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Historia de Borrachos 2
Continuación de una Historia perdida...
Acerca de
Esta es la continuación de la Historia iniciada en "blogs.ya.com/historiadeborrachos", para aquellos que deseen saber como comenzó todo, por favor dirigirse a esa dirección...
Sindicación
 
Trafico
El Jota dió un largo beso a Laurie antes de salir de casa, tenía que juntarse con Marcos y Antonieta frente a la laguna del parque, apenas oscureciera. Llevaban algunas semanas vendiendo la droga que ella les entregaba y podían decir que el "negocio" prosperaba dejando interesantes ganancias para los tres. Estaban felices a pesar de lo nefasto de la actividad. Se juntaron como todos los días para aclarar las cuentas sentados en el pasto. Antonieta sacó el contenido de una bolsa y la repartió sobre un espejo en tres líneas que separó diestra con el canto de una tarjeta. Enrolló el billete de más alta denominación que encontró, "para que nunca falte", dijo refiriéndose a la creencia de que usando un billete de mucho valor, el dinero no faltaría para comprar cocaína. Inhalaron el blanco veneno por turnos siendo el último el Jota que enrolló su propio billete, lo apoyó sobre el vidrio y respiró sintiendo como los blancos cristales golpeaban el interior de su nariz. La ardorosa irritación le hizo cerrar los ojos con fuerza y cayó de espaldas sobre el cesped gozando la eufórica sensación que se apoderaba de sus sentidos. Se sentó con la nariz adormecida, encendió un cigarrillo mientras Antonieta no paraba de hablar conectando una idea con otra sin interrumpir su verborréica "volada".

Marcos entregó el dinero de la venta y Antonieta hizo tres montones iguales luego de separar el capital que era considerable. Estaban tan concentrados que no se dieron cuenta de los hombres que se acercaban a ellos encabezados por el gordo de bigotes gruesos y que ahora tomaba firme al Jota por la camiseta, poniéndolo de pie mientras los otros hacian algo similar con Marcos y Antonieta. --¿Cómo nos ha ido con las ventas?--, preguntó acercando su rostro al de él dándole fuertes palmadas en la cara. EL Jota miraba con los ojos desorbitados por la falta de aire y la sorpresa. A pesar de su nerviosismo, logró reconocer en aquel rostro, al dueño del local donde trabajaba Antonieta. Este hizo un gesto a uno de sus hombres que revisó ell lugar y tomó todo el dinero que encontró. --No me gusta que me roben y cuando lo hacen siempre recupero lo que es mío--, dijo despacio pero con firmeza. --No sé de que habla, esto es un error--, dijo el Jota visiblemente afectado, --¡no hemos robado nada!--, agregó, --Eso preguntaselo a tu socia--, por ahora me voy a llevar este dinero, tienen un día para recuperar el resto--, dijo sin dejar lugar a dudas. Los hombres se alejaron por donde vinieron y en el rostro del Jota comenzó a dibujarse una furiosa interrogante, su mirada traspasó el rostro de miedo infantil de la mujer que mascaba chicle con la boca abierta . --¿Le robaste la "mandanga" a tu jefe y me involucraste?--, peguntó él, --¡Tu querías que te devolviera tu dinero y yo no tenía de donde sacarlo!--, además hace rato que pagé mi deuda contigo, ¡debiste retirarte del "negocio" cuando saldé mi deuda!--, --Me meto en problemas cada vez que te cruzas en mi camino; ¿Cuanto dinero le debes a ese tipo?--, preguntó él, buscando una solución--El doble de lo que se llevó hoy--,dijo ella, --No voy a pagar un dinero que no tengo--, preguntó el Jota sin esperar respuesta, Entrecerró los ojos y luego de unos segundos pensando, dijo con seguridad: --Le voy a dar otra preocupación al Gordo para que se olvide del dinero...
 
Superhéroe por Opción
En el aire de la madrugada una estela de vapor del aliento de los hombres quedó como sutil rastro en la fría oscuridad de las calles solitarias. Ambos marchaban tambaleantes debido al alcohol ingerido durante la noche de modo que no se dieron cuenta de la negra silueta que los observaba desde las sombras.

