<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[Historias de Natalie]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[...te esperaré despierta en esta oscuridad...]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title>Recuerdos</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_80.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Él conseguía despertar lo mejor y lo peor de mí... me incitaba, me tentaba constantemente. En ocasiones, su mirada me traspasaba como si fuera transparente. Un caballo salvaje.... así era... así le recuerdo. Y así le adivinaba cada vez que me penetraba . Me sentía tan segura de su sexo... sin embargo, su boca no siempre se entregaba... Y lo que no decía me llenaba de dudas y deseo.<br/><br/>Una carrera mortal. Un juego morboso que me agotaba y a la vez incrementaba mis ganas y mi placer.<br/><br/>Él jugaba, yo lo sabía, y eso le daba poder sobre mí. Su lengua resbalaba dentro de mi boca, enredándose con la mía, y suspiraba con ella sabiendo que en cuanto rozara mi sexo empezaría el duelo... pero dilataba eternamente el momento, como si nunca fuéramos a pagar nuestra deuda de piel. <br/><br/>Y aunque no quería moverme en ese mundo de sombras, nunca le dije que, después de cada encuentro, me agotaba intentar sacarle de mi mente. Me inquietaba su mirada oscura, pero a la vez me encendía. Y quizás no hacía falta que se lo dijera. Él lo sabía. Me daba únicamente lo que él quería.<br/><br/>Caminaba desnuda sin hacer ruido hasta detenerme delante de él, observando cómo, reclinado en el sillón, acariciaba su sexo. Yo no podía despegar los ojos de ese gesto tan íntimo y sensual que hacía hervir mis labios... sintiendo cómo me humedecía de inmediato.<br/><br/>Me encantaba mirarle... apenas respiraba para poder escuchar cómo sus gemidos cortaban el silencio mientras disfrutaba. Su mano subía por mi muslo, trepando hasta el pubis, abarcándolo, abriéndose paso por mis labios jugosos que resbalaban y mojaban sus dedos. Sin ninguna palabra, yo separaba mis piernas, dejando que siguiera su camino hacia el clítoris que latía caliente... esperando.... Él lo acariciaba, masajeándolo suavemente, y su pene sobresalía erecto entre los dedos de la otra mano.<br/><br/>Mmmm.... Susurraba profundo.... Y yo me disolvía de placer al borde del orgasmo, levantando mi pierna para colocarla sobre su muslo, con mi sexo abierto ante sus ojos.... Abierto al placer...<br/><br/>Él percibía mi agonía cuando, con insoportable lentitud, se agarraba fuerte de mis nalgas, me acercaba a su boca, y lamía insaciable mi coño con esa lengua inquieta que se recreaba, haciéndome sentir su esclava oscura. Y mis piernas temblaban cuando me corría en su boca... los espasmos sacudían mis caderas y él, en silencio, se retiraba de mi pubis líquido y me dejaba vacía mientras seguía frotando su pene húmedo al borde del orgasmo.<br/><br/>Entonces, oliéndole como una perrita, me inclinaba sobre su cuerpo, rozándole con mis pechos, bajando por el abdomen hasta acabar de rodillas ante su sexo para reemplazar su mano por mi boca caliente....  húmeda cueva que lo acogía y que mi lengua convertía en una enorme golosina de placer... succionándolo despacio, chupando toda su longitud, sabiendo que era el único instante en que lo tenía por entero a mi merced.<br/><br/>Ese momento irrepetible, una y otra vez, era mío.<br/><br/>Sus gemidos penetraban como miles de sexos por todo mi cuerpo y la dureza de su miembro detenía el tiempo ante mis ojos, perdidos en su placer. Mi sexo revivía mojado y turgente y él, conociendo mis gozos, colocaba su pierna entre mis muslos, torturándome con el roce áspero de su vello que rozaba mi vulva. Nuestros suspiros crecían como llamaradas... entonces me pedía que acabara antes que él, sólo un momento antes. Mi mano, obediente, bajaba entre su pierna y mi sexo, justo para que mi índice rozara el clítoris. Sabía que me correría enseguida con solo masajearlo brevemente, pero dilataba el momento porque sentirme dueña de su pene me daba la única victoria en la que él no tenía control. Su miembro en mi boca... su voz entrecortada pidiendo que me corra y mis dedos perdidos entre mis ingles me catapultaban nuevamente a galopar sobre el orgasmo, cabalgando olas inmensas que terminaban rompiendo en mi lengua, que sentía la súbita rigidez anticipada del suyo.<br/><br/>Y cuando las primeras gotas de semen golpeaban mi paladar, hundía aún más su verga en mi garganta, sacándola despacio para que cada chorro se derramara por las comisuras de mis labios y a lo largo de su pene... disfrutando el caliente resultado del único momento en que verdaderamente se entregaba.<br/><br/>Luego el tiempo se agotaba  con  besos hambrientos en la ducha que limpiaban los últimos rastros.<br/><br/>Salíamos en silencio, sin hablar apenas, volviendo a ser los mismos de siempre, públicamente desconocidos, amantes ignotos, esclava victoriosa y amo vulnerable. Sus ojos volvían a ser fríos y mi boca lo despedía en silencio, hasta que otra vez su mirada volviera a cruzarse con la mía, y ambas volvieran a sentir la punzada del deseo.<br/><br/>Sola en mi coche, mi respiración se aquietaba mientras le veía conducir el suyo sorteando otros vehículos. Entrábamos al mismo garaje para separar nuestros caminos sin mirarnos. Yo bajaba de mi coche y, presurosa, apuraba mi paso hacia el ascensor, y él aparcaba con tranquilidad...<br/><br/>...como todos los días.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/sexy2_1.jpg" alt="" border="0" width="500" height="369"/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Desayuno sin Diamantes (I)</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_75.