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HISTORIA DE 6 DE DICIEMBRE
ESTA HISTORIA ES LO QUE ME PASO CUANDO FUI A VISITAR AL HUAYTAPALLANA.
Acerca de
HOLA SOY WILLIAMS OTRA VEZ... HE AQUI, EL INDOMABLE QUE ME HIZO PASAR UN SUSTO EN LA PRIMERA VEZ QUE LO VISITE. PARA TODOS EL NEVADO DE HUAYTAPALLANA, ORGULLO WANKA.
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6 DE DICIEMBRE. Parte I
Miraba el reloj y eran las tres y cuarenta por la tarde, por mi cabeza pasaba la idea de que ya me habían dejado, –tal vez– me dije; ya me había pasado de la hora citada, las tres de la tarde. Me decía –les dije que si no podía, me disculparan– pero, yo le había asegurado a Miriam que sí iría. Nuevamente veía la hora y ya daban casi las cuatro de la tarde, ya resignado, torcí la esquina con la idea de que los chicos se habían ido. En ese momento me propuse por lo menos averiguar, de dónde salían los carros y a cuánto asciende el pasaje hasta llegar allá. Mientras terminaba de torcer la calle y me disponía a cruzar la calle, vi a lo lejos a dos de las chicas: Roxana y Selma, quienes llamaban con las manos; al verlas, aquel sentimiento de resignación se fue. Me decía –bueno, creo que todavía están aquí– mientras me acercaba a ellas.

Al estar cerca de ellas, después de saludarlas, les hice saber mi resignación de hace poco, ellas simplemente sonrieron y dijeron que aún no había llegado nadie más. Acordamos en que me quedaría en la esquina a esperar a los demás, por si llegaban; mientras ellas se iban a recoger sus cosas.

Ahí parado en la esquina, impaciente veía mi reloj, y nadie se presentaba; al estar ahí, en la esquina, junto a un poste, no pasaba desapercibido; pues con la enorme maleta que llevaba conmigo era difícil que alguien no lo notara. Seguía inquietándome y volvía a ver mi reloj; de pronto alguien conocido torcía la esquina: Russel –Hola– le dije, me respondió con otro –Hola–, lo primero que advertí fue su minúsculo equipaje, apenas traía una mochila colegial; le comente sobre eso y me respondió –que no había encontrado a nadie en casa, y se vino con lo que traía encima– agregando que –le había comentado a Miriam, que ella era la encargada de llevar las frazadas y demás cosas–, también me comentó que estaba sin un sol encima y Miriam pagaría sus pasajes. Le puse al tanto de las cosas, que sólo habían llegado Selma y Roxana, haciéndole ver la hora. Estuvimos allí conversando, cuando apareció Nancy. Le comentamos sobre las cosas que habían pasado, reclamándole la hora en que llegaba y acerca del resto del grupo.

Al rato apareció Fredy y poco después Miriam; ella nos dijo que había estado ya cierto tiempo al otro lado de la esquina, y también ella estaba esperándonos; nosotros le replicamos que nosotros éramos los que la estábamos esperando, ya que era la única que faltaba. Me hizo gracia la llegada de Miriam, ella había traído prácticamente toda su cocina, nos comentó que traía consigo una cocina a gas, el balón del gas, entre otras cosas. En son de broma agregué –acaso te vas de viaje por un mes, o es que te vas a vivir al Huaytapallana- entre risas me respondió –si no llevo las cosas yo, quién lo va hacer– al parecer tenía razón; además me decía –pobre chica, como se le habrá ocurrido traer tantas cosas y sobre todo cómo las trajo sola–.
Yo, seguía reclamando acerca de la hora de reunión y el por qué todos habían llegado pasada la hora citada, pero al parecer nadie tomaba importancia de ello, sólo atinaban a dar justificaciones, como, el que habíamos salido tarde de la escuela, que todavía no se tenían las cosas listas, y demás cosas por el estilo. Nuevamente comenté a los presentes que las otras dos chicas se habían ido a traer sus cosas y me habían indicado que los carros salen a tres cuadras de dónde estábamos; asimismo, que habían estado averiguando el precio de los pasajes, les habían cobrado ocho soles, pero ellas habían propuesto cinco; y que cuando fuésemos por allá nosotros también tendríamos que convenir en cinco soles. Y si nos pedían más, no debíamos de aceptar. Indicado todo ello, nos dirigimos hacia el paradero de autos; la tarde calurosa se hacía notar, percibía los rostros cansados de todos, y con cierta desazón por lo que estaba aconteciendo, supuse que era por lo tarde que se hacía.

Al llegar al lugar donde salen los autos, Roxana y Selma aún no aparecían, los chicos me increparon que si ellas sabían que nosotros ya estaríamos esperándolas en este lugar. Como sabía que no habíamos acordado ello, me fui a buscarlas, de regreso a la esquina en dónde me había encontrado inicialmente con ellas. En el camino las encontré y les dije que todos ya habían llegado y nos esperaban en el paradero, nos dispusimos a ir hacia allá.

Al estar yá todos juntos, nos percatamos que nos faltaban aún algunas cosas por llevar, así que cada uno dispuso que es lo que faltaba y fuimos a adquirirlas. Las chicas al rato aparecieron con algunos panes y frutas; mientras que los chicos, por supuesto se encargaban de buscar “el líquido elemento”, por mi parte buscaba lo mismo; sin encontrar nada que me convenza, participando acerca de esto a los chicos, quienes me dijeron que en el camino encontraríamos algo. Al rato las chicas yá habían acordado el precio del pasaje con uno de los autos que nos llevaría. Cuando me disponía a subir al auto, me fijé en la parte trasera del auto y vi que la puerta no estaba cerrada por completa, estaba sujeta por unos alambres y se veían zapatos que sobresalían, sin tomarle la menor importancia, me subí al auto. En realidad lo hice, pues se suponía que todos nosotros íbamos a viajar a como de lugar sentados, lo cual parecía poco probable, pues éramos siete personas y sólo se disponía de cinco asientos. Esto no representó ningún problema, ya que si se trataba de viajar lo haríamos cueste lo que cueste. Es así que en la parte delantera se sentaron, Roxana al lado del chofer, Russel y sobre sus rodillas Nancy, la escena me parecía súper gracioso, e incomoda para ellos. Pero, lo que ocurría en la parte de atrás no era nada diferente, pues teníamos que acomodarnos cuatro personas: Miriam, Selma, Fredy y Yo, las chicas no tuvieron problema, Fredy y Yo sí los tuvimos, ya que nos la teníamos que arreglar prácticamente un asiento entre los dos; luego de cierto tiempo de recorrido lo logramos, pero vaya dolores de piernas que nos costó hasta llegar a nuestro destino, sin mencionar lo insensibles que llegaron.

Al poco rato del trayecto, en cuanto nos disponíamos a salir de la ciudad, detuvieron el auto unos efectivos policiales, no los de tránsito; sino los otros, a quienes todos suelen llaman “alcancía”, esos, los que paran por obtener algunos soles, alegando cosas que a veces llegan a la ridiculez. Cuando uno de ellos se acercó al auto, una de las chicas le dijo –nosotros somos estudiantes, estamos en un viaje de estudios– agregando –estamos bajos de fondos– el recién aparecido mencionó –esta bien que sean estudiantes, pero no deberían permitir que los lleven de esa manera– se refería a la manera incomoda en que viajábamos, y a la vez a los pasajeros extras que viajaban en la parte de atrás. En ese mismo instante otra de las chicas agregó –por que no nos presta algo de dinero para viajar más cómodos, en lugar de estar entorpeciéndolo– palabras que todos celebramos con risas y bromas dirigidas al policía. Superado este percance, continuamos nuestro viaje, durante el mismo se oían conversaciones de a dos, al rato alguien dijo que si no había algo de música; yo, ya hacía rato que reclamaba lo mismo. Dije que tenía una cinta de “Antología”, alguien celebró la idea. Mientras sonaba la música se oían voces desentonadas, siguiendo las letras de la canción, pero a nadie le importaba aquello. Cuando terminó de sonar ambas caras, volvieron a repetirlo; pero al rato ya todos se cansaron de la misma música, al menos eso fue lo que percibí.

