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Historia de Borrachos 2
Continuación de una Historia perdida...
Acerca de
Esta es la continuación de la Historia iniciada en "blogs.ya.com/historiadeborrachos", para aquellos que deseen saber como comenzó todo, por favor dirigirse a esa dirección...
Sindicación
 
Segundo día de prisión
Los prisioneros se desperdigaron por el patio después del conteo diario, muchos volvieron a sus celdas a buscar sus implementos de aseo para usar el baño común. El Jota se mantuvo de pie en el lugar que ocupara en la fila minutos antes sin saber que hacer, su mente vagaba fuera de la prisión buscando la imagen de Laurie que se desvanecía en su mente por los ruidos de la multitud de hombres que caminaba a su alrededor. El Mono lo remeció del brazo y lo sacó de su ensueño. –Compadrito, es mejor que vayamos a la caleta a desayunar, así nos queda tiempo para descansar–, dijo riendo mientras palmoteaba la espalda del Jota camino de la celda.
En la caleta ya estaban los otros compartiendo un tazón de mate que sorbían estruendosamente por turnos haciendo una rueda mientras conversaban sobre distintos temas. El Mono entró en la habitación un paso adelante del Jota y saludó a los presentes con un movimiento de cabeza, –¿Hay lugar para dos? –, preguntó protocolar mientras se sentaba en un taburete, –arrímese al fogón compañero–, respondió el Argentino, entregándole el tazón humeante al Jota, –Usted sabe que donde caben diez, caben once–, dijo ironizando por el hacinamiento que los reos vivían. El Jota sorbió la caliente infusión que calmó el hambre que hasta ese momento no había notado que sentía, los otros lo miraron en silencio por unos momentos, hasta que el Jota, sintiéndose observado, buscó un tema con que distraerlos, –¿Alguien quiere que le vea el futuro? –, dijo mirando los palos flotar en el tazón, –¿sabes leer las cartas, cabro?, ¡Rucio, pásame los naipes! – dijo el hombre más viejo del grupo, –varios me las han leído y muy pocos han acertado, vamos a ver que tan bueno eres cabrito–, dijo recibiendo la baraja entregándosela a su vez, al Jota.
Devolvió el tazón al Argentino y sacó los naipes del envase revolviéndolos con calma, se arrodilló frente a la mesita que ocupaba el centro y miró penetrante el rostro de Don Lalo, que era el nombre del jefe de la caleta. Se tomó unos momentos para barajar el mazo y luego le pidió al hombre cortar la baraja con la mano izquierda, tomó el montón menor y arrojó tres naipes sobre la mesa. –Este es su pasado–, dijo concentrado observando de reojo los cortes que los brazos del hombre evidenciaban, –Esta espada me habla de violencia–, dijo apuntando dicho naipe, –Las copas me hablan de sus vicios–, agregó con voz profunda logrando captar la atención de todos en el lugar, –Y estos oros son el motivo–, dijo rematando misteriosamente, dejando una nube de incertidumbre en el ambiente. –¿Quiere que diga los detalles delante de todos?–, agregó antes de que Don Lalo saliera de su sorpresa debido a lo asertivo de su lectura, –Después–, apuró el hombre antes de que el Jota hablase de los detalles, –Ahora, léeme el futuro, que el pasado ya está pasado–, dijo Don Lalo, recuperando la compostura. El Jota tomó las cartas y las revolvió lentamente analizando los posibles futuros del hombre, lanzó otros tres naipes y se tomó unos momentos antes de hablar, –Este caballo me habla de una aventura en un futuro próximo–, dijo con marcialidad, –El as de bastos, un sacrificio-–, dijo frunciendo el ceño con preocupación, –este cinco de oros, me habla de un éxito parcial..., lo siento Don Lalo, pero no todo lo que planea se va a cumplir–, terminó diciendo mientras observaba el rostro sombrío del viejo sin saber que su predicción estaba más cerca de la verdad de lo que él mismo hubiese querido. Los hombres hicieron peticiones personales levantando la voz hasta crear un verdadero desorden que Don Lalo detuvo de un solo grito, –¡Se acabó esta cuestión!, Pásame los naipes cabro, de ahora en adelante el que quiera saber de su futuro, va a tener que pedirme permiso–, terminó lapidario dejando al grupo descontento por su futuro no develado. En realidad Don Lalo sintió verdadero pavor al pensar que sus planes de libertad se estuviesen ventilando a gritos entre el grupo de internos, nadie debía saber lo que el destino preparaba para los próximos días...
 
