Lunares
Mi cuerpo guarda en su piel mapas escondidos por descifrar. Descubrir mis lunares es la mejor forma de conocer mi cuerpo... dedicar tiempo a unir cada uno de los puntos, siguiendo la línea imaginaria de la cabeza a los pies, jugando con el suave y aterciopelado tacto de una pluma, la gélida sacudida de un cubito de hielo fundiéndose, el ardor de la lengua y un par de labios, las manos provocando, calentando mi deseo con caricias sublimes... se extravían los sentidos, hierve la sangre...
Recorrerlos uno a uno muy suave, delicada y cálidamente... de forma constante y sutil, dibujando mi piel y alimentando mi apetito, haciéndome vibrar mientras abro la boca para contarlos con los ojos cerrados... uno, dos, tres, cuatro...
Lunares misteriosos, lunares seductores, lunares excitantes, lunares exóticos y otros que guardan multitud de secretos. Lunares que destacan mis puntos fuertes y otros que subrayan las zonas más sensibles y erógenas. Lunar que se repite idéntico en el cuello, en el pecho, en el vientre, entre las piernas... siempre es el mismo. Lunares oscuros, piel canela.
Mi lunar exótico: lunar de nacimiento en forma de media luna situado en el iris de mi ojo derecho. Diferente, muy poco habitual, hace que tenga un ojo de dos colores.
Mi lunar seductor: en la mejilla derecha, junto a la boca, idéntico al que lucía Marilyn Monroe
Mi lunar estimulante: en el cuello. Estimula... y me estimula que lo estimulen...
Mi lunar coqueto: sobre la clavícula derecha.
Mis lunares prohibidos: tres, uno en el pecho izquierdo, otro en el derecho y el último entre ambos, a mitad de camino. Mismo tamaño, mismo color, misma forma e idéntica ubicación y distancia entre ellos.
Mi lunar sexy: junto al ombligo, perfecto para lucirlo en verano.
Mi lunar excitante: en el trasero, en la nalga derecha.
Mi lunar fetiche: uno muy pequeñito en el pie.
Respecto a los lunares masculinos recuerdo con especial cariño tres deliciosos lunares perfectamente alineados en el sexo de un hombre muy especial...
Todos tenemos algún lunar que salpica nuestra piel y nos hace diferentes, ¿cuál es el vuestro?

Confesión
Hay noches que te odio, te odio profundamente. Te aborrezco también durante el día porque ocupas demasiado tiempo en mi mente, en mis pensamientos más obscenos como único protagonista... te desprecio porque la melancolía y los recuerdos del pasado me invaden y necesito escapar de tus besos electrizantes, de tu lengua insaciable, de la perversión de tus palabras, de tu gesto inalterable de canalla... de tu sexo excesivamente salvaje... y no puedo hacerlo... me pierden el morbo y las ganas, me provocas un deseo desenfrenado, me vuelves loca sexualmente...
Te detesto por acosarme a todas horas con mensajes depravados y viciosos que me hacen enloquecer, por buscarme desesperado... y encontrarme. Te maldigo por mantenerme en un estado de ardor constante, por ser tan jodidamente sexy y seductor, por tus elegantes y exquisitas maneras fuera del dormitorio... sí, sólo fuera del dormitorio.
Te odio por adentrarme en los suburbios más oscuros del placer una y otra vez... por conocer a la perfección qué botones de mi cuerpo presionar para conseguir de mí todo lo que se te antoje... y me desprecio a mí misma cuando, en el éxtasis del delicioso orgasmo, completamente vestida con nuestros respectivos jugos, escucho el sonido de mi móvil a lo lejos... una llamada de ÉL, siempre a deshoras, atormentándome de nuevo... y entonces me odio por haber descendido del cielo al infierno contigo...
Sí, lo sé, hay noches que tú también me odias... me desprecias porque no buscas dependencia sexual ni sentimental con ninguna mujer, pero desde que nuestros cuerpos se fundieron vives adicto al sexo que tienes conmigo, a un placer que nunca antes habías sentido y que te mantiene esclavo por completo... y te descubres por primera vez débil y acosador, esperando ansioso el próximo encuentro, una llamada o un mensaje que te confirme que nos veremos esa noche.
