Despiértame
Estás en la puerta, lo sé.
Sabía que no podrías resistirte... una vez más...
He dejado la llave escondida donde siempre. Mientras la introduces sigilosamente en la cerradura miro el reloj y compruebo que son las cuatro de la mañana. Te adentras en la penumbra de la casa y, aunque es imposible que perciba desde mi cama lo que ocurre dos pisos más abajo, siento tu respiración agitada en la oscuridad. Quizá no sean más que mis latidos, acelerados por el ardor de saberte desorientado y deseoso a tan pocos metros de distancia.
Antes de que emprendas la escalada, me observo con ánimo en el espejo de mi habitación. Contemplo mi figura, humedezco mis labios y me atuso el pelo ... todo bien. Adivino algo obsceno y lascivo en mi mirada que me encanta... Es la urgencia por verte, olerte, comerte... es la humedad que aumenta caprichosa entre mis piernas... son las palpitaciones que me queman...
...Ven, arráncame la piel... despiértame las ganas... gózame... Quiero sentirte, recorrer todo aquello de lo que me siento dueña y soberana... explorar cada resquicio de tu cuerpo con mis labios hambrientos...
No puedo evitarlo... le deseo. Cada vez que se acerca me enciende la sangre y se alborota la excitación propia de lo secreto… de lo que para todos es prohibido... por eso dejo que juegue conmigo, que me llene una y otra vez, que invente paraísos, que haga planes y me susurre cosas que tal vez podamos volver a cumplir...
Mientras subes las escaleras me inundan los placeres del último encuentro y me recorre el sabor incomparable de lo que me provocas, el dulce y lascivo aroma de tus pasos acercándose... el delirante y reconfortante gusto de tu mirada depositada en mis curvas... el sabor inconfundible del abrazo de nuestras lenguas en perfecta complicidad.
Te espero tendida boca abajo sobre las sábanas, luciendo mi trasero, siempre apetecible con un conjunto de ropa interior negra... cada milímetro de mi piel expuesta ante tus ojos... deseo que disfrutes y uses cada detalle de mi anatomía. La boca ligeramente entreabierta, los ojos cerrados, mojada y excitada mientras te cuelas en mi habitación y te imagino bajándote la cremallera, sabiendo a la perfección qué hacer conmigo...
...Es tu excitación lo que me provoca... podría alcanzar el cielo sin que me rozaras....
Tus instintos animales, ésos que son imposibles de controlar y tanto me desatan, se apoderan de ti y tu primer e indomable deseo es el de recorrerme entera con tu lengua, desnudándome, arañándome la espalda, las caderas, las piernas... clavando los dedos con fuerza en mis nalgas, que ansían tus mordiscos...
Suspiros y mis uñas rasgando la sábana como única respuesta... permanezco inmóvil y jadeante, presa de la lascivia... no puedo vivir sin ella y sin un hombre que sea capaz de sorprenderme y seguirme el juego... lo que busco es llegar al límite del deseo, al extremo en el que éste se convierte en irrefrenable.
...Porque tu contacto y lenguaje obscenos alimentan mis ganas, porque me muero por liar telarañas que enmarañen tu razón, por volverte loco, por hacer que olvides que hay un mundo más allá de estas cuatro paredes...
Dos dedos en mi boca para que los chupe mientras libero tu verga de los bóxer, lista para mí. Muerdes mis labios y con la punta de la lengua los dibujas hasta llegar a penetrar mi boca. Sonríes y leo en tus ojos una orden que me muero por realizar...
Me recorre una intensa oleada de placer que me hace perder por completo el control cuando frotas tu verga empalmada entre mis pechos, hincando mis pezones... subiendo por mi cuello hasta llegar a mis labios para terminar clavándola en mi boca... y me zambullo por fin entre tus piernas, buscando con la lengua tus temblores, tus latidos, tus suspiros...
Gemidos y tus manos que agarran mi cabeza, haciendo presión para que hunda más la lengua en tu cuerpo, dirigiéndome con ansia... Mi boca bombea arriba y abajo, abajo y arriba...
...Quiero seguir así, sintiendo las sacudidas que da tu cuerpo, notando cómo te arqueas para facilitar que te devore... Cada vez te agarras con más fuerza a mi pelo, me haces daño, pero da igual, me encanta sentirte así de excitado, saber que de un momento a otro te derramarás entero me vuelve loca...
Dime que te gusta...
Me encanta...
Pierdo la noción del tiempo, porque el tiempo no importa cuando estoy sumergida entre tus piernas... lo disfruto hasta que tu cuerpo comienza a temblar de manera descomedida, y la presión de tus dedos en mi cabeza se descontrola hasta provocarme dolor... Y de repente me sueltas, tu cuerpo se arquea por completo, te escucho ahogar de placer, te agarras a las sábanas, tus músculos se relajan y quedas tumbado ante mí... los ojos cerrados, el ritmo de tu respiración remitiendo, el rostro relajado, los labios húmedos y tu néctar derramándose por la comisura de los míos...
