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CUENTOS Y LEYENDAS
Pequeña antología de diversos relatos .
Acerca de
Hola! me llamo Marcelo, soy músico, de Tauro, del 23/4/69 y me gusta muchísimo recolectar cuentos y leyendas de diversos autores. Si me lo permiten, me gustaría compartirlos con ustedes.
Sindicación
 
Jaufré Rudel


SPYRO: Gracias por la visita y por la historia del seat 600..!!

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Contaré, si ustedes me permiten, la historia de un trovador provenzal que es verdaderamente ejemplar.
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En la corte de Leonor de Aquitania, había un trovador que gozaba de gran fama. Las damas y las doncellas no se cansaban de escucharlo. El trovador se llamaba Jaufré Rudel. Era un tipo solitario que soñaba con un amor ideal y aguardaba a la que supiera inspirarlo.

Por aquellos años, a principios del siglo XII los cruzados que volvían de Jerusalén relataban las peripecias de sus viajes. No sólo se referían a episodios de guerra, sino también a la ardiente belleza de las mujeres orientales y también a las hermosas francas nacidas en Tierra Santa, donde no pocos cruzados se habían casado con armenias o levantinas.

Jaufré Rudel escuchaba. Pronto los viajeros comenzaron a referirse a una misma mujer, una cuyo esplendor superaba al de todas las demás.

La muchacha se llamaba Melisenda de Trípoli, era hija de Raimundo de Trípoli. Era de talle fino y formas perfectas, cutis claro y cabellera negra como el azabache. Vivía en un suntuoso palacio a orillas del mediterráneo, precisamente en la ciudad de Trípoli.

Jaufré Rudel se enamoró de Melisenda, aunque no la había visto nunca. Esperaba ansioso que llegaran más relatos de los cruzados. Las damas y doncellas de la corte le parecían insignificantes comparadas con la lejana belleza que describían los aventureros.

A partir de entonces, Melisenda fue su musa. Escribía sus versos pensando en ella. Pasaron algunos años y Rudel pensó en declararle sus sentimientos. Pero su salud era precaria y no tenía dinero.

Como no escribía más que para Melisenda, tuvo la idea de confiar sus escritos a los caballeros que partían hacia tierra santa, para ver si alguno podía entregárselos a su amada. Pero el tiempo pasaba y Rudel no obtenía respuesta alguna.

Desesperado, decidió partir, su salud declinaba y quería encontrarse con Melisenda antes de morir. Empezó a economizar, moneda tras moneda, para pagar su viaje a bordo de una nave. Cuando finalmente reunió la suma necesaria, partió y llegó a Trípoli sumamente enfermo después de una travesía terrible.

Tambaleando quiso ir al castillo donde vivía Melisenda. Golpeó la puerta y solicitó ver a la muchacha. Los guardias lo echaron a patadas. Es que Jaufré Rudel parecía un pordiosero.

El trovador insistió. Regresó al otro día y los días siguientes. Por fin, cuando Melisenda advirtió su presencia, lo hizo ingresar de inmediato. Es que habían llegado hasta ella las canciones de Rudel a través de otros viajeros. Melisenda estaba enterada de la existencia de aquel hombre que le expresaba su amor desde hacía tantos años y quería conocerlo.

Jaufré tembló de emoción cuando fueron a buscarlo. Delgado y pálido, apenas caminaba. Lo hicieron entrar en el gran salón. Frente a él estaba Melisenda. Jaufré avanzó lentamente, se arrodilló frente a ella y no pudo hacer nada. Sólo permaneció mirándola durante largo tiempo.

La muchacha se inclinó y besó largamente a Rudel en la boca.

Lamentablemente aquí termina la historia. Apenas se separó de la doncella, Jaufré Rudel cayó muerto. Tenía 50 años de edad. Nada más se sabe de Melisenda de Trípoli.

Esto ocurrió hace más de 800 años. Las más bellas canciones de Jaufré Rudel, las que escribió para su princesa lejana eternizaron su amor e hicieron de él uno de los más grandes poetas de la Edad Media.

 
Chiang Ching

MARIA: Que pregunta interesante mujer!..El escritor Alejandro Dolina es el autor del texto. Y si no lo interpreté mal, tiene una gran influencia platónica que, según se ha dicho, considera al amor como un camino a la divinidad. Gracias por la visita.

ORANX: Espero no haberte decepcionado... Si querés puedo vestir minis y tacos para vos..!!

EMeKaTe: Gracias por la visita (Já! El que está lleno de argentinos es el Barsa..!!)

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Seguimos con las musas. Hoy una muy, muy especial....

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En 1965 Mao Tsé Tung concibió la idea de lo que se llamó la revolución cultural.

En ese momento, China estaba gobernada por un triunvirato: el propio Mao, el jefe de estado Liu Shao-chi y el jefe del ejército Lin Piao.

Mao decidió abordar indirectamente la nueva obra y empujó hacia el centro de la escena a su esposa, la actriz cinematográfica Chiang Ching.

Se habían casado en 1939. Ella había actuado en Shangai durante los años treinta, utilizando el nombre profesional de Lang Ting. Durante los primeros veinte años de su matrimonio Chiang Ching se mantuvo en un plano muy secundario. Pero de pronto se convirtió en el centro de un grupo de intelectuales descontentos, escritores fracasados, actores de segundo orden, y en general, de un grupo que deseaba ejercer el dominio de las artes y radicalizarlas.

Chiang Ching tuvo su oportunidad cuando Mao le permitió organizar el festival de la ópera de Pekín, acerca de temas contemporáneos, en el gran salón del pueblo. Eran 37 óperas nuevas, casi todas sobre la revolución, representadas por 28 compañías proletarias provenientes de 19 provincias. Lo que es todavía más sorprendente, Mao le permitió pronunciar un discurso, el primero a cargo de una mujer desde que él había tomado el poder.

Chiang Ching arremetió contra el teatro clásico Chino, dominado por los antiguos temas de héroes, heroínas, emperadores, príncipes, eruditos y, sobre todo, espectros y demonios.
Recomendó la representación universal de ciertas óperas modelo, por ejemplo una que se llamaba Incursión sobre el regimiento del tigre blanco y captura de la montaña del tigre mediante la estrategia.

Todo esto molestó al alcalde de Pekín, el mandarín y erudito Peng Chen, que se negó de plano a seguir las instrucciones de Chiang Ching. La señora juró venganza. Se instaló junto a Mao en Shangai.
Peng Chen, el mandarín, fue despedido y ella fue designada asesora cultural de todas las fuerzas militares.