Me odias porque estás acostumbrado a utilizar a las mujeres a tu antojo, habituado a llevar el control, y te desquicia haberlo perdido con una jovencita que te somete la mente y el cuerpo de una forma tan sutil... musa de tus fantasías y de tus noches de placer en solitario...
Me aborreces porque no puedes maquillar que te impone mi edad, mi seguridad, mi personalidad, mi éxito profesional, mi vida... y me maldices cuando intentas impresionarme, tratándome como una princesa, cumpliendo todos mis caprichos dentro y fuera del dormitorio.
Me detestas cuando te intentas convencer de que terminaré siendo tuya, de que eres el hombre que necesito, y así me lo haces saber... y yo sonrío con picardía... me pides exclusividad y no puedo dártela, y eso te trastorna...
Me odias profundamente cuando me susurras que lo nuestro durará hasta que yo quiera, que estás inevitablemente a mi merced, que tengo las riendas para hacer y deshacer, para evolucionar a una relación seria o continuar con el sexo desenfrenado sin compromiso, y entonces yo me pregunto dónde está el hombre maduro, tan seguro de sí mismo, ejecutivo agresivo de éxito, canalla y mujeriego que conocí...
Por cierto, como última confesión, las noches en las que yo te odio y tú me odias son increíbles...
CANCIÓN: LAS DE LA INTUICIÓN (SHAKIRA)
No me preguntes más por mí,
si ya sabes cuál es la respuesta...
desde el momento en que te vi sé a lo que voy.
Yo me propongo ser de ti una víctima casi perfecta,
yo me propongo ser de ti un volcán hoy.
El amor tal vez es un mal común,
y así cómo ves estoy viva aún...
será cuestion de suerte.
Creo que empiezo a entender...
...despacio, despacio, comienzas a caer...
Nos deseábamos desde antes de nacer...
...te siento, te siento, te siento estremecer...
Tengo el presentimiento de que empieza la acción...
...adentro, adentro, te vas quedando...
Y las mujeres somos las de la intuición...
...así, estoy dispuesta a todo amor...
Yo te propongo un desliz,
un error convertido en acierto...
Yo me propongo ser de ti un volcán hoy.
Creo que empiezo a entender...
...despacio, despacio, comienzas a caer...
Nos deseábamos desde antes de nacer...
...te siento, te siento, te siento estremecer...
Tengo el presentimiento de que empieza la accion...
...adentro, adentro, te vas quedando...
Y las mujeres somos las de la intuición...
...así, estoy dispuesta a todo amor...

¿Los Niños siempre dicen la Verdad?
Mi prima Penélope es mi fan número uno. Lo suyo conmigo es auténtica devoción. A sus ojos todo lo que me rodea es perfecto, yo soy divina, la más guapa, la que mejor viste, la más elegante y todo lo que ella quiere ser cuando sea mayor. Es lógico, sólo tiene nueve años y soy su prima mayor.
Penélope es una preciosidad rubia de ojos verdes que sin duda volverá locos a los hombres dentro de algunos años. Inteligente, bastante madura para su edad, reservada y moderada a la hora de expresar sus sentimientos, muy caprichosa, sabe perfectamente cómo conseguir siempre lo que quiere.
Si a mí me adora, a D. -mi pareja durante cuatro años, ahora ex-, le procesa un amor incondicional. D es un hombre fascinante, con una personalidad tan sumamente atrayente que consiguió ablandar el impenetrable corazoncito de mi prima desde el primer día sin problemas. Ella no podía evitar sonrojarse cuando paseábamos y él le daba la mano o un tierno beso en la mejilla, y su mejor regalo era recibir una inesperada llamada o una postal de él desde cualquier rincón del mundo.
"Prima, es tan guapo..."
"A mí los chicos de mi edad no me gustan, yo de mayor saldré con un hombre como él, igual que tú". Me suena esta frase... una joyita, mi prima...
Para ella -y para el resto del mundo- éramos la pareja perfecta y creo que jamás me perdonará haber cortado mi relación con él. Siempre recordaré cómo me clavó su mirada triste y llorosa el día que le dije que D. ya no vendría tan a menudo a su casa y que ya no iríamos los domingos los tres al cine o a merendar. Sé que no lo entendió, cómo podía hacerlo si ni siquiera para mí tenía una justificación coherente. Cómo explicarle que el mundo del amor no es de color de rosa y que los príncipes azules y las relaciones perfectas no existen... que a veces el amor no es suficiente...