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>El comienzo de este blog coincide con el inicio de mi aventura con Carlos. Una historia sexual de lo más excitante y morbosa... especial, por su permanente erotismo, sin censura, sin rodeos, sin límites, sin ataduras... sin amor.<br/><br/>Diez meses inmersa en un juego perverso del que he sido incapaz de escapar. Algún intento por huir de su sexo electrizante, por recuperar el control y con él la estabilidad de mi vida anterior, aunque nunca lo suficientemente fuerte ni convincente, ni siquiera para mí. Y es que, si hay algo que me haga perder la noción de la realidad, es precisamente lo que él me ofrece: lo prohibido, el morbo y la posesión animal.... un juego peligroso que me enciende y me quema el cuerpo...<br/><br/>Cuando me abordó, la primera impresión que me produjo fue la de un hombre plenamente consciente de su increíble atractivo físico, muy seguro de sí mismo, egoísta y mujeriego, que vive para él y sólo para él, entre amores que vienen y van.  A priori, y en diferentes circunstancias, un perfil nada sugestivo para mí, pero en ese momento no necesitaba seguridad ni estabilidad sentimental, sino un hombre que me hiciera el amor cuando y como yo quisiera, sin preguntas... sin compromiso... alguien vehemente y voraz, siempre complaciente, con una resistencia capaz de asombrosas maratones sexuales... y mi instinto me susurraba lascivo que Carlos encajaría a la perfección. <br/><br/>Elegante en el vestir, en el hablar, en sus gestos y movimientos. Camisa, reloj y sonrisa impecables. Sus labios prometían placeres inconfesables, orgías sensoriales y orgasmos electrizantes. Me humedecí al instante. Despertó mi ínteres, excitó mi insaciable libido y con ésta las ganas de follarle... sin esperar.  <br/><br/>La noche que nos descubrimos bebimos un <i>Sauvignon Blanc</i>, aunque, sorprendentemente, no recuerdo su sabor. La botella era consumida lentamente, él hablaba y yo me perdía con el movimiento de sus labios, imaginando que con ellos mojaba mi cuerpo con vino blanco... lamía y bebía mi cuerpo bañado en vino blanco... La lujuria llegó. Me sentía obscena... muy obscena. Necesitaba morder su sexo hasta saciarme, enroscar nuestras lenguas, embarrarme de su cuerpo hasta la vergüenza. No recuerdo el vino, no... sólo el deseo brutal y la humedad. <br/><br/>Una pregunta suya me devolvió a la realidad , una de esas preguntas que denotan un especial interés de la otra parte, más allá de la evidente atracción sexual... una pregunta que me sorprendió por su premura, y cuya respuesta cerrada marcaría la evolución de nuestra aventura. Tenía dos opciones: mentir, y con ello dejar la puerta entreabierta para una posible relación -algo deseable para una primera cita-, o contar la verdad, cerrando así la puerta de un portazo. Me sinceré, recreándome, incluso, en los detalles. No era mi intención resultar políticamente correcta ni crear falsas esperanzas. <br/><br/>Con mi respuesta marcamos las reglas del juego. Un juego sexual, provocador, violento, en ocasiones...<br/><br/>...Siempre amenaza con partirme en dos, con romperme por la mitad a golpes de deseo...<br/><br/>No me asusta, al contrario.<br/><br/>Soy yo quien le busca, soy yo la que le incita a desearme así, la que le provoca en cualquier lugar y en cualquier momento.<br/><br/>...La que vacía su mesa de un manotazo haciendo volar los papeles, la que se revuelca sobre ella volviéndole loco.<br/><br/>...La que se acaricia ante su mirada de animal buscando su pasión, su deseo maldito, su cuerpo tenso y excitante.<br/><br/>Será duro, sí, pero también yo lo seré.<br/><br/>No le daré tregua, le exigiré mi placer a gritos, clavando el filo de mis uñas en su espalda y mordiéndole la boca hasta que el sabor metálico de su sangre nos vuelva locos a los dos.<br/><br/>Nos partiremos los dos, nos romperemos en cuatro, en cien, en mil pedazos húmedos y resbaladizos. Y, aún así, seguiré provocándole cada noche, hasta que los pedazos sean tan pequeños que me haga desaparecer...<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/53noirblancbis.jpg" alt="" border="0" width="500" height="369"/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>La Fiesta de los Sentidos</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_74.htm]]></link><description><![CDATA[Con Carlos, dibujar la línea entre el deseo sin límites y la obsesión sexual me es imposible. Disfruto rindiéndome a una búsqueda constante de piel, de labios, de deseo, de pasión, de jugos... perdiendo la noción del tiempo y el dominio en mí misma, olvidando mis buenas maneras habituales y sintiéndome libre para experimentar lo que mi mente y mi cuerpo anhelan.<br/><br/>Esto no es algo nuevo para mí, aunque sí lo es para él. Todas mis relaciones, con o sin amor, se han alargado en el tiempo y han estado marcadas por una fogosidad incontrolable... alimentadas por el morbo y por constantes estados de intensa apetencia sexual. <br/><br/>Algunas personas -tanto hombres como mujeres- adoramos tener relaciones sexuales constantes sin caer en la promiscuidad. Nunca he buscado esclavos ni aventuras de una noche. No me gusta perder el tiempo, soy exigente e inconformista, y lo fácil, en cualquier aspecto de mi vida, no me provoca ni me resulta interesante. Antes de entregarme a un hombre necesito tener la certeza de que vamos a disfrutar de tal forma que voy a tener la necesidad imperiosa de repetir una y otra vez… de que va a ser capaz de hacerme llegar al éxtasis... de excitar mi mente, mi cuerpo y todos y cada uno de mis ávidos sentidos, antes, durante y, por supuesto, después.  