El 20 de marzo de 1966, Mao convocó a la juventud iletrada. Chiang Ching se convirtió en el espíritu rector de un grupo de activistas y fue designada especialmente por Mao para encabezar la revolución cultural.

Los primeros guardias rojos aparecieron a fines de mayo. Pertenecían a la enseñanza secundaria. Tenían de 12 a 14 años. Pronto se les unieron otros, que desataron una revolución contra los intelectuales, contra los que admiraban lo extranjero, contra los maestros y contra todos aquellos que según ellos eran contrarrevolucionarios.

Empezaron los famosos carteles de caracteres grandes, donde se leían amenazas. Las pandillas recorrían las calles y cortaban el pelo a las muchachas que usaban trenzas, a los varones que usaban pantalones de estilo extranjero se los destrozaban. Se organizaron fogatas callejeras con los artículos prohibidos, que incluían naipes, juegos de ajedrez, discos de jazz y una amplia gama de objetos de arte. Las bibliotecas fueron saqueadas y clausuradas.

Entre tanto, Chiang Ching se había dedicado a gobernar el mundo de la cultura y a hablar en mitines de masa, en los cuales denunciaba al capitalismo, el jazz, el rock and roll, el impresionismo, el arte abstracto, etc. Aprovechó para saldar cuentas pendientes con el mundo del teatro y el cine de los años treinta. En una ocasión llevó a todos sus enemigos, incluido en antiguo alcalde de Pekín, al estadio de los trabajadores con pesados carteles de madera colgados del cuello.

Las pandillas de Chiang Ching se apoderaron de la televisión, los diarios y las revistas. Confiscaron todas las películas existentes y las presentaron corregidas. Chiang Ching asistía a los ensayos de la orquesta filarmónica central y zarandeaba al director Li Te Lung. En el ballet, prohibió los dedos de orquídeas y las palmas vueltas hacia arriba, y en cambio favoreció los puños cerrados y los movimientos violentos para demostrar el odio a la clase terrateniente.

Después de prohibir prácticamente todas las formas de expresión artística, Ching Ching se esforzó con desesperación por llenar el vacío, pero no fue posible producir gran cosa: dos obras orquestales, cuatro óperas y dos ballet. Tampoco pudieron producirse muchas películas. Chiang Ching decía que había sabotaje. A fines del verano de 1967, Mao ordenó a Ching Ching que suspendiese toda la actividad. En el otoño Mao retiró todo el apoyo oficial a la revolución cultural y utilizó al ejército popular de liberación para restablecer el orden.

Chiang Ching, la musa de la revolución cultural, fue perdiendo poder.

En 1973 ya no vivían juntos.

Poco antes de su muerte, Mao recibió un informe acerca del sistema educativo por parte del presidente de la universidad Qinghua, que había sido purgado por Chiang Ching y después rehabilitado. Mao le dijo que hablara sólo tres minutos. Recibió esta sombría respuesta "Treinta segundos bastarán... Los alumnos universitarios estudian los textos de los alumnos secundarios y su nivel académico es el de las escuelas primarias".




Mao falleció el 9 de septiembre de 1976. Los enemigos de Chiang Ching querían cortarla en 10 mil pedazos. Fue juzgada en 1981 y condenada a muerte. Dicen que durante el juicio llegó a desnudarse...

 
La musa


Los antiguos creían que los artistas no eran sino instrumentos de los dioses. La inteligencia, la destreza, el rigor de los aprendizajes, de poco servían sin la intervención de las musas. Por eso al comienzo de cada canto pedían explícitamente una ayuda sobrenatural, invocando a la diosa:

Canta, diosa, la venganza fatal
de Aquiles de Peleo.


O más recientemente:

Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento
.

Sin la diosa, un poeta no era nada. La poesía es en verdad una invocación religiosa a la Musa. Y la recompensa del arte no es otra que la experiencia mágica de dicha y horror que la aparición de la diosa provoca.

Los griegos contaban que las musas eran nueve hermanas, hijas de Zeus, y fruto de otras tantas noches de amor con Mnemósine, que era la personificación de la memoria. Antes que nada eran cantoras. Las convidaban a las grandes fiestas del Olimpo y sus himnos deleitaban a Zeus. Vivían en un bosque sagrado, cercano al monte Helicón. Solían reunirse alrededor de Hipocrene, es decir la Fuente del Caballo, un manantial abierto por Pegaso, al dar sus cascos contra una roca. El agua de aquella fuente favorecía la inspiración poética.

Con el tiempo, cada una de las hermanas vino a tener una función determinada: Calíope se ocupó de la poesía épica; Clío, de la historia; Polimnia, de la pantomima; Euterpe, de la flauta; Terpsícore, de la danza; Erato, de la lírica coral; Melpómene, de la tragedia; Talía de la comedia; Urania, de la astronomía.

En los mitos escandinavos, Odín consiguió hacerse con unos frascos de miel y de sangre fabricados por los enanos y que son el secreto de la poesía. Por eso habla siempre en verso.

La psicología, esa colección de mitos de nuestro tiempo, desmiente la intervención de la diosa y la reemplaza por otros estímulos menos convincentes.

Lo cierto es que el artista siente, a veces, que le dictan o le cantan en el oído. O mejor todavía, siente que una fuerza que le es exterior lo impulsa a cumplir los arduos trabajos del arte. Se trata - es necesario decir - de fuerzas mucho más poderosas que las encarnadas por el ansia de fama, dinero o distinciones.

En rigor, no puede hablarse de placer de la creación artística, porque esta creación no siempre es placentera y la mayoría de las veces está rodeada de unas penurias tales que es necesario un enorme valor para evitar el desaliento.

Algunos deterministas sostienen que - a falta de musa - el artista es el inevitable resultado de las circunstancias sociales, económicas y políticas. Es decir, que examinadas las condiciones de una región en un momento histórico determinado, es posible conjeturar qué clase de obras se acuñarán allí. Así, se ha señalado que la vida pastoril, típica de la Pampa, produjo el Martín Fierro. Borges objeta que esta misma vida pastoril ha sido típica de muchas regiones de América, desde Montana y Oregón hasta Chile, pese a lo cual estos territorios se abstuvieron enérgicamente de redactar El gaucho Martín Fierro.
Ciertamente, lo social y lo económico influyen en el arte. Pero es imposible saber de qué modo. El artista puede acompañar a su época o resistirla. Un régimen autoritario puede engendrar un riguroso arte oficial o una indignada rebelión romántica, o cualquier otra cosa.

Durante mucho tiempo me ha gustado creer que el verso perfecto estaba al final de un camino lleno de espantos y pena.

