Verde
Qué largo es el tiempo del que espera. Sin noticias de Cambridge. Les escribí un mensaje para preguntar cuánto se alargaría el proceso de selección.
Silencio.
Creo que va siendo hora de mandar un par de currículos a Suecia.
Feliz Navidad.
Silencio.
Creo que va siendo hora de mandar un par de currículos a Suecia.
Feliz Navidad.
En el mar una medusa, tocaba la cornamusa
... Y una osa en la meseta, tocaba la pandereta. Vamos a ver, moyayos y moyayas. Tras siete horas (!) de entrevista y seis horas de tren, no estoy como para arrancarme por bulerías. Así que no me extenderé mucho.
La entrevista fue bien, dentro de lo que cabría esperar. Sin embargo no he tenido una oferta formal. Ni informal.
Aún.
Cuando uno llega a Cambridge la primera sensación es de encontrarse en mitad de una novela de Harry Potter. La segunda sensación es de miedo, pues la ciudad está plagada de ciclistas esquizofrénicos. En los dos primeros cruces he estado a punto de morir cuatro veces. Luego, uno le pilla el truquillo y esquiva a los bólidos sin frenos que circulan por la acera.
El laboratorio Cavendish está situado en la parte noroeste de la ciudad, apartado del centro. Se halla en medio de un entorno natural que no transmite sino serenidad. Eso, desde fuera. Por dentro, todo es frenético.
Me reciben en recepción con 10 minutos de retraso (por su parte). Una de las investigadoras, muy mona ella (también aficionada al fitness), me guía en una rápida visita por las instalaciones. Lo que veo es increíble. Instrumental fuera de serie, impresionantes MBEs y cleanrooms para litografía. Cuatro criostatos (que son los que se hallarían bajo mi responsabilidad de obtener el puesto), dos de ellos bastante nuevos. El grupo de semiconductores es enorme y es fácil perderse en sus dependencias.
Al rato, me recibe el gran jefe. Diez minutos de charla breve para decirme que lo que buscan es un experto en criogénicos. Yo le digo que me parece de perlas siempre que me permitan formar parte del equipo científico y aportar ideas. No limitarme únicamente a trabajos ingenieriles. Vamos, que quiero colocar mi nombre en sus publicaciones. Me pregunta por qué quiero trabajar con ellos y le cuento mis intenciones de dejar el 3He debido a que es un campo con ya pocas posibilidades, después de 30 años de investigación. Quiero entrar en el campo de la nanotecnología y este proyecto me ofrece un paso intermedio ideal, donde puedo emplear mi experiencia a bajas temperaturas al mismo tiempo que aprendo sobre técnicas de preparación de muestras y física de semiconductores.
A continuación, pasamos a la sala de reuniones donde doy mi seminario.
El seminario resulta ser bastante del interés de los peces gordos del grupo, unos seis catedráticos más la monada que me recibió en recepción. Muchos oooooohs y aaaaaahs cuando presento mis resultados. Muchas preguntas interesantes después, que contesto sin problemas, mayormente relacionadas con contactos térmicos y termometría. El gran jefe no hace ninguna pregunta. Sonríe a veces, pero como en respuesta a sus propios pensamientos, no en relación a lo que yo estoy diciendo. Parece ausente.
Al terminar, me quedo en la sala con dos de los catedráticos que me preguntan por mi disponibilidad y por mi opinión sobre el grupo. Y algunas preguntas técnicas para terminar.
Mi gran error es no preguntar sobre cuándo tienen pensado darme una respuesta. Tenía la idea de preguntarles al final del proceso, pues aún no es la hora de comer y sé que me queda mucho por delante. Sin embargo, cuando todo haya terminado, comprobaré que los peces gordos han desaparecido como por ensalmo. Acabaré marchándome del Cavendish sin tener ni puñetera idea sobre si me consideran seriamente (bueno, eso no es del todo cierto, como comentaré en un momento).
Tras comer con miss mundo y un postdoc indio que me acaba cayendo bastante bien (las buenas personas tienen algo en la mirada que las delata), volvemos al laboratorio donde me dejan en manos de los estudiantes. 20 minutos con cada uno para que me expliquen sus investigaciones y métodos. Todo muy bien, salvo uno de ellos que se hace el listillo y me desprecia con la mirada por no saber tanto sobre semiconductores como él. Pienso que si me dieran un par de meses para ponerme al día con la literatura se iba a enterar el amigo de lo que vale un peine. Me habla del efecto Kondo y le digo que la última vez que leí algo sobre eso fue a finales de 2003. Mayormente, lo he olvidado todo salvo que se trataba de la dependencia en metales de la resistividad con la temperatura. El rapaz apenas puede contener una risa de burla. Ni me inmuto.