Todavía conserva una fotografía de los tres, sonrientes y felices, en la mesilla de noche, junto a su cama. A ella también le resulta difícil deshacerse de algunos recuerdos.
El sábado por la tarde quedé con ella, tenía que hacer unas compras y a Penélope le encanta ver cómo me pruebo modelitos. Pese a su corta edad le vuelve loca todo lo que tenga que ver con la moda. Eso sí, no le hables de Inditex y sus marcas, ella es una niña chic de ropa cara de firma.
Hacía mucho calor, así que entre tienda y tienda, con mi tarjeta de crédito temblando pero resistiendo airosa, nos sentamos en una terraza para refrescarnos.
Estábamos conversando de lo bien que le iba en el colegio. De repente, sin motivo aparente, deja de hablar, me mira fijamente, cruza su pierna izquierda sobre la derecha como una damita y, muy seria y digna, sin titubear, me lanza la siguiente pregunta:
"Prima, ¿cómo pudiste dejar a un hombre tan maravilloso?"
En ese momento me atraganto con el zumo de naranja recién exprimido que estoy sorbiendo. Sigo sin tener respuesta para esa pregunta.
"Dile que me llame algún día, por favor"
Cuando, después de casi un año, te siguen lloviendo comentarios como éste -incluso en boca de una niña de nueve años- es lógico que a una le sea imposible olvidar y se plantee ciertas cosas...

Juegos Salvajes
Juego a ser Dios y digo sí a tu lengua y quiero más...
Juegas a ser Dios y dices sí a mi sexo y quieres más...
Juego a ser Dios y digo sí a tu mente y quiero más...
Juegas a ser Dios y dices sí a mi cuerpo y quieres más...
Soy una adicta a las emociones fuertes y quiero más... siempre quiero más...
Excesiva en el sexo...
Excesiva en el amor...
Excesiva en tu cama...
Excesiva en tu mente...
O todo o nada... saltemos juntos al vacío.
Esta noche jugaré contigo lentamente, dándote…
... quitándote, me apetece hacerte sufrir…

Hay besos que despiertan todos los deseos, los más profundos, los más sensuales y los más salvajes... y los suyos son escandalosamente eróticos...
Conóceme por mis Zapatos
¿Reflejan la personalidad? ¿El poder? ¿El estatus social? ¿El sexo?
Sin duda, todo esto y mucho más. A través del calzado y de la forma de caminar de una mujer se pueden adivinar muchos aspectos de su personalidad, por ejemplo, su nivel económico, si es liberal, conservadora, femenina, clásica, excéntrica, segura de sí misma, elegante, seductora...
Objeto de culto de las mujeres e indiscutible fetiche para muchos hombres -trataré este tema en primera persona en un post-, el zapato es un accesorio importantísimo porque es la culminación de lo que se lleva puesto, además de ser un elemento estético en sí mismo.
Una de las muchas facetas que he heredado de mi madre es su exquisito gusto por el calzado, en el que, al igual que en los bolsos, no escatimo en gastos, pudiendo ambos llegar a alcanzar cantidades prohibitivas.
Y es que... me encanta mimarme y mimar mis pies...
Desde que me independicé economicamente se han convertido en un puro objeto de deseo. Zapatos y sandalias de diseño con tacones imposibles que me hacen soñar y, lejos de martirizar, me causan un inmenso placer. Encaramada a ellos me siento poderosa y femenina, al unificar la elegancia, el glamour, la sofisticación y la calidad.
..."La seducción viste tacón"...
Mi sello personal es el estilo de mis zapatos. Tanto hombres como mujeres siempre me recuerdan por mi calzado y la forma que tengo de caminar. Tan sólo escuchando el sonido de mis tacones -muy característico, o eso dicen-, asocian rápidamente que estoy cerca. A Carlos, mi enganche sexual, le vuelve loco sentarse junto a la ventana cuando quedamos en su casa para poder deleitarse con el cla, cla, cla mientras me contoneo sonriendo hacia él... despacio... con los zapatos que tanto le excitan.
Y, por supuesto, como buena amante de los zapatos, disfruto mucho haciendo el amor con la lencería adecuada y unos buenos tacones... pero ése ya es otro tema...

Lo que me gusta de Ti
- ¿Saben tus papás que vas a pasar la noche con un pervertido que vive obsesionado por follarte a todas horas?