En vista que ya no había otra cinta que oír, propusimos cantar alguna melodía o canción conocida, para ello, Roxana “la primera voz” ya entonaba algunas canciones, los otros y yo tratábamos de seguirla, pero casi todas las canciones terminaban apenas cantada la parte inicial o parte de ella. Todavía recuerdo con cierta hilaridad aquellas inconclusas canciones entonadas. Sobre todo, la de los interpretes y dúos ayacuchanos, y algunos huaynos de antaño. Mientras todo ello ocurría y la pasábamos de broma en broma, e hilaridad festejada, nos acercábamos a nuestro destino; el atardecer se apoderaba del día; al igual que el frío se hacia notar cada vez con mayor intensidad.
Al llegar a aquella cumbre, donde terminaba el ascenso y a partir de la cual, la carretera descendía, el auto paró y el chofer nos comunicó que ya habíamos llegado a nuestro destino. Bajando, celebramos la llegada y a la vez todos notamos de lo tarde que habíamos llegado; la noche comenzaba a dominar el atardecer, a lo lejos un espeso manto de neblina se aproximaba. Lo primero que vi al bajar del auto fue..., en realidad creo que no vi nada más que neblina a mi alrededor, poco después alguien comentaba sobre una virgen, señalando el lugar donde se encontraba. Como la neblina ya se había apoderado del lugar y el frío hacía notar su presencia, todos buscamos un lugar en donde pasar la noche, algo distante, justo delante nuestro vimos una especie de cabaña, a donde nos dirigimos inmediatamente.

Ya dentro de la cabaña, las chicas preguntaron por el hospedaje, comunicándolas que ya todo estaba ocupado, y además estaban algo fuera de precio para nuestros bolsillos; al final los de la casa accedieron a brindarnos algunos colchones en donde podíamos pasar la noche. Nos instalamos en una especie de sala - comedor, y comenzamos a sacar lo necesario para preparar la comida. Las chicas prepararon huevos fritos; huevos que por cierto se habían roto todos durante el viaje, algo de agua hervida. La noche se había apoderado completamente del día. Notaba como nos observaban los habitantes de la casa, la iluminación estaba a cargo de algunas velas, reclamamos por algo de música, al cual accedieron los dueños de la casa. Pusieron unos huaynos que alegraban algo el ambiente. Cenamos huevos fritos con “galletas de agua” y limonada caliente, bueno si se puede llamar cena a esto. Mientras comíamos, acordábamos el itinerario para el día siguiente y cómo íbamos a pasar la noche. Acabada la cena nos trajeron unos colchones para dormir, cosa que todavía nadie pensaba hacer, eso lo supe por la expresión de los rostros; eso fue lo que advertí. Ya con anterioridad habíamos consultado al dueño de la casa, que si podíamos oír música y cantar, cosa que no nos fue negada; por el contrario nos dijeron que otros visitantes hacían incluso fiesta en aquel lugar. Dicho aquello, nosotros ni cortos ni perezosos, no dejaríamos de aprovechar aquella opción.

Veía como todos tratábamos de pasarla bien, cantando, bailando y “saboreando” los “calientitos” preparados por el “químico” Russel; la música proveniente del pequeño equipo por momentos se perdía entre las desentonadas voces de los cantantes y danzantes de la noche, que por cierto ya estaban con más de una copa encima, sin mencionar de aquellos que ya estaban con todas encima. Recuerdo cuan efectivo y desmedido era aquel juego, conocidas por las chicas como “el semáforo” (donde se aprendía algunas lecciones de tránsito). Durante el juego, el color rojo indicaba seguir bailando, el ámbar para detenerse, mientras que el verde para cambiar de pareja; no exactamente así, pero si se dan todos ésos casos. Juego que con el pasar de los minutos y horas iba dejando secuelas en algunos y otros no; pero que eran del deleite de todos. Ya pasada la media noche y algo más, los efectos de los “calientitos” y del “semáforo” se hacía notar claramente. Algunos no querían aceptarlo, sin embargo terminaron con rendirse a sus efectos y terminar en el sueño, que hacía rato clamaba por ellos.

Por momentos se oían voces de fastidios, al parecer nadie podía dormir; debió ser por el frío, o porque algo los llamaba a no dormir; al parecer fue lo primero. personalmente no podía quejarme, pues con el abrigo que llevaba encima podía dormir tranquilamente, no podía opinar lo mismo del resto, pese a que había sido despojado de la frazada con que supuestamente me iba a abrigar los pies. Continuaban las voces y quejas a oscuras, uno de los chicos de pronto puso algo de música, tras ello se escucho los reclamos del resto. Poco a poco todos caían dormidos presas del cansancio y efectos de los “calientitos” y “el semáforo”.

Al amanecer, alguien caminaba entre nuestros pies, en primera instancia no tomé mayor importancia, al rato, cuando día el día estaba bastante claro, desperté totalmente, Nancy, era la que caminaba de un lugar para otro, eso me pareció. Al ver la hora, ya pasado las cinco, increpé en voz alta –¡Ya es hora de levantarse! ¡Vamos chicas!– sin embargo yo aún continuaba con la secuela de la noche. Algunos se quejaban que no los habían dejado dormir, y se culpaban unos a otros.

Observaba, aun recostado sobre los colchones como las chicas caminaban de un lado para otro, intentando organizarse y preparar el desayuno y lo que sería nuestro almuerzo: ¿arroz con pollo?. Desayunamos otra vez, como la noche anterior limonada caliente, arroz y galletas; entre comentarios acerca de lo que había pasado. Claramente se notaba en los rostros de todos los rezagos de lo acontecido durante la noche y madrugada. Sólo atinaba a sonreír de cuando en cuando, cuando pasaba vagamente por mi cabeza algunos recuerdos.

Terminado el desayuno, las chicas continuaban con la preparación del “arroz con pollo” para el almuerzo, el cual no tenía cuando acabar, pues la pequeña cocina que se había llevado no ayudaba en nada; por lo que se tuvo que recurrir a pedir prestado la cocina de los dueños de la casa. Pasada una hora y algo más, alrededor de las nueve de la mañana nos dispusimos a salir rumbo al nevado de Huaytapallana. Antes ya habíamos preguntado a los dueños de la casa ¿cómo íbamos a llegar a éste?, nos indicaron que debíamos de cruzar algunas lagunas y seguir por el camino. Asimismo mencionaron que para llegar hasta el Huaytapallana nos tomaría unas tres horas de caminata.