Primera noche
Los camastros se recortaban en la lóbrega oscuridad de la celda, el Jota adivinaba las miradas que en ese instante lo estudiaban en silencio, tragó saliva y no tuvo fuerzas para emitir una palabra ni mover un músculo, los segundos parecieron eternos, sintió un frío penetrante que lo hizo tiritar. --–¿Qué tal, cabros? –, preguntó al fin armándose de valor, tratando de romper el hielo que en ese lugar olía a muerte. –¿Cómo te llamas? –, preguntó a su vez una voz desde las sombras. –Jota…, ¿se puede pasar?–, respondió el aludido tratando de no incomodar, –acomódate en ese rincón, mañana vemos que hacemos contigo–, dijo nuevamente la voz con tono de autoridad. El Jota se sentó en el suelo de espaldas a una fría pared que olía a orina y se quedó quieto tratando de distinguir a sus ocasionales compañeros. Después de un rato el hombre de la voz de mando volvió a preguntar, –¿Por qué estás aquí? –, sorprendido el Jota balbuceó antes de contestar –...este..., ¡Por amor!, –¿¡Por amor!? –, respondió otro preso que hasta ese momento no había hablado, –¿Acaso te “piteaste” a alguien por celos? –, preguntó otro en voz baja. –Nada de eso–, dijo el Jota y empezó a relatar el paseo al cajón del maipo con todo el histrionismo que era capaz, viendo que su relato los mantenía atentos e interesados alargó el cuento detallando la búsqueda de Laurie y su vuelta a Santiago, de donde la raptó para terminar en la celda que ahora compartían. El cansancio los venció a todos y todos fueron cayendo en íntimos sueños de libertad, temores y arrepentimientos.

También el Jota se durmió soñando con Laurie atada a un muro de mazmorras por gruesas cadenas, mientras su madre vestida de vcrdugo, le arrojaba un balde con agua para mantenerla despierta, el Jota soñó que se abalanzaba sobre la mujer y cuando iba a golpearla desde atrás con un palo, la mujer se daba vuelta y le hundía una patada en el estómago que se confundió con el golpe que el guardia le dio en el suelo para despertarlo, –¡Aquí no estás en un hotel!, ¡tienes que estar de pie cuando las puertas se abren!–, le gritó a la vez que le lanzaba otro golpe, esta vez en la pierna. El Jota se levantó como pudo y recibió una bofetada que lo hizo caer nuevamente. –¡Te dije que te pararas!, gritó de nuevo el guardia parándolo de la camiseta. ¡Aquí mi palabra es la ley, ¿escuchaste?!, dijo lleno de prepotencia, ¡Si no te gusta te muelo a palos!, ¡ahora fórmate junto a los otros para pasar la lista!–, le gritó dándole un empujón hacia la puerta. Afuera de la celda estaban los reclusos formados en el pasillo de la larga galería de tres pisos en la que sólo se veían puertas abiertas y otros presos también formados. –Primero nos cuentan a la salida de las celdas, después nos llevan al patio y hacen un conteo general mientras otros guardias nos revisan las cosas–, le dijo despacio un reo, poniéndolo al tanto de las costumbres carcelarias. –después nos dejan volver a la celda para asearnos y desayunar en el comedor o con “la caleta” (grupo de hombres unidos por la ocupación de la misma celda), no te preocupes, a los demás les caíste bien, procura estar siempre acompañado por uno de nosotros y no hagas enojar al cabo Orrego, mira que es corto de genio–, terminó de decir justo cuando un guardia se acercaba. ¡Atentas señoritas, empiecen a numerarse!, ordenó el uniformado. El conteo llegó a diesisiete, mientras la escena se repetía en todas las celdas de la galería 28, de donde el Jota era el nuevo residente.

A una nueva orden, los hombres salieron del edificio a una multicancha donde se ordenaron en filas conociendo el procedimiento. –¿a qué hora puedo hablar con un abogado? –, preguntó el Jota a su compañero, –va a ser bien difícil que te atiendan, hoy es sabado y estos atienden en horario de oficina–, respondió el preso. Había olvidado por completo que día era, por lo visto los planes que tenía para el fin de semana no se cumplirían…
 
El arresto
La habitación se llenó de luces y gritos dando ordenes a garabatos. Una mano agarró del pelo al Jota y lo tiró al suelo obligándolo a poner las manos sobre su cabeza. Laurie rompió en un sollozo histérico y un policía la puso contra una pared haciéndole separar las piernas de una patada en los talones y manosearla groseramente. El Jota fue esposado mientras los policías apuntaban a su cabeza. un grueso oficial lo tomó de la ropa y lo obligó a levantarse, leyó sus derechos y preguntó si había entendido. Luego de confirmar la identidad de la chica, ordenó soltarla. Caminó por la habitación mirando los objetos desinteresado y después de un rato de silencio se paró frente al Jota; -¿Sabías que eres famoso?, le preguntó el policía por fin. El Jota tragó saliva sin responder, no sabía que las noticias lo tenían en primer plano buscado como un criminal sexual que se había aprovechado de la edad de Laurie.