...Al paraíso se llega en un segundo. El silencio de la noche nunca ha sido tan estridente...
...Sin embargo, la noche no ha hecho sino comenzar...
Un Año Después
- Ya ha pasado un año -tomo mi copa de vino y la apuro hasta el último sorbo.
- Sí, un año desde que tú me abandonaste -levanta la mirada del plato y sus labios se curvan, dibujando una sonrisa irónica.
Nos miramos fijamente durante unos segundos, sin pronunciar palabra, sabiendo perfectamente lo que piensa el otro. Él clava su pupila verde en la mía, silenciosa y oscura, mientras el camarero se acerca a nuestra mesa y nos sirve vino blanco. Siento la expresión inescrutable de sus ojos y él el calor de los míos.
Rememoro lo vivido aquella noche, hace un año. Me siento extraña, como si inexplicablemente aún tuviera mucho que decir, pero sin saber por dónde empezar y, una vez más, siento la necesidad de justificarme. Mi sonrisa, siempre eterna, desaparece. Él coge mi mano con ternura, mis sentimientos atropellan a mis palabras y me siento indefensa, vulnerable... más niña que nunca.
- ¿Sabes una cosa, princesa? Lo hubiésemos superado.
- ¿Por qué estás tan seguro?
- Porque ninguno de los dos volveremos a amar así.
Fue una decisión difícil, no fue compartida, eso es cierto, pero no la tomé a la ligera. Hubo gente de nuestro entorno que pensó que enloquecí, algunas féminas se alegraron y otros tantos caballeros mostraron interés por consolarme.
"¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?"
¿Cómo olvidarlo? Una mirada serena y transparente que me cautivó... una sonrisa sincera y pícara que me sedujo. Fue un amor a primera vista, un flechazo inmediato. Un amor desbordante y una pasión intensa que derivaron con los años en posesión y obsesión crecientes, a medida que yo maduraba y me hacía más independiente, ambiciosa e interesante a los ojos de los hombres. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, sé que la posesión siempre estuvo ahí, de manera muy sutil al principio... sin miramientos durante los últimos meses.
Sin embargo, siempre hay circunstancias que no se pueden controlar y que actúan como factores desencadenantes...
Él no sabe que guardo en lo más profundo de mi alma un secreto insondable. A veces imagino que estamos bajo la lluvia y le confieso mis pecados. Uno por uno los voy descubriendo, pronunciando lentamente cada palabra, arrepintiéndome, tal vez, de lo que hice. Las gotas de agua caen sobre mi frente, están limpiando mi rostro, mis labios, mi cuerpo... mi conciencia...
"Desearía que no fueras tan dulce, tan adorable... tan provocativa..."
Sonrío. Mi invitación para cenar juntos no ha sido algo casual. Una imagen muy explícita de ambos practicando sexo lleva varios días calentándome y no acostumbro a reprimir mis deseos. Sí, suelo conseguir siempre lo que quiero. En estas circunstancias no sé si es lo correcto, pero no me importa.
Nada ha cambiado, siento el poder que ejerce mi feminidad sobre él, sus ojos verdes se clavan en mí constantemente y percibo cómo recorren mi cuerpo, insinuante bajo un vestido que ahora me ahoga. Queremos devorarnos, queremos que el mundo se detenga, certeros de que seguimos sintiendo algo parecido al amor. Él me penetrará... despacio, con un leve movimiento que se hará cada vez más intenso... nadie como él conoce mi cuerpo... nos reiremos, no dejaremos de mirarnos y acariciarnos, nos besaremos mil veces y estallaremos de placer al unísono... extasiada, exhausta, sin poder respirar, nos quedaremos en silencio, él clavado en mí y yo atada a él... me sentiré suya y de nadie más.
- ¿Sabes en qué estoy pensando? En lo que voy a disfrutar observando en el espejo de tu habitación cómo me llenas desde atrás... mis nalgas bronceadas chocando contra tu vientre con un sonido delicioso...
- Natalie...
- Venga, tonto, sé que te encanta y que te mueres de ganas... igual que yo.
Despedirse a la mañana siguiente fue difícil para los dos.

Adicta al Placer
Salimos a cenar a ese restaurante que tanto le gusta. Un sitio encantador, íntimo y exótico en un patio ajardinado situado en una de los barrios más exclusivos de la ciudad. En medio de una gran urbe repleta de coches y gente, se me antoja un pequeño oasis de paz, tranquilidad y placer para los sentidos. Ha sido una semana estresante de trabajo para ambos y esa noche disfrutaremos de los excesos carnales.
- ¿Has estado alguna vez aquí, preciosa?
Sonrío.
- No -miento-, es perfecto. Me encanta, y tú me vuelves loca.