Ya en el trayecto, caminábamos comentando lo hermoso del paisaje, tomando algunas fotografías en lugares apropiados. Lo verde de la hierba se extendía por los cerros, a lo lejos se apreciaban alpacas con su espesa lana blanca con matices opacos, había algunos de nosotros que las confundían con llamas, otros con guanacos e incluso con vicuñas; cosa que tuvimos que aclarar. La que llevaba la delantera era Roxana, seguido por Russel, Nancy, Yo, Selma, atrás venía Miriam acompañado por Fredy. Por casi todo el trayecto de descenso y subida hasta la última laguna rumbo al Huaytapallana tuvo ése orden, desde atrás veía como Roxana tomaba la delantera y se alejaba poco a poco, de rato en rato la llamábamos indicándole que nos esperase. Los de atrás íbamos con un pequeño equipo de sonido, oyendo melodías del centro del Perú, de vez en cuando se entonaba una que otra canción, pero como siempre no se concluía, ya que salía algún comentario u opinión respecto a la caminata.
Al pasar la primera laguna y comenzar la cuesta, vi hacia atrás, Miriam, Fredy y Nancy, se habían detenido, hacían algo, regresé hacia ellos. Estaban realizando un pago a la tierra, o al menos esos es lo que intentaban hacer Fredy “el chaman”cogió cinco hojas de coca “el quinto” un cigarro y los enterró, tomo un poco de caña que Nancy había llevado y lo soplo hacia el viento. Cosa que también hizo más arriba, esta vez leyó “la suerte” de Miriam en unas hojas de coca, e igualmente las enterró con una moneda de un sol. Esta vez Selma también estuvo presente en el “ritual”, quien también pidió que se le leyera la “suerte”, pero desistió al final. Continuábamos nuestro ascenso al Huaytapallana siguiendo las flechas marcadas en las rocas a cada cierta distancia. Nuestros rostros hacían notar claramente signos de agotamiento; con descansos continuos alcanzamos la segunda laguna, donde tomamos un descanso prolongado; se tomaron algunas fotografías con la laguna. Desde aquí se podía ver claramente parte del majestuoso nevado Huaytapallana.

Al ver inmenso espectáculo natural, montaña cubierta de una blanca capa de nieve, al borde de sus faldas una hermosa laguna en cuyas aguas que se tornan verde, con algunos patos silvestres, aquella fragancia de la brisa refrescaba nuestro cansado ser; sentí que se me regeneraban las fuerzas, y creo que el resto sintió lo mismo. Continuamos cuesta arriba; pese a que ya algunos de nosotros dijimos que sólo hasta este lugar llegábamos. En adelante tomé la delantera, para así no estar rezagado y al mismo tiempo evitar el cansancio. Llegué a la tercera laguna, esta era la más pequeña de las otras dos, pero no por ello dejaba de ser espectacular, sobre todo por el color de sus aguas y cierto misterio que percibía en ella, me recordaba otra que había visto en algún lugar durante mi infancia. Allá en el fondo estaba con sus aguas calmadas, alimentada directamente por el deshielo del Huaytapallana.

Al llegar todos donde estaba, descansamos por un momento, pero el nevado todavía estaba a cierta distancia y para llegar a ella se tenia que seguir una cuesta aparentemente corta, señalada por flechas en las rocas. Nos habíamos demorado en llegar hasta este lugar un poca más de tres horas, para suerte nuestra el clima había sido algo favorable, ya que no había bastante sol, ni tampoco demasiado frío; todo estaba tal cual se había planeado en la mañana. Algunos de nosotros ya habíamos decidido no continuar la subida. Discutíamos que ya estaba cerca, y que teníamos que hacer un pequeño esfuerzo más para llegar a nuestra meta. Roxana indicaba que el camino más corto sería bajar hasta la laguna y luego subir la pequeña cuesta, sin embargo la mayoría estaba de acuerdo con seguir las señales, pues esto era lo más seguro y fiable. Las que decidieron no continuar subiendo fueron Selma y Roxana, ambas argumentaban que ya no podían subir y que no querían simplemente. También oí a Russel decir que ya no subiría, pues había subido hasta aquí, pese a que se sentía mal hace ya algún rato. También yo había decidido no subir más y esperar al resto en este lugar.

Miriam mencionó que si el resto no subía, subiría ella sola; dicho tal, después de descansar se dispuso a subir, Fredy con ella, Nancy les seguía. De pronto recordé el problema de Miriam y lo que le había pasado en la madrugada, por lo cual me decidí a acompañarla, pensando en que no vaya a suceder lo mismo arriba, y quien podría ayudar a Fredy. En cuanto me decidí a subir, vi hacia atrás, Russel también subía hacia el Huaytapallana.

La subida ya no era tan agotadora, el hecho de pensar que llegábamos al nevado facilitaba el ascenso. A cierta distancia de dónde habíamos dejado a las chicas, Fredy dijo que por aquel cerro el camino de regreso sería mucho más rápido, es así que comenzamos a llamar a las chicas de abajo, diciendo que subiesen, que regresaríamos por esta parte, ellas desde abajo se negaron a subir y dijeron que entonces ellas regresaban ya por donde habíamos venido inicialmente; dispusieronsé a regresar. Arriba comentábamos que todos habíamos venido juntos y que juntos deberíamos de regresar, no vaya ser que algo vaya a pasar con las dos chicas solas. Así que, volvimos a llamarlas diciéndoles que nos esperasen, que todos juntos regresaríamos por el camino por donde vinimos.

Nuestra subida transcurría normalmente, en eso algunas de las chicas mencionó que alguien había traído un “regalo de matrimonio” y lo había arrojado en el camino, agregando –seguramente es para hacer brujería–. Al oír aquello, justo pasaba cerca a la caja tirada y me hice a un lado pasando de largo, tras mío venía Nancy, más adelante estaban Fredy, Miriam y Russel. De pronto me di cuenta que delante mío Nancy tenia una expresión de cansancio, estaba sudando bastante y le decía algo a Fredy, no entendí palabra alguna cuando se me dirigió, cuando la alcance, seguía con la misma expresión y sudor, le pregunté –¿por qué sudas?, si el camino esta suave– Fredy me dijo –dice que alguien la viene siguiendo– a lo que Nancy replico, cogiéndole la mano a Fredy –alguien me ha golpeado el pecho, por favor no me dejen– se la veía asustada y seguía sudando bastante. La cogí de la mano, Fredy me dijo que no la dejase. Le hice saber a Russel lo que le ocurría a Nancy. Todos dijimos que debíamos caminar juntos; Nancy decía que alguien la estaba siguiendo y tenía la mirada perdida, sus ojos miraban de un lugar a otro, como si tratase de encontrar a alguien, le decía que no había nada ni nadie, llame a Russel para que estuviera junto a Nancy.

.... Continura ....
 