El puente Chinvat de los persas prometía un tránsito fácil para los justos e imposible para los malvados. Este sendero poético que me atreví a imaginar conducía al lugar más glorioso cuanto mayores eran los sufrimientos del camino. Y allí los malvados elegían el camino fácil, el que no llevaba a ninguna parte.

Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: la musa es la mujer que uno ama. El poeta inspirado se conecta con la diosa sólo a través de una mujer en la que ella reside hasta cierto punto. Un poeta verdadero se enamora absolutamente y su amor sincero es para él la encarnación de la musa.

Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino difícil es el camino del enamorado y del poeta.

Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce - o nos hace conocer - la música buscada.
 
Adivinanzas


RUBEN: Gracias por el comentario!

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Hoy comienzo con una nueva serie de relatos de Dolina. Espero que lo disfruten.

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Hace muchos siglos, en los tiempos de la dinastía Sung, andaban por la ciudad de Hang-cheu los inventores de adivinanzas. Se sabe que todos vestían del mismo color, pero se discute cuál era ese color. Solían caminar por los jardines que estaban más allá de las murallas, o por la orilla de los canales, o por el barrio de los actores.

Todos conocían sus procedimientos: se jugaba por dinero. La honestidad de estos hombres era proverbial. Jamás se negaban a pagar cuando alguien daba con la solución de sus enigmas. De entre todos los artistas ambulantes, los inventores de adivinanzas eran los preferidos de las muchedumbres. Convocaban más curiosos que los acróbatas, los amaestradores de peces o los remontadores de barriletes.

Según se dice, las adivinanzas eran siempre distintas y jamás volvían a usarse una vez que alguien las resolvía. Los estudiosos pretenden reconocer distintas técnicas en la formulación de acertijos. La más usual consistía en la descripción concreta de una cosa que en lenguaje metafórico resultaba ser otra. El legendario Wang-li acuñó durante su vida alrededor de setenta mil adivinanzas obscenas cuya respuesta era siempre la misma.

La preferida del maestro Hsu-t'ang Chih-yu puede escribirse así:
Tiene patas, pero no es un pez. Tiene dientes, pero no es un gusano. Es insignificante, pero no es el emperador
.

La respuesta, Li, el vendedor de limones, es imprevisible pero no inevitable.


Los emperadores solían favorecer a estos ingeniosos peregrinos instalándolos en la corte. Allí permanecían largos períodos, disfrutando del lujo y la molicie. Casi todas las mañanas el emperador se hacía formular una adivinanza. Hay que admitir que se trataba de una situación delicada, pues un enigma que el emperador no pudiera resolver trastornaba ciertamente las leyes de la naturaleza. Para evitar catástrofes, los inventores ideaban misterios sencillos o -mejor aún- daban por buena cualquier respuesta imperial. Durante siglos, fue señal de cautela en la China el contestar una indagatoria con la fórmula: "aquéllo que al emperador pluguiere".


El dato más curioso es el que se anota a continuación: cada vez que alguien adivinaba, los formuladores saltaban de gozo y daban muestras de la más sincera alegría. No les importaba perder una moneda, si a cambio recibían el halago de ser comprendidos. Esta alegría era mayor cuanto más difícil era la adivinanza.

Aristóteles decía, o se olvidó de decir, que la vida del entendimiento es la vida más dichosa a la que el hombre puede aspirar. Otros han dicho que los seres humanos disfrutan con el ejercicio de sus capacidades realizadas y que este disfrute es mayor cuantas más capacidades se realizan o cuanto mayor es su complejidad.

Wang-li, en el prólogo del Libro de las Adivinanzas Obscenas, escribió: "La adivinanza, el enigma, la prueba o el examen no se proponen dejar fuera al peregrino, sino hacer que entre mejor de lo que era. La puerta de la nobleza es difícil de abrir, pero se abre. Sólo las puertas de los tiranos son inexpugnables".


Con la llegada de los mongoles, la estrella de los inventores de adivinanzas se fue apagando. Ya en tiempos de decadencia, los últimos formuladores reducían al mínimo las dificultades: Brillo redondo soy de tus noches. Algunos enigmas ya venían resueltos ¿Qué es una cosa que brilla en el cielo y que se llama Luna?.

Según el maestro Yin-yüan Lung-ch'i, todo idioma es una colección de adivinanzas, ya que las palabras sustituyen a las cosas y los enigmas son sustituciones.

Algunos hablan todavía de la adivinanza de Tzu-fu. Los maestros del Zen creían que la recompensa por su adecuada resolución era nada menos que la comprensión cabal del sentido del universo. Su formulación usual era: Tres, dos, uno, dime adivinador cuál es el sentido del mundo.

 
Solos...En La Madrugada


JAIRA: Gracias por el mensaje. Un beso para Luna.
SPYRO: Gracias por el enlace "Gallego"!!!
ELI: ...You...you are the One, baby..
RUT: Gracias por el caféee!!
ARDELIA: Maestra!!! Tu sitio es fantástico, Sigue asííí..

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Bueno, bueno...recorriendo blogs, descubrí que hay una gran afición por los monólogos. Con eso en mente decidí publicar este escrito que, los más grandecitos, van a reconocer enseguida...
Sin más que decir les deseo una buena jornada.

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Se van a acabar para siempre la nostalgia, el recuerdo de un pasado sórdido, la lástima por nosotros mismos.

Se acabó la temporada que ha durado 38 hermosos años, estamos en 1977, somos adultos, a lo mejor un poquito contra hechos, pero adultos. Ya no tenemos papá. ¿ Que cosa, eh?.

Somos huérfanos gracias a Dios y estamos maravillosamente desamparados ante el mundo. Bueno, pues hay que enfrentarse al mundo y con esa cepa que nos da ese aire garboso!. Tenemos que convencernos de que somos iguales a los otros seres que andan por ahí, por Francia, por Suecia, por Inglaterra.

En setiembre ya no vamos a reunirnos solos en la madrugada para contarnos nuestras penas, para mirarnos el ombligo, para seguir siendo mártires, para sufrir. No, a partir de ahora y aunque sigamos siendo igual de minusválidos vamos a intentar luchar por lo que creemos que hay que luchar, por la libertad, por la felicidad.

Hay que hacer algo ¿No?, para alguna cosa tendrá que servir el cambio, pues venga, vamos a cambiar de vida. A ti Rosi ¿Qué té pasa?. Que tu vida con Andrés y los chicos no te gusta ¿no?. Pues fuera, cada uno por su lado pero con dos ovarios como si fuésemos mayores.

Y tu Nacho ¿qué? ¿No te ha tirado siempre lo otro?. Pues venga, guerra, pero sin tapujos. Ponte peineta y a ello, pero con dignidad, con la cara bien alta, que no pasa nada.