Para cuando llego al último estudiante son casi las cuatro de la tarde y tengo los sesos hechos gazpacho. Afortunadamente el chico parece darse cuenta y, en lugar de meterme todo el rollo sobre su experimento, me pregunta sobre el mío. Se lo agradezco. Es, tal vez, la persona que mejor me ha caído en todo el laboratorio. Tengo la sensación de que es un candidato a "amigo", de los que te duran toda la vida. Paso con él casi 45 minutos en lugar de los 20 prescritos. Me conduce a secretaría y se despide. Le doy a la secretaria el recibo del billete de tren para que me lo abonen y, mientras firmo los papeles necesarios para la transacción, un estudiante se acerca y me saluda. Me cuenta que ayer mismo tuvo su defensa de tesis y está como en una nube. Le digo que lo comprendo perfectamente. Muy amable, me acompaña hasta la salida del laboratorio (que tiene un sistema de seguridad comparable al de cualquier laboratorio privado estadounidense; he tenido que llevar todo el día una tarjeta identificativa colgada de la camisa para que no me detuvieran los de seguridad) mientras me cuenta que es canadiense. De los canadienses franceses.
Al despedirnos, me apunta que mi nombre ha estado sonando con fuerza en el grupo durante los últimos días y ésa es la única pista que me llevo sobre mis posibilidades con el puesto.
Me gustaría mucho conseguirlo, sí. Ahora más que antes de la visita. El grupo tiene nivel. Mucho. Y yo me siento lo suficientemente capacitado como para formar parte de él. Me llevo buenas sensaciones de la entrevista, pero ya se sabe... De las sensaciones no se come.
En cuanto sepa algo, os prometor que desfago este entuerto.
Gracias por la fidelidad. Ahora id y estudiad un poquito, que sé que lleváis un buen rato ya en internet. Vagos, más que vagos.
La entrevista fue bien, dentro de lo que cabría esperar. Sin embargo no he tenido una oferta formal. Ni informal.
Aún.
Cuando uno llega a Cambridge la primera sensación es de encontrarse en mitad de una novela de Harry Potter. La segunda sensación es de miedo, pues la ciudad está plagada de ciclistas esquizofrénicos. En los dos primeros cruces he estado a punto de morir cuatro veces. Luego, uno le pilla el truquillo y esquiva a los bólidos sin frenos que circulan por la acera.
El laboratorio Cavendish está situado en la parte noroeste de la ciudad, apartado del centro. Se halla en medio de un entorno natural que no transmite sino serenidad. Eso, desde fuera. Por dentro, todo es frenético.
Me reciben en recepción con 10 minutos de retraso (por su parte). Una de las investigadoras, muy mona ella (también aficionada al fitness), me guía en una rápida visita por las instalaciones. Lo que veo es increíble. Instrumental fuera de serie, impresionantes MBEs y cleanrooms para litografía. Cuatro criostatos (que son los que se hallarían bajo mi responsabilidad de obtener el puesto), dos de ellos bastante nuevos. El grupo de semiconductores es enorme y es fácil perderse en sus dependencias.
Al rato, me recibe el gran jefe. Diez minutos de charla breve para decirme que lo que buscan es un experto en criogénicos. Yo le digo que me parece de perlas siempre que me permitan formar parte del equipo científico y aportar ideas. No limitarme únicamente a trabajos ingenieriles. Vamos, que quiero colocar mi nombre en sus publicaciones. Me pregunta por qué quiero trabajar con ellos y le cuento mis intenciones de dejar el 3He debido a que es un campo con ya pocas posibilidades, después de 30 años de investigación. Quiero entrar en el campo de la nanotecnología y este proyecto me ofrece un paso intermedio ideal, donde puedo emplear mi experiencia a bajas temperaturas al mismo tiempo que aprendo sobre técnicas de preparación de muestras y física de semiconductores.
A continuación, pasamos a la sala de reuniones donde doy mi seminario.
El seminario resulta ser bastante del interés de los peces gordos del grupo, unos seis catedráticos más la monada que me recibió en recepción. Muchos oooooohs y aaaaaahs cuando presento mis resultados. Muchas preguntas interesantes después, que contesto sin problemas, mayormente relacionadas con contactos térmicos y termometría. El gran jefe no hace ninguna pregunta. Sonríe a veces, pero como en respuesta a sus propios pensamientos, no en relación a lo que yo estoy diciendo. Parece ausente.
Al terminar, me quedo en la sala con dos de los catedráticos que me preguntan por mi disponibilidad y por mi opinión sobre el grupo. Y algunas preguntas técnicas para terminar.
Mi gran error es no preguntar sobre cuándo tienen pensado darme una respuesta. Tenía la idea de preguntarles al final del proceso, pues aún no es la hora de comer y sé que me queda mucho por delante. Sin embargo, cuando todo haya terminado, comprobaré que los peces gordos han desaparecido como por ensalmo. Acabaré marchándome del Cavendish sin tener ni puñetera idea sobre si me consideran seriamente (bueno, eso no es del todo cierto, como comentaré en un momento).