HISTORIA DE DICIEMBRE. PARTE II
Superada la crisis, continuamos subiendo, estábamos a escasos metros, del nevado, y Nancy nuevamente comenzó a decir que alguien la seguía y que no quería que llegue al nevado; nuevamente fijaba su mirada, como si buscase a alguien, señalaba con sus dedos que allí estaba, decía –¡allí esta!, ¡se fue para allá!, ¡mira, mira!, ¡me esta siguiendo!, ¡chicos regresemos!, ¡no quiere que llegue!, ¡se metió por allá!– y cosas similares; decía todo ello mientras lo seguía con su mirada. Su caminar se hacia más torpe y lento. Russel y yo la teníamos de ambas manos, le impedíamos que mirase alrededor, pegando su rostro a nuestro pecho, sin embrago ella se zafaba y continuaba buscándolo con la mirada. Mientras tanto adelante Fredy que acompañaba a Miriam, lanzaba gritos fuerte como si tratase de espantar a alguien, y le decía a Nancy –¡Nancy tienes que ser fuerte!, no quiere que llegues al nevado, pero tu eres más fuerte que él y lo vas a lograr, vas a vencerlo llegando al nevado, todos lo vamos a vencer, se fuerte ¡Nancy, Nancy!, ¡Vamos tu puedes!, no te dejes vencer– y repetía una y otra vez.
Con esfuerzo y ya obligándola, llegamos al nevado, Nancy decía –ya se metió allá, a la grieta, chicos ya pasó, se metió por allá, pero me esta viendo, por favor chicos no me dejen sola, no me suelten– poco a poco se fue tranquilizando, pero pedía que no la dejásemos sola, yo me encargaba de tomarla de la mano y no soltarla, cerca a mí estaba Russel. Con el transcurrir de los minutos Nancy se tranquilizó más; todos nos tomamos unas fotografías, entre risas y haciendo bromas, subiendo hasta los sitios y lugares más apropiados para tener las mejores vistas. Mientras nos sacábamos las fotos, advertí algo, Miriam parecía que mirase a alguien, pues su mirada se movía con rapidez de un lugar a otro, le pregunte –¿qué pasó? – ella me contesto –no, nada–, –segura– le replique, –si– me respondió. Continuamos con las fotos, luego de todo ello, nos dispusimos para bajar y tomar el camino de regreso. En la bajada, Miriam y Nancy se mojaron los pantalones al resbalar por la nieve. Ya en tierra firme, Fredy sugirió que le dedicásemos algo al Huaytapallana antes de dejarlo. Es así que le entonamos: “Aquí ya... venimos.... Aquí ya... llegamos.... linda... ...cantando bailando... hasta el amanecer...”
Antes de bajar, vimos un lugar aparente para tomarnos una fotografía más, lo hicimos, todos en grupo, hecho ello, comenzamos a descender; siempre tenia cogido de la mano a Nancy. En eso, ella comenzó nuevamente con sus “visiones”, veía hacia todas partes buscando algo o a alguien y repetía seguidamente: ¡me esta siguiendo!, ¡se fue para allá!, ¡no quiere que me vaya!, ¡necesita algo de mí!, ¡me esta siguiendo!, ... tenía el rostro pálido, los ajos bastantes abiertos y fijaba su mirada con seguridad sobre algo o alguien, a la que sólo ella veía; el sudor invadía su rostro, quería salir corriendo en busca de “él”, por momentos se zafaba de mis manos, cuando ocurría esto llamaba a Russel para que me ayudase a sujetarla, es así que de los dos la cogimos de las manos, para que no saliera corriendo; pues esa era su intención, por lo menos lo demostraba. Ella continuaba con sus palabras y buscando a “el” –¡me esta siguiendo!, ¡se fue para allá!, ¡no quiere que me vaya!, ¡necesita algo de mí!, ¡me esta siguiendo...!– En un momento desde atrás Miriam le dijo a Nancy –tienes que orinar– –para que no siga fastidiándote– Nancy no podía poner atención en ninguna cosa que no sea “él”. Es así que Miriam miccionó en lugar de Nancy.
Seguíamos descendiendo lenta y torpemente, tomados de la mano a Nancy, atrás nuestro venían Miriam y Fredy; de pronto la crisis que tenía Nancy empeoro y se le veía más decidida y convencida de lo que veía. Aparte de las cosas que repetía, comenzó a mencionar otras frases –¡no chicos tengo que ayudarlo!, ¡se esta desangrando!, ¡como pueden hacerle ese daño!, ¡necesita de mi ayuda, se esta desangrando!, ¡tengo que ir a ayudarlo!, ¡miren por allá, necesita que lo ayuden...!– Cuando desde atrás oí un fuerte grito desesperado, al voltear, Miriam estaba sentada en el suelo, se cogía la cara con ambas manos, Fredy la sostenía por la cintura y trataba de calmarla, Miriam dirigiéndose hacia la laguna gritaba diciendo –¡no, no, no...!, ¡mi mamá...!, ¡mi papá...!, ¡no a mi mamá no...!, ¡no a mi papa no...! – y lloraba desconsolada; estaba siendo también victima de la misma crisis de Nancy. Y ésta que continuaba con lo suyo, ahora dirigía su mirada al lugar donde estaba Miriam, la culpaba del desangramiento de “él”, decía –ella ha orinado, ella tiene la culpa, es por su culpa– y la miraba fijamente, parecía que disfrutase de la crisis que tenía Miriam. Nosotros los varones, Fredy, Russel y Yo estábamos bastante tensos e impotentes de hacer algo para calmar la situación de nuestras amigas. Todo se tornaba incontrolable e insostenible atrás Miriam y más adelante Nancy, ambas con cosas que solo ellas veía y escuchaban.
La crisis aumentaba, de pronto Russel comenzó a dar oraciones en voz alta, acto al cual seguimos los otros dos, nos acercamos mutuamente y observando nuestro alrededor, los tres comenzamos a rezar el Padre Nuestro, Ave María en voz alta y repetíamos una y otra vez. Pedíamos a Dios por qué nos estaba ocurriendo todo esto, a la vez que con gritos tratábamos de alejar a aquellas cosa que nuestras amigas veían. Pero todo ello no parecía dar resultado alguno y continuábamos con nuestros gritos y rezos. Parecía que Miriam superaba su crisis, pero la de Nancy aumentaba, seguía repitiendo y con mayor intensidad –¡se esta desangrando!, ¡como pueden hacerle ese daño chicos!, ¡necesita de mi ayuda, se esta desangrando!, ¡tengo que ir a ayudarlo!, ¡miren por allá, necesita que lo ayuden!, ¡solo es por un momento, suéltenme..!, ¡tengo que ir ayudarlo!– ella pretendía correr hacia el lugar donde estaba “él”; pese a que la sujetábamos fuerte entre Russel y Yo, ella por momentos se zafaba y quería correr hacia la laguna.
Todo aquello escapaba de nuestras manos, así que le dije a Russel –voy a darle un par de cachetadas– me respondió –si, si daselos– así que él la sujeto por los dos brazos y yo le propiné dos cachetadas para ver si reaccionaba, pero de nada sirvió, ella seguía igual. Al rato, se tranquilizo por un momento, pero preguntaba por “él”; nosotros seguíamos rezando en voz alta, ella se extraño por ello y nos preguntaba, –¿por qué están rezando?, ¿por qué me están agarrando?, ¿qué es lo que pasa chicos?, por favor díganme que es lo que pasa– Tratamos de explicarle pero ella estaba fuera de sí, y seguía preguntando por “él”. Cuando parecía que todo había llegado a tranquilizarse, tratamos de explicarle a Nancy lo que había pasado, pero ella continuaba fuera de sí; quería caminar sin que la sujetásemos. Miriam trato de hacerle ver a Nancy el por qué había ocurrido, diciéndole que si nuevamente se le aparecía todo aquello tratara de gritar fuerte y así ello desaparecería. Continuamos descendiendo, yo al lado de Nancy, me seguía Russel, atrás venían Miriam y Fredy.
