Cuadrando Agendas
Martes por la noche.
Después de una cena ligera me tumbo sobre la cama y enciendo el ordenador portátil. Con música sensual y relajante como única compañía me dispongo a ultimar los detalles de una reunión importante que tengo al día siguiente. Calulo resignada que aún me quedan un par de horas de trabajo. Suena el móvil, es un mensaje de Carlos.
"Natalie, mañana me ha surjido una cena con los médicos del hospital a la que no puedo faltar, ¿podríamos vernos por la tarde? Sé buena y di que sí... Te deseo, preciosa".
Repaso mentalmente mis compromisos laborales de la semana. Mierda, joder, no puede ser. A ver cómo lo hacemos porque yo no me quedo sin jugar con él.
Desde hace un mes Carlos y yo hemos dejado de trabajar en la misma zona, ahora yo lo hago en la otra punta de la ciudad, con lo que las oportunidades para quedar entre semana se han reducido notablemente. Para ambos es un auténtico placer vernos hacer malabares para complacernos... ¿puede haber algo más excitante?.
Echo de menos sus invitaciones para desayunar juntos y nuestros encuentros fugaces durante el día, en los que sobraban los besos, el apetito sexual y el morbo. Añoro el salir de la oficina y reunirme con él en su casa, las palabras con las que me agasajaba al llegar, sus obscenidades en mi oído, sus manos expertas desnudándome violentamente y el follar por follar una y otra vez... después de la tensión y el estrés diarios de mi trabajo lo necesito...
Se me ocurre una pequeña e inocente maldad para alterarle. Le respondo con el siguiente mensaje: "¿Ahora se llama "cena con médicos"? No me gustan nada tus excusas, Carlos".
Tarda diez segundos en llamarme. Lo primero que escucho es su seductora e irónica risa. Sonrío. No ha "colado".
- Sabes que no es una excusa, princesa. Tengo las mismas ganas de estar juntos que tú... o incluso más. ¿Vas a comparar una aburrida cena con médicos a una intensa noche de sexo contigo?.
- Lo sé, pero me había hecho ilusiones... me vas a dejar con las ganas, y estoy en una edad muy mala... -le respondo mimosa.
- No me hables con esa vocecita, que me altero... Si puedes nos vemos por la tarde, yo estoy libre hasta las ocho.
- Imposible, mañana tengo comida de trabajo y después asisto a un evento en el centro.
- ¿Y si me presento en el restaurante y nos lo montamos en los aseos?
- No me tientes, Carlos... me retiraría un momento al tocador y... -dejo volar mi imaginación-, por cierto está usted aprendiendo muy deprisa, caballero.
- Tengo la mejor maestra y si consiguen despertar mi interés puedo llegar a ser el alumno más aventajado. Nos vemos el jueves, no se hable más.
- Carlos, el concierto... ya te lo dije...
- ¡Es cierto! ¿A qué hora es?
- A las nueve y media.
- Vale, pues te espero por la tarde en mi casa, yo pongo el vino y tú el cuerpo. Después te vas desde aquí.
- Lo intentaré, pero no te prometo nada, ya sabes que sé la hora a la que empiezo a trabajar, pero nunca a la que termino.
- Mi niña, trabajas demasiado...
- Lo sé, menos mal que te tengo a ti para desconectar y relajarme... Tú te vas de vacaciones el viernes por la tarde, ¿verdad?
- Sí, toda la semana, así que ya no nos veríamos hasta la siguiente.
- La siguiente me voy la semana entera fuera por trabajo.
- ¡Coño! ¿Y cuándo te vas de vacaciones?
- El sábado por la mañana. Regreso el miércoles, pero tú no lo haces hasta el domingo.
- ¿No podemos vernos ahora?
- Todavía me queda trabajo por hacer esta noche. Si la reunión no fuera mañana a primera hora no lo dudaba, incluso me tomaba la libertad de quedarme a dormir en tu casa.
- Vale, pues si finalmente no puedes venir mañana por la tarde, retraso mi viaje al sábado y pasamos la tarde y la noche del viernes juntos.
- Eres un encanto.
- Lo sé. Lo hago porque me vuelve loco cómo follas, no vayas a pensar que estoy enamorado ni cursiladas de esas...
- Jajaja, y un capullo arrogante también. Menos mal que sé que lo dices con cariño...