El Jota salió esposado entre los policías que lo sacaron bajo fuerte custodia para romper la cadena de cámaras y periodistas que querían obtener las primeras imágenes del hombre que había raptado a una niña y probablemente violado hacía ya meses, las luces de las cámaras lo enceguecieron y las evitó bajando la cabeza mientras caminaba a tropezones. Varias manos lo agarraban de los brazos y lo condujeron rápido a un vehículo donde lo subieron de un empujón que lo dejó tendido en el piso.
Adentro de la casa Laurie ya más tranquila, fue interrogada por una mujer policía que indagaba el aspecto sexual del secuestro; la chica reconoció su amor incondicional hacia aquel hombre y que todas sus acciones habían sido bajo su consentimiento. No dejó pasar la oportunidad para expresar su preocupación por el hombre que la había hecho mujer y que además le entregaba todo el amor que esperaba recibir. La chica expresó con todo su corazón el sentimiento que la había llevado hacia aquella aventura desbocada con tal convicción, que la oficial sintió la franqueza de sus palabras dejando un ambiente de complicidad entre ellas. Después de dos horas de interrogatorio la condujeron a una estación policial donde esperaría el arribo de sus padres. Sus pensamientos estaban con él, quiso sentir su abrazo, pero sólo sintió el frío de la noche.
El Jota fue derivado directo a la cárcel de la ciudad en circunstancias que estaba siendo acusado del rapto y violación de Laurie; la camioneta entró de espaldas a la puerta del primer perímetro y se abrió en un patio donde algunos guardias armados esperaban su arribo. Lo bajaron de un tirón y lo llevaron por una puerta de barrotes que daba a una sala intermedia entre puertas cercadas por guardias y rejas. El nerviosismo del Jota era evidente, sus manos sudaban y su respiración era agitada por la presión de la situación y de las esposas sobre sus muñecas.
Después de tomar sus datos, lo condujeron a otra habitación pintada de verde claro e iluminada por un tubo fosforescente que albergaba sólo una mesa en un rincón. Le sacaron las esposas y lo obligaron a desnudarse y dejar sus pertenencias sobre ella, quedando el Jota sin pertenencia que no fuese su cuerpo. Bruscamente lo hicieron separar las piernas para revisar si llevaba algo en su ano, lo alumbraron con una linterna, unos rieron bromeando con sarcasmo sobre su virginidad y lo que le esperaba adentro. Todos los violadores seguían el ritual de la iniciación en todas las cárceles del mundo del mismo modo. Y a todos se lo hacían saber desde el primer momento, guardaron sus cosas en una bolsa a la que agregaron una etiqueta con su nombre y lo que llevaba al momento de su arresto, le entregaron sus pantalones sin cinturón, las zapatillas sin cordones y la camiseta de heavy metal que llevaba puesta para llevarlo pronto a la celda que sería asignado temporalmente. La noche pasaba y los guardias querían descansar, ellos también estaban prisioneros en este pequeño infierno aunque tenían varias ventajas sobre los reclusos.
Lo encaminaron a través del patio iluminado por luces amarillentas mientras los focos de las casetas revoloteaban por los edificios de los pabellones, el pánico estaba a punto de apoderarse del Jota que hacía cada vez más cortos sus pasos pensando que a nadie le importaba la verdad de sus sentimientos y tampoco si los gritara a los cuatro vientos.
Llegaron hasta una celda ocupada por unos doce individuos repartidos en la oscuridad entre literas oscuras. Uno de los guardias ordenó alejarse de la puerta mientras apuntaba al interior con su arma, el otro guardia se acercó a la puerta y la abrió después de sacar el candado que la sellaba. Empujaron al Jota adentro que tropezando quedó parado al centro tratando de ver en la oscuridad remecido por el portazo detrás y el cerrojo alejándolo de su preciada libertad...

 
Fuga interrumpida
La mujer se sentó en la cama y subió el volúmen del televisor mientras hacía callar a su marido que en ese momento reclamaba contra la programación. Un calor subió por su rostro acompañando la ira que sintió al ver al Jota reír a toda pantalla, dentro de su propio dormitorio, en su propia cara. --¡El desgraciado que se robó nuestra hija!--, gritó ella mientras saltaba de la cama, presa de sus emociones. --Se la llevó al sur, el muy infeliz--, agregó el hombre incorporándose para ver mejor, --¡Hay que llamar a la policía, este tipo se la raptó y ya debe haberse violado a mi pobre chiquilla!--, sollozaba la mujer con impotencia correteando alrededor, agarrándose la cabeza. --Cómo se ve que la policía no ha hecho nada por encontrarla, ¡te dije que no la buscarían!, ¡Viejo vístete, tenemos que ir inmediatamente a la policía, el inspector ese me va a escuchar!--.