Nuevamente comenzaron las “apariciones y visiones” de Nancy, llamé a Russel para que me ayudase a sujetarla, ella repetía –¡me esta siguiendo!, ¡no quiere que me vaya!, ¡me esta llamando!, ¡chicos no me dejen, por favor!, ¡me esta jalando hacia él..!, ¡me esta llamando!, ¡necesita algo de mí!... – Ella pretendía regresar hacia atrás, retrocedía, no quería caminar, se esforzaba en ir hacia atrás. Russel y yo la cogíamos lo más fuerte que podíamos y continuábamos jalándola hacia abajo y adelante por el camino. Por un momento fijó su mirada en Russel y comenzó a pegarle con la mano, lo culpaba de lo que le pasaba a ”él”, le decía –suéltame, no me agarres, por que me agarras, tu le has hecho eso a “él”, vete... – Russel se hizo a un lado, pero yo seguía sujetándola fuertemente, no pretendía soltarla, y menos ahora que su crisis iba en aumento. Le decía –no lo busques, tu eres fuerte, ¡Nancy, Nancy, no te dejes vencer!, ¡vamos tu puedes!, ¡camina sin ver a tu alrededor!, ¡fija tu mirada en el suelo y nada más! ...– y continuaba bajando, jalándola conmigo, obligándola a bajar.
Cuando se tranquilizó por un momento, preguntaba por el muchacho que nos servía de guía, tenía metida en la cabeza que “él ” nos estaba guiando, preguntaba si le ¿habíamos ayudado a curarse sus heridas?, ¿dónde estaba?. Yo sólo atinaba a seguirle la corriente, le decía –si le hemos ayudado, ya se fue para abajo, ya esta mejor...– Ella me pidió que la soltase, que podía caminar sola; al verla algo calmada la solté y deje que siguiera sola camino abajo, los chicos de atrás me asintieron que sí con la cabeza. Nancy bajaba a prisa por el camino, yo la acompañaba de cerca por si se presentase nuevamente su crisis.
Habíamos demorado en subir desde el lugar donde dejamos a Roxana y Selma, la tercera laguna, hasta el nevado aproximadamente una hora, pero sólo en la mitad de la bajada de regreso, ya nos habíamos demorado más de una hora. Durante nuestra bajada, Miriam gritaba de a ratos, para tratar de evitar nuevamente sus “visiones”. Poco a poco llegamos donde las dos chicas; para ello, ellas ya habían comenzado a descender, desde arriba les pedimos que nos esperasen. Al alcanzarlas, la primera que lo hizo fue Nancy, tras ella yo; con gestos y ademanes trate de decirles que no dijeran nada. Cuando ya llegaron los demás, tratamos de explicarles lo que había ocurrido, pero no nos entendieron por completo. Luego de descansar algo, preguntamos a Nancy sobre lo que había pasado, ella admitió que todo aquello no era real, pero que si lo había visto claramente. Luego, se arrodilló y comenzó a orar entre sollozos, preguntándose, el por qué le pasaba eso a ella; comentamos con las chicas, que tendríamos que bajar juntos, sin separarnos.
Una espesa capa de neblina se acercaba, por lo cual decidimos esperar a que se disipara algo, y también así lograr que Nancy se tranquilice más. Continuamos narrando más detalles sobre lo que había pasado arriba. El rostro de todos expresaba aires de extrañeza sobre todo lo que acontecía, Roxana se mostraba escéptica. En un momento manifestó –perdónenme ustedes, pero yo no creo en nada de estas cosas– nadie dijo palabra alguna en replica. Nadie quería que el problema en que nos encontrábamos crezca aún más. La neblina se estaba disipando, continuamos el descenso, al poco rato ya toda la neblina había desaparecido.
–Miren lo que me encontré– fue lo que dijo alguien adelante, Roxana, entre sonrisas nos mostraba un billete de 20 nuevos soles, lo agitaba hacia arriba en la mano, el resto comenzamos a decir que aquel billete era de uno de nosotros, inclusive Fredy se puso a revisar entre sus bolsillos, yo le seguí, hice lo mismo. Algo extraño en el hallazgo de Roxana, que notamos todos, ella fue la primera en percatarse; lo que pasa es que todos nosotros habíamos subido por aquel camino en donde Roxana encontró el billete, y nadie en su paso lo había visto, o ¿el billete no estaba ahí?, pero de regreso, Roxana lo había visto, además era lógico que ella lo hallase, ya que era ella la que iba primero. Seguíamos nuestro descenso, detrás de Roxana la seguían Miriam y Fredy, más atrás Selma al lado de Nancy, y al final yo. Nuestro descenso lo hacíamos oyendo canciones ayacuchanas y huaynos del centro, a un volumen moderado; de vez en cuando seguíamos las letras de las canciones, siempre en un tono, que desde mi punto de vista como el de querer olvidar lo que había pasado arriba. De rato en rato Selma me llamaba, me decía que fuese yo quien acompañase a Nancy, que ella ya tenía cierto miedo, pues de repente cambiaba la expresión de su rostro. Cuando caminaba al lado de Nancy, ella me comentaba que dos ancianos nos estaban guiando en nuestro recorrido, yo asentía su decir, con un –en dónde están, por donde van– no quería contrariarla; sin embargo al oírla hablar así, se me escarapelaba el cuerpo, y no quería que vuelva a pasar lo de arriba. Mientras seguíamos descendiendo nuevamente la neblina comenzó a cubrir todo nuestro recorrido, decidimos descansar, justamente cuando hicimos ello, adelante Russel encontró una soga, era la que justamente él había dejado en uno de nuestros descansos anteriores, todos le reprochamos el por qué había hecho eso, él simplemente sonrió. Éste era el lugar donde anteriormente habíamos descansado, estaba cerca de la segunda laguna, donde también los chicos se habían sacado algunas fotografías con el fondo de la laguna y el nevado.
La neblina aún persistía, así es que decidimos seguir esperando a que se disipara algo más, alguien dijo que deberíamos seguir avanzando, pues se hacía tarde para llegar a tiempo a la cabaña, así que aún cuando la neblina no se disipó por completo continuamos nuestra bajada; alguien dijo que se estilaba ir unidos por una soga, para no perderse en la neblina, la mayoría estuvo de acuerdo con la idea. Roxana se ató a la cintura, ella iba adelante, detrás de ella Nancy, el resto simplemente cogió la soga y siguió caminando, yo estaba al final. Cada cierto tiempo repetía siempre lo mismo –¡chicas con cuidado¡, ¡no se vayan a resbalar!–, –¡con cuidado!, ¡despacio!, ¡cuidado con el barro!–. Todo ello para romper el silencio en que bajábamos y de algún modo disminuir la tensión que sentía en el ambiente, y simplemente animarme algo.