- No podría estar tanto tiempo sin verte, Natalie. Te echaría demasiado de menos, lo sabes. ¿Se puede saber qué has hecho conmigo?
- Algún día te contaré el truquito... Te llamo mañana, estoy deseando besarte y...
- Yo también... Imagino tu preciosa boca en mi...
- ¿Si? Cuéntame todos los detalles lascivos... yo te ayudo...
Mi trabajo me reconforta, pero ni mucho menos de la manera que lo hace él. Si tengo que hacer encaje de bolillos con mi agenda, recorrer mi ciudad de punta a punta y dormir poco, o nada, lo haré. Evidentemente, no es sólo porque el sexo sea fabuloso, que lo es... simplemente, me gusta...
Después de colgar el teléfono abro la carpeta de mi PC donde guardo algunas fotografías suyas... suspiro... definitivamente, sí, me tiene loquita.

Manhattan
Viernes por la noche, salimos a cenar. He reservado mesa en uno de los mejores restaurantes japoneses de mi ciudad, comida que a ambos nos encanta. La comida japonesa no sólo es deliciosa, también destaca por su elegancia, refinamiento, armonía, belleza y sencillez, siendo la presentación de los platos tan importante como su sabor.
Es un restaurante con mucho estilo y un ambiente selecto. La decoración exhibe toques asiáticos y una tendencia minimalista y la luz cálida de color ámbar hace que el ambiente sea tanto chic como acogedor.
Disfrutamos de la exquisita comida -el arroz está preparado perfectamente y el pescado está tan fresco que se deshace en la boca-, nos deleitamos con el vino blanco -Palacios de Menade, un Sauvignon Blanc excelente con sabor a frutas- y con la selección de postres: helado de jazmín, sushi de chocolate y moca y trufas de té verde.
Durante la cena me deleito observándole, descifrándole... sus perfectas y distinguidas maneras contrastan con lo salvaje que es en la intimidad... me vuelve loca. Galante, sumamente atractivo y seductor, mujeriego, todo un conquistador. Acostumbrado a que las mujeres caigan rendidas a sus encantos e incondicional de las relaciones sin compromiso, sus intenciones la noche que nos conocimos se limitaban a seducirme... conquistarme... y utilizarme, pero hay veces que el cazador es cazado, y no al revés.
Conozco a los hombres como él y sé jugar mis cartas. Me subestimaba por mi aspecto dulce... por mi edad... pero obvió que la otra parte también puede ser una apasionada del juego y de la seducción. En estos casos resulta deseable ser muy paciente, jugar con el misterio, la dulzura, la seguridad en una misma y el lenguaje no verbal...
Después de la cena vamos a un local de moda cercano, muy famoso por sus deliciosos combinados. Me decanto por el Manhattan, uno de mis predilectos: Bourbon, Martini Rojo y Angostura. Se sirve en una copa de Cocktail y se decora con una guinda roja y piel de naranja.
He quedado con dos amigas y converso y bailo con ellas en el centro de la pista. Mientras, Carlos me observa desde una distancia prudencial, apoyado en la barra. Le gusta examinarme cuando no estoy con él: analizar la forma en la que me relaciono, cómo me muevo, mis gestos, las miradas, las sonrisas... Siento cómo me desnuda con sus preciosos ojos claros... me siento sexy, deseada...
A su lado, dos hombres también tienen la mirada clavada en mi dirección. Dialogan entre ellos y Carlos se une discretamente a la conversación como si no me conociera: "¿Estáis hablando de la chica rubia de la pista, verdad? Está tremenda... "
Una mirada de Carlos me es suficente para saber lo que se está cociendo. Me acerco seductora a la barra y pido otro Manhattan. Uno de los hombres se presenta, me presenta a su amigo... y a Carlos. Disimulo, le sonrío con picardía, nos damos dos besos, le rozo ligeramente la boca con mis labios... "Encantada". Conversamos los cuatro, la situación promete, comienzo a bailar con ellos, Carlos me coje de la cintura y me aprieta contra su cuerpo, alejándome de los dos hombres, "Me estás poniendo a mil". Le rozo con mis nalgas, le caliento, noto su erección... Bebo de mi combinado y le beso... Él suspira y bebe de mis labios, juega con mi lengua... da un sorbo a su copa y me da a probar el alcohol directamente de su boca, en dosis muy pequeñas... quiero más...