--¡Lo teníamos ubicado hace días, pero estabamos investigando una posible conexión con el narcotraficante dueño del cabaret incendiado--. Dijo el inspector de policía, una vez que se dispuso a atenderlos. --Pero oiga, mi hija está secuestrada y ustedes no hacen nada por recuperarla mientras su raptor sale por televisión riendo feliz--. Dijo la mujer mientras su mentón temblaba. --Usted tiene que entender que cortar las redes de distribución de la droga en nuestro país, es más importante que una romántica historia de amor--. dijo serio el policía. --¡Historia de amor!, ¡él la raptó y probablemente ya la haya violado! y será toda su culpa si ese criminal le hace algo más a mi niña--, dijo la mujer al borde de un ataque de histeria. --No se preocupe señora, un equipo en Concepción se prepara para su arresto, pronto tendrá noticias de su hija; por ahora váyase a casa y descanse--.

El inspector miró salir a la pareja mientras levantaba el teléfono para llamar a su colega en el sur y dar curso al arresto del Jota. Aunque su culpabilidad debería ser determinada por la justicia, él tenía la convicción de que el Jota no era culpable de los cargos con que la madre de la chica lo acusaba. Pero su opinión no era importante frente a los hechos y a las pruebas.

El Jota se sentó a la mesa justo frente a Laurie, acostumbraban cenar juntos sin importar la hora. Aprovechaban de conversar y reir recordando los sucesos del día mientras cenaban; se alimentaban del amor que manaba natural de ambos y la felicidad los embriagaba al punto de comer tomados de la mano. De pronto el Jota levantó la copa para hacer un brindis y las palabras quedaron congeladas en su boca cuando la puerta se abrió violentamente llenando la estancia de gritos y luces ...

 
Venganza Mediática
El Jota entró en una discreta cabina telefónica al final de la calle de luces tenues a unas cuadras del cabaret. Con un pañuelo envolvió el micrófono del teléfono para disimular su voz y luego de marcar esperó con nerviosismo que contestaran su llamada. La voz femenina del otro lado le saludó sin emoción. --¿Con quién desea hablar?--, --Tengo una noticia que les puede interesar--, dijo en tono conspirativo. --Le comunico con prensa--, dijo la mujer mecanicamente, después de unos instantes, una voz ahora masculina, le saludó cauteloso, --hola, soy Demian, el periodista de turno, ¿en qué le puedo ayudar?--, --Están planeando un incendio en el Caballo Rojo, creo que es para cubrir un crimen--, dijo colgando el auricular dejando en el aire una cortina de misterio. El periodista intuyó una buena noticia detrás de las palabras que todavía resonaban en sus oídos y sin esperar se puso en marcha.

El Jota se dirigió decidido al Cabaret con la intención de dar el siguiente paso de su plan, llegó al lugar justo cuando los mafiosos se subían al auto dejando el lugar cerrado. El Jota sacó dos botellas de sendos cócteles Molotov que traía preparadas en una mochila, encendió una mecha y arrojó la primera que entró de lleno por una ventana abierta del segundo piso, la segunda siguió a la primera avivando el fuego que ya teñía el aire del callejón. El Jota se alejó sigiloso del lugar observando desde unas cuadras como las lenguas de fuego crecían tratando de alcanzar el cielo. El ulular de las sirenas se oyó tan pronto como el fuego se inició, los bomberos desplegaron sus mangueras y mecanismos para atacar el fuego y pronto todo el lugar brillaba bajo el agua, iluminado por las danzarinas llamas crepitantes.

El espectáculo duró menos de una hora en la que los hombres de fuego apagaron la gran hoguera que según el Jota, purificaba la maldad que manaba de aquel lugar. Detrás de los bomberos entraron los camarógrafos que alertados por el periodista, buscaban cualquier indicio de que el incendio ocultara un crimen. Entre los escombros encontraron una maleta metálica llena de bolsas con la droga. Las cámaras hicieron sendos primeros planos de su contenido que más tarde emitieron tres canales de television completando la noticia con el arresto de gordo de bigotes y sus guardaespaldas. Entre los curiosos, el Jota simulaba asombro y sintió una alegría infantil cuando el periodista le preguntaba su opinión mientras la cámara captaba de lleno su alegre rostro. También sonrió cuando abrazados en la cama, él y Laurie veían en la repetición de las noticias el rostro divertido del Jota cerrando la nota. Laurie puso su rostro sereno sobre el pecho del hombre sin sospechar la intervención de su hombre en los hechos. Él nunca pensó que su imagen recorrería las olvidadas distancias y sería visto por su pasado, entre ellos los padres de Laurie.