- Debería decirles también que me acosas constantemente... eres un capullo prepotente y te quiero dentro ya.
- Y tú una putita deliciosa...
- Y a mí me vuelven loca tus palabras de "cariño", cuanto más bizarras, ardientes y groseras mejor.
- Estás cansada de que los hombres te cubran de piropos y palabras bonitas. Yo te digo todo lo que siempre has querido escuchar y nunca se han atrevido a decirte... y actúo en consecuencia. Joder Natalie, cómo me pones...
Carlos sabe cómo hacerme llegar al cielo con sus palabras, cómo excitar mi mente, mi cuerpo y todos mis sentidos. Ningún hombre hasta ahora me había hablado de forma tan clara y directa, con tanto descaro y atrevimiento, y eso me fascina. Mientras me penetra me clava su mirada de hombre poderoso y canalla, me susurra al oído sus más bajos instintos, todo lo que le hago sentir y que le tiene totalmente entregado...
Nos besamos. Es un beso sucio y caliente, de lengua profunda lamiéndome por dentro, llenándome la boca... La misma lengua que juega segundos después entre mis piernas, una lengua áspera y exigente, sin delicadeza alguna... una lengua que toma y no pide permiso... que me hace sentir un mar entre los muslos...
Abarcas mis pechos y los moldeas a tu capricho. Tus manos no acarician... amasan; no cosquillean... pellizcan. Yo te ayudo con las mías, sintiendo la presión y cómo mis pezones se endurecen y desean tus mordiscos... Y me muerdes, claro que sí, primero la boca hasta que me llena el regusto presentido de mi propia sangre... luego los pezones hasta hacerme gritar de placer y dolor. Te tanteo la bragueta, lucho con la cremallera con dedos impacientes mientras sigues comiéndome los pechos. Escarbo en tu pantalón y tu verga dura, caliente y húmeda me llena la mano. Me sueltas los pechos y clavas dedos como garras en mi trasero...
No, no te quiero, pero haces que me sienta mujer...
Me muevo como una fulana, una buscona, porque contigo lo soy, porque el amor es una cosa y esto otra bien distinta... todo se vuelve rojo, falta el aire, se pierde la noción de la propia identidad... dos animales copulando, yo exprimiéndote la verga con los músculos de mi pelvis, sintiendo tu miembro a punto de explotar, necesitando sentir tu calor en mi interior...
Este deseo entre los dos va más allá de los límites. Es un deseo obsesivo, creciente con el paso de los meses, desmedido, casi enloquecido, violento... esclavizante. ¿Enfermizo? Lo es, y a mí me estimula y alimenta mi apetito insaciable...
Cuando la pasión es tan fuerte es como una droga: te exalta, pero a su vez crea una fuerte dependencia, por lo que es probable que se convierta en adicción. Y ¿qué ocurre entonces cuando no recibes tus dosis diarias, dosis que necesitas forzosamente?
La mayoría de las relaciones entre amantes pueden asemejarse a la que mantiene un adicto a las drogas con la persona que se las suministra. La persona que tiene la mayor adicción es la que sufre la adicción a las drogas y la que tiene la menor adicción es la que se las suministra, siendo ésta última la que controla la relación, pudiendo, por ejemplo, llegar a "manipular" a la persona que necesita la "droga" dándole más dosis, menos o retirándoselas del todo (en mi caso esta última opción no se plantea).
Se presenta entonces una guerra de control para ver quién "manipulará" a quién. ¿Quién será el suministrador y quién tendrá la adicción?
Me tienes atrapada... sé que no te amo y que no me convienes, pero cuento los minutos que me separan de tu boca, de tus manos y de tu sexo... Te sueño a cada instante, te siento, te huelo, te deseo... completamente adictos el uno al otro... a la humedad constante, al placer sin límites, a la lujuria extrema...
Mi única salvación es encontrar de nuevo el amor... aquél que me mantenga a su lado por amor y no sólo por la pasión, por su nobleza y no por la rudeza... que me libere de ser una esclava de tu cuerpo...
...Pero mientras ese amor llega seguiré saciando mi adicción contigo... no tengo prisa...

Conóceme por mi Perfume
...Por una petición especial...