- Bueno, "desconocida", ¿qué te parece si nos vamos a un lugar más íntimo y continuamos con el juego?
- Todavía no quiero irme... lo estoy pasando muy bien..
.
- Nos van a echar del local por escándalo público...
- No veo dónde está el problema -le cojo las manos y las coloco en mi trasero al ritmo de la música.
- Morbosa... y preciosa... Por cierto, ¿has salido con otro hombre mientras he estado fuera?
- Carlos, ¿y si ésta fuera la última noche? No pienses, sólo disfruta...
- Eres perversa... y encantadora... me volverás loco.
Suena la nueva versión de la canción Morena Mía, de Miguel Bosé y Julieta Venegas, mucho más sensual que la anterior, si cabe... se la canto mirándole a los ojos... la disfruto...
Morena mía, voy a contarte hasta diez,
uno es el sol que te alumbra, dos tus piernas que mandan,
somos tres en tu cama... tres.
Morena mía, el cuarto viene después,
cinco tus continentes,
seis las medias faenas de mis medios calientes...
Sigo contando ahorita...
Bien, bien, bien, bien, bien...
Morena mía, siete son los pecados cometidos,
suman ocho conmigo, nueve los que te cobro,
más de diez he sentido.
Y por mi parte sobra darte,
lo que me das... dámelo, dámelo bien...
un poco aquí... y un poco a quién.
Cuando tu boca me toca, me pone y me provoca...
me muerde y me destroza, toda siempre es poca...
Y muévete bien, que nadie como tú me sabe hacer café.
Morena gata, ay me mata, me mata y me remata,
vamos al infierno, aunque no sea eterno, suave... bien, bien...
que nadie como tú me sabe hacer café.
Pero cuando tu boca me toca, me pone y me provoca...
me muerde y me destroza, toda siempre es poca...
y muévete... bien, bien, bien...
que nadie como tú me sabe hacer... uh...café.
Bien, bien, bien, bien...
Bien, bien, bien, bien...
Morena mía, si esto no es felicidad
que baje Dios y lo vea y aunque no se lo crea... esto es gloria.
Cuando tu boca me toca, me pone y me provoca...
me muerde y me destroza, toda siempre es poca...
Y muévete bien, que nadie como tú me sabe hacer café....
La sexualidad de la canción, los Manhattan, el roce de su miembro, sus besos, sus caricias, su mirada lasciva... le susurro al oído: "Vámonos ya... me muero por follarte... por cierto, no me voy a conformar con un polvo... ni con dos... "
Me fascina cuando cumplen todos mis deseos.

MMS's
Salgo de una reunión de trabajo a última hora de la tarde, con dolor de cabeza, hoy ha sido un día duro y sólo tengo ganas de llegar a casa, quitarme la ropa, disfrutar de un baño relajante... desconectar...
Mientras me dirijo al coche noto la vibración del móvil a través del bolso. Es un SMS de Carlos... perdón, no es un SMS, es un MMS... aún mejor. Sonrío, sé lo que voy a encontrar cuando presione la tecla que abre la carpeta de los mensajes recibidos, y aligero el paso. Me acomodo en el asiento del conductor y me dispongo a disfrutar del mensaje multimedia... viniendo de Carlos no puede ser de otra forma. Todo lo que está relacionado con él es excitante, carnal ... provocador.
"Puedo estar lejos de ti, pero no olvidarte... aquí tienes lo prometido... me perviertes... regreso el viernes, resérvame esa noche, que te voy a comer entera"
Adjunta un vídeo personal muy explícito en el que llega al orgasmo: sucio, depravado, incitante... tal y como a mí me gusta, y él lo sabe. Me caliento, me transformo, olvido mis buenas maneras y le escribo un mensaje vulgar ... ordinario... muy grosero. Adivino su sonrisa triunfal al leerlo, no hay nada que le estimule más que hacerme perder los papeles y que el deseo me haga comportarme como una mujerzuela cualquiera.
Carlos está de viaje de negocios en Italia durante dos semanas que se están haciendo eternas. Le deseo desde que me levanto hasta que me acuesto, obsesionada con el recuerdo de sus labios recorriendo mi cuerpo, adicta al placer sin límites que me proporciona su verga. Pienso en él y lo hago en sexo, cenas en restaurantes caros acompañadas por exquisitas botellas de vino, viajes a lugares exóticos, escapadas de fin de semana sin salir del hotel, erotismo, seducción y, nuevamente, sexo... y más sexo.