Esa noche hicieron el amor freneticamente, como la primera vez, llenos de amor y deseo, ciegos guiados por la pasión sin sospechar que esa también sería la última vez...
 
Trafico
El Jota dió un largo beso a Laurie antes de salir de casa, tenía que juntarse con Marcos y Antonieta frente a la laguna del parque, apenas oscureciera. Llevaban algunas semanas vendiendo la droga que ella les entregaba y podían decir que el "negocio" prosperaba dejando interesantes ganancias para los tres. Estaban felices a pesar de lo nefasto de la actividad. Se juntaron como todos los días para aclarar las cuentas sentados en el pasto. Antonieta sacó el contenido de una bolsa y la repartió sobre un espejo en tres líneas que separó diestra con el canto de una tarjeta. Enrolló el billete de más alta denominación que encontró, "para que nunca falte", dijo refiriéndose a la creencia de que usando un billete de mucho valor, el dinero no faltaría para comprar cocaína. Inhalaron el blanco veneno por turnos siendo el último el Jota que enrolló su propio billete, lo apoyó sobre el vidrio y respiró sintiendo como los blancos cristales golpeaban el interior de su nariz. La ardorosa irritación le hizo cerrar los ojos con fuerza y cayó de espaldas sobre el cesped gozando la eufórica sensación que se apoderaba de sus sentidos. Se sentó con la nariz adormecida, encendió un cigarrillo mientras Antonieta no paraba de hablar conectando una idea con otra sin interrumpir su verborréica "volada".

Marcos entregó el dinero de la venta y Antonieta hizo tres montones iguales luego de separar el capital que era considerable. Estaban tan concentrados que no se dieron cuenta de los hombres que se acercaban a ellos encabezados por el gordo de bigotes gruesos y que ahora tomaba firme al Jota por la camiseta, poniéndolo de pie mientras los otros hacian algo similar con Marcos y Antonieta. --¿Cómo nos ha ido con las ventas?--, preguntó acercando su rostro al de él dándole fuertes palmadas en la cara. EL Jota miraba con los ojos desorbitados por la falta de aire y la sorpresa. A pesar de su nerviosismo, logró reconocer en aquel rostro, al dueño del local donde trabajaba Antonieta. Este hizo un gesto a uno de sus hombres que revisó ell lugar y tomó todo el dinero que encontró. --No me gusta que me roben y cuando lo hacen siempre recupero lo que es mío--, dijo despacio pero con firmeza. --No sé de que habla, esto es un error--, dijo el Jota visiblemente afectado, --¡no hemos robado nada!--, agregó, --Eso preguntaselo a tu socia--, por ahora me voy a llevar este dinero, tienen un día para recuperar el resto--, dijo sin dejar lugar a dudas. Los hombres se alejaron por donde vinieron y en el rostro del Jota comenzó a dibujarse una furiosa interrogante, su mirada traspasó el rostro de miedo infantil de la mujer que mascaba chicle con la boca abierta . --¿Le robaste la "mandanga" a tu jefe y me involucraste?--, peguntó él, --¡Tu querías que te devolviera tu dinero y yo no tenía de donde sacarlo!--, además hace rato que pagé mi deuda contigo, ¡debiste retirarte del "negocio" cuando saldé mi deuda!--, --Me meto en problemas cada vez que te cruzas en mi camino; ¿Cuanto dinero le debes a ese tipo?--, preguntó él, buscando una solución--El doble de lo que se llevó hoy--,dijo ella, --No voy a pagar un dinero que no tengo--, preguntó el Jota sin esperar respuesta, Entrecerró los ojos y luego de unos segundos pensando, dijo con seguridad: --Le voy a dar otra preocupación al Gordo para que se olvide del dinero...
 
Superhéroe por Opción
En el aire de la madrugada una estela de vapor del aliento de los hombres quedó como sutil rastro en la fría oscuridad de las calles solitarias. Ambos marchaban tambaleantes debido al alcohol ingerido durante la noche de modo que no se dieron cuenta de la negra silueta que los observaba desde las sombras.

Llegaron al fin a una intersección en donde los hombres se separaron y el matón que los seguía desde el bar, vaciló antes de elegir a cual seguir, se decidió por fin ir tras el Jota que tropezando cada tres pasos amenazaba con caer al suelo. Con dificultad se arrimó a la ventana en donde Laurie dormía hacía rato, golpeó el vidrio y la llamó despacio un par de veces antes de que apareciera su bello rostro adormecido enmarcado por el cabello desordenado y sensual. Abrió la ventana y el Jota de deslizo dificultosamente al interior aterrizando directo en la cama. Ella lo desvistió y lo metió bajo las sabanas de donde no salió hasta el mediodía siguiente.