Llegaron al fin a una intersección en donde los hombres se separaron y el matón que los seguía desde el bar, vaciló antes de elegir a cual seguir, se decidió por fin ir tras el Jota que tropezando cada tres pasos amenazaba con caer al suelo. Con dificultad se arrimó a la ventana en donde Laurie dormía hacía rato, golpeó el vidrio y la llamó despacio un par de veces antes de que apareciera su bello rostro adormecido enmarcado por el cabello desordenado y sensual. Abrió la ventana y el Jota de deslizo dificultosamente al interior aterrizando directo en la cama. Ella lo desvistió y lo metió bajo las sabanas de donde no salió hasta el mediodía siguiente.

--¿Donde te metiste anoche?-- preguntó Laurie seria, apenas el dolor de cabeza despertó al Jota. --Fui a celebrar el cumpleaños de Marcos, mi compañero de trabajo, te lo dije por teléfono--, --no me refiero a que celebraban, me refiero al lugar donde estuviste--, --Ah eso-- dijo él, tratando de evadir la pregunta entre las sabanas y la almohada. --No quiero secretos, se honesto y dime donde estuviste--, repitió ella sin asomo de sonrisa. El Jota pensó en la reacción de Laurie si supiera que la noche la pasó entre prostitutas, alcohol y cocaína, aunque no había tenido relaciones ni había consumido drogas, recordó el "negocio" que había aceptado con más agallas que inteligencia; pensó que ella no le creería, de modo que inventó una situación más "creíble". --Nos fuimos a la casa de unos familiares de Marcos y nos pusimos a jugar "Escoba" mientras nos tomábamos todo el vino de esta ciudad--, mintió él cubriendo su cabeza con la almohada para evitar el interrogatorio de la chica. Ella se cruzó de brazos y guardó silencio un rato que pareció eterno. --No sé porqué no te creo, algo me dice que me mientes aunque no puedo precisar qué--, terminó diciendo. Aunque la resaca lo acosaba, se levantó de buen humor, se vistió luego de una ducha fría y como tenía la tarde libre, decidió llevar a laurie a almorzar al centro; la salida los haría olvidar el incidente de la noche anterior.

Caminaron por una concurrida calle comercial tomados de la mano, alegres y despreocupados buscando un lugar donde comer, de pronto el Jota se detuvo en una esquina y vió cómo un joven asaltante atacaba descaradamente a un hombre viejo que impotente trataba de defender su billetera, a plena luz del día y ante los ojos de todo el mundo. Mientras el delincuente corría con el magro botín en la mano, el Jota dijo excitado a su pareja --¿quieres ver un héroe?--, --¡Si!--, respondió ella sin dudar, --entonces quédate aquí y mira desde lejos--, dijo mientras comenzaba a caminar una cuadra hacia el negocio donde el maleante entró para disimular su delito. Nervioso encendió un cigarrillo y observó el movimiento del hombre desde un local enfrente. La dependiente, una mujer de edad madura comentó el asalto y el Jota la comprometió para que llamara a la policía, --Usted llame señora y yo se los entrego--, ¿en serio?, mire que yo no me involucro en problemas ajenos--, dijo la mujer. --usted llámelos, yo me encargo de lo demás, ¡pero tiene que hacerlo ya!--, dijo sin quitar los ojos de su objetivo. Luego de unos interminables minutos llegaron dos policías en motocicleta y una patrulla que estacionó en el local de la mujer que los había llamado. El Jota se acercó a ellos y les dijo --ustedes miren desde aquí, yo me acercaré y lo abrazaré para que sepan cual es, ustedes lo agarran. Cruzó y esperó a que el joven delincuente saliera del negocio para seguirlo, tras un momento el ladrón salió y se mezcló entre los transeúntes donde el Jota casi lo pierde. Rapido entre el gentío, le dio alcance, lo abrazó y le dijo despacio al oído --Hola compadre, ¿te acuerdas de mi?, yo soy el Eme, del norte, ¿no te acuerdas?--, al tiempo que besaba su mejilla emulando a Judas. El hombre miró sin entender la aparición del Jota ni el beso que este le dio, trató de zafarse del abrazo con que el Jota lo apresó, pero otras manos se aferraron a sus brazos y fue demasiado tarde para escapar, los policías lo tiraron al suelo y lo esposaron rápido mientras el Jota lo sermoneaba, --¡esto te pasa por maricón, abusador, le robaste a un pobre abuelo y eso no se hace, ahora por hueón te vas "en cana"!--, varios testigos habían visto el delito y apoyaron las acusaciones del Jota sobre el reducido carterista; entre un mar de murmullos, se dio la media vuelta acelerando el paso para no verse envuelto en el proceso policial y tomando de la mano a Laurie que sonreía radiante, se alejaron del lugar con una sensación mezcla de orgullo y alegría...

