría un tono blanquecino, sin articular palabra trató de zafarse de la mano de su carcelero para correr hacia la libertad, pero no alcanzó a dar un paso cuando recibió un bastonazo de lleno en la cabeza que lo derribó y un puntapies que se perdió en sus costillas antes de llegar al suelo --Intenta correr de nuevo y te rompo la cabeza-- alcanzó a oír antes de recibir otro bastonazo esta vez en la espalda.
Arrastrándolo, abrió la puerta y lo empujó hacia el interior de una habitación de seis por ocho ocupada por unos quince detenidos. Le hizo pasar los brazos a través de los barrotes para quitar las esposas el policía tomó éstas por la cadena y tiró sorpresivamente hacia atrás, haciendo chocar contra los barrotes el rostro cada vez más deformado del Jota. La sangre brotó esta vez de la ceja izquierda.
Liberado de las cadenas, se aferró cansado a los barrotes y tembloroso trató de recuperarse del impacto producido momentos antes. Quería que esta pesadilla terminase de una vez, él no había hecho nada de lo que lo acusaban y lo único que lo mantenía en pie, era el recuerdo del rostro de Laurie.
Una lágrima furtiva rodó por su mejilla dejándo un surco entre la sangre y el barro, una lágrima que secó rápido con el dorso de su mano...
In Justo Castigo
El canto de los pájaros parecía aumentar el dolor de cabeza del Jota, se restregó los ojos y vió a las chicas dormidas, Laurie a su lado con un aire angelical y el pelo revuelto flotaba en sueños romanticos con él. Mareado todavía se dirigió al arroyo, se saco la ropa y se tiró al agua helada, sintió como su cuerpo alertado por el frío, se despertaba de una vez. Secó su cuerpo con la camiseta y volvió con una olla llena de agua para el desayuno.
La Gata asomó la cabeza cuando el fuego ya estaba encendido y el café humeaba en el tazón. Se acercó risueña preguntando si habían dormido muy apretados mientras tomaba un trago del café que él le acercó. El Jota sonriendo le dijo que muy bien aunque entre ellos no había pasado nada. La Gata no le creyó e iba a decírselo justo cuando Laurie se acercó envuelta en un manto adormilada y sonriente. Besó al Jota con complicidad y se unió a ellos junto al fuego tomando otro tazón que él le entregó.
Una mano golpeó la oreja del Jota por detrás, haciéndole perder el equilibrio y volcar el café sobre sus piernas, sin darse cuenta y bajo una lluvia de insultos, recibió varios golpes de mano y pies al tiempo que las mujeres gritaban sin saber que hacer.
El padre de la Gata puso una rodilla sobre la espalda del Jota que permanecía boca abajo y con una mano lo tomó del pelo enterrándole el rostro en el polvo, mientras le apuntaba con una pistola en la nuca lo acusaba de la violación de su hija. La sangre brotó copiosa por la nariz del Jota sin entender todavía que sucedía.
El hombre ciego por la ira, ató las manos del Jota detrás de la espalda y lo levantó del pelo, sólo para darle un puñetazo en la boca del estómago y dejarlo arrodillado tratando de respirar. Boqueando como un pez fuera del agua, lo arrastró hasta el arroyo y hundió la cabeza del joven varias veces en el agua.
La policía alertada por el mismo padre de la chica llegó cinco minutos después que el iracundo hombre obligándolo a bajar el arma y alejarse del Jota. Las chicas lloraban jurando que no habían hecho nada malo, mientras un cabo ponía esposas en las manos del Jota a la vez que cortaba la cuerda con que estaba atado y rápido lo subió atrás del furgón.
Cuando el padre de la Gata subía a las chicas a su vehículo para llevarlas a casa, un oficial lo detuvo y le dijo que no podía llevárselas sin antes pasar por el Instituto Médico Legal, para certificar las lesiones que apoyarían la acusación de violación que había levantado...
Paseo al Cajón del Maipo
La Gata no volvió a hablar del encuentro y en Laurie se desvaneció el enojo por la irruptiva aparición en el kiosco. Pasaron los meses y pronto fue superado el incidente a tal punto que la Gata la acompañaba de vez en cuando guardando absoluto silencio sobre las actividades de Laurie.Cierto día, el Jota propuso salir de campamento al Cajón del Maipo; un hermoso valle encajonado por cerros conectados a la Cordillera de los Andes distante unos veinte o treinta kilómetros de Santiago. La idea era irse un día y volver al siguiente. Inventando quedarse cada una en casa de la otra para estudiar como excusa para los padres de ambas.
El día acordado, temprano tomaron un bus camino al Cajón, el Jota cargó una mochila grande con ropa, comida, saco de dormir y una carpa, además de mucha marihuana y alcohol, mientras que las chicas llevaban en las mochilas del colegio, ropa abrigada para la noche, cigarros, golosinas y más alcohol.
Cuando llegaron a San Alfonso, un pueblito escondido entrre los cerros y centro comercial del Cajón, caminaron otro tanto por la carretera, buscando una quebrada para internarse donde estar solos con la naturaleza. Los asustó el bocinazo de una camioneta acercándose, el conductor saludó con la mano a la Gata sin detenerse.
Ella nunca esperó encontrarse en este rincón de Santiago con su tío, aunque él no se detuvo a saludar. Pensó nerviosa en lo inconveniente del encuentro hasta que Laurie y el Jota la tranquilizaron.
Encontraron por fin la quebrada y se internaron en ella bordeando el arroyo que destellaba alegre bajo la luz que se colaba por la copa de los arboles, caminaron hasta un claro en donde decidieron acampar. Las chicas prepararon unos tallarines con salsa y después de lavar los platos, los tres se dedicaron a la contemplación de la naturaleza, fumándose el tercer cigarro del día.
La tarde pasó plácida entre conversaciones y tragos de ron hasta que la noche estrellada y calurosa los encontró borrachos y risueños. Cansados Laurie y el Jota decidieron entrar en la carpa mientras la Gata vaciaba la botella junto a la fogata que agonizaba entre llamas anaranjadas.
Aunque oyó las risas dentro de la carpa, la Gata decidió entrar ya que el sueño la vencía, tropezando en la penumbra se encontró con la pareja dentro de un saco de dormir besándose efusivamente. Quizo ignorarlos, pero no pudo evitar oír los ruidos que ellos producían, ahogando su excitación dentro de su saco, trató de dormir...
Una pareja de tres
La curiosidad era uno de los motivos de su apodo y fue eso lo que impulsó a la Gata, seguir a su amiga una tarde a la salida del colegio, deseaba conocer al hombre que había logrado ese cambio tan profundo en Laurie.Aguantó los quince minutos que duró el camino y se ocultó en un portal cuando vio que Laurie se detenía frente al Kiosco y saludaba a su interior, la curiosidad se la comía aunque esperó otros diez minutos observando desde la sombra.
Simuló sorpresa cuando estuvo frente al negocio y vio a la pareja conversando distraídos ajenos al mundo y a su ruido; saludó a Laurie mientras miraba de reojo al hombre pidiéndole que se lo presentara, Laurie le presentó al Jota con recelo, aunque la Gata no mostró mayor interés Laurie sabía que la había seguido y eso le molestó.
La Gata se despidió rápido inventando una urgencia y los dejó solos nuevamente, retomó el camino a su casa satisfecha su curiosidad, una sonrisa en los labios y una oscura idea comenzó a gestarse en su cabeza.
Pensó que ella también se merecía un hombre como él, tan cautivador y atractivo como el de su amiga, alguien que la mimara y la quisiera...
¿y porqué no el Jota?...