A eso le llamo yo tener sexo "inteligente", y tal vez sea ésa la razón -unida a mi juventud- por la que no puedo presumir de una interminable lista de amantes, pero sí de haber gozado de experiencias eróticas sublimes... <br/><br/>Él, por su parte, insaciable, incansable y experimentado, pensaba que su constante afán por mejorar como seductor consistía en tener a varias mujeres, cuantas más mejor, lo que implicaba no involucrarse y disfrutar únicamente de relaciones sexuales esporádicas. Hasta que me conoció, le enredé en mi juego, le volví loco, perdimos los papeles y fue consciente por primera de que el aumento del deseo puede ser, en ocasiones, directamente proporcional al paso de los meses.<br/><br/>El nuestro es un deseo loco e irracional. Me acosa con sus mensajes a cualquier hora, me envuelve en un torbellino irreflexivo, y eso me enloquece. Acepto sus disparatadas propuestas sin dudar... él sucumbe siempre a mis fantasías más lascivas... no pienso, me dejo llevar, sólo me importa sentir... sentirle....  Una continua fiesta para mis  sentidos...<br/><br/>Mis noches buscan su pasión salvaje... el placer de devorarnos y el sexo por puro placer...<br/><br/>Las reglas del juego las marco yo y él se deja llevar impaciente por mis caprichos porque es un adicto a lo que le ofrezco, al sexo conmigo, a la clandestinidad y a los encuentros furtivos sin motivo. La ansiedad que le provoco y los escasos momentos que podemos disfrutar juntos entre semana nos llevan a relaciones bruscas y bastante atrevidas... para mi gusto, deliciosas... <br/><br/>Nos comemos a besos desde que atravieso la puerta de su apartamento. No hay necesidad de calentarnos, sus dedos penetran mi sexo sin esperar y después recorren mis labios, delineando mi boca, incitándome para que mi lengua los persiga golosa... Lo que siento es una sensación extrema y en mi boca tengo la prueba de que también es así para él... una dura, fuerte y húmeda prueba...<br/><br/>Cuando terminamos es tarde… ¿para qué decir la hora? el sexo no entiende de horarios. Arranco el coche, me observo en el espejo retrovisor y conduzco dirección a casa. Conducir de madrugada es otra de mis grandes pasiones... <br/><br/>Me voy a la cama envuelta en su aroma que me enloquece y  con el sabor de sus fluidos impregnados en mi lengua…<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/Juntos.jpg" alt="" border="0" width="200" height="281"/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Caperucita y el Lobo</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_73.htm]]></link><description><![CDATA[Hace un año, Caperucita decidió dar un giro inesperado al cuento. Cambió la candidez por la picardía, una relación perfecta junto a un hombre perfecto por vivir peligrosamente, y  la cestita por unos zapatos de tacón de aguja. <br/><br/>Ahora Caperucita procura que no entren en sus exposiciones los razonamientos categóricos, porque no puede defender algo que puede cambiar mañana. Porque ya no cree en el "para siempre", sino en el ahora. Porque  asume que lo que piensa hoy puede verse alterado en cualquier momento, y no porque no confíe firmemente en lo que siente hoy, sino porque la vida es un cambio constante. Porque fue víctima de sus instintos  y se descubrió haciendo cosas que jamás soñó hacer... por eso se ríe de si misma cuando la vida decide ponerla a prueba y tropieza, y aprende... y sonríe... porque de nuevo le ha enseñado una importante lección, y es entonces cuando el "Nunca" pasa a ser  "¿Quién puede saberlo?".<br/><br/>Caperucita ya no se llama así, prefiere algo menos delatador... mucho más sugerente. Caperucita se ha deshecho de su caperuza, aunque conserva los zapatos rojos que reserva para las noches especiales en las que cruza el bosque, donde los lobos se esconden y aúllan, hambrientos por seducir jovencitas... Ya no hay madre que la espere en casa ni abuelita que la reciba. Lamentablemente, por no haber, no hay apenas lobos.  <br/><br/>Caperucita sabe muy bien lo que quiere. No busca que la adulen, no anhela que la digan que es maravillosa, preciosa y encantadora... Caperucita está cansada de cursilerías. Busca algo diferente, busca acción, busca morbo, busca alejarse de lo moral y busca rendirse a sus deseos. No busca sexo de una noche, eso sería demasiado fácil, y a ella le apasionan los retos. Ya no pretende resultar interesante a los ojos de los hombres, sino seductora, misteriosa y cautivante. Caperucita desea que la halaguen con las manos, con caricias encendidas bajo el mantel de algún restaurante caro, con miradas lascivas, con intenciones claras, con noches interminables de sexo salvaje. Busca sexo, busca pasión, busca fuego y seducción de la auténtica... de la que sólo los lobos pueden ofrecer. <br/><br/>Necesita un lobo... un buen lobo, como los que había antes, como los que la miraban por la calle cuando era una niña vestida de rojo... como los que su madre decía que eran peligrosos. Caperucita busca eso, busca deseo, busca maldad y busca mentira. Busca un hombre capaz de engañar a su mujer y a su amante para irse con ella, un hombre que sin conocerla de nada, vaya hacia ella y le diga que la desea, que quiere morder sus labios... busca algo más que malas intenciones y bromas maliciosas. Busca hombres. Hombres sin reparos, capaces de dar placer hasta la extenuación, hombres a quien no les importe lo que dice la sociedad sobre las jovencitas y lo que no pueden hacer. Busca un hombre que no le importe su estado civil o su edad, uno que sólo se preocupe del tamaño de sus pechos y de cómo besa... uno que no quiera enamorarse, ni comprometerse, uno que no la pida el teléfono para volverse a ver, aunque inevitablemente ambos saben que será así... uno que sólo quiera lo que ella quiere.<br/><br/>Se arregla y sale a la calle, radiante y espléndida. Hoy incluso lleva una prenda íntima roja, a juego con los zapatos, el bolso y los labios. Podría entregarse a cualquier hombre interesante que le propusiera algo, pero para despertar su interés, entender su mirada y descifrar que ha cruzado el bosque demasiadas veces, tendría que ser un lobo... y quedan pocos.