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Historias de Natalie
...te esperaré despierta en esta oscuridad...
Acerca de
Soy como la noche... Te rodeo, te envuelvo, te ahogo, sin ofenderte, sin ni siquiera tocarte...
Sindicación
 
Desayuno sin Diamantes (I)

El comienzo de este blog coincide con el inicio de mi aventura con Carlos. Una historia sexual de lo más excitante y morbosa... especial, por su permanente erotismo, sin censura, sin rodeos, sin límites, sin ataduras... sin amor.

Diez meses inmersa en un juego perverso del que he sido incapaz de escapar. Algún intento por huir de su sexo electrizante, por recuperar el control y con él la estabilidad de mi vida anterior, aunque nunca lo suficientemente fuerte ni convincente, ni siquiera para mí. Y es que, si hay algo que me haga perder la noción de la realidad, es precisamente lo que él me ofrece: lo prohibido, el morbo y la posesión animal.... un juego peligroso que me enciende y me quema el cuerpo...

Cuando me abordó, la primera impresión que me produjo fue la de un hombre plenamente consciente de su increíble atractivo físico, muy seguro de sí mismo, egoísta y mujeriego, que vive para él y sólo para él, entre amores que vienen y van. A priori, y en diferentes circunstancias, un perfil nada sugestivo para mí, pero en ese momento no necesitaba seguridad ni estabilidad sentimental, sino un hombre que me hiciera el amor cuando y como yo quisiera, sin preguntas... sin compromiso... alguien vehemente y voraz, siempre complaciente, con una resistencia capaz de asombrosas maratones sexuales... y mi instinto me susurraba lascivo que Carlos encajaría a la perfección.

Elegante en el vestir, en el hablar, en sus gestos y movimientos. Camisa, reloj y sonrisa impecables. Sus labios prometían placeres inconfesables, orgías sensoriales y orgasmos electrizantes. Me humedecí al instante. Despertó mi ínteres, excitó mi insaciable libido y con ésta las ganas de follarle... sin esperar.

La noche que nos descubrimos bebimos un Sauvignon Blanc, aunque, sorprendentemente, no recuerdo su sabor. La botella era consumida lentamente, él hablaba y yo me perdía con el movimiento de sus labios, imaginando que con ellos mojaba mi cuerpo con vino blanco... lamía y bebía mi cuerpo bañado en vino blanco... La lujuria llegó. Me sentía obscena... muy obscena. Necesitaba morder su sexo hasta saciarme, enroscar nuestras lenguas, embarrarme de su cuerpo hasta la vergüenza. No recuerdo el vino, no... sólo el deseo brutal y la humedad.

Una pregunta suya me devolvió a la realidad , una de esas preguntas que denotan un especial interés de la otra parte, más allá de la evidente atracción sexual... una pregunta que me sorprendió por su premura, y cuya respuesta cerrada marcaría la evolución de nuestra aventura. Tenía dos opciones: mentir, y con ello dejar la puerta entreabierta para una posible relación -algo deseable para una primera cita-, o contar la verdad, cerrando así la puerta de un portazo. Me sinceré, recreándome, incluso, en los detalles. No era mi intención resultar políticamente correcta ni crear falsas esperanzas.

Con mi respuesta marcamos las reglas del juego. Un juego sexual, provocador, violento, en ocasiones...

...Siempre amenaza con partirme en dos, con romperme por la mitad a golpes de deseo...

No me asusta, al contrario.

Soy yo quien le busca, soy yo la que le incita a desearme así, la que le provoca en cualquier lugar y en cualquier momento.

...La que vacía su mesa de un manotazo haciendo volar los papeles, la que se revuelca sobre ella volviéndole loco.

...La que se acaricia ante su mirada de animal buscando su pasión, su deseo maldito, su cuerpo tenso y excitante.

Será duro, sí, pero también yo lo seré.

No le daré tregua, le exigiré mi placer a gritos, clavando el filo de mis uñas en su espalda y mordiéndole la boca hasta que el sabor metálico de su sangre nos vuelva locos a los dos.

Nos partiremos los dos, nos romperemos en cuatro, en cien, en mil pedazos húmedos y resbaladizos. Y, aún así, seguiré provocándole cada noche, hasta que los pedazos sean tan pequeños que me haga desaparecer...