Me complementa... le completo...
Me seduce... le encandilo...
Me satisface... le sacio...
Llego a casa inmersa en las obscenas escenas del vídeo, y, después de darme un baño, me dirijo a mi habitación, tan solo ataviada por una pequeña toalla blanca. Me tiendo sobre la cama, retiro la toalla que cubre mi cuerpo y así, desnuda, me observo en el espejo. Pienso en él, en sus manos, en su lengua, en su miembro... me caliento, suspiro, abro la aplicación de la cámara de vídeo de mi teléfono móvil y me rindo a mis deseos... a mis recuerdos... a mis caricias... y a mi imaginación...
...Él toma un bote de aceite de masaje y pone una buena cantidad en las manos. Cierro los ojos y espero... siento la humedad... el frío que rápidamente se convierte en calor, el olor vegetal del aceite... Sus dedos rodeando mis pezones, bajando por mi cintura, sobando mi vientre y mis caderas... hasta alcanzar su meta, el sexo inevitablemente húmedo, ardiendo, esperando sus dedos, cada vez más mojados y resbaladizos del aceite, del sudor, de mi savia... Entrando... saliendo... haciéndome enloquecer... una sensación repentina como un latigazo... su lengua en mi clítoris, su aliento en mis labios...
...Mientras juego entre mis piernas no eres consciente que ahora mismo estoy abriendo la boca, deseando lamer... comer, besar, morder... pero sólo puedo gemir... No eres consciente que deseo coger tu cabeza y apretarla contra mi sexo, pero sólo puedo exprimir mis muslos... Y me excito aún más, cada vez más, imaginando que me bebes por completo... Y mucho más sabiendo que vas a penetrarme muy pronto...
...Ven aquí, vamos a volvernos locos esta noche... derrámate entero en mi cuerpo... quiero sentirte en mis labios, en mis pechos, en mis nalgas, en mi sexo... lámeme, muérdeme, cómeme, haz de mí lo que quieras...
...No me pidas permiso, no me pidas perdón... cuanto más te doy más entera me siento...
Le envio el vídeo y el siguiente mensaje por MMS:
"Cuando el soldado se va a a "combatir", la chica siempre le regala algo suyo para que éste la tenga presente en los momentos duros y se acuerde de lo que le espera a la llegada...
...Reserva fuerzas para mí, cielo, que me tienes con ganas atrasadas... y me las voy a cobrar... con intereses..."
Su respuesta no se hace esperar:
"Natalie, eres mi perdición"

Experimentando II
- Quiero ser una desconocida para ti y que lo seas para mí. Sólo quiero sexo, y que luego lo olvidemos.
- Me parece bien. Vamos a mi casa, ni te imaginas las ganas que te tengo... eres muy sexy...
Vamos en su coche, ni siquiera sé dónde vive, pero no me preocupa. Le deseo -mucho más ahora, en persona- y lo vamos a pasar muy bien. Mientras conduce me mira las piernas con disimulo, visiblemente excitado y nervioso. Pone música sensual, su cuerpo huele muy bien y todos mis sentidos están activos. Mi nivel de ardor al máximo, empiezo a notarme excesivamente húmeda, y todavía no me ha puesto la mano encima... se me antoja besarle, lamerle, chuparle... hacerle mío allí mismo, pero no es el momento... todavía no...
Llegamos, aparca el coche en el parking y me abre galantemente la puerta, ofreciéndome su mano para salir. Primer contacto después de tantas conversaciones, de tantas noches, de tantas confidencias...
- ¿Sabes en qué estoy pensando, preciosa?
- Lo sé, y quiero exactamente lo mismo que tú. Todo lo que se te pase ahora mismo por la imaginación lo deseo yo con creces...
Se acerca y me rodea la cintura suavemente con las manos. Sus labios muy cerca de los míos, sólo se escucha la respiración agitada de ambos. Me hipnotiza con su mirada y con la seguridad que me transmite, abro sutilmente la boca y acaricio su nariz con la mía... él suspira y me atrae contra su cuerpo, dispuesto a besarme, pero retrocedo... sonríe, "qué traviesa eres", y avanza hacia mí... deslizo mi lengua por sus labios y me vuelvo a retirar, hasta que mi cuerpo choca contra unas de las columnas del aparcamiento.