<br/><br/>Entra en un bar desconocido y pide un <i>capuchino</i>. Cruza las piernas con lentitud y comprueba el largo de su falda. De repente, nota una mano en su hombro, una mano cálida y sutil que dibuja una caricia. Se gira esperando encontrar al lobo que ha estado buscando y sonríe. Lee en los ojos verdes de su acompañante el deseo anhelado, la lujuria, la pasión y la maldad más puras que nunca antes imaginó. Atractivo en extremo, carismático y mujeriego, un canalla, un sinvergüenza... encantador.<br/><br/>Esa noche, hace ocho meses, Caperucita se rinde por primera vez a los placeres que le brinda esa mano experta... la misma mano que hoy continua siendo esclava de sus deseos por tiempo indefinido. <br/><br/>Cada mañana, después de una noche intensa de sexo, una de tantas, su lobo se despierta y ella le sonríe, maliciosa y desnuda desde el tocador. Caperucita piensa entonces en lo que dice siempre su amiga Sandra mientras entrelaza el dedo índice con sus rizos rubios:<br/><br/><i>Olvídate de ese lobo, Caperucita</i><br/><br/>Y Caperucita sonríe de nuevo...  y vuelve a la cama del lobo una mañana más, sedienta de más sexo...<br/><br/>                       <img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/inocencia.jpg" alt="" border="0" width="241" height="320"/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Serendipias</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_72.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Me gustan las casualidades, incluso las que no lo son, al ser éstas premeditadas o provocadas por la otra parte... o sí, qué más da, lo importante es que me hacen sonreír.   <br/><br/>La casualidad, por ejemplo, jugó un papel primordial en mi primer encuentro con Ernesto. Una capital europea en la que él residía por motivos laborales y a la que yo me desplacé para perfeccionar mis estudios universitarios. Otra ciudad, ajena a ambos, fue cómplice de un inevitable segundo acercamiento una semana después, ésta vez planificado.<br/><br/>Erotismo, sensualidad y pasión desbordantes que diferencian el sexo convencional del sexo sublime. Es algo que se sabe desde el primer momento, una conexión que va mucho más allá del placer físico, y ninguno de los dos pudimos ni pretendimos resistirnos a la tentación. Me desnudé en cada uno de los posteriores encuentros donde deliberadamente se cruzaban nuestros caminos, víctima de una insaciable gula procedente de falsas casualidades que encendían mis ganas y empañaban mi cordura.<br/><br/>Hay personas y circunstancias que pueden dar un giro radical a  tu vida. Un beso puede cambiarlo todo... un instante... un segundo. No lo hice por él, ni siquiera por mí, se lo debía a ese momento, a esa condensación de casualidades armónicas que se suceden tan pocas veces en la vida y que dejarlas pasar de largo es casi un sacrilegio.<br/><br/>Un romance furtivo que evidenció mi rebeldía... que me incitó a huir de convencionalismos, de la estabilidad y seguridad emocional, que me adentró en la búsqueda de emociones fuertes...<br/><br/>Actualmente, dos años después, a Ernesto y a mí nos separan más de 9000 Km de distancia. Tomamos distintos caminos profesionales, quién sabe si tal vez algún día éstos se vuelvan a cruzar casualmente... o no. Le sigo deseando, y él lo sabe. Continuo excitándole, y a veces juego con ello.<br/><br/>Esta tarde, al abrir mi buzón de correo electrónico, tenía precisamente un mensaje de mi querido Ernesto: <br/><br/><i>Mi reina, te remito unas fotografías para que no te olvides de mí. Estas vacaciones he estado en xxxxx, un país increíble, tenemos que ir <tt>allá </tt> en nuestra luna de miel.  Piénsame, preciosa...</i><br/><br/>Adjuntas, tres instantáneas en una extraordinaria playa de aguas cristalinas y arena blanca  que evidencian todos sus encantos. <br/><br/>Sonrío. Menuda casualidad, es la misma playa en la que yo he disfrutado de mis vacaciones. Se trata de un destino poco masificado, no demasiado frecuente entre los turistas.<br/><br/>Ahora me debato entre enviarle una fotografía mía con vistas a la playa exótica...<br/><br/>.... o no decirle nada y dejar que me sorprenda.... <br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/sirena.jpg" alt="" border="0" width="351" height="471"/><br/><br/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Sexo de una Noche de Verano</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_71.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Noche de verano en la ciudad. <br/><br/><i>Cocktail Lounge</i> para dos en su apartamento después del trabajo. Nos acomodamos en el sofá de tres plazas y descorchamos la primera  botella. Únicamente con una mirada nos embriagan los deliciosos aromas sexuales...  nos bebemos a sorbos lentos, nos provocamos... me acosa... le acoso... enloquecemos de deseo y comenzamos a escribir una nueva historia de sexo frenético.<br/><br/>Calor ... mucho calor...<br/><br/>El sudor de los cuerpos... la ropa se convierte en una tela asfixiante que se pega a la piel y estorba... entre besos y caricias atrevidas le ruego que se deshaga de la mía y él, por supuesto, obedece y ataca. Me tumba violentamente sobre el sofá y agrede sin piedad. Arranca mi ropa... desgarra mi piel... encaja los dientes... muerde y tritura... y a mí me encanta...<br/><br/>Aunque me excita la idea de estar medio desnuda y él completamente vestido, me incorporo seductora sobre el elegante sofá blanco, incitándole para que se asome a mi escote y, sujetándole de la corbata, le susurro al oído... <br/><br/><i>...“desnúdate para mí”.