Tras comer con miss mundo y un postdoc indio que me acaba cayendo bastante bien (las buenas personas tienen algo en la mirada que las delata), volvemos al laboratorio donde me dejan en manos de los estudiantes. 20 minutos con cada uno para que me expliquen sus investigaciones y métodos. Todo muy bien, salvo uno de ellos que se hace el listillo y me desprecia con la mirada por no saber tanto sobre semiconductores como él. Pienso que si me dieran un par de meses para ponerme al día con la literatura se iba a enterar el amigo de lo que vale un peine. Me habla del efecto Kondo y le digo que la última vez que leí algo sobre eso fue a finales de 2003. Mayormente, lo he olvidado todo salvo que se trataba de la dependencia en metales de la resistividad con la temperatura. El rapaz apenas puede contener una risa de burla. Ni me inmuto.
Para cuando llego al último estudiante son casi las cuatro de la tarde y tengo los sesos hechos gazpacho. Afortunadamente el chico parece darse cuenta y, en lugar de meterme todo el rollo sobre su experimento, me pregunta sobre el mío. Se lo agradezco. Es, tal vez, la persona que mejor me ha caído en todo el laboratorio. Tengo la sensación de que es un candidato a "amigo", de los que te duran toda la vida. Paso con él casi 45 minutos en lugar de los 20 prescritos. Me conduce a secretaría y se despide. Le doy a la secretaria el recibo del billete de tren para que me lo abonen y, mientras firmo los papeles necesarios para la transacción, un estudiante se acerca y me saluda. Me cuenta que ayer mismo tuvo su defensa de tesis y está como en una nube. Le digo que lo comprendo perfectamente. Muy amable, me acompaña hasta la salida del laboratorio (que tiene un sistema de seguridad comparable al de cualquier laboratorio privado estadounidense; he tenido que llevar todo el día una tarjeta identificativa colgada de la camisa para que no me detuvieran los de seguridad) mientras me cuenta que es canadiense. De los canadienses franceses.
Al despedirnos, me apunta que mi nombre ha estado sonando con fuerza en el grupo durante los últimos días y ésa es la única pista que me llevo sobre mis posibilidades con el puesto.
Me gustaría mucho conseguirlo, sí. Ahora más que antes de la visita. El grupo tiene nivel. Mucho. Y yo me siento lo suficientemente capacitado como para formar parte de él. Me llevo buenas sensaciones de la entrevista, pero ya se sabe... De las sensaciones no se come.
En cuanto sepa algo, os prometor que desfago este entuerto.
Gracias por la fidelidad. Ahora id y estudiad un poquito, que sé que lleváis un buen rato ya en internet. Vagos, más que vagos.
Comentarios
Por razones ajenas al autor de este blog los comentarios han estado inoperativos últimamente. No sé por cuánto tiempo he tenido ese problema, pues la frecuencia con la que se comenta es escasa (no me quejo, ojo), pero ya está resuelto.
Hala, hala, a comentar como locos.
Hala, hala, a comentar como locos.
Perfiles de futuro (II)
El puesto de postdoc que he solicitado en Cambridge y para el que me van a entrevistar el próximo jueves lleva por título "Electron transport in semiconductor nanostructures". Es por ello que mientras preparaba la presentación que voy a hacer en el Cavendish sobre mi experimento de doctorado he pensado que me convendría cambiar el enfoque. Mi tesis versó, como ya sabrán muchos, sobre las propiedades del 3He superfluido en geometrías confinadas. Y así, a primera vista, eso no tiene nada que ver con el transporte electrónico en semiconductores.
Pero la Naturaleza es caprichosa y gusta de relacionar los tópicos más dispares. Al tiempo que escribía mi tesis, estuve trabajando en las propiedades de flujo del 3He líquido en estado normal (no superfluido). Si uno toma una capa fina (y cuando digo fina me refiero a un grosor comparable a, o menor que la longitud característica del sistema que no es otra que el camino libre medio inelástico) de, digamos, unos cientos de nanómetros de 3He líquido nos hallaremos ante un sistema mesoscópico. Es decir, un sistema en el que las dimensiones importantes son más grandes que el propio sistema. Y ahí es donde se puede establecer un nexo común entre el 3He líquido y el transporte de electrones en semiconductores.