Durante el trayecto, Nancy continuaba comentándome –dos ancianos nos estan guiando de regreso a la casa– Roxana al oír se hecho a reír para sí misma, Nancy se percató de ello y al rato dijo –los ancianitos nos están dejando, se están riendo de nosotros, dicen que nos vamos a perder– y quería acelerar el caminar para no perder el paso de los ancianos, nuevamente decía –¡ya están torciendo aquella piedra!, ¡siguen riéndose!, ¡nos están viendo riéndose!, ¡me dicen que nos vamos a perder! – me decía, que ellos habían cambiado su actitud de ayuda por el de burla, ya que Roxana se había reído de ellos, decía –es por culpa de ella, es porque se ha reído– nuevamente la expresión de Nancy tomaba el aire de lo que había vivido arriba, Roxana al darse cuenta de lo que pasaba, se deshizo de la soga, y me dijo que yo tomara la delantera, y retraso su caminar. De pronto desde atrás se oyó –¡no!, ¡no...!, ¡chicos por ahí no, por favor, por ahí no...!– todos volteamos y la gritaba era Miriam. Poco antes Nancy me comentaba a cerca de los ancianos, que ya nos habían dejado y que se oían sus risas. Al oír el grito de Miriam, nuevamente se me paso por la cabeza todo lo que había ocurrido arriba, me decía –no, otra vez no–. Miriam, en un tono ya más calmado, decía –chicos por favor por ahí no, esperemos a que pase un poco la neblina– comenzamos a buscar las flechas que indicaban el camino, y no había ninguna cerca de nosotros; decidimos esperar un poco a que pase la neblina. Ya cuando se veía todo más claro, todos advertimos que realmente nos habíamos desviado del camino, así que buscamos hacia los costados buscando las flechas que indicaban el camino, y éstas estaban más a la derecha, nos dirigimos hacia el camino correcto, éste se hacía más pesado, pues se presentaba más lodoso y resbaloso, se veía en el camino pequeños arroyuelos.
Más adelante, una de las chicas, Selma encontró el dulce que había tirado anteriormente en la subida, y que ahora estaba partida de la mitad, nos participó de ello, y al rato ya todos comenzábamos a conjeturar cosas, el por qué el dulce se había partido a la mitad cada uno trataba de dar alguna explicación, uno y otro desde un punto de vista fantástico, otro algo más lógico y real. Nancy, seguía comentándome sobre lo que había ocurrido, me decía –te lo dije, nos íbamos a perder, los ancianitos me lo dijeron– Ella, cada vez que pasábamos un arroyo, pedía agua, alguien le había dicho que era bueno tomar agua, o comer una pizca de tierra, para evitar ver o imaginarse cosas. Pedía el agua diciendo –“agüita, agüita” – y se tomaba dos o tres vasos pequeños de agua. Hasta ese momento todo estaba correcto, pero ella, quería tomar agua todo el tiempo, y eso hacia que nos retrasáramos en nuestro caminar, e insistía con querer tomar agua a cada instante, más de lo normal, los chicos le decían que podía enfermarse. En tanto seguíamos nuestro descenso, Nancy volvió a decir que nuevamente habíamos alcanzamos a los ancianos que guiaban anteriormente. Ya divisábamos la primera laguna. Para todos, esto representaba un aliento, ya que en adelante el camino sería más fácil, además faltaba poco. Mientras bordeábamos la laguna, se oían voces desde el centro de la laguna, pero no se veía nada, ya que la neblina lo cubría todo. Miriam y Nancy decían que si nosotros también oíamos algunos gritos y llamadas, todos dijimos que sí; comentábamos, serán algunos pescadores en la laguna.
Algo pintoresco que ocurrió mientras bordeábamos la laguna (por la situación anímica en la que hacíamos nuestro recorrido), en vista que el camino prácticamente estaba cubierto en agua y el lodo imperaba en nuestro caminar, teníamos que sortear los arroyos y charcos, caminando y saltando sobre algunas piedras y partes secas del camino. Cuando Selma quería sortear un charco, dio un salto equivocado y pisó el lodo, quedando uno de sus pies atrapado en él, la veía intentar zafarse de aquella situación, pero por más que se esforzaba, no lo lograba, había que ayudarla; tuve que pedirle que sacara el pie para librarse de su “opresor”, retiró el pie dejando el calzado atrapado en el lodo, ya luego saqué el zapato. Todo ello resultó bastante gracioso, nos desconecto un momento de nuestro quejumbroso andar. Conforme llegábamos al final del borde de la laguna, los ánimos fueron mejorando, en vista que ya casi alcanzábamos la cabaña.
A partir de aquí en adelante, el camino de regreso era cuesta arriba. Desde allí se veía como la neblina cubría todo el valle delante nuestro. La carretera serpenteante se perdía en la neblina. Las diversas sensaciones que uno vive al estar en aquel paisaje; por un lado sentir el refrescante y gélido viento, la falta de oxígeno que se hace notar por el rápido agotamiento al subir, lo cansado de los pies y todo lo que se había pasado; mientras que en contraste a todo aquello, sentir la satisfacción de haber logrado el objetivo, mostrar entereza y unión para lograr el objetivo; a la par, disfrutar de lo hermoso del paisaje, ver cuan grande son las ganas para vencer todo y lograr nuestro acometido, sentir que ha pesar de nuestras diferencias e intolerancias frente a una situación difícil y momentos de apuro, cada uno pone de sí para superar los inconvenientes y dificultades y llegar a un final feliz.
El ascenso se hacía cada vez más lento, mientras más se avanzaba, parecía que no había cuando llegar, –está detrás de esa colina, ¡si!, ya falta poco, pasamos esta cuesta y llegamos– Comentarios como éstos se oía entre los personajes que subían camino a la cabaña. Al igual que al inicio Roxana tomaba la delantera, junto con ella Russel; más atrás Miriam en compañía de Fredy y cerrando la fila Selma, Nancy y yo; éstos dos últimos grupos se alternaban de lugar. El caminar conforme se alcanzaba la meta se hacía más lejano, ello por el ímpetu de arribar yá a la cabaña. Oía vagamente el conversar entre Nancy y Selma, al parecer comentaban sobre lo que había ocurrido cerca al nevado. Mientras se sucedían estos hechos, llegamos a la cabaña; Roxana y Russel ya habían llegado con bastante anterioridad.
Al ver la cabaña y sentir que ya todo había quedado atrás, vivía un encuentro de sentimientos, felicidad, dicha, temor, aflicción, seguridad, paz y algo de albedrío. Todo aquello vivido hace poco fenecía en el momento de divisar la cabaña, ésta parecía como un umbral hacia algo que habíamos dejado por la mañana, cuando todos salíamos entusiasmados, optimistas. Todo esto significaba la pequeña cabaña. Se alzaba en la cumbre, al lado de unos picos pronunciados, frente a éste se veía el nacer de un valle, que recibe la serpenteante carretera, la misma que se perdía en la espesura de la neblina. Frente a la cabaña, por sobre la carretera se erguía una especie de santo, decorado con flores, algunas ya marchitas.