</i><br/><br/>Ver a Carlos de pie, quitándose lentamente la ropa, me estimula sobremanera… sí, es una de mis muchas perversiones ocultas. El gesto de desanudar la corbata…  el pausado desabrochar de la camisa…. La visión de un cuerpo hecho para el disfrute mostrándose poco a poco y el leer en sus ojos el deseo, me pierden...<br/><br/>Juguetona, enredo con su ropa a medida que se despoja de cada una de las prendas… me divierto incitándole, magreando mis pechos,  recorriendo mi cuerpo semidesnudo con su corbata mientras le observo con un gesto indecente...  Al caer el pantalón, sonrío golosa con la visión de su miembro erecto a través del bóxer de licra ajustado, palpitante y luchando por salir a mi encuentro<br/><br/>Sin dejarle terminar, le sujeto las caderas con ambas manos y le acerco hacia mí. De rodillas sobre el sofá, mirándole desde abajo, comienzo a acariciarle suavemente con el dedo índice los costados, el pecho… trazo dibujos imaginarios por su torso, consiguiendo que su piel se encrespe, se desperece... que todo él responda...<br/><br/>Despacio acerco mi lengua a su cuerpo, beso su ombligo, descendiendo por la línea imaginaria y dejando resbalar mis dedos alrededor del contorno de la cinturilla del slip. Con la punta de mis dedos lo sujeto y ,poco a poco, con cuidado, lo voy bajando, dejando ante mí la espléndida perspectiva de su sexo, que es acorde con todo él... Impresionante.<br/><br/>De nuevo sobre el sofá. La humedad en el espejo... el único, con el que disfruto observando el reflejo descarado de mi cuerpo cabalgando con soltura sobre el suyo, ¿para qué más espejos? <br/><br/>Escucho su respiración agitada en mi cuello, él percibe mis movimientos sensuales... me pierdo con sus besos, caricias y dulces susurros saturados de lascivia al ritmo que entro y salgo de su cuerpo, plenamente consciente de mi condición de diosa... El vestido de corte oriental desabotonado y mis pechos, apenas contenidos en un sostén de blonda blanco que marca mis pezones, libres para sus mordiscos. No hace falta hablar... sólo gozar. Hablar cansa y desquicia cuando el deseo se une en una comunión indescriptible. <br/><br/>Lametones, besos, mordiscos, pellizcos, magreos sin medir las fuerzas... los excesos dejarán, sin duda, huellas en mi piel...<br/><br/>Me desea así,  semidesnuda, sensual, apetitosa, seductora, femenina, dominante...<br/><br/>Entre nosotros no hay nada de romanticismo, nada de sensiblerías, sólo follamos, palabras soeces y proposiciones indecentes. Es lo que él me sugiere... lo que necesito. Joven, insultantemente joven para algunos, de aspecto dulce, aunque no demasiado virginal en la intimidad, sexualmente sincera, abierta, viciosa sin límites cuando me siento física y sexualmente excitada por un hombre.<br/><br/>Disfruto verdaderamente de lo que hago... él lo nota, me mira y me dispara de nuevo con esa sonrisa canalla, lujuriosa, que tanto me enciende.<br/><br/>Después de siete meses de sexo desenfrenado, ambos sabemos qué necesita escuchar el otro en todo momento.<br/><br/>-<i>Te he echado de menos, Carlos...<br/><br/>- Sexualmente estoy enfermo contigo, Natalie...<br/><br/>-  Dámelo...<br/><br/>- ¿Siempre consigues lo que quieres?<br/><br/>- Normalmente... sí.</i><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/56fb1f911323f3ei3.jpg" alt="" border="0" width="350" height="350"/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Despiértame</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_69.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Estás en la puerta, lo sé. <br/><br/>Sabía que no podrías resistirte... una vez más...<br/><br/>He dejado la llave escondida donde siempre. Mientras la introduces sigilosamente en la cerradura miro el reloj y compruebo que son las cuatro de la mañana. Te adentras en la penumbra de la casa y, aunque es imposible que perciba desde mi cama lo que ocurre dos pisos más abajo, siento tu respiración agitada en la oscuridad. Quizá no sean más que mis latidos, acelerados por el ardor de saberte desorientado y deseoso a tan pocos metros de distancia. <br/><br/>Antes de que emprendas la escalada, me observo con ánimo en el espejo de mi habitación. Contemplo mi figura, humedezco mis labios y me atuso el pelo ... todo bien. Adivino algo obsceno y lascivo en mi mirada que me encanta... Es la urgencia por verte, olerte, comerte... es la humedad que aumenta caprichosa entre mis piernas... son las palpitaciones que me queman...<br/><br/><i>...Ven, arráncame la piel... despiértame las ganas... gózame... Quiero sentirte, recorrer todo aquello de lo que me siento dueña y soberana... explorar cada resquicio de tu cuerpo con mis labios hambrientos...</i><br/><br/>No puedo evitarlo... le deseo. Cada vez que se acerca me enciende la sangre y se alborota la excitación propia de lo secreto… de lo que para todos es prohibido... por eso dejo que juegue conmigo, que me llene una y otra vez, que invente paraísos, que haga planes y me susurre cosas que tal vez podamos volver a cumplir...<br/><br/>Mientras subes las escaleras me inundan los placeres del último encuentro y me  recorre el sabor incomparable de lo que me provocas, el dulce y lascivo aroma de tus pasos acercándose... el delirante y reconfortante gusto de tu mirada depositada en mis curvas... el sabor inconfundible del abrazo de nuestras lenguas en perfecta complicidad.<br/>  <br/>Te espero tendida boca abajo sobre las sábanas, luciendo mi trasero, siempre apetecible con un conjunto de ropa interior negra...  cada milímetro de mi piel expuesta ante tus ojos... deseo que disfrutes y uses cada detalle de mi anatomía. La boca ligeramente entreabierta, los ojos cerrados, mojada y excitada mientras te cuelas en mi habitación y te imagino bajándote la cremallera, sabiendo a la perfección qué hacer conmigo...<br/><br/><i>...Es tu excitación lo que me provoca... podría alcanzar el cielo sin que me rozaras...</i>.