Vamos a ver Andrés ¿Tú no querías dejar esas contabilidades y vivir sólo con el sueldo?. ¿Qué esperas?. ¿Qué no puedes?. Claro que puedes. Plántate, plántate con Hernández, con Gil, con Troncoso, plantáos y a pedir un sueldo digno, ya verás como se acojonan los de la planta Noble, y a vivir como un ser humano y no como un robot, a vivir con tus hijos, a charlar con tu mujer. ¿O no?.

Hay que comprometerse con uno mismo, hay que tratar de ser uno mismo, hay que ir a las libertades personales.

Margarita de mi vida, ya no me sirve eso que me dices siempre de que té pasas la vida metida en casa, de que Vicente no te saca. ¿ Qué pasa? Quieres ir al cine y Vicente no quiere, pues vete al cine, fíjate que sencillo. Ese metro, ese autobús, me da una butaca y ya está, ya has visto a Paul Newman, que era lo que querías.

Se ha terminado eso de ser víctimas de la vida, hay que vencer a la vida. Hay que tomar el mando en la cama. Si lo que quieres es un televisor en color, cómprate el más grande que encuentres por que es lo que quieres, no ahorres cuatro perras para dejarlas a los hijos, disfrutad de la vida vosotros porque es vuestra vida y porque además esas cuatro perras luego no van a ser nada.

Hay que empezar a tratar de ser libres. Yo también quiero ser libre.

No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que ser algo... a lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy porque no podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años.

Ese viejo disco que vais a escuchar es el último de una melodía que no oiremos más. Yo os prometo que Ray Peterson, Raimundo Pérez si hubiese nacido en el Imperio, no volverá a decirle a Laura que la quiere porque, es que Laura tiene treinta y cinco castañas, cinco hijos y está casada con uno de Arkansas y eso hay que afrontarlo.

No soy político, ni sociólogo pero creo que lo que deberíamos hacer es darnos la libertad los unos a los otros, aunque sea una libertad condicional. Pues vamos, yo creo que si podemos hacerlo, creo que si. No debe preocuparnos si cuesta al principio porque lo importante es que al final habremos recuperado la convivencia, el amor, la ilusión.

Pues no cabe duda, al vegetar estamos acabando. Vamos a vivir por algo nuevo. Vamos, vamos a cambiar la vida por nosotros. Vamos.


 
Carta de un Perro a su Amo


ORANX : Gracias por la visita. ¿Cómo van esos ahorros?
JAIRA : Gracias por el comentario. Felices Vacaciones!!

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Bueno, hoy un clásico...de Internet. Pero un clásico al fin.

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Ahora que tu eres mi amo sólo te pido amor.

Has decidido hacerte responsable de mi y me siento muy agradecido por tu determinación. Existirá entre ambos un pacto secreto de confianza que jamás será quebrantado de mi parte. Deberás comprenderme por algún tiempo, acabo de separarme de mi madre y de mis hermanos. Me notarás desorientado, inquieto y algunas noches hasta me verás llorar... Si, los extraño, compréndeme, yo te comprenderé luego por muchos años.

Seré tu mejor amigo, entenderé tus cambios de humor, tus alegrías, tus días buenos y tus días malos, estaré a tu lado acompañándote en tu soledad y en tu tristeza, yo te trataré siempre con el mismo amor, con la misma lealtad. Lameré la mano con que me castigues, porque mi capacidad de perdonar es infinita, pero no me castigues,
enséñame. Desconozco los detalles que puedan irritarte y deseo complacerte en todo.

Deseo también que te sientas orgulloso de mi cuando me veas echado a tus pies, cuando camine a tu lado por la calle como tu sombra mas fiel. Quiero responder a ese ideal de perro que tanto anhelas, pero depende de ti; seré reflejo de tu modo de educarme y de tratarme. Ayúdame a no defraudarte. Si me tratas con violencia... seré agresivo. Háblame, entiendo cada una de tus palabras, aunque no te conteste con el mismo lenguaje. Aprende a leer mis ojos y comprenderás cuanto te entiendo; se que eres una buena persona.
¿Qué piensas tu de aquellos que no aman a los animales?.

Estoy seguro que me cuidarás con amor. Eres mi amo. Poco a poco nos haremos grandes amigos, nos conoceremos y nos respetaremos por igual. Mira, cuando el primer hombre apareció en la tierra, el resto de los animales creían que era otro animal, sin embargo tenía "alma", medita sobre esto. El hombre manifiesta su alma a través del lenguaje, nosotros a través de nuestros actos.

No olvides nunca, mi amo, que te amo a mi manera. Durante más de diez años estaré junto a ti, creceremos juntos, compartiremos tantas y tantas cosas...y el día que me vaya a vivir a alguna estrella, mira el cielo con frecuencia porque siempre te estaré mirando. Pero deseo decirte algo; no dejes mi lugar vacío, hay otro cachorro esperándote y al cual llegarás a amar tanto como a mi. No quiero dejar en mi testamento un lugar vacío, ahora bien, no pensemos en ese día, hazme una caricia y juega un ratito conmigo. Tenemos muchos años por delante para hacernos felices. Te acompaña, te cuida, te comprende y te ama...TU PERRO
 
Murallas

ORANX : Gracias por el comentario...hoy, tengo para vos, un autor Argentino.
ARDELIA : Gracias por el aliento... te dedico la historia de hoy. (ya verás por qué..!!)

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Sigo con Ale Dolina, un escritor muy popular, aquí, en Argentina.

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Hay una ciencia que estudia los procedimientos para sitiar ciudades. Se llama Poliorcética. El aprendiz de sitiador encontrará en ella consejos prácticos, de los ingenieros, pero también ejemplos históricos de agudeza, valor y perseverancia:


Conocerá las trompetas demoledoras de Jericó.

El drama de Masada, con la cruel ingeniería de Flavio Silva y la determinación de Eleazar, que ordenó a los sitiados darse muerte unos a otros.

La aparición de Jesucristo ante el rey Enrique, durante el cerco de Lisboa y el reproche de éste: "Señor, hazte visible mejor ante los sarracenos, que no creen en ti."

La pertinacia de Tutmés ante Kadesh.

La traición de Teodorico en Ravena.

Y la mayor de estas aventuras: el sitio de Troya.


Me doy el gusto de recordar algunos datos.

Dante ubica a Ulises y Diomedes entre las llamas del infierno de los embaucadores. Los hace pagar allí la culpa de haber urdido la estratagema del Caballo de Troya para poder entrar a la ciudad sitiada.