¿Cuánto puede definir la personalidad de alguien el perfume que lleva? Escoger una fragancia es todo un arte porque el perfume es un medio de comunicación con el que constantemente enviamos mensajes y revelamos muchos aspectos de nosotros mismos. Tanto para el hombre como para la mujer puede ser un arma básica de seducción y muchas personas con las que nos relacionamos a lo largo de nuestra vida siempre nos recordarán por nuestra fragancia... los recuerdos volverán certeros a su mente con tan sólo volver a percibir ese aroma...
La modista francesa Coco Chanel decía que “el perfume es una dimensión interior de la femineidad que, sobre todo, expresa de una manera particular aquello que no se puede decir de otro modo”.
¿Qué dice vuestra fragancia de vosotros?
La mía es mi vestido más preciado: Angel Innocent By Thierry Mugler, un auténtico eau de parfum con personalidad propia.
"Perfume para una mujer "inocentemente traviesa" que lleva en sí los candores de la niña y los deseos de la mujer. Le gusta jugar y provoca la tentación de un modo inconsciente. Ella es el fruto prohibido deliciosamente peligroso. Es una mujer fascinante que perturba incesantemente los sentidos y los sentimientos, dejando una estela sorprendentemente femenina, portadora de una tenue inquietud de la mente y de los sentidos...
El perfume de las mujeres llenas de vida, que abrazan con una mirada infantil, deslumbran con inocencia y seducen sin proponérselo. El perfume de las mujeres que perturban incesantemente la calma de los sentidos y de los sentimientos, ya sea por placer y deseo de jugar, por desenvoltura e inocencia, o simplemente por curiosidad... "
Definitivamente, sí, es mi verdadera esencia...

El Placer de lo Prohibido
En el sexo para mí es lícito acudir a todo lo que incremente el placer, es más, no hacerlo me demuestra en la otra parte un claro signo de inmadurez e inseguridad. No se debe esperar a que la sexualidad simplemente ocurra, porque si se hace así se degrada y el deseo muere. La práctica de la sexualidad demanda imaginación, espontaneidad y aplicación para obtener siempre el máximo placer.
Una de las técnicas que empleo con mayor frecuencia es apelar a lo prohibido, como, por ejemplo, hacer el amor en lugares donde uno pueda ser descubierto o recurrir a fantasías y situaciones morbosas. Jugar con lo prohibido es uno de los caminos más placenteros para lograr la excitación...
Nos enamoramos locamente y para D. todo aquello representaba el acceso a otro mundo, la entrada en un universo nuevo de sensaciones junto a mí donde nada estaba prohibido mientras respondiera a la imponderable búsqueda del placer. Un hombre maduro que se comportaba como un niño que sólo tiene la obligación de aprender, un niño que empieza a descubrir el mundo tal cual es, libre de tapujos y de prejuicios, carente de límites... un niño que se entregaba a mis deseos, a mis perversiones y a mi constante afán por poseerle a todas horas... por mantenerle en un estado de fiebre constante...
"Fóllame", le susurré una noche en la king size bed de la habitación de un precioso hotel en Milán. Mi hermano, dos años menor que yo, dormía plácidamente en la cama de al lado, sin sospechar que aquella misma tarde, mientras se duchaba después de una intensa jornada de compras por la ciudad, él me hacía el amor salvajemente rodeada de ropa de las mejores firmas.
Aquello era demasiado para él, y yo lo sabía, pero nunca supo negarse a mis caprichos. Le sonreí traviesa y deslicé mi lengua por su cuello, mordisqueándolo dulcemente.
- Natalie, no me pidas eso...
- Vale, lo que tú digas -le guiñé un ojo y me deslicé bajo las sábanas, colándome entre sus piernas.
- Natalie, no... por favor...
Con el contacto húmedo de mi boca rápidamente noté cómo su cuerpo reaccionaba, cómo su sexo despertaba y me inundaba, independiente del miedo y la negativa iniciales.
Sí, ya sé que te encanta mirar cómo te chupo, te lamo, te acaricio... a mi también me vuelve loca observarte mientras gozas... no apartes tus ojos de los míos, yo no lo haré en ningún momento...
Ahora abriré mi boca ligeramente y humedeceré mis labios con la lengua para atormertarte y provocarte aún más... los acercaré así, mojados, a tu miembro caliente... respiraré sobre él, sacaré de nuevo mi lengua y te haré llegar al cielo...
