Seducción en París
Conocí a Ivette en una de las clases de la facultad que resultaban tan aburridas para ambas y, a pesar de la diferencia de edad, nos hicimos íntimas amigas. Ivette es francesa, vive en una pequeña mansión a las afueras de París con su marido y tiene una vida fabulosa. A pesar del paso de los años no hemos perdido el contacto ni la amistad y siempre que a ambas nos es posible hacemos pequeñas escapadas -yo a París y ella a mi ciudad- en las que disfrutamos recordando nuestras vivencias universitarias.
Ivette y su marido son unos anfitriones excelentes y durante mis estancias en su villa suelen organizar fiestas en las que abunda el champagne y una amplia variedad de la mejor selección de vinos, quesos y foie de la gastronomía francesa.
Los grandes ojos azules de Ivette brillaban con esa chispa de picardía tan usual en ella cuando esa noche me presentó a Jean-Michele, un hombre ligeramente más alto que yo, bastantes años mayor, alrededor de los 40, de aspecto agradable, traje de diseño y sonrisa perfecta. Sus ojos podían ser grises, verdes o azules, pues cambiaban de color a cada momento, incluso cuando se posaban osados en los míos y parecían penetrar mi mente.
Con perfectos modales franceses condujo mi mano con delicadeza hasta la altura de sus labios, la dio la vuelta y la besó en la palma con suavidad, pero dejando sentir la punta de su lengua, sin dejar de mirarme directamente a los ojos. En aquel instante sentí sus pupilas recorrer todo mi cuerpo y me estremecí de satisfacción. Me gustan los hombres que no juzgan y dedican tiempo a observar a una mujer, que la estudian, que se recrean...
"Encantado, es un gran placer y espero que llegue a ser mayor aún, pero antes debo advertirle que sufro una manía incontrolable: me obsesionan las mujeres rubias con ojos grandes"
Seductor, descarado, presuntuoso, poderoso, muy seguro de sí mismo: mi tipo ideal. Supe perfectamente el papel que debía jugar con él.
Bebimos vino -blanco para mí y tinto para él-, coqueteamos, reímos, nos susurramos confidencias al oído en francés, nos excitamos... Apuré mi copa de vino, la deposité en una mesa cercana, le sonreí seductora mientras jugaba con los abalorios de mi collar y caminé en sentido opuesto al suyo, sintiendo durante el trayecto el influjo de sus ojos sobre mi nuca, mis piernas... y en mi trasero. Me volví y, efectivamente, ahí estaba él, mirándome con un enorme cinismo y deseo.
Me dirigí a uno de los balcones con vistas a los jardines que estaban iluminados artificialmente, pero de una manera artística, de tal forma que los setos y los árboles parecían brillar por si mismos, creando un ambiente deliciosamente mágico y sensual. Pronto escuché un ruido detrás de mí y no sentí ninguna sorpresa al volver la mirada y encontrarme con la de Jean-Michele, que cerró las puertas de acceso al balcón e incluso echó la aldaba para impedir que alguien más entrara allí. Se acercó lentamente hacia mí y seguimos con el juego.
– Usted tiene una lengua ríspida, mademoiselle, tanto como la mía. Eso es raro en una mujer de su edad.
– Y usted, monsieur, tiene una boca demasiado osada.
– Tan osada como para haber dicho que usted me resulta increiblemente atractiva, pero ahora no es lo suficientemente atrevida como para expresar cuánto ha crecido la excitación que usted me provoca. Estoy seguro que disfrutaré enormemente cuando hagamos el amor.
– Seguramente así será, monsieur, pero en su imaginación, porque ésa es la única manera en la que usted podrá satisfacer sus deseos –le dije con una sonrisa triunfal, dándome la vuelta con la intención de alejarme de él-, no piense que yo pudiera estar dispuesta a satisfacer alguna de sus perversiones.
- Mi obligación y mi privilegio será acosarla, mademoiselle -agarró con fuerza mi brazo-. La acosaría sin descanso, la perseguiría día y noche, sin darle descanso, la acosaría minuto a minuto, hasta que usted, exhausta y excitada, se rindiera completamente. Entonces yo la montaría y mis dientes la prenderían del cuello sin piedad hasta sentir el sabor de la sangre, y usted quedaría a mi merced hasta que yo me encontrara completamente satisfecho... ¿Y después? Tal vez yo la dejaría a un lado y me iría a buscar nuevas aventuras...
Aquellas palabras me excitaron como nunca antes ningún hombre lo había hecho. Jean-Michel soltó la presión de mi brazo, me miró con intensidad y tomó suavemente mi mentón, acercando mi rostro para besame. Me dejé hacer, permitiendo que su lengua rebuscara dentro de mi boca. Él me tomó ambas muñecas con una mano y usó la otra para desanudar el tirante que detenía la parte superior del vestido, de manera que pudiera tocar mis pechos... Sus diestros dedos hurgaron bajo el tanguita hasta que encontraron el camino para deslizarse hacia dentro, con firmeza y facilidad, pues estaba muy húmeda...