La sanción dantesca es injusta. Aún siendo los dos héroes muy inclinados a la astucia y la ocultación, fueron inocentes del engaño que se les atribuye. En verdad, la diosa Atenea reveló a Prilis, un adivino de Lesbos, que los griegos sólo podrían entrar a Troya escondidos en el interior de un caballo de madera.

Cuando las naves aqueas pasaron por Lesbos, Prilis comunicó a los jefes el dictamen de la diosa.

Epeo, que había nacido cobarde y era artesano exquisito, se ofreció voluntariamente para construir el caballo.

Se dice que empleó tablones de pino. En uno de los costados estaba el escotillón que permitía el ingreso y egreso de los guerreros. Del otro lado se grabaron grandes letras que completaban la siguiente dedicatoria: "En agradecida anticipación a nuestro regreso feliz, los griegos dedicamos este caballo a Atenea."

El tamaño de la construcción sólo puede conjeturarse por el número de personas que era capaz de albergar. Sin embargo, los poetas e historiadores no terminan de ponerse de acuerdo al respecto. Algunos hablan de veintitrés, otros treinta, cincuenta y hasta tres mil. Conocemos -eso sí- el nombre de algunos de los que estuvieron dentro del caballo. Recordemos a Menelao, Acamante, Toante, Neoptólemo, Estéleno, Ulises y Diomedes.

Epeo también formó parte del grupo. Lo subieron de prepotencia y lo sentaron junto a la cerradura, con el pretexto de que era el único que sabía hacerla funcionar.

Suele decirse en las conversaciones de las pizzerías que el caballo fue presentado a los troyanos como un obsequio. No fue así. En realidad los griegos incendiaron el campamento y se hicieron a la mar fingiendo que abandonaban el sitio.

Las naves se ocultaron detrás de una isla cercana y allí esperaron.

El caso es que al día siguiente, los troyanos encontraron la campiña desierta y en medio de las cenizas del campamento, muerto de risa, el absurdo caballo de Epeo.

El rey Príamo y los suyos se acercaron a examinarlo. Surgieron opiniones diferentes. Dimetes insistía en llevarlo a la ciudad. Capis propuso quemarlo. Laoconte recordó que no había que confiar en los griegos. Casandra, la hija del rey, que poseía el don de profetizar, reveló que el caballo estaba lleno de guerreros.

Pero Casandra estaba condenada a que nadie le creyese.

Aquí entra a tallar un guapo de verdad: Sinón, el espía. Los griegos lo habían dejado en tierra y él no tardó en hacerse tomar prisionero. Conducido ante Príamo, soportó el interrogatorio del rey con fingida reserva. Se dice que no habló hasta que no le cortaron la nariz y las orejas.

Asegurada de este sangriento modo su credibilidad, engañó a los troyanos con la siguiente historia: dijo que los griegos estaban hartos de la guerra y que se habían ido para siempre.
Explicó que lo habían dejado en tierra a causa de su enemistad con Ulises.

Con respecto al caballo, dijo que era una ofrenda que los griegos hicieron a Atenea. Querían recuperar el favor de la diosa, muy mal dispuesta con ellos desde el robo del paladio.

Príamo preguntó por qué lo habían hecho tan grande.

Entonces, Sinón habló de una predicción del adivino Calcante. Si los troyanos despreciaban la ofrenda, serían destruidos. En cambio, si lo introducían en Troya, se hallarían en condiciones de conquistar Micenas.

Para su desgracia el rey Príamo le creyó. Hizo agrandar las puertas para entrar el caballo, lo dedicó a la diosa y después los troyanos empezaron a festejar la victoria.

Cuando todos dormían la borrachera, Sinón encendió los fuegos. Era la señal convenida con la flota griega. Los barcos se acercaron y los guerreros salieron del interior del caballo.

El primero en hacerlo fue Equión, que se rompió el cuello. Después comenzó la matanza...


En todo cerco, se supone que el sitiador es dueño del territorio vecino, que está en situación de impedir el abastecimiento del sitiado y que es el que toma las decisiones.

Ante semejante postulación, los espíritus prácticos podrán sostenter la inutilidad de cualquier resistencia al asedio: si al fin habremos de capitular, ¿a qué demorarse en las tribulaciones del heroísmo?

La respuesta a tan liviana objeción es contundente y melancólica: vivir no es otra cosa que una resistencia inútil.

El rey Príamo sabía que el destino de Troya era el fuego. Pero combatió durante diez años.

El hombre sabio sabe que va a morir, pero vive y se resiste a la muerte tanto como puede. Es mortal en beligerancia.

Lector poliorcético: el que esto escribe defiende unas modestas murallitas de humo que ya se han derrumbado mil veces. Y guarda en su patio numerosos caballos de madera, obsequio de amados traidores.

Ahora, en este mismo momento, empiezan a salir de ellos los enemigos.


 
El Poder de las Mujeres Hermosas

Jessica: Como siempre, gracias por la buena vibra. Te mando un beso

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Bueno, hoy vamos con un poco de humor. Este es un cuento de Alejandro Dolina. Espero que les guste. Felíz Domingo.

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Todos sabemos que el túnel que pasa bajo las vías en la estación de Flores es una de las entradas del infierno.

Cierta noche de otoño, el ruso Salzman, uno de los tahúres más prometedores del barrio, estaba haciendo un solitario en uno de los bares mugrientos que existen por allí. Vino a interrumpirlo un individuo alto y flaco, vestido con ropas elegantes, pero un poco sucias.

-Buenas noches, señor, soy el Diablo.

Salzman saludó tímidamente. Estaba seguro de haber visto al Diablo otras veces, pero le pareció inadecuado mencionarlo. El hombre se acomodó en una silla y sonrió con dientes verdosos.

-Un solitario es poca cosa para un jugador como usted. Sepa que le está hablando el dueño de todas las fichas del mundo... Conozco de memoria todas las jugadas que se han repartido en la historia de los naipes. También conozco las que se repartirán en el futuro. Los dados y las ruletas me obedecen... Mi cara está en todas las barajas... Poseo la cifra secreta y fatal que han de sumar todas las generalas cuando llegue el fin de su vida...

Salzman no podía soportar aquella clase de discursos. Para ver si se callaba, lo invitó a jugar al chinchón.

-No comprende, amigo. Le estoy ofreciendo el triunfo perpetuo. Puedo hacer de sus pálpitos leyes de acero. Por el precio de su alma -una pequeñez, si me permite- le haré ganar fortunas.

-No puedo aceptar - dijo Salzman en el mismo momento en que se le trababa el solitario.

-¿Acaso le gusta perder?

-Me gusta jugar.

-Usted es un imbécil... Tiene ganado el cielo. En fin, disculpe la molestia. Si no es su alma, será cualquier otra.

Salzman sintió la tentación de humillarlo.