... YA VIENE EL FINAL ....
 
HISTORIA DE CICIEMBRE - PARTE III ¿...EL FINAL...?
A la llegada a la cabaña, Miriam y Russel estaban abrazados, entre sollozos, parecía que se decían y recordaban a cerca de todo lo que nos había pasado. Ya dentro, sentados frente a la mesa disponiéndonos a almorzar; fui presa de una invasión de sentimientos extraños y contradictorios a los que había percibido al momento de ver la cabaña. –Que hubiese pasado si las cuatro chicas subían hasta arriba, y sí sólo subía Fredy acompañando a Miriam y Nancy, si también uno de los chicos sufría aquel desvariar, o en el peor de los casos todos caíamos en crisis– cosas similares volaban por mi cabeza; un sentimiento de consternación me abatía, miraba a mi alrededor y aún no estaba convencido por completo de estar en la cabaña, había perdido el apetito. Me extrañó el por qué me invadía ese sentimiento, quería salir de esa encrucijada de pesares y congojas, sin embargo me hundía más en ellos. Parecía que era el único que sentía todo aquel inefable sentimiento, pues, oía –come un poco, sólo la carne, no tienes hambre– proveniente de mis compañeros, que, como lo veía devoraban la comida.
Mientras el resto comía placenteramente, no atinaba a probar bocado alguno, había perdido el apetito, sólo deseaba tomar algo caliente; me sentía extraño, muchos pensamientos volaban por mi cabeza, eso me tenía consternado –Se ha asustado, vamos como un poco, no tienes hambre– frases como esas oía, invitándome a comer algo; les decía –no tengo hambre–, ellos seguían insistiéndome. Ya cuando todos terminaban de comer, Nancy preguntó, que si alguien deseaba tomar algo, todos respondieron afirmativamente, pedían algo caliente, a si es que otra vez “limonada”. Mientras tomábamos, sugerí a Nancy que comentara a los señores de la casa sobre lo que había ocurrido arriba, ya que probablemente ellos podrían ayudarla de alguna manera, por si algo parecido había pasado antes con otros visitantes, lo mismo sugerí a Miriam; los demás estuvieron de acuerdo con la idea.
Todos especulábamos acerca del por qué había pasado todo aquello, cada uno daba una explicación diferente, otros llevaban el tema en son de broma. Muchos factores habían confluido para que ocurriera todo: la trasnochada, la altura, falta de oxígeno, el cansancio, el frío, la presión, sobre todo la sugestión y creencias. Mientras acontecía todo esto, salió en escena el señor de la casa: Don Pascual. Nancy comenzó a narrar escuetamente todo lo que había vivido arriba, contaba entre sollozos desconsolados, Don Pascual al oírla, hacia notar claramente su asombro y extrañeza. Cuando Nancy terminó su narración, Don Pascual comentó, que nunca nada parecido había pasado antes con ningún visitante, incluso habían llegado ahí niños. Poco después vino la esposa de Don Pascual. Ella al ver a Nancy entre sollozos, la interrogó sobre lo que había ocurrido, Nancy se calmo algo y comenzó nuevamente a relatar lo que había visto; decía, que un hombre joven la seguía de cerca, la jalaba, la llamaba; ella narraba todo con la certeza de haberlo visto; en cierta parte de su narración se hecho a llorar mucho más, decía que el joven comenzó a sangrar a la altura del pecho y que nosotros sus compañeros no le permitíamos ir en su socorro, el joven la llamaba clamando ayuda, ya tirado en el suelo. Al oír todo ello, la esposa de Don Pascual, opinó también, que nunca ates algo similar había ocurrido; entre sus comentarios intentaba buscar alguna respuesta con la cual explicar todo aquello. Afirmaba, que tal vez, eso pasó porque Nancy está sola sin pareja, preguntándole si tenía pareja, un enamorado o novio, ella respondió que no, estaba sola. La señora continuó, el Nevado estaba fastidiándola y quería hacerla quedar. Don Pascual apoyó las afirmaciones de su esposa. Éste comentó a Nancy, si cuando estuviese en Huancayo y todo aquello la seguía fastidiando, ella debía de hacer un “pago” al nevado, él mismo se encargaría de llevarlo hasta el Huaytapallana; por supuesto, si es que ella lo deseaba.
–También ella se ha encontrado un billete nuevo de 20 soles en el campo– dijo Miriam, indicando a Roxana, Don Pascual dijo que le prestasen el billete, éste después de examinarlo cuidadosamente sentenció que se trataba de un billete con el que habían hecho brujería o algo similar, ya que éste tenía muchos agujeros hechos con un alfiler; agujeros de los que nadie se había percatado antes. Ya cuando los señores de la casa se habían retirado después de oír todo lo que había ocurrido, Roxana ya no tenía esos bríos de escepticismo como antes, por el contrario, se percibía el temor que sentía, intentaba no hacerlo notar. Se preguntaba que es lo que iba a hacer con el billete que había encontrado; que por cierto ya con anterioridad habíamos intentado cambiarlo pagando la cuenta de unos “cafecitos” que habíamos tomado, billete que había sido rechazado, argumentando que era falso, sin embargo eso no era cierto; el billete era verdadero, la inclemencia del tiempo y el estar expuesta a la intemperie había hecho que pierda color. Como veía que Roxana se impacientaba al no saber que hacer con el billete, le sugerí que en cuanto estemos de regreso, arroje el billete por la ventana del automóvil.
El día se extinguía, ya todos teníamos nuestras maletas y cosas listas para el viaje de regreso, esperábamos el auto que nos llevaría de regreso, auto con el que el día anterior habíamos concertado nos recogería a las 3 pm, ya daban más de las 5 pm. En la casa nos decían que no había llegado ningún auto a esa hora. Por la carretera pasaban autos de tiempo en tiempo, pero todos llenos. Sentados alrededor de la mesa, esperábamos impacientes la llegada o el pasar de un auto que nos llevase de regreso. Mientras esperábamos, no había otro tema del cual comentar que no fuera de lo que había ocurrido cerca al nevado. Todo ello hacía que el ambiente se sintiera algo tétrico. Miriam nos hizo saber de lo que ella había visto cuando gritaba: ¡No, a mi mamá no!, ¡no, a mi papá no! Veía la laguna completamente roja, como si se tratase de una laguna de sangre y que éste se tragaba primero a su madre y luego a su padre, un remolino los succionaba. Ella quería ir en ayuda de sus padres. Fredy acotó a todo ello –quería correr hacia la laguna, mientras gritaba, es por eso que la cogí de la cintura y la jalé hasta que se sentara en el suelo, pese a ello, ella luchaba por librarse y correr en dirección a la laguna– Miriam también nos hizo saber porqué había gritado ¡No, por ahí no!, ¡Chicos por ahí no por favor!, como ella venía atrás y estaba sobre todos nosotros, había visto dos caminos diferentes, y sentía que tomábamos la ruta equivocada. Entre esos comentarios, Roxana “la escéptica” recordó que sus abuelos le habían contado sobre las apariciones que ocurren cuando se esta caminando a solas en un lugar alejado y en donde reina la neblina. Decía, que si un hombre se encontraba en esa situación, se le aparecía una hermosa mujer, quien la encantaba y ya no se sabía más de aquel hombre; y se trataba de una mujer, se le aparecía un hombre apuesto; y le ocurría lo mismo. Si se trata de una pareja, uno de los dos corría la misma suerte.
El resto narraba historias similares, unas más fantásticas que las otras. Conforme se sucedían las historias, se sentía un ambiente funesto que todos percibían, razón por la cual se decidió no tocar más el tema, y al que lo hiciera tendría un castigo. Pese a ello el tema salía a flote. De pronto, Nancy al ver la desazón del grupo, pidió perdón, por todo lo que habíamos vivido por su causa, casi todos le hicimos saber que eso no era culpa de ella y que a cualquiera de nosotros le pudo haber ocurrido lo mismo, lo importante era todos estamos juntos y sanos, sin cosas que lamentar. Pese a ello continuó con sus disculpas por el error que había cometido. Miriam, le hizo saber que aquello no era un error, sino, algo que al día siguiente lo recordaríamos como una anécdota más.
Como no había manera de transportarnos de regreso, Selma sugirió que caminásemos hasta un poblado más abajo, que desde allí sí debía de haber movilidad continua; ella estaba convencida en caminar cuesta abajo. Alguien más apoyó esa idea, pero la mayoría no opinaba lo mismo. Yo podía caminar, pero el sólo hecho de recordar lo que había pasado, me hacía dudar, pensaba, que si en esa caminata Nancy podía recaer y alguna de las chicas más, así que no apoye la idea. Los demás opinaban que preferían quedarse a pasar la noche, que caminar. Idea con la que también nadie estaba de acuerdo por completo. Se vivía una especie de psicosis generalizada entre todos los visitantes.