– ¿Me haría el favor de abrir sus piernas, mademoiselle Natalie? Estaría sumamente satisfecho de penetrarla ahora.
– Si usted piensa violarme, será sin mi cooperación y, créame, le tomará muchísimo tiempo.
El rió abiertamente, echando su cabeza hacia atrás y separando con violencia mis piernas, a lo que respondí con un intenso gemido de placer. Sin dejar de besarnos, me tomó de la cintura y me levantó en vilo, colocándome contra la pared y consiguiendo que el contacto y el beso alcanzaran el nivel máximo de excitación.
Sus labios no dejaban de presionar y yo abría los míos para permitir el juego de su ardiente lengua dentro de mi boca. Sentía cada uno de sus músculos como si fueran el complemento justo de los míos, ambos en gran tensión, como animales salvajes a punto de aparearse, degustando nuestros cuerpos con la lengua y embelesados con la aromática humedad de las más íntimas ofrendas...
Follamos a un ritmo frenético que me llevó al extremo del placer en el momento en que sus labios dejaron mi boca y se posaron en mi cuello, succionando de una manera irresistible al ritmo de la penetración salvaje.
No tardamos demasiado en llegar al climax, y cuando me retiré al lavabo y me observé en el espejo no pude evitar sonreír con picardía: el peinado deshecho completamente, esparcida la melena rubia sobre el rostro, tanto que casi me impedía ver. Sudorosa, aún jadeante, las mejillas enrojecidas y su olor por todo mi cuerpo. Un aspecto de lo más salvaje... coherente con mis emociones. Dediqué el tiempo necesario para arreglarme y regresé de nuevo a la fiesta y a su deliciosa compañía.
A la mañana siguiente un ramo de rosas de tallo largo y tan rojas que el tono llegaba al púrpura adornaban mi habitación.
J'adore Paris...

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natali eres lo maximo
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Desde luego París y los franceses están hechos para la seducción... Si a eso le añadimos una villa, una fiesta y champán...mmmm....
Un abrazo!
Un abrazo!
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Hola Natalie... Verdaderamente estás empeñada en transformar la dulzura y la sensualidad de las pequeñas cosas en palabras... Este relato es extraordinario, me ha encantado.
Quisiera aprovechar este apartado para pedirte perdón por haber estado tan desaparecido ultimamente... Ya llega junio y los que trabajamos y estudiamos empezamos a sentir cómo la soga aprieta nuestros frágiles cuellos... En fin, no lloro más... Seguiré pasando por aquí a leerte... Un saludo, Natalie, preciosa...
Quisiera aprovechar este apartado para pedirte perdón por haber estado tan desaparecido ultimamente... Ya llega junio y los que trabajamos y estudiamos empezamos a sentir cómo la soga aprieta nuestros frágiles cuellos... En fin, no lloro más... Seguiré pasando por aquí a leerte... Un saludo, Natalie, preciosa...
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Que historia; la villa, la fiesta, paris, como lo cuentas... que bonito todo y que genial que te pasen esas cosas.
Un saludo Natalie
Un saludo Natalie
Comentario:
París, la ciudad del amor... en un pequeño rinconcito hay una pared en la que está escrito "Te Quiero" en 400 idiomas diferentes. Una ciudad para perderse en buena compañía...
Toni, siempre cumplo mis promesas ;P
Besos para tod@s
Toni, siempre cumplo mis promesas ;P
Besos para tod@s
Comentario:
Me encanta como disfrutas de cada momento, jugando al amor.
Sensacional.
besos,
Sensacional.
besos,
Comentario:
Perfecta narración. Como siempre. Sensualidad pura y dura. Quien pudiera estar en tu piel, allí, ahora, aunque sólo fuera un segundo para mirar esos ojos que cambian de color...
J'adore Paris!
Kissxxx
J'adore Paris!
Kissxxx
Comentario:
yo quiero ser protagonista de una historia así. en cuanto pueda me planto en parís jaja. un beso.
Comentario:
Niña, conoces Francia? y París también?...
Joder, me llevarás cuando seas mayor?.
Me traducirás lo de la esquina superior derecha?.
Me explicarás todas esas cosas que sabes hacer?
Mejor dicho... me las enseñarás?.
Mejor todavía... uy no, eso no...mi mente que me juega malas pasadas...
Cuídate
Joder, me llevarás cuando seas mayor?.
Me traducirás lo de la esquina superior derecha?.
Me explicarás todas esas cosas que sabes hacer?
Mejor dicho... me las enseñarás?.
Mejor todavía... uy no, eso no...mi mente que me juega malas pasadas...
Cuídate
Comentario:
Este es el segundo...y me ha gustado mucho por cierto...
Un beso
Un beso
Comentario:
Escribes de maravilla tus imaginaciones Natalie. Me gustas mucho.Que sensualidad en tus palabras. Sigue escribiendo.
Soy como la noche... Te rodeo, te envuelvo, te ahogo, sin ofenderte, sin ni siquiera tocarte...