-¿Quiere un consejo? Váyase por donde vino... Aquí no conseguirá nada.

El hombre alto lo miró sobrándolo.

-Olvida con quién está hablando. Siempre consigo lo que me propongo.

-Vea, supongo que lo que usted pretende es corromper un alma pura. Por aquí hay muy pocas. Y además, éste es el barrio de la mala suerte. Todo sale mal.

-Hagamos una apuesta. Si consigo un alma antes del amanecer, me llevaré también la suya. Si pierdo, usted podrá pedirme lo que quiera.

Salzman juntó las cartas desparramadas.

-Usted sabe que lo que me propone es inaceptable... Pero acepto. Desde luego, tendré que acompañarlo para asegurarme de que no haga trampa.

Los dos personajes caminaron juntos por la oscuridad. Anduvieron por la plaza desierta. En la avenida se cruzaron con algunos paseantes que no sirvieron de nada porque ya estaban condenados.

Salzman estaba un poco perturbado: es que su acompañante matizaba el paseo con pequeñas crueldades. En la calle Yerbal le quitó la gorra a un pobre viejo, y en Bacacay le dio una feroz patada a un perrito negro. Cada tanto, cantaba un estribillo con voz de barítono.

-Almas, quién me vende el alma...

Caminaron hacia el norte y en Aranguren se encontraron con una prostituta de increíble hermosura. Era muy joven, casi una niña. Salzman estaba asombrado.

-Mire...

-Esto será fácil. La chica tiene hambre y aunque usted no lo crea, ésta es su primera noche. Puedo asegurarle que seré su primer cliente.

-Si usted lo dice... Pero recuerde que en este barrio todo sale mal.

El hombre alto dejó a Salzman esperando en la esquina y se acercó a la chica. Después se metieron en un oscuro zaguán.

-Me llamo Lilí - dijo ella -. Tráteme bien. Tengo mucho miedo.

Pasaron largas horas. La chica se derrumbó, extenuada y sonriente.

-Ya no tengo miedo.

Al rato salieron los dos abrazados. En medio de la calle, El hombre sacó la billetera. Salzman escuchaba escondido detrás de un árbol.

-Fue maravilloso. Este dinero es tuyo.

-No quiero nada. Lo hice por amor.

El sujeto dio media vuelta y con paso indignado se acercó a Salzman.

-Apúrese que es tarde.


Anduvieron por el Odeón, por Tío Fritz y por la Perla de Flores, donde un grupo de racionalistas les explicó que el pecado no existía, que el verdadero demonio es el que todos llevamos dentro y que en realidad no hay hombres malvados sino psicóticos, perversos, sádicos, fóbicos o histéricos. Al salir, El hombre rompió la vidriera de un ladrillazo. Después volvió a cantar.

-Almas, quién me vende el alma...

En la puerta de Bamboche vieron a Jorge Allen, el poeta, que por fin había encontrado la pena de amor definitiva.
Salzman indicó que se trataba de un amigo y pidió que no se lo molestara con la condenación eterna. El hombre se rió a carcajadas.

-No está en mis manos condenar a ese muchacho. Los enamorados hallan el cielo o el infierno en el objeto de su amor.

-Tiene razón - dijo el poeta sonriendo.

Salzman los presentó.

-Jorge Allen... el Demonio.

-Ya nos conocemos, pero ya que está: ¿por qué no compra mi alma? Sólo pido el amor de la mujer que me enloquece. Se llama Laura.

-Ya lo sé. Se la entregué hace un tiempo a otro fulano. Por eso no lo ama.

-Con razón, con razón...

-Puedo darle el amor de cualquiera otra.

-Ya lo tengo, gracias.

Allen se fue sin saludar. El hombre le mostró el culo a una vieja que pasaba.


Cerca de las cinco de la mañana, hartos de caminar, fueron a dar al Quitapenas de Nazca y Rivadavia. El hombre alto estaba deprimido por los fracasos de aquella noche. Se tomó cuatro cañas y empezó a contar chistes puercos.

-¿Conoce el del japonés que va al infierno?

Salzman estaba a punto de regalarle el alma para que se callara.

Y en eso, apareció un hombre con una guitarra. Se largó con un paso de milonga en Mi menor y al rato se puso a improvisar un canto.

Al ver a toda esta gente
en esta amable reunión
convoco a mi inspiración
con carácter de urgente.
Si entre el público presente
se encontrara un payador,
lo desafío, señor,
a tratar cualquier asunto,
en versos de contrapunto
para ver quién es mejor.

El hombre alto le quitó la guitarra y contestó en La menor.

Soy el diablo y por lo tanto
acepto su desafío,
sepa que este canto mío
ya ha vencido al viejo Santos.
Pero yo gratis no canto,
quiero una apuesta ambiciosa.
Pregúnteme cualquier cosa,
mas, si yo contesto, le digo:
llevaré su alma conmigo
a la región Tenebrosa.

El payador no se achicó.

Por mi alma yo se lo acepto
o si no por una copa,
no me asusta Juan Sin Ropa
pues ya ni al diablo respeto.
Pero seamos concretos,
el tema será profundo:
diga de un modo rotundo
qué siente ustéd en el amor
y si no invite, señor,
la vuelta pa' todo el mundo.

El diablo hizo una mueca de asco y pagó la vuelta.


A las seis en punto, pasó por el lugar Manuel Mandeb.
Con aliento de azufre, el hombre alto le habló al oído.

-Le compro el alma, jefe.

-Vea, no hay nada en el mundo que me interese, salvo tener un alma. De modo que estamos ante una paradoja.

Empezó a amanecer.

-Oiga, Salzman... De hombre a hombre se lo digo... Esto no es justo: todas esas personas que hemos visto son cien veces más perversas que usted y yo juntos. Quizá sea hora de retirarme de este estúpido negocio.

-No se desespere, amigo.

-No me consuele. No olvide quién soy. Pídame lo que quiera.


Salieron de Nazca y vieron venir por la vereda a Lilí, la joven prostituta. Las luces del día la hacían todavía más hermosa. El hombre se peinó las cejas con escupida.

-De sólo verla se me encienden los siete fuegos del infierno. Tal vez no me lleve ningún alma, pero le juro que no perderé esta noche.

Salió corriendo y la encaró junto a un portón.

-Creo que estuve un poco brusco hace un rato y por eso he resuelto compensarla.

Ella lo miró con frialdad.

-¿A qué se refiere?

-Le daré poder. Poder sobre mí.

Ahora ella miraba un cartel lejano.

-Perdón, creo que no entiendo.

-Vea, no acostumbro hacer estas cosas. Pero debo reconocer que estoy excepcionalmente impresionado por usted. Antes la traté como a todas. Ahora me gustaría tratarla como a ninguna.