Ssshhhh, retuércete de placer, pero no gimas... pueden oírnos, ¿recuerdas?... agárrame fuerte del pelo, pierde el control, castígame, sabes que es lo que más deseo... aprieta fuerte mi cabeza contra tu miembro y penetra mi dulce boquita sin compasión... sí, justo así...
Sé cuando tengo que parar, atormentar es bueno, pero hasta cierto punto... he conseguido lo que busco, despertar su lado salvaje, y me coloco sobre él a horcajadas, hundiendo su cara entre mis pechos al ritmo que entro y salgo de él violentamente. Muerde mis pezones con fuerza, me hace daño, y yo clavo mis uñas en su espalda con más energía... nos miramos... gestos y expresiones de continuo placer que ahogamos en besos ardientes, ni un sólo gemido... el éxtasis del morbo...
Me conduce al cuarto de baño, dejando la puerta ligeramente entornada. Apoyada sobre el lavamanos, con la imagen de ambos sudorosos y jadeantes en el espejo, le ofrezco todo mi cuerpo... agarra mis caderas y entra sin avisar hasta el fondo de mi sexo... "¿No es esto lo que querías?"... no puedo ahogar un suspiro de placer y él se apresura en tapar mi boca con las manos, metiendo sus dedos dentro para que los chupe y muerda... con cada embestida su vientre choca contra mis nalgas con un sonido delicioso...
Mi múltiple orgásmica respuesta fue precedida de verdaderos gritos silenciosos de delectación...
El morbo de lo prohibido... la búsqueda del sexo peligroso... un gozo inesperado, un placer clandestino... el miedo a ser descubiertos... una aventura arriesgada y una experiencia religiosa...

Seducción en París
Conocí a Ivette en una de las clases de la facultad que resultaban tan aburridas para ambas y, a pesar de la diferencia de edad, nos hicimos íntimas amigas. Ivette es francesa, vive en una pequeña mansión a las afueras de París con su marido y tiene una vida fabulosa. A pesar del paso de los años no hemos perdido el contacto ni la amistad y siempre que a ambas nos es posible hacemos pequeñas escapadas -yo a París y ella a mi ciudad- en las que disfrutamos recordando nuestras vivencias universitarias.
Ivette y su marido son unos anfitriones excelentes y durante mis estancias en su villa suelen organizar fiestas en las que abunda el champagne y una amplia variedad de la mejor selección de vinos, quesos y foie de la gastronomía francesa.
Los grandes ojos azules de Ivette brillaban con esa chispa de picardía tan usual en ella cuando esa noche me presentó a Jean-Michele, un hombre ligeramente más alto que yo, bastantes años mayor, alrededor de los 40, de aspecto agradable, traje de diseño y sonrisa perfecta. Sus ojos podían ser grises, verdes o azules, pues cambiaban de color a cada momento, incluso cuando se posaban osados en los míos y parecían penetrar mi mente.
Con perfectos modales franceses condujo mi mano con delicadeza hasta la altura de sus labios, la dio la vuelta y la besó en la palma con suavidad, pero dejando sentir la punta de su lengua, sin dejar de mirarme directamente a los ojos. En aquel instante sentí sus pupilas recorrer todo mi cuerpo y me estremecí de satisfacción. Me gustan los hombres que no juzgan y dedican tiempo a observar a una mujer, que la estudian, que se recrean...
"Encantado, es un gran placer y espero que llegue a ser mayor aún, pero antes debo advertirle que sufro una manía incontrolable: me obsesionan las mujeres rubias con ojos grandes"
Seductor, descarado, presuntuoso, poderoso, muy seguro de sí mismo: mi tipo ideal. Supe perfectamente el papel que debía jugar con él.
Bebimos vino -blanco para mí y tinto para él-, coqueteamos, reímos, nos susurramos confidencias al oído en francés, nos excitamos... Apuré mi copa de vino, la deposité en una mesa cercana, le sonreí seductora mientras jugaba con los abalorios de mi collar y caminé en sentido opuesto al suyo, sintiendo durante el trayecto el influjo de sus ojos sobre mi nuca, mis piernas... y en mi trasero. Me volví y, efectivamente, ahí estaba él, mirándome con un enorme cinismo y deseo.