<br/><br/>Tus instintos animales, ésos que son imposibles de controlar y tanto me desatan, se apoderan de ti y tu primer e indomable deseo es el de recorrerme entera con tu lengua, desnudándome, arañándome la espalda, las caderas, las piernas... clavando los dedos con fuerza en mis nalgas, que ansían tus mordiscos... <br/><br/>Suspiros y mis uñas rasgando la sábana como única respuesta... permanezco inmóvil y jadeante, presa de la lascivia... no puedo vivir sin ella y sin un hombre que sea capaz de sorprenderme y seguirme el juego... lo que busco es llegar al límite del deseo, al extremo en el que éste se convierte en irrefrenable.  <br/><br/><i>...Porque tu contacto y lenguaje obscenos alimentan mis ganas, porque me muero por liar telarañas que enmarañen tu razón, por volverte loco, por hacer que olvides que hay un mundo más allá de estas cuatro paredes... </i> <br/><br/>Dos dedos en mi boca para que los chupe mientras libero tu verga de los bóxer, lista para mí. Muerdes mis labios y con la punta de la lengua los dibujas hasta llegar a penetrar mi boca. Sonríes y leo en tus ojos una orden que me muero por realizar...<br/><br/>Me recorre una intensa oleada de placer que me hace perder por completo el control cuando frotas tu verga empalmada entre mis pechos, hincando mis pezones... subiendo por mi cuello hasta llegar a mis labios para terminar clavándola en mi boca...  y me zambullo por fin entre tus piernas, buscando con la lengua tus temblores, tus latidos, tus suspiros... <br/><br/>Gemidos y tus manos que agarran mi cabeza, haciendo presión para que hunda más la lengua en tu cuerpo, dirigiéndome con ansia... Mi boca bombea arriba y abajo, abajo y arriba...<br/><br/><i>...Quiero seguir así, sintiendo las sacudidas que da tu cuerpo, notando cómo te arqueas para facilitar que te devore... Cada vez te agarras con más fuerza a mi pelo, me haces daño, pero da igual, me encanta sentirte así de excitado, saber que de un momento a otro te derramarás entero me vuelve loca... <br/><br/>Dime que te gusta...<br/><br/>Me encanta...</i><br/><br/>Pierdo la noción del tiempo, porque el tiempo no importa cuando estoy sumergida entre tus piernas...  lo disfruto hasta que tu cuerpo comienza a temblar de manera descomedida, y la presión de tus dedos en mi cabeza se descontrola hasta provocarme dolor... Y de repente me sueltas, tu cuerpo se arquea por completo, te escucho ahogar de placer, te agarras a las sábanas, tus músculos se relajan y quedas tumbado ante mí... los ojos cerrados, el ritmo de tu respiración remitiendo, el rostro relajado, los labios húmedos y tu néctar derramándose por la comisura de los míos...<br/><br/>...Al paraíso se llega en un segundo. El silencio de la noche nunca ha sido tan estridente...<br/><br/>...Sin embargo, la noche no ha hecho sino comenzar...]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Un Año Después</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_67.htm]]></link><description><![CDATA[<br/><i>- Ya ha pasado un año</i> -tomo mi copa de vino y la apuro hasta el último sorbo. <br/><br/>- <i>Sí, un año desde que tú me abandonaste </i>-levanta la mirada del plato y sus labios se curvan, dibujando una sonrisa irónica. <br/><br/>Nos miramos fijamente durante unos segundos, sin pronunciar palabra, sabiendo perfectamente lo que piensa el otro. Él clava su pupila verde en la mía, silenciosa y oscura, mientras el camarero se acerca a nuestra mesa y  nos sirve vino blanco. Siento la expresión inescrutable de sus ojos y él el calor de los míos.<br/><br/>Rememoro lo vivido aquella noche, hace un año. Me siento extraña, como si inexplicablemente aún tuviera mucho que decir, pero sin saber por dónde empezar y, una vez más, siento la necesidad de justificarme. Mi sonrisa, siempre eterna, desaparece. Él coge mi mano con ternura, mis sentimientos atropellan a mis palabras y me siento indefensa, vulnerable... más niña que nunca.<br/><br/>- <i>¿Sabes una cosa, princesa? Lo hubiésemos superado.<br/><br/>- ¿Por qué estás tan seguro?<br/><br/>- Porque ninguno de los dos volveremos a amar así.</i><br/><br/>Fue una decisión difícil, no fue compartida, eso es cierto, pero no la tomé a la ligera. Hubo gente de nuestro entorno que pensó que enloquecí, algunas féminas se alegraron y otros tantos caballeros mostraron interés por consolarme.<br/><br/><i>"¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?"</i><br/><br/>¿Cómo olvidarlo? Una mirada serena y transparente que me cautivó... una sonrisa sincera y pícara que me sedujo. Fue un amor a primera vista, un flechazo inmediato. Un amor desbordante y una pasión intensa que derivaron con los años en posesión y obsesión crecientes, a medida que yo maduraba y me hacía más independiente, ambiciosa e interesante a los ojos de los hombres. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, sé que la posesión siempre estuvo ahí, de manera muy sutil al principio... sin miramientos durante los últimos meses.<br/><br/>Sin embargo, siempre hay circunstancias que no se pueden controlar y que actúan como factores desencadenantes...<br/><br/>Él no sabe que guardo en lo más profundo de mi alma un secreto insondable. A veces imagino que estamos bajo la lluvia y le confieso mis pecados. Uno por uno los voy descubriendo, pronunciando lentamente cada palabra, arrepintiéndome, tal vez, de lo que hice. Las gotas de agua caen sobre mi frente, están limpiando mi rostro, mis labios, mi cuerpo... mi conciencia...<br/><i><br/>"Desearía que no fueras tan dulce, tan adorable... tan provocativa..."</i><br/><br/>Sonrío. Mi invitación para cenar juntos no ha sido algo casual. Una imagen muy explícita de ambos practicando sexo lleva varios días calentándome y no acostumbro a reprimir mis deseos. Sí, suelo conseguir siempre lo que quiero. En estas circunstancias no sé si es lo correcto, pero no me importa.   <br/><br/>Nada ha cambiado, siento el poder que ejerce mi feminidad sobre él, sus ojos verdes se clavan en mí constantemente y percibo cómo recorren mi cuerpo, insinuante bajo un vestido que ahora me ahoga. Queremos devorarnos, queremos que el mundo se detenga, certeros de que seguimos sintiendo algo parecido al amor. Él me penetrará... despacio, con un leve movimiento que se hará cada vez más intenso... nadie como él conoce mi cuerpo... nos reiremos, no dejaremos de mirarnos y acariciarnos, nos besaremos mil veces y estallaremos de placer al unísono... extasiada, exhausta, sin poder respirar, nos quedaremos en silencio, él clavado en mí y yo atada a él...  me sentiré suya y de nadie más.<br/><br/>- <i>¿Sabes en qué estoy pensando? En lo que voy a disfrutar observando en el espejo de tu habitación cómo me llenas desde atrás... mis nalgas bronceadas chocando contra tu vientre con un sonido delicioso... <br/><br/>- Natalie...<br/><br/>- Venga, tonto, sé que te encanta y que te mueres de ganas... igual que yo.</i><br/><br/>Despedirse a la mañana siguiente fue difícil para los dos.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/vargas027.jpg" alt="" border="0" width="320" height="220"/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Adicta al Placer</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_65.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Salimos a cenar a ese restaurante que tanto le gusta. Un sitio encantador, íntimo y exótico en un patio ajardinado situado en una de los barrios más exclusivos de la ciudad. En medio de una gran urbe repleta de coches y gente, se me antoja un pequeño oasis de paz,  tranquilidad y placer para los sentidos. Ha sido una semana estresante de trabajo para ambos y esa noche disfrutaremos de los excesos carnales.<br/><br/>- <i>¿Has estado alguna vez aquí, preciosa?</i><br/><br/>Sonrío.<br/><br/>- <i>No</i> -miento-, <i>es perfecto. Me encanta, y tú me vuelves loca</i>.<br/><br/>Me visto para la ocasión con un vestido que pronuncia todas mis curvas. Elegante, sugerente, blanco e inocente... me da ese aire de falsa ingenua que a él tanto le provoca y a mí, en ocasiones, me gusta potenciar. <br/><br/>El ambiente romántico del lugar contrasta con el torrente de sentimientos desenfrenados y pensamientos lascivos que nos recorren a ambos sólo con una mirada... la palabra que define nuestros encuentros es, sin duda, <b>lujuria</b>... un apetito desmesurado de los placeres sexuales...<br/><br/>La cena en un restaurante caro es un puro trámite entre nosotros, pero incita a la seducción, a la provocación y a la tensión sexual, y eso... no tiene precio.  A menudo nos seduce la idea de abandonar los intensos encuentros sexuales en su casa, trasladar nuestro juego perverso entre amantes y  "dejarnos ver". Entonces somos el centro de las miradas, nos desean, nos envidian, no escondemos nuestra pasión, y lo disfrutamos. Le estimula mirarme y que ellos me deseen. Me encanta mirarle y que ellas le codicien. <br/><br/>Dos Martinis de aperitivo mientras decidimos el menú. Conversamos sobre las vacaciones. Saboreamos una cena y un vino exquisitos, como siempre. El alcohol empieza a hacer efecto y el diálogo va derivando. Estoy deseosa, ardiente, excitada... muy caliente...<br/><br/>...Imagino tu lengua en mi sexo, tus manos presionando con fuerza mis nalgas al ritmo de la penetración salvaje... <i>sí, sí, dale caña a mi cuerpo, cielo</i>...<br/><br/>Sus ojos no pueden ocultar el deseo, pero necesito comprobarlo... sentirlo... No me importa dónde. Me encantaría que me metiera mano descaradamente. Le provoco... <br/><br/>...Tu mirada lasciva me invita a seguir... te  distraes con el movimiento de mi mano, que se ha colado debajo del mantel, tal vez imaginando mis deditos...  soñando con las caricias que me regalo, que en realidad son las tuyas...  preguntándote si estaré rozando mis ingles o si ya me abré sumergido en el interior de mi sexo...  Te haces a mi placer, a nuestro fuego, al deseo... Cierro los ojos... Suspiras... Suspiro... Sonríes... <br/><br/>Fuera del restaurante su cuerpo le dice al mío que tiene ganas de más. El mío siempre está dispuesto. Soy una chica ardiente, deseosa, que gusta de los placeres descritos como mundanos por mentes insatisfechas. La pasión por la vida se transmite en el respirar, el andar... en la capacidad de disfrutar, de dar y recibir placer... y no una, sino infinitas veces... en escapar de la realidad de lo cotidiano por haberlo impregnado de anhelos y ambiciones, en vivir el ahora intensamente y no el mañana. Ahora más que nunca soy consciente de ello. <br/><br/>...Te arrastro a un rincón y me inclino hacia ti regalándote el escote del vestido. Te susurro que deslices tus manos hasta mis nalgas... sóbalas, quiero sentir la presión de tus dedos... Sin poder negarte, concentrado en el tacto y sin descuidar la mirada de nuestro alrededor, accedes gustoso. Me estremezco ahora que empiezas a subirme el vestido... mi sexo queda al descubierto y la gente sigue caminando... <br/><br/>Y ahora, sí, fóllame... <br/><br/>¿Aquí?<br/><br/><i>Naturellement, mon amour.</i><br/><br/>Me excita el sexo que conlleva un cierto riesgo de ser visto, riesgo que en ocasiones busco a propósito. Entonces es cuando me gusta poseer en lugar de que me posean. Me siento poderosa, me vuelvo perversa, disfruto sintiéndoles estremecer, angustiados, con los cinco sentidos divididos entre proporcionarme el máximo placer y procurar no ser vistos. Los míos, por el contrario, están todos inmersos en una sola cosa: el placer... mi placer. <br/><br/>Esa noche no me quedo a dormir en su casa. Al día siguiente a primera hora tengo un vuelo que tomar. En el coche le adivino pensativo, preocupado... <br/><br/><i>"No podías haber escogido un destino de vacaciones más alejado del mío, ¿verdad?"