La chica empezó a caminar.

-No tengo nada que ver con todo eso.

-No se vaya. Quiero estar con usted. ¿Puede entender eso?

-Sí lo entiendo, pero... Lo llamaré otro día.

-Lilí, soy yo... el del zaguán. Y para mí el único día de la eternidad es hoy.

-Pero para mí no.

-Está bien. Quizás ahora no. Digamos mañana.

-Creo que no. Estoy un poco confundida. Necesito tiempo.

El hombre encendió los ojos.

-¿Tiempo? ¿A mí me hablas de tiempo? ¿Acaso te olvidas de quién soy?

-No sé... si no me lo explica.

-No estoy acostumbrado a dar explicaciones. Mi identidad es ostensible. Has estado conmigo y no te has dado cuenta...

-No.

-Soy Satanás, el Señor de las Tinieblas, el Príncipe de las Naciones, Lucifer, El Portador de Luz, el Adversario, el Tentador, Moloch, Belcebú, Mefistófeles, Ahrimán, Iblis... ¿Entiendes? ¡Soy el Diablo!

Hubo un trueno que hizo temblar la barriada. Ella lo apartó y lo miró con desprecio.

-Cállate de una vez, miserable gusano enamorado. ¿No ves que te estás humillando ante mí? ¿No comprendes que podría llevarte a donde yo quisiera? ¿No comprendes que podría hacerte mi esclavo, que podría obligarte a adorarme?... ¿Y sabes por qué?... Porque el Demonio, el verdadero Demonio... soy yo.

Lilí se fue canturreando una milonguita.

-Almas, quién me vende el alma...


Salzman se acercó al hombre alto.

-¿Un cigarrillo, maestro?

-Gracias... A propósito... ¿Le debo algo?

-Por favor... Vaya con Dios.



 
Mi Agente de Viajes

Jessica: Efectivamente, el número de las carpinterías corresponde al de las obras que hizo Joaquin...Buen viaje!!! Disfrutá el verano.
Ardelia: Me encanta tu sitio, de hecho, inspiró el mío. Gracias por los comentarios... Já! ¿puedo pedir un deseo?

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Este escrito es de Robert Fulghum.Creo que vale la pena mostrarlo. Sin más que decir, ahí vá:
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Querida compañera peregrina:

Alli estabas, aeropuerto de Hong Kong, a fines del verano de 1984, ocupando tensamente una silla junto a la mía. Todo en tí decía "Joven Viajera Europea que Regresa al Hogar". Para ese entonces habías cambiado tus jeans y remeras por un sarong y sandalias. El prolijo corte de cabello original se había transformado en cabellos largos y sueltos. La mochila que estaba junto a tí mostraba las cicatrices y suciedad de los duros viajes y estaba abultada por los misteriosos recuerdos recolectados mientras veías el mundo. Una chica afortunada pensé.

Cuando las lágrimas comenzaron a correr por tus mejillas, imaginé que se trataba de algún amor perdido o la pena por dejar la aventura y volver a los estudios. Pero cuando comenzaste a sollozar, me contagiaste tu tristeza. Supuse que habías estado sola y habías sido muy valiente durante mucho tiempo. Un buen llanto te haría bien. Y lloraste. Empapándome. Un monzón de angustia. Fueron necesarios mi pañuelo y tu pañuelo y casi una caja entera de pañuelos de papel y tus dos mangas para secar la inundación antes de que pudieras hablar.

En realidad, no estabas aún lista para regresar a casa; deseabas seguir adelante. Pero se te habia acabado el dinero, y a tus amigos también, así que hacía dos días que estabas esperando en el aeropuerto casi sin comer y con demasiado orgullo para pedir. Y tu avión estaba por partir, Y habías perdido tu boleto.

Volviste a mojarme con tu llanto. Hacía horas que estabas sentada en el mismo lugar, hundiéndote en el frío mar de la desesperación como un carguero torpedeado. En algúnos momentos llegaste a pensar que te quedarías sentada en ese lugar hasta morirte.

Después de secarte, una agradable pareja de ancianos de Chicago y yo, te ofrecimos llevarte a almorzar y hablar con las autoridades de la línea aérea para hallar una solución. Te pusiste de pié para ir con nosotros, te diste vuelta para levantar tus cosas. Y GRITASTE!! Pensé que te habían herido. Pero no... era tu boleto. Encontraste tu boleto. Habías estado sentada sobre él, Durante tres horas.

Como un pecador que acaba de salvarse de las garras del infierno, reías y llorabas y nos abrazabas; y desapareciste de pronto para alcanzar un avión que te regresaba a casa y al futuro. Y todos los que estábamos en la sala de espera quedamos exaustos despúes de haber participado en tu drama.

Sabes, he contado la historia cientos de veces. Concluyo diciendo "estaba sentada sobre su boleto", y los oyentes se ríen reconociendo dolorosamente sus propios errores.

Con frecuencia, cuando he permanecido de algún modo sentado sobre mi boleto -sentado sobre cualquier cosa que tenga que me hará levantar y proseguir con lo que tengo por delante-, pienso en tí, sonrío y sigo adelante.

Gracias. Te has convertido, de un modo especial, en mi agente de viajes. Te deseo que encuentres todos tus boletos y llegues al lugar que desees ir, ahora y siempre.


 
Carpinteria "El siete"


Quiero empezar agradeciendo los comentarios que recibí:

UranusGracias por tus palabras... sos una persona maravillosa!!
Jen chanGracias por el comentario.
ArdeliaMaestra!! Gracias por escribirme, gracias por todo.

Ahora sí, hoy, encontré una historia que me pareció muy atractiva...


Era una pequeña casucha, casi un ranchito en las afueras de la ciudad. Un pequeño taller adelante con unas pocas máquinas y herramientas, dos piezas, una cocina y un rudimentario baño atrás.

Sin embargo, Joaquín no se quejaba, en estos dos años el taller de carpintería "El Siete" se había hecho conocer en el pueblo y él ganaba suficiente dinero como para no tener que recurrir a sus magros ahorros.

Esa mañana, como todas, se levantó a las seis y media para ver salir el sol. No obstante, no llegó al lago. En el camino, a unos doscientos metros de su casa, casi tropezó con el cuerpo herido y maltrecho de un joven.

Con rapidez, se arrodilló y apoyó su oido contra el pecho del joven...debilmente, allá en el fondo, un corazón luchaba por mantener lo que quedaba de vida en ese cuerpo sucio y hediente a sangre, mugre y alcohol.