Me dirigí a uno de los balcones con vistas a los jardines que estaban iluminados artificialmente, pero de una manera artística, de tal forma que los setos y los árboles parecían brillar por si mismos, creando un ambiente deliciosamente mágico y sensual. Pronto escuché un ruido detrás de mí y no sentí ninguna sorpresa al volver la mirada y encontrarme con la de Jean-Michele, que cerró las puertas de acceso al balcón e incluso echó la aldaba para impedir que alguien más entrara allí. Se acercó lentamente hacia mí y seguimos con el juego.
– Usted tiene una lengua ríspida, mademoiselle, tanto como la mía. Eso es raro en una mujer de su edad.
– Y usted, monsieur, tiene una boca demasiado osada.
– Tan osada como para haber dicho que usted me resulta increiblemente atractiva, pero ahora no es lo suficientemente atrevida como para expresar cuánto ha crecido la excitación que usted me provoca. Estoy seguro que disfrutaré enormemente cuando hagamos el amor.
– Seguramente así será, monsieur, pero en su imaginación, porque ésa es la única manera en la que usted podrá satisfacer sus deseos –le dije con una sonrisa triunfal, dándome la vuelta con la intención de alejarme de él-, no piense que yo pudiera estar dispuesta a satisfacer alguna de sus perversiones.
- Mi obligación y mi privilegio será acosarla, mademoiselle -agarró con fuerza mi brazo-. La acosaría sin descanso, la perseguiría día y noche, sin darle descanso, la acosaría minuto a minuto, hasta que usted, exhausta y excitada, se rindiera completamente. Entonces yo la montaría y mis dientes la prenderían del cuello sin piedad hasta sentir el sabor de la sangre, y usted quedaría a mi merced hasta que yo me encontrara completamente satisfecho... ¿Y después? Tal vez yo la dejaría a un lado y me iría a buscar nuevas aventuras...
Aquellas palabras me excitaron como nunca antes ningún hombre lo había hecho. Jean-Michel soltó la presión de mi brazo, me miró con intensidad y tomó suavemente mi mentón, acercando mi rostro para besame. Me dejé hacer, permitiendo que su lengua rebuscara dentro de mi boca. Él me tomó ambas muñecas con una mano y usó la otra para desanudar el tirante que detenía la parte superior del vestido, de manera que pudiera tocar mis pechos... Sus diestros dedos hurgaron bajo el tanguita hasta que encontraron el camino para deslizarse hacia dentro, con firmeza y facilidad, pues estaba muy húmeda...
– ¿Me haría el favor de abrir sus piernas, mademoiselle Natalie? Estaría sumamente satisfecho de penetrarla ahora.
– Si usted piensa violarme, será sin mi cooperación y, créame, le tomará muchísimo tiempo.
El rió abiertamente, echando su cabeza hacia atrás y separando con violencia mis piernas, a lo que respondí con un intenso gemido de placer. Sin dejar de besarnos, me tomó de la cintura y me levantó en vilo, colocándome contra la pared y consiguiendo que el contacto y el beso alcanzaran el nivel máximo de excitación.
Sus labios no dejaban de presionar y yo abría los míos para permitir el juego de su ardiente lengua dentro de mi boca. Sentía cada uno de sus músculos como si fueran el complemento justo de los míos, ambos en gran tensión, como animales salvajes a punto de aparearse, degustando nuestros cuerpos con la lengua y embelesados con la aromática humedad de las más íntimas ofrendas...
Follamos a un ritmo frenético que me llevó al extremo del placer en el momento en que sus labios dejaron mi boca y se posaron en mi cuello, succionando de una manera irresistible al ritmo de la penetración salvaje.
No tardamos demasiado en llegar al climax, y cuando me retiré al lavabo y me observé en el espejo no pude evitar sonreír con picardía: el peinado deshecho completamente, esparcida la melena rubia sobre el rostro, tanto que casi me impedía ver. Sudorosa, aún jadeante, las mejillas enrojecidas y su olor por todo mi cuerpo. Un aspecto de lo más salvaje... coherente con mis emociones. Dediqué el tiempo necesario para arreglarme y regresé de nuevo a la fiesta y a su deliciosa compañía.
A la mañana siguiente un ramo de rosas de tallo largo y tan rojas que el tono llegaba al púrpura adornaban mi habitación.
J'adore Paris...

Soy como la noche... Te rodeo, te envuelvo, te ahogo, sin ofenderte, sin ni siquiera tocarte...