--¿Donde te metiste anoche?-- preguntó Laurie seria, apenas el dolor de cabeza despertó al Jota. --Fui a celebrar el cumpleaños de Marcos, mi compañero de trabajo, te lo dije por teléfono--, --no me refiero a que celebraban, me refiero al lugar donde estuviste--, --Ah eso-- dijo él, tratando de evadir la pregunta entre las sabanas y la almohada. --No quiero secretos, se honesto y dime donde estuviste--, repitió ella sin asomo de sonrisa. El Jota pensó en la reacción de Laurie si supiera que la noche la pasó entre prostitutas, alcohol y cocaína, aunque no había tenido relaciones ni había consumido drogas, recordó el "negocio" que había aceptado con más agallas que inteligencia; pensó que ella no le creería, de modo que inventó una situación más "creíble". --Nos fuimos a la casa de unos familiares de Marcos y nos pusimos a jugar "Escoba" mientras nos tomábamos todo el vino de esta ciudad--, mintió él cubriendo su cabeza con la almohada para evitar el interrogatorio de la chica. Ella se cruzó de brazos y guardó silencio un rato que pareció eterno. --No sé porqué no te creo, algo me dice que me mientes aunque no puedo precisar qué--, terminó diciendo. Aunque la resaca lo acosaba, se levantó de buen humor, se vistió luego de una ducha fría y como tenía la tarde libre, decidió llevar a laurie a almorzar al centro; la salida los haría olvidar el incidente de la noche anterior.

Caminaron por una concurrida calle comercial tomados de la mano, alegres y despreocupados buscando un lugar donde comer, de pronto el Jota se detuvo en una esquina y vió cómo un joven asaltante atacaba descaradamente a un hombre viejo que impotente trataba de defender su billetera, a plena luz del día y ante los ojos de todo el mundo. Mientras el delincuente corría con el magro botín en la mano, el Jota dijo excitado a su pareja --¿quieres ver un héroe?--, --¡Si!--, respondió ella sin dudar, --entonces quédate aquí y mira desde lejos--, dijo mientras comenzaba a caminar una cuadra hacia el negocio donde el maleante entró para disimular su delito. Nervioso encendió un cigarrillo y observó el movimiento del hombre desde un local enfrente. La dependiente, una mujer de edad madura comentó el asalto y el Jota la comprometió para que llamara a la policía, --Usted llame señora y yo se los entrego--, ¿en serio?, mire que yo no me involucro en problemas ajenos--, dijo la mujer. --usted llámelos, yo me encargo de lo demás, ¡pero tiene que hacerlo ya!--, dijo sin quitar los ojos de su objetivo. Luego de unos interminables minutos llegaron dos policías en motocicleta y una patrulla que estacionó en el local de la mujer que los había llamado. El Jota se acercó a ellos y les dijo --ustedes miren desde aquí, yo me acercaré y lo abrazaré para que sepan cual es, ustedes lo agarran. Cruzó y esperó a que el joven delincuente saliera del negocio para seguirlo, tras un momento el ladrón salió y se mezcló entre los transeúntes donde el Jota casi lo pierde. Rapido entre el gentío, le dio alcance, lo abrazó y le dijo despacio al oído --Hola compadre, ¿te acuerdas de mi?, yo soy el Eme, del norte, ¿no te acuerdas?--, al tiempo que besaba su mejilla emulando a Judas. El hombre miró sin entender la aparición del Jota ni el beso que este le dio, trató de zafarse del abrazo con que el Jota lo apresó, pero otras manos se aferraron a sus brazos y fue demasiado tarde para escapar, los policías lo tiraron al suelo y lo esposaron rápido mientras el Jota lo sermoneaba, --¡esto te pasa por maricón, abusador, le robaste a un pobre abuelo y eso no se hace, ahora por hueón te vas "en cana"!--, varios testigos habían visto el delito y apoyaron las acusaciones del Jota sobre el reducido carterista; entre un mar de murmullos, se dio la media vuelta acelerando el paso para no verse envuelto en el proceso policial y tomando de la mano a Laurie que sonreía radiante, se alejaron del lugar con una sensación mezcla de orgullo y alegría...