"Ahora ya no tienes escapatoria, voy a follarte hasta que pierdas el sentido".
Me toma las manos y me hace levantar las muñecas. Las agarra fuerte mientras recorre con su lengua el lóbulo de mi oreja, mi cuello y mis pechos, rebosantes a través del corsé. No puedo moverme, es muy fuerte y me tiene inmovilizada, sólo rendirme al placer que me recorre de arriba abajo y pedirle más.
"Si ansías más vas a tener que suplicar".
Me oprime aún más las muñecas... sollozo, me hace daño... forcejeamos entre besos y gemidos, intento liberarme... le muerdo el labio inferior y le miro con gesto obsceno. Las ganas por tenerle dentro me obligan a rogar y a susurrarle todas las guarrerías que quiere escuchar, y lo hago encantada.
Cuando me libera tengo las muñecas doloridas, pero no me da ninguna tregua. Separa mis piernas e introduce sus dedos dentro de mí, que se deslizan uno a uno sin ningún problema hasta lo más hondo... los lamo, los chupo, disfruto de ellos como si fueran su sexo, al tiempo que levanto mi pierna izquierda y le rodeo con ella. Él me agarra fuerte del culo y me clava su verga empalmada a través del pantalón. Perfectamente acoplados, recreamos el acto sexual... subo y bajo, exprimiendo su erección, restregando toda mi humedad, hasta que entre jadeos me pide que pare y me conduce a su piso...
Entramos sin dejar de sobarnos y cierra la puerta con llave. La sensación de peligro, de estar con un completo desconocido en su casa, me hace vibrar. Nadie sabe que estoy allí, puede hacer conmigo lo que quiera, estoy totalmente a su merced.
-¿Te apetece que juguemos? -me sirve una copa, sin preguntarme qué bebo.
- Me encanta jugar, ya lo sabes -contesto muy pícara.
- A mí también, y me encantas tú.
Coge una corbata de seda y me lleva al centro de la habitación. Me venda los ojos y me pide que le espere. Desaparece, tal vez durante unos segundos, pero a mí se me hacen eternos. Cuando regresa le siento detrás de mí... está desnudo, me clava su miembro en el culo y me susurra...
..."El juego consiste en que adivines qué tienes dentro de tu precioso sexo. Si lo adivinas tendrás un premio que te garantizo no podrás olvidar, pero si no lo adivinas, te castigaré".
Me tumba en la cama. Me acaricia suavemente la cara, el cuello… sus manos están calientes, no puedo ver, sólo rendirme a sus caricias, a su olor y a sus palabras, y me encanta esa sensación. Empieza a desnudarme muy despacio, besando cada centímetro de mi piel. Intento dominarle y tumbarle, pero se resiste, imponiéndose con fuerza, y decido dejarle hacer.
De pronto, siento algo frío y muy duro subiendo por mis piernas hasta introducirse entre ellas muy lentamente. Me folla con "eso" unos minutos... lo trae hacia mi nariz, huele a mí... me pide que lo chupe y lo hago obediente... Mientras lo lamo me doy cuenta de lo que es y sonrío. Vuelve a llenarme con otro objeto más grueso, pero igual de frío... lo deja dentro de mí y empieza a moverlo en círculos, mientras su lengua se rinde experta a mi clítoris. Lo hace muy bien, creo morir de placer... me dejo llevar, acaricio mis pechos, los aprieto fuerte, y no dejo de gemir... de repente, sin previo aviso, se detiene.
"El juego ha terminado?", pregunto nerviosa, presa de la excitación.
Me hace callar metiendo su dedo dentro de mi boca. Un cubito de hielo recorre entonces mis mejillas, mis labios... lo lamo, lo mete en mi boca y lo compartimos en un beso ardiente... nuestras lenguas juegan con él y entre ellas hasta que se derrite. Inmediatamente después, mis pezones se erizan cuando otro cubito se pasea libre por mi cuerpo para terminar de fundirse dentro de mí...
"Sólo diviértete", me susurra.
Me quita la corbata. Enfrente de mí, mi regalo: perfecto, grande -muy por encima de la media- y muy grueso. Se arrodilla ante mí y me quita las sandalias de tacón... besa mis pies desnudos, deslizando su lengua entre mis deditos, y no puedo callar un suspiro.