En vista que no aparecía ningún auto que nos lleve de regreso, encargamos al conductor de uno que iba lleno, nos enviase uno especial para recogernos, incluso la señora de la casa le hizo un presente para que nos hiciera el favor. La señora le decía –envía a mi cuñado, él va aceptar–. Hecho esto nos sentimos algo aliviados, sólo quedaba esperar. La espera se hacía larga, con el transcurrir del tiempo éramos presa del hambre; todos recordábamos con desazón, que horas antes teníamos abundante comida y en vista que ya partíamos se las dimos a los señores de la casa, pues ellos tenían algunos canes que alimentar. Alguien mencionó –porqué no le decimos que nos la regresen– pero, esa idea no tenía lugar.
Ya había pasado mas de una hora y media desde que encargamos al conductor por un auto, la noche se había apoderado del día, todos urgíamos por dejar la casa cuanto antes, les pedí a todos que si se presentaba un auto con espacio disponible, sería el primero en partir, les expliqué que tenía que viajar con urgencia esa misma noche, además ya había comentada a Miriam del viaje antes que partiéramos de Huancayo; fue ella quién me ayudó a hacer entender al resto del grupo, sobre el porqué los iba a dejar, pese a que habíamos acordado poco antes, viajar todos juntos o nadie, al final accedieron. Una de las chicas sugirió que debíamos de esperar en la carretera el paso de algún automóvil, aceptamos, pese al intenso frío que hacía. El viento helado llevaba consigo la espesa neblina, se veía como si se tratase de corrientes de agua, gotas de agua se formaban sobre nuestros abrigos, imperaba por completo un clima glacial, apenas se podía ver pocos metros delante nuestro; a pesar de aquel clima, no faltaba alguien que soltaba una broma al respecto. Decía a mis compañeros –quién nos manda a pasar todo esto, si estaban satisfechos con todo lo que habían vivido–
Mientras transcurría aquello apareció un auto, tenía algo de espacio en la parte de atrás, mientras me despedía de todos, Selma se instaló rápidamente en el auto, le dije que habíamos acordado que sería yo el primero en viajar, pese a ello hizo caso omiso a todo, el auto partió. Continuamos esperando al lado de la carretera; en vista que el frío, el viento y la neblina azotaban sin clemencia decidimos regresar al interior de la casa. Antes de ingresar a la casa, Roxana pidió que si podíamos abrazarnos todos juntos, idea que apoyamos todos; nos abrazamos todos haciendo un circulo. Allí en medio del inclemente clima, todos nos decíamos que esta amistad debía de mantenerse, las cosas que habíamos vivido juntos, los momentos difíciles que pasamos y superamos, gracias a la unión y desinterés no debía de morir así por así; ahí me di cuenta, en ese instante, todos sentían lo mismo que yo; en esos momentos veía a uno solo, el grupo; sentí aquel abrazo de unidad, con aires de fuerza, gratitud, afecto, lealtad, reconocimiento y otros sentimientos. Hecho ello pasamos al interior de la casa.
Dentro preguntamos a la señora de la casa por algo de comida, nos respondieron que no había nada; pero que podían prepararnos unas truchas fritas, accedimos con cierta desaprobación, pues el precio que pedían por dichos platos eran algo elevados, por ello pedimos sólo tres platos, compartiríamos un plato entre dos; lo acompañamos con una bebida caliente. Mientras comíamos, alguien decía que todos tendríamos que regresar juntos o de lo contrario quedarnos a pasar la noche también juntos. Al ver a todos, sentía en ellos cierto temor a pasar otra noche en aquella casa, aunque no quieran mostrar ello. Durante la espera, entre comentarios y bromas, afuera se estacionó un volquete, salí para ver si se podía viajar, comenté al chofer que necesitábamos viajar, que éramos seis personas, el chofer respondió que si es que quisiéramos, podíamos viajar en la tolva. Me percaté que la tolva estaba sucia con tierra y lodo, además que sí es que viajásemos, en el trayecto podía llover y eso sería muy arriesgado, pues el clima se mostraba amenazador. Frente a todo aquello, di gracias al chofer y a su acompañante por la “voluntad” y por la atención prestada, me dispuse a regresar a la casa; el chofer replicó, que en la caseta podían acomodarse dos personas, ante ello me sentí algo aliviado, pues me urgía viajar y podía hacerlo con alguien más. Regresé rápidamente al interior de la casa y comente todo ello a los chicos. Nadie accedió acompañarme, me decían que me quedase para viajar todos juntos, que el auto ya llegaba; pero en vista que había pasado ya mucho tiempo y cada vez se hacía mas tarde, acordamos en que yo me iba solo. Cogí mi mochila, me despedí de todos. Antes de salir Miriam y Nancy me encargaron que en cuanto llegue a Huancayo llame a sus casas para avisar que ya ellas pronto llegaban. Antes que saliera me dijeron que les dejase mi frazada, por si ellos tenían que pasar la noche ahí.
Mientras viajaba de regreso, allí sentado en la caseta del volquete, el chofer me preguntó el motivo de mi visita al Huaytapallana, le hice saber que era un viaje de paseo, para conocer el nevado. Mientras seguíamos de bajada por la carretera, narré sobre todo lo que nos había pasado en nuestra caminata, ellos no creían lo que les decía, insistí en que todo había acontecido tal cual se los había narrado. Los dos que iban conmigo, el chofer y su acompañante que también era chofer, intercalaban sus comentarios, que aquélla cosa tal vez podía ser un “engaño”, ellos lo llamaban así a cosas similares, que pasaban en lugares poco frecuentados y apartados. A la vez me contaron algunas historias relacionada a los “engaños”.
–Cierta vez estaba conduciendo sólo mi unidad, no había dormido más de 12 horas, y me urgía llegar al próximo pueblo cuanto antes, ya que me había retrasado bastante por una falla mecánica, en eso estaba por un sitio descampado y estaba todo completamente oscuro, sólo se oía el silbar del viento y únicamente veía cómo éste llevaba la neblina como si se tratase de una hoja seca; cuando de pronto frente a mí, en la carretera se estaba un ataúd de un muerto, me detuve frente a él, éste estaba completamente blanco, me pregunte quién lo había dejado ahí y porqué–, el otro interrumpió –eso era un “engaño”– , el otro repico –si– y continuó, –yo siempre llevo conmigo una botella de “aguardiente”, cogí la botella y con el “aguardiente” me pase por el rostro y me dije: ah no, esto debe ser un engaño, así que puse en primera, cogí fuerte la volante y aceleré, con la intención de pasar por sobre el ataúd, pase lo que pase, al pasar supuestamente por el “bulto”, no sentí nada, más adelante me detuve y vi hacia atrás por el espejo y no había nada, recién me alivié y seguí adelante– A oír, tal historia narrada por el chofer, el temor que había sentido antes, en la casa, volvieron a mí.
–Cuando una vez estaba conduciendo sólo, también estaba ya oscuro y había bastante neblina, así que iba despacio, ya había estado así por más de una hora, ya me había cansado estar viajando tan lento, pero es preferible ir así a que te avientes al barranco–, el chofer replicó –en esos casos yo, a veces espero a que se disipe la neblina y de paso descanso algo, aunque una vez me quedé dormido y para cuando desperté ya había amanecido–, –si pues a veces pasa eso, después seguía mi conducir lento, en eso cuando torcí una curva algo cerrada y el camino nuevamente seguía recto, más adelante alguien me hacia señas, poco a poco me iba acercando y se trataba de una mujer, y que por cierto muy hermosa, me detuve y como estaba del lado de izquierdo, le dije: Señorita que hace tan sola en este lugar abandonado, le hice señas con las manos para que suba, ella asintió con la cabeza; y ella para subir, en lugar de ir por delante del carro se fue por atrás, la espere, diciéndome, que señorita tan tonta, por que se habrá ido por atrás, va estas chicas de ahora, me preguntaba porqué se demoraba tanto en aparecer, veía por el espejo y nada de aparecer. Así que reaccioné, recién me percaté que estaba vestida completamente de blanco, y a la vez decía como una mujer va estar sola aquí, así que arranqué a prisa y me aleje, pensando que todo eso era un “engaño” y qué habría hecho si esperaba más a la mujer, hubiera aparecido, y qué si subía al carro, que hubiera sido de mí, seguramente ya hubiera desaparecido en su garras, pero quien no quisiera desaparecer con una mujer tan linda–, el chofer le increpó –cual mujer linda, dicen que esas son “almas en pena”, andan deambulando por todo sitio esperando hacer caer a alguien y ahí recién son libres de su atadura y luego que la víctima desaparezca descansan en paz.– El acompañante del chofer continuó –Si, pero se muere feliz– y se echo a reír.

¿...El Final....?