 
La Negociación
El vaso se deslizó entre los dedos de Antonieta y se estrelló contra el suelo asustando a la sorprendida mujer. --¡No es lo que tú crees!--, contestó ella, --entonces explícame algo que pueda creer--, dijo enojado,
--¡tuve que hacerlo, si me hubiera quedado, el hombre que nos seguía nos habría encontrado, en mi desesperación tomé el dinero para huir a concepción--, dijo entre sollozos. Marcos y la otra mujer miraban a sus respectivos amigos sin entender el trasfondo del asunto.
--¿tu crees que soy un imbécil?, ¡Me robaste descaradamente, el tipo ese nunca llegó a la pensión!--, replicó exasperado, --¡Ahora sigues mintiendo--, agregó. --Sabía que te encontraría algún día y podría explicartelo!--, dijo la mujer. --Pues bien, ya que me encontraste y me lo explicaste, ahora devuélvemelo o traeré a la policía.--, dijo el Jota, buscando terminar con el asunto. --No es prudente que traigas a la policía, tienen tratos con el dueño de este lugar--, dijo conciliadora, --además en el negocio que voy a ofrecerte, no podemos incluir a la policía--, respondió ella cautelosa inspirando complicidad-- El Jota, dudó un momento del curso que tomarían las cosas si traía a la policía a aquel lugar y quería saber cuál era el negocio del que Antonieta le hablaba. --¿Y de qué se trata?-- , dijo al fin, llevado por la curiosidad, --Se trata de que vendas esto--, le dijo la mujer con discreción, mostrándole unas pequeñas bolsitas de plástico en la palma de su mano. --¿Tú quieres que venda cocaína para recuperar mi dinero, acaso estás loca?,dijo él levantando la voz --mira, es lo único que puedo convertir en dinero si es lo que quieres--, dijo ella sin ofrecer otra alternativa. --Yo sé a quienes se las podemos vender--, dijo Marcos que hasta ese momento guardó silencio. El Jota lo tomó de un brazo y lo apartó unos metros. --¿Sabes lo que podría pasar si nos descubren con eso?--, preguntó el Jota, --mira no tienes que venderla en la pensión, hay que "hacerla corta", yo llamo a unos amigos y les digo que tengo, luego se las llevamos a la casa, nos dan la plata y listo, ¿quién nos va a pillar?--, dijo Marcos convencido, --Si nos pilllan te voy a echar la culpa a ti--, dijo el Jota sentenciándolo con el indice, Marcos sonrió pensando en el dinero que podrían ganar entrando en el sucio negocio. --tu trabajo sería venir a buscarla, yo la vendo y nos vamos a medias, ¿qué te parece?-- , ambos volvieron con las mujeres que esperaban a un costado de la barra. --¿Cómo nos repartimos la plata?, preguntó el Jota apenas se acercó a Antonieta. --Un veinte por ciento de lo que vendas es tuyo--, dijo ella, --treinta--, dijo él, --veinticinco-- replicó ella, --trato hecho-- dijo el Jota cerrando el trato con un apretón de manos. --Llévate estas doce bolsas por mientras, mañana me traes el producto de la venta y te doy otras. Ahora sácame a bailar que mi jefe nos está mirando-- dijo ella acercando su cuerpo al de él, como si estuvieran coqueteando.

El hombre de gruesos bigotes y mirada oscura, los miró bailar desde la oscuridad con desconfianza, tenía una fama que esconder y no le gustaba compartir los secretos de su negocio con los clientes, se acercó a un matón y le habló al oído...

 
Dias de Paz
Los dias pasaron con tanta tranquilidad, que los enamorados olvidaron el temor de ser sorprendidos, la sensación de ambos frente a la situación era de tanta tranquilidad, que más bien parecían estar de vacaciones, gozando de los limpios aires del sur.

El Jota encontró un trabajo temporal como lavacopas en un pequeño restaurant de la zona y aunque el trabajo era mucho y mal pagado, él estaba contento de estar perdidos en ese rincón del mundo mimetizados ya con los habitantes del lugar. Por las tardes caminaban de la mano por la playa de negras arenas, gozando de la brisa marina y del paisaje, antes de encerrarse temprano en la pensión que por el momento era su oculto nido de amor.

En el trabajo, el Jota conoció a Marcos, un joven garzón con el que hizo muy buenas migas, el chico llevaba una vida mas bien bohemia y casi todas sus noches eran de juergas y alcohol, la energía y vitalidad juvenil mantenían el ritmo con que vivía su soltería. Las invitaciones a salir de noche eran frecuentes y al Jota se le hacía cada vez más difícil encontrar excusas para no acompañarlo. A Laurie no le gustaba ese modo de divertirse, decía que la noche y el alcohol transformaba a los hombres. --Hoy es mi cumpleaños, ¿me vas a compañar a celebrarlo?--, mintió Marcos esta vez. --El Jota complicado no pudo negar la invitación y llamó a la pensión para avisar a Laurie que llegaría tarde, noticia que molestó a la chica.