Me visto para la ocasión con un vestido que pronuncia todas mis curvas. Elegante, sugerente, blanco e inocente... me da ese aire de falsa ingenua que a él tanto le provoca y a mí, en ocasiones, me gusta potenciar.
El ambiente romántico del lugar contrasta con el torrente de sentimientos desenfrenados y pensamientos lascivos que nos recorren a ambos sólo con una mirada... la palabra que define nuestros encuentros es, sin duda, lujuria... un apetito desmesurado de los placeres sexuales...
La cena en un restaurante caro es un puro trámite entre nosotros, pero incita a la seducción, a la provocación y a la tensión sexual, y eso... no tiene precio. A menudo nos seduce la idea de abandonar los intensos encuentros sexuales en su casa, trasladar nuestro juego perverso entre amantes y "dejarnos ver". Entonces somos el centro de las miradas, nos desean, nos envidian, no escondemos nuestra pasión, y lo disfrutamos. Le estimula mirarme y que ellos me deseen. Me encanta mirarle y que ellas le codicien.
Dos Martinis de aperitivo mientras decidimos el menú. Conversamos sobre las vacaciones. Saboreamos una cena y un vino exquisitos, como siempre. El alcohol empieza a hacer efecto y el diálogo va derivando. Estoy deseosa, ardiente, excitada... muy caliente...
...Imagino tu lengua en mi sexo, tus manos presionando con fuerza mis nalgas al ritmo de la penetración salvaje... sí, sí, dale caña a mi cuerpo, cielo...
Sus ojos no pueden ocultar el deseo, pero necesito comprobarlo... sentirlo... No me importa dónde. Me encantaría que me metiera mano descaradamente. Le provoco...
...Tu mirada lasciva me invita a seguir... te distraes con el movimiento de mi mano, que se ha colado debajo del mantel, tal vez imaginando mis deditos... soñando con las caricias que me regalo, que en realidad son las tuyas... preguntándote si estaré rozando mis ingles o si ya me abré sumergido en el interior de mi sexo... Te haces a mi placer, a nuestro fuego, al deseo... Cierro los ojos... Suspiras... Suspiro... Sonríes...
Fuera del restaurante su cuerpo le dice al mío que tiene ganas de más. El mío siempre está dispuesto. Soy una chica ardiente, deseosa, que gusta de los placeres descritos como mundanos por mentes insatisfechas. La pasión por la vida se transmite en el respirar, el andar... en la capacidad de disfrutar, de dar y recibir placer... y no una, sino infinitas veces... en escapar de la realidad de lo cotidiano por haberlo impregnado de anhelos y ambiciones, en vivir el ahora intensamente y no el mañana. Ahora más que nunca soy consciente de ello.
...Te arrastro a un rincón y me inclino hacia ti regalándote el escote del vestido. Te susurro que deslices tus manos hasta mis nalgas... sóbalas, quiero sentir la presión de tus dedos... Sin poder negarte, concentrado en el tacto y sin descuidar la mirada de nuestro alrededor, accedes gustoso. Me estremezco ahora que empiezas a subirme el vestido... mi sexo queda al descubierto y la gente sigue caminando...
Y ahora, sí, fóllame...
¿Aquí?
Naturellement, mon amour.
Me excita el sexo que conlleva un cierto riesgo de ser visto, riesgo que en ocasiones busco a propósito. Entonces es cuando me gusta poseer en lugar de que me posean. Me siento poderosa, me vuelvo perversa, disfruto sintiéndoles estremecer, angustiados, con los cinco sentidos divididos entre proporcionarme el máximo placer y procurar no ser vistos. Los míos, por el contrario, están todos inmersos en una sola cosa: el placer... mi placer.
Esa noche no me quedo a dormir en su casa. Al día siguiente a primera hora tengo un vuelo que tomar. En el coche le adivino pensativo, preocupado...
"No podías haber escogido un destino de vacaciones más alejado del mío, ¿verdad?"
Más de 5.000 Km. de distancia... no está mal.
El martes regresé a España. En el aeropuerto de salida, un mensaje de Carlos. Adelantaba su regreso, programado para el día 15 de Agosto, al domingo.
Sonrío. La letra de esta canción viene entonces a mi mente:
Ves, cómo lo sabía yo, tengo lo que tú quieres...
...Me lo estoy currando, me lo estoy currando...
...Me lo estoy currando, me lo estoy currando...
Soy una mujer de recursos, chulo...
...tu suela, pasión, saliva, leche y trucos.
Yo marco el minuto...
...me hago tirabuzones con las bombas que me tiran los mamelucos.
Y disfruto...
...Eso sí... Eso sí...
Tengo lo que tú quieres...
...cómo lo sabía yo, tengo lo que tú quieres...

Soy como la noche... Te rodeo, te envuelvo, te ahogo, sin ofenderte, sin ni siquiera tocarte...