Joaquín fué a buscar y trajo una carretilla, sobre la que cargó al joven. Al llegar a la casa tendió el cuerpo sobre su cama, cortó las raídas ropas y lo higienizó cuidadosamente con agua, jabon y alcohol.

El muchacho, además de su borrachera había sido golpeado con salvajismo. Tenía heridas cortantes en las manos y la espalda, y su pierna derecha estaba fracturada.

Durante los siguientes dos días, toda la vida de Joaquin se centró en la salud de su obligado huésped: curó y vendó las heridas, entablilló su pierna y alimentó al joven de a pequeñas cucharadas con caldo de pollo.

Cuando el joven despertó, Joaquín estaba a su lado mirándolo con ternura y ansiedad.

-¿Cómo está?- preguntó Joaquín.
-Bien...Creo- respondió el joven mientras se miraba su cuerpo aseado y curado-¿Quién me curó?
-Yo.
-¿Por qué?
-Porque estabas herido.
-¿Solo por eso?
-No, también porque necesito un ayudante.
Y ambos rieron con ganas.

Bien comido, bien dormido y sin beber alcohol, Manuel, que así se llamaba el joven, se fortaleció enseguida.

Joaquín intentaba enseñarle el oficio y Manuel intentaba rehuir del trabajo todo lo que podía. Una y otra vez Joaquín inculcaba en aquella cabeza deteriorada por la vida transcurrida, las ventajas del buen trabajo, el buen nombre y de la vida buena. Una y otra vez, Manuel parecía entender y dos horas o dos días después, volvía a quedarse dormido o se olvidaba de cumplir con la tarea que Joaquín le había encomendado.

Pasaron meses. Manuel estaba curado. Joaquín habia destinado para Manuel la habitación principal, una participación en el negocio y el primer turno del baño, a cambio de la promesa del joven, de dedicación al trabajo.

Una noche, mientras Joaquín dormía, Manuel decidió que seis meses de abstinencia eran bastante y creyó que una copa en el pueblo no le haría daño. Por si Joaquín se despertaba en la noche, cerró la puerta de su habitación desde adentro y salió por la ventana dejando la vela encendida para dar la impresion de que se encontraba allí.

A la primera copa siguió la segunda, y a esta la tercera, y la cuarta, y otras muchas...

Cantaba con sus compañeros de tragos, cuando pasaron los bomberos por la puerta del boliche haciendo sonar la sirena. Manuel no asoció este hecho con lo ocurrido hasta que de madrugada, tambaleándose hasta su casa, vió la muchedumbre reunida en su cuadra...

Solo alguna pared, las máquinas y unas pocas herramientas se salvaron del incendio. Todo lo demás quedó destruido por el fuego. De Joaquín sólo se encontraron cuatro o cinco huesos chamuscados, que enterraron en el cementerio bajo una lápida donde Manuel hizo escribir:

"LO HARÉ, JOAQUÍN, LO HARÉ"

Con mucho trabajo, Manuel, reconstruyó la carpintería. Él era vago, pero hábil y lo que aprendió de Joaquín alcanzó para llevar adelante el negocio.

Siempre sentía que, desde algún lugar, Joaquín lo miraba y lo alentaba. Manuel lo recordaba en cada logro: su casamiento, el nacimiento de su primer hijo, la compra de su primer auto...



...A quinientos kilometros de allí Joaquín, vivito y coleando, se preguntaba si era lícito mentir, engañar y prenderle fuego a esa casa tan bonita solo para salvar a un joven.

Se contestó que sí, y rió de solo pensar en la policia de pueblo que confunde huesos humanos con huesos de cerdo...

Su nueva carpintería era un poco más modesta que la anterior, pero ya era conocida en el pueblo..,se llamaba...

Carpinteria "El ocho"


 
Narciso & Eco
Bueno este es mi primer artículo, me lo acercó un gran amigo que se llama Luis, que pertenece a ese grupo de personas que no creen en ninguna verdad que no los haga llorar.

Sin más que comentar, los dejo con la lectura.


Narciso era un joven muchacho, tan hermoso que hasta las deidades del Olimpo celaban su belleza. Un día mientras tomaba agua en un estanque, Cupido fue mandado por los dioses para herirlo con una de sus flechas.
Así fue como Narciso se enamoró de su propia imagen; tanto, que ninguna otra persona volvió a parecerle atractiva, aunque todas seguían enamorándose de él. Ese era el resultado deseado por los dioses, el sufrimiento infinito de verse privado del placer de amar.

Eco, por su parte, también había sido víctima de un conjuro, la esposa de Zeus le había quitado el don del habla.

Afrodita, la diosa del amor y de la belleza, se había compadecido de Eco y no pudiendo deshacer el hechizo anterior, lo atenuó, permitiéndole hablar pero solo para repetir lo que otros le dijeran.

Cuenta la leyenda que un día Narciso caminaba por la orilla de un río, triste como siempre, sufriendo su pena, y desde atrás de un matorral Eco lo espiaba. Como todos los que se cruzaban con Narciso, también Eco se enamoró del joven pero no se animó a salir a su paso dado que nada podría decirle salvo que él le hablara primero. Dolorida por su condena, Eco lloró.

-¿Quién está ahí?- preguntó Narciso al escuchar el llanto.
-¿Quién está ahí?- contestó Eco.
-Soy yo, Narciso.¿Y tú quién eres?
-Soy yo- repitió Eco.
-Sal a la luz, quiero verte- dijo el joven.
-Quiero verte- dijo Eco.
-Ven aquí entonces- comandó Narciso.
-Ven aquí- repitió Eco-, ven aquí.

Narciso temió una una nueva trampa de los dioses y no se atrevió a internarse en la espesura.

-¿Tú no entiendes que necesito amar a alguien?- preguntó Narciso.
-Tú no entiendes- contestó Eco llorando.
-Si no sales ya mismo...- exigió Narciso -...vete y adiós.
-Adiós- repitió Eco -,adiós...adiós...

El bello joven se dió cuenta de que el amor por fin llegaba a su corazón. Quizás porque al no ver a su amada no había tenido una imagen con quien compararla; quizas porque su voz solo le devolvía sus propias palabras... lo cierto es que sin razones para él, Narciso finalmente se había enamorado.

-Vuelve por favor- gritó-. Yo te amo.

Pero era tarde... la doncella ya no podía escucharlo.

Narciso se sentó junto al río y lloró.

Lloró como nunca había llorado, toda esa tarde y también toda esa noche.

Tanto lloró Narciso que por la mañana. al salir el sol, su cuerpo se había secado y el joven amaneció transformado en una flor: el Narciso, que desde entonces crece en las orillas de los ríos reclinado sobre el agua como llorando sobre su imagen reflejada.