Marcos guió a su amigo hasta un local clandestino cobijados por la oscuridad a través de las calles del centro. Llegaron de pronto hasta una discreta puerta resguardada por un hombre en la penumbra y dicha la contraseña la puerta se abrió tragándolos en su vorágine de lujuria. Las chicas bailaban semidesnudas asidas a un fierro ubicado al centro de un estrecho escenario entre la estridente música, las luces y el espeso humo, desplegando toda su sensualidad a los ojos absortos de los clientes. En un rincón un hombre manoseaba a una mujer que besándolo sentada en sus piernas se dejaba tocar entre pequeños quejidos. En otros rincones también oscuros se intuía movimiento aunque no se lograba ver con claridad.

Los recién llegados se acercaron a la barra y pidieron cerveza; apenas se sentaron , dos "copetineras" se acercaron y entablaron una frívola conversación. El Jota frunció el ceño tratando de recordar el familiar rostro de la chica que conversaba animadamente con ellos. Pasados unos momentos, la imagen le trajo a la memoria el ácido momento en que la había conocido llenándolo de rabia. --Oye, tu eres Antonieta, robaste el dinero de mi billetera en Mulchén cuando yo te ayudé--, dijo cada vez más alterado. La mujer lo miró con sorpresa como si hubiese sido sorprendida con la billetera en las manos...
 
La Fuga
Decidieron fugarse a la semana siguiente; antes debían resolver pequeños detalles, conseguir dinero para un tiempo entre otras cosas. Evitaron verse hasta la fecha elegida, era preferible no levantar sospechas.

La noche anterior, junto a la complicidad de la soledad y el silencio, Laurie llenó una discreta mochila escolar con la mejor de sus ropas, algunas fotos de su familia y una muñeca de trapo que conocía desde que tenía uso de razón y que había pertenecido a su abuela y luego a su madre, ella esperaba verla en las manos de su hija en cuanto tuviese una. El juguete evocó otros momentos; se sentó en la cama y recordó escenas de su infancia jugando con mamá, riendo contentas, despreocupadas; seguras de que ese lazo no se rompería jamás. Un nudo apretó su garganta y una lágrima silenciosa corrió a unírsele. Decidió escribir una carta a sus seres queridos pidiendo perdón por enamorarse.

Todavía oscuro, el Jota terminó de empacar y salió a la oscuridad del amanecer caminando rápido hasta la plaza donde acordaron juntarse, el sol y el nerviosismo comenzó a atacar la matinal tranquilidad, pasaron quince minutos y ella no aparecía, veinte minutos y nada, cuando el Jota comenzó a caminar de vuelta oyó por fin la voz de ella que lo llamaba mientras corría hacia él. El rojo y tibio amanecer parecía presagiar una nueva y bella vida junto a la mujer que siempre soñó. Sentirla a su lado era el sueño máximo a que el hombre aspiraba y nada se interpondría en este amor, ...por lo menos así lo esperaba él.

El viaje nuevamente fue al sur, esta vez a la comuna de Lota, cercana a la ciudad de Concepción, a las frías aguas del pacífico y a las negras venas de las minas de carbón que otrora dieran riqueza y esplendor a la zona y que hoy sólo oscurecían la piel y las esperanzas de los habitantes. Llegaron al atardecer, felices aunque cansados, buscaron una pensión donde dejaron sus pertenencias y salieron a conocer los alrededores.

En esta ciudad la pobreza suele confundirse con el carbón que pinta de negro cualquier luz de optimismo o alegría en los ojos de sus habitantes; los rostros de jóvenes y viejos que pusieron alguna vez sus esperanzas en el negro mineral, hoy otean el horizonte de su futuro hacia otros medios de subsistencia, como son las mezquinas pesqueras ahora dueñas del litoral los más jóvenes o como "chinchorreros", personajes dedicados a recolectar trozos minúsculos del mineral que el mar arrastra hasta las orilla de la playa los más viejos; otros, los más osados se convierten en "pirquineros", mineros independientes que horadan las entrañas de la tierra en peligrosas minas ilegales casi sin medidas de seguridad obteniendo el carbón "coke" para consumo local.

El parque de Lota es un hermoso recinto dedicado a la vegetación nativa y exótica y algo de fauna silvestre que habita el parque en total libertad; fundado por la familia Cousiño, los antiguos dueños de la mina de carbón y ahora abierto al público, posee un tranquilo paseo y cómodos y románticos miradores que ofrecen además una bella vista del océano que baña la costa de este pueblo tan sufrido y que ahora observaba en silencio la recién llegada pareja.

Observando la puesta de Sol, el Jota pensó que no era el mejor lugar para formar una familia o para criar hijos, sin embargo era un lugar donde no los buscarían y podrían estar tranquilos por un buen tiempo, quizás los años que hacían falta para que Laurie alcanzara la mayoría de edad, después de eso no habría fantasmas de los que huir...