Tampoco puedo evitar coger su miembro y meterlo como puedo en mi boquita... tiene la mirada perdida mientras succiono... grita mi nombre, está muy excitado, pero todavía quiero más... me levanto y me pongo a horcajadas sobre él... le follo hasta llegar al clímax, le follo pensando sólo en mí y en mi propio placer. Me da igual si él llega al orgasmo o no y, por primera vez esa noche, me siento poderosa... es algo difícil de explicar... creo que perdí la noción de todo lo que me rodeaba… hasta que obtuve mi premio. Para mi sorpresa, me da la vuelta y me pone a cuatro patas sobre la cama, llenándome desde atrás... Acabo de nuevo lamiendo su sexo, arrodillada frente a él...
- ¿Volveré a verte, Natalie? -me acaricia con suavidad la mejilla.
- Eso nunca se sabe... Por cierto, ahora no se te ocurra empezar a buscar desesperadamente más jovencitas... no es cuestión de edad.
- Jajaja, eres jodidamente lista y encantadora.
Nos besamos y me alejo bajo su atenta mirada en dirección a mi coche.
- ¡Natalie!
- Dime.
- ¿Puedo llamarte?
- Claro, tienes mi número.
- Una cosa más... ¿sólo he sido un capricho para ti, verdad?
La respuesta se queda en el aire. Me doy la vuelta y sigo caminando... sonrío. Arranco el coche, le lanzo un beso y conduzco en dirección a mi casa. Él todavía se queda unos minutos más allí.

Experimentando I
Una de mis más tórridas fantasías ha sido siempre la de tener sexo salvaje con un completo desconocido. En mi fantasía nos cruzamos por la calle, nos miramos, le sonrío y me invita a un Martini que no llegamos a tomar. Él, moreno, elegantemente vestido con traje y corbata, insuperable sonrisa. Yo, melena rubia, vestido negro entallado por encima de la rodilla y zapatos altos de tacón. Apenas cruzamos un par de palabras, no hay preguntas, sólo nos besamos y gozamos en una de las avenidas principales de mi ciudad, con todos los transeúntes como testigos del súbito arranque de lascivia. Es un contacto sensual, obsceno... pornográfico... sus manos recorren la fina tela de mi vestido, acariciando mi cintura y bajando despacio para recrearse finalmente con mis nalgas, apretándolas contra su cuerpo... muerdo fuerte su labio inferior, para lamerlo después e introducir mi mano en el interior de su pantalón y jugar con su sexo húmedo... me conduce a un rincón apartado, se arrodilla, aparta mi diminuto tanga y me hace llegar al orgasmo con su lengua, con la que minutos después inunda mi boca al tiempo que yo me doy la vuelta, apoyo mis manos sobre la pared y le pido que me folle sin compasión ante la mirada atenta de algún curioso que se asoma para contemplar la escena...
La fantasía la cumplí hace años, y a pesar de que el encuentro real no sucedió precisamente de esta forma, fue muy satisfactorio...
Nos conocimos chateando, algo que no hago demasiado a menudo, ya que me aburren sobremanera todo tipo de conversaciones con desconocidos -tan parecidas a las que se pueden mantener en cualquier bar un viernes por la noche- que incluyan las clásicas preguntas "cuestionario". Soy partidaria de la seducción y del coqueteo y huyo de todo lo que esté relacionado con el "ligoteo".
Su conversación me enganchó desde el principio y me descubrió a un hombre muy interesante, con el que congeniaba a la perfección. Dejamos a un lado las preguntas de rigor y nos centramos en conversaciones triviales al principio -teníamos un sinfín de intereses comunes-, que fueron evolucionando a otras mucho más íntimas y personales con el paso de los días.
Su forma de escribir me excitaba muchísimo. Me encantaba cómo utilizaba las palabras, siempre precisas, haciéndome imaginar a un hombre seductor, arrebatador y fascinante que pasó a formar parte de mis sueños más húmedos. No era lo que decía, sino cómo lo hacía...
Las charlas privadas en un salón de Chat pronto dieron paso a otras mucho más explícitas y sugerentes a través del teléfono. La mayoría culminaban con las mejores sesiones de sexo telefónico que he tenido hasta ahora. Únicamente conocía de él su nombre, Roberto, su edad, 34 años -yo entonces tenía menos de 20-, y su sugerente tono de voz, pero le deseaba de una forma insistente y obsesiva y no necesitaba conocer nada más. Le propuse cumplir mi fantasía... tenía muy claro que sólo se trataría de una noche... y aceptó.