</i><br/><br/>Más de 5.000 Km. de distancia... no está mal.<br/><br/>El martes regresé a España. En el aeropuerto de salida, un mensaje de Carlos. Adelantaba su regreso, programado para el día 15 de Agosto, al domingo. <br/><br/>Sonrío. La letra de esta canción viene entonces a mi mente:<br/><br/><i>Ves, cómo lo sabía yo, tengo lo que tú quieres...<br/>...Me lo estoy currando, me lo estoy currando...  <br/>...Me lo estoy currando, me lo estoy currando...  <br/>Soy una mujer de recursos, chulo...  <br/>...tu suela, pasión, saliva, leche y trucos.  <br/>Yo marco el minuto...  <br/>...me hago tirabuzones con las bombas que me tiran los mamelucos.  <br/>Y disfruto... <br/>...Eso sí... Eso sí...  <br/>Tengo lo que tú quieres...  <br/>...cómo lo sabía yo, tengo lo que tú quieres...  <br/></i><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/xin_5106032211439531178250.jpg" alt="" border="0" width="500" height="375"/><br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item><item><title>Sigo Buscando</title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/c_55.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Los primeros rayos de sol que se colaban a través de la ventana  hicieron que ella abriera los ojos. Se despertó en un país extraño, en una cama de una habitación de hotel extraña, en compañía de un hombre no tan extraño. Lo primero que sintió fue un intenso dolor de cabeza... demasiado <i>champagne</i> la noche anterior. Rememoró sonrisas, miradas, confidencias, flirteo... él sólo tenía ojos para ella. Ella sentía el deseo creciente en su mirada, y le gustaba.     <br/><br/>Los brazos de ella rodeando el cuello de él, sus manos fuertes en su  cintura...  ella le sintió estremecer... no lo pensó, sólo se dejó llevar por sus deseos y tomó la iniciativa... boca con boca, lengua con lengua, un beso ardiente...  En el taxi de camino al hotel él tomó su mano. Ella jugó con sus deditos, entrelazándolos con los de él. Caricias sobre la cama y una frase en un susurro mientras los ojos de ella se cerraban... "¿Sabes cuánto tiempo llevo deseando esto?".<br/><br/>Él había dedicado el último año a observarla detenidamente, a analizar sus hábitos, sus gestos, sus gustos, lo que le hacía reír y la forma en la que se relacionaba. La miraba, la observaba con verdadero placer, en silencio, en secreto, en la sombra, dejando pasar los meses... deseándola a ciegas... Llegaría su momento y entonces él haría lo imposible para que todo fuese perfecto.<br/><br/>Ella era joven, muy joven, sugerente, dulce, refinada, despierta, ambiciosa. Él, maduro, atractivo, muy seguro de sí mismo, misterioso, ejecutivo de éxito. A ella le gustaba cantar, inventándose letras, algunos trozos los tarareaba. Y él soñaba con ella... era suya y la amaba.<br/><br/>La primera noche, una rosa amarilla. Dos copas de <i>champagne</i>. Los móviles apagados. La corbata de seda. El vestido rojo. Esos zapatos comprados en Italia. El llavero con monograma. Los gemelos de oro. Los canapés de salmón rosado que aún esperan. Tres velas: una roja, una verde, la otra lila. El reloj pulsera de Bulgari. El jacuzzi. Las batas de baño. La cartera negra arrancada a Ferragamo. La música que sueña con una melodía que detiene la escena.<br/><br/>Él ya no piensa en la Bolsa, en las letras de cambio ni en el mail de la empresa. Ella tampoco. Sobre la cama, dos cuerpos pactan la primera tregua.<br/><br/>La besó. Volvió a besarla. Siguió besándola. La encerró entre sus brazos y ella a él entre sus piernas. Acarició sus hombros. Ella volaba, soñaba, reía. Un instante de pasión eterno. La besó una vez más. No podían separarse. No deseaban dividirse. No había marcha atrás.<br/><br/>Una noche, ella dejó de cantar, una noche de tantas, para nunca volver a hacerlo con él. Él la acarició el rostro y susurró las palabras que ella tantas veces le había pedido no pronunciar. Aquello había ido demasiado lejos, ya no era un juego, no estaba bien, no podía continuar, y era el momento de regresar a su país. Él la siguió observando, como siempre, a su lado, en la cama, acariciándola, recordando aquellas noches en las que ella le cantaba al oído. <br/><br/>Para ella él fue un error que se alargó en exceso. Él cree que con ella conoció la libertad.<br/><br/>Él prometió que nunca la olvidaría, que ella sería la única mujer, que jamás podría compartir otro cuerpo, otra mirada, otro sexo. Ella le aseguró que su recuerdo se difuminaría con el paso del tiempo. Un día él sentiría que los labios de ella no fueron tan dulces, arrinconaría su olor, su sabor y cada una de sus curvas.  <br/><br/>Ella cruzó la avenida. Él la observó atento. Ella volvió la cabeza. Él la saludó con un gesto. Ella se perdió entre la gente. Él se quedó vacío. Ella regresó a su país, a su oficina, a su vida anterior. Él dispuso el día libre. A la hora del café, como todas las mañanas, él se sentó en la misma mesa, a la misma hora, pero sin ella. Ella nunca regresó. <br/><br/>Los años marcaron la distancia, pero no el olvido. Ella lo intentó, pero no pudo hacerlo. Él viaja constantemente a su país. Ella ha tenido problemas con su ordenador y ha perdido todas las fotografías de ambos. Esas fotografías ocasionaron problemas, se convence de que es mejor así.  Él no ha dejado de atormentarla con sus palabras...    <br/><br/>...<i>Sigo buscando una sonrisa que vuelva a darme la vida... Vuelve conmigo. </i><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/http://blogs.ya.com/historiasdenatalie/files/20051110073310rosaamarilla.jpg" alt="" border="0" width="450" height="289"/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Natalie)]]></author></item></channel></rss>