 
La Negociación
El vaso se deslizó entre los dedos de Antonieta y se estrelló contra el suelo asustando a la sorprendida mujer. --¡No es lo que tú crees!--, contestó ella, --entonces explícame algo que pueda creer--, dijo enojado,
--¡tuve que hacerlo, si me hubiera quedado, el hombre que nos seguía nos habría encontrado, en mi desesperación tomé el dinero para huir a concepción--, dijo entre sollozos. Marcos y la otra mujer miraban a sus respectivos amigos sin entender el trasfondo del asunto.
--¿tu crees que soy un imbécil?, ¡Me robaste descaradamente, el tipo ese nunca llegó a la pensión!--, replicó exasperado, --¡Ahora sigues mintiendo--, agregó. --Sabía que te encontraría algún día y podría explicartelo!--, dijo la mujer. --Pues bien, ya que me encontraste y me lo explicaste, ahora devuélvemelo o traeré a la policía.--, dijo el Jota, buscando terminar con el asunto. --No es prudente que traigas a la policía, tienen tratos con el dueño de este lugar--, dijo conciliadora, --además en el negocio que voy a ofrecerte, no podemos incluir a la policía--, respondió ella cautelosa inspirando complicidad-- El Jota, dudó un momento del curso que tomarían las cosas si traía a la policía a aquel lugar y quería saber cuál era el negocio del que Antonieta le hablaba. --¿Y de qué se trata?-- , dijo al fin, llevado por la curiosidad, --Se trata de que vendas esto--, le dijo la mujer con discreción, mostrándole unas pequeñas bolsitas de plástico en la palma de su mano. --¿Tú quieres que venda cocaína para recuperar mi dinero, acaso estás loca?,dijo él levantando la voz --mira, es lo único que puedo convertir en dinero si es lo que quieres--, dijo ella sin ofrecer otra alternativa. --Yo sé a quienes se las podemos vender--, dijo Marcos que hasta ese momento guardó silencio. El Jota lo tomó de un brazo y lo apartó unos metros. --¿Sabes lo que podría pasar si nos descubren con eso?--, preguntó el Jota, --mira no tienes que venderla en la pensión, hay que "hacerla corta", yo llamo a unos amigos y les digo que tengo, luego se las llevamos a la casa, nos dan la plata y listo, ¿quién nos va a pillar?--, dijo Marcos convencido, --Si nos pilllan te voy a echar la culpa a ti--, dijo el Jota sentenciándolo con el indice, Marcos sonrió pensando en el dinero que podrían ganar entrando en el sucio negocio. --tu trabajo sería venir a buscarla, yo la vendo y nos vamos a medias, ¿qué te parece?-- , ambos volvieron con las mujeres que esperaban a un costado de la barra. --¿Cómo nos repartimos la plata?, preguntó el Jota apenas se acercó a Antonieta. --Un veinte por ciento de lo que vendas es tuyo--, dijo ella, --treinta--, dijo él, --veinticinco-- replicó ella, --trato hecho-- dijo el Jota cerrando el trato con un apretón de manos. --Llévate estas doce bolsas por mientras, mañana me traes el producto de la venta y te doy otras. Ahora sácame a bailar que mi jefe nos está mirando-- dijo ella acercando su cuerpo al de él, como si estuvieran coqueteando.

El hombre de gruesos bigotes y mirada oscura, los miró bailar desde la oscuridad con desconfianza, tenía una fama que esconder y no le gustaba compartir los secretos de su negocio con los clientes, se acercó a un matón y le habló al oído...