Me atraía la idea de llevar la situación al límite, así que no le pedí ninguna fotografía. Puestos a jugar, pretendía que la tensión sexual de nuestro encuentro nos desbordarse a ambos, y una noche, durante una de nuestras fogosas conversaciones, le envié sin previo aviso una fotografía mía: nada especial, primer plano, sonrisa y bronceado veraniego, pero sin mostrarle nada de piel... siempre hay que saber guardarse algo bueno para el final... insinuar, para luego entregarse por completo...
"Soy todo tuyo, tú mandas".
Precisamente lo que yo quería escuchar. Durante los siguientes días, muchos nervios, deseo, ansia por tenerme... justo lo que quería que él me transmitiera.
Elegí el día, el lugar y la hora del encuentro. Él únicamente escogió mi vestuario: un vestido negro corto, entallado en el pecho y la cintura a modo de corsé, sandalias de tacón alto, bolso a juego y, por supuesto, sin ropa interior...

Buenos Días
Por la mañana, después de una intensa noche de sexo, siempre amanecíamos abrazados, él boca arriba, rodeándome con su brazo, y yo enlazada a su pecho, respirando el delicioso aroma de su cuello. Él solía llevar puesto exclusivamente un pantalón largo de algún pijama de Calvin Klein y yo uno de los pantaloncitos cortos de los conjuntos que él me compraba habitualmente. Le gustaban muy atrevidos y que dejasen al descubierto parte de mis nalgas. Siempre tuvo una predilección especial por mi trasero...
Yo me despertaba con la primera claridad del día. Él dormía, su respiración era intensa, penetrante. Me gustaba observarle mientras las escenas de la noche anterior iban viniendo certeras a mi mente, haciéndome recrear de forma muy explícita cada uno de los polvos: las posturas... las palabras de deseo... los gemidos... su olor... su sabor... siempre me despertaba con más ganas de él...
Solía darme la vuelta, poniéndome de espaldas a él, lo que provocaba de forma automática que él hiciese lo propio para abrazarme, quedando de esta forma nuestros cuerpos perfectamente encajados. A continuación retiraba con cuidado la sábana que nos cubría de cintura para abajo y me apretaba contra su cuerpo, frotando mi culito con su sexo con movimientos poco inocentes. Pronto notaba su erección...
"Buenos días, princesa... me encanta que tengas tan buen despertar... "
Yo asintía, mimosa, y él acariciaba mis pechos y me apretaba aún más contra su cuerpo, sin dejar de restregarnos. Me besaba el cuello, lamiéndolo... mordiéndolo... haciéndome gemir y vibrar de placer. Yo colocaba mis manos sobre las suyas y le hacía oprimir con fuerza mis senos. Él retiraba mi pantaloncito y hacíamos el amor con él puesto, de lado, despacio, suave... perfectamente compenetrados... hablándonos... besándonos... tocándonos...
Un orgasmo intenso recorría mi cuerpo y seguidamente me zambullía con codicia entre sus piernas. Tener su miembro en mi boca era lo que más deseaba y mayor placer me daba. Contemplarle mientras se rendía a mi lengua y a cada una de mis succiones era mi mejor regalo... no me cansaba de chuparle y mi boca se antojaba insaciable, recorriendo experta la totalidad de su sexo a un ritmo frenético. Él sabía lo que buscaba y me obsequiaba gustoso con su esencia, lo que venía acompañado de un gemido de satisfacción por mi parte.
Después siempre nos quedábamos en la cama, conversando. Me besaba, me acariciaba, bromeábamos, me hacía reír.
- Voy a preparar el desayuno. Ni se te ocurra moverte, esta mañana desayunas en la cama.
- Mejor nos quedamos abrazados hasta que sea la hora de levantarse... aún queda una hora para que suene el despertador...
- Te traigo al menos un zumo o un vaso de leche, ¿no? Algo tienes que desayunar.
- Sabes que el mejor desayuno lo acabo de tomar hace dos minutos... aunque si quieres darme más ya sabes que estoy dispuesta...
- Te quiero, viciosilla -sonreía y me besaba dulcemente.
- Yo también te quiero.
Me encanta hacer el amor por las mañanas.

Soy como la noche... Te rodeo, te envuelvo, te ahogo, sin ofenderte, sin ni siquiera tocarte...