Veamos, un poco de historia sobre mis experimentos. Para estudiar la superfluidez del 3He en capas finas usé, entre otras, la técnica del oscilador torsional. El oscilador torsional es un péndulo doble con una frecuencia de resonancia característica. Si ponemos una delgada capa de 3He dentro del oscilador y enfriamos, la frecuencia del oscilador cambiará cuando el 3He sufra la transición a superfluido debido al desacople del líquido cuántico con respecto al movimiento del oscilador. Durante las primeras etapas de mi experimento, se observó que dicho desacople ocurría a temperaturas tan altas como 60 mK, cuando la temperatura de transición a superfluido del 3He está por debajo de 1 mK. Era difícil explicar por qué se desacoplaba el fluido en su estado normal, cuando su viscosidad era finita. La explicación acabó siendo dada en términos de transporte balístico (número de Knudsen mucho mayor que 1) en fluidos mesoscópicos. Y ahí empezaron mis aventuras en el análisis de la superficie que ejecía de substrato del film de 3He. Un análisis de Fourier bidimensional que arrojó un valor de alrededor de 300 nm para la longitud de correlación. Enchufando ese valor en las ecuaciones quasiclásicas de transporte para el líquido uno obtenía que el tiempo de relajación del momento del líquido era demasiado alto para que éste permaneciera acoplado al oscilador. En otras palabras, para que el profano me entienda, la interacción líquido-substrato no era lo suficientemente frecuente como para que el líquido "supiera" lo que hacía el substrato y pudiera imitar su movimiento. En esas condiciones no se podía estudiar la superfluidez. Solución: añadir centros de scattering aleatorios al substrato. La superficie interior del oscilador fue "decorada" con partículas de plata con un diámetro medio de alrededor de 600 nm con la intención de hacer la interacción líquido-oscilador más frecuente.
Mano de santo, oye. El líquido no volvió a desacoplarse en estado normal, lo que sugirió dos cosas. Una, ahora era posible estudiar la transición superfluida, que era de lo que se trataba en un principio. Los resultados de dicho experimento acabaron siendo, por cierto, maravillosos. Y dos, la teoría del transporte de partículas en sistemas mesoscópicos era aplicable a nuestro sistema, con lo que podíamos hacer un estudio paralelo del líquido en estado normal y tener un experimento adicional con la misma muestra.
Pensando en lo que les gustaría oir a la gente del Cavendish, y dado que solamente tendré media hora para mostrar que soy una persona capacitada para trabajar en uno de los mejores laboratorios de física experimental del mundo, he decidido poner énfasis en las propiedades de flujo del 3He líquido en estado normal. Por otra parte, la mayor parte de mi trabajo doctoral se apoyó en los superfluidos y estoy un tanto cansado de ese tema. El estudio del transporte en medios balísticos proporciona una sensación de frescor y novedad a mis ideas. Me siento más cómodo pensando sobre algo nuevo. Dedicaré unos cinco o diez minutos a resumir nuestros hallazgos sobre superfluidez y me lanzaré de lleno al análisis del transporte durante el resto de la charla.
Y si no me dan el puesto empezaré a pensar en la manera más rápida de hacerme fontanero.
Pero la Naturaleza es caprichosa y gusta de relacionar los tópicos más dispares. Al tiempo que escribía mi tesis, estuve trabajando en las propiedades de flujo del 3He líquido en estado normal (no superfluido). Si uno toma una capa fina (y cuando digo fina me refiero a un grosor comparable a, o menor que la longitud característica del sistema que no es otra que el camino libre medio inelástico) de, digamos, unos cientos de nanómetros de 3He líquido nos hallaremos ante un sistema mesoscópico. Es decir, un sistema en el que las dimensiones importantes son más grandes que el propio sistema. Y ahí es donde se puede establecer un nexo común entre el 3He líquido y el transporte de electrones en semiconductores.
Veamos, un poco de historia sobre mis experimentos. Para estudiar la superfluidez del 3He en capas finas usé, entre otras, la técnica del oscilador torsional. El oscilador torsional es un péndulo doble con una frecuencia de resonancia característica. Si ponemos una delgada capa de 3He dentro del oscilador y enfriamos, la frecuencia del oscilador cambiará cuando el 3He sufra la transición a superfluido debido al desacople del líquido cuántico con respecto al movimiento del oscilador. Durante las primeras etapas de mi experimento, se observó que dicho desacople ocurría a temperaturas tan altas como 60 mK, cuando la temperatura de transición a superfluido del 3He está por debajo de 1 mK. Era difícil explicar por qué se desacoplaba el fluido en su estado normal, cuando su viscosidad era finita. La explicación acabó siendo dada en términos de transporte balístico (número de Knudsen mucho mayor que 1) en fluidos mesoscópicos. Y ahí empezaron mis aventuras en el análisis de la superficie que ejecía de substrato del film de 3He. Un análisis de Fourier bidimensional que arrojó un valor de alrededor de 300 nm para la longitud de correlación. Enchufando ese valor en las ecuaciones quasiclásicas de transporte para el líquido uno obtenía que el tiempo de relajación del momento del líquido era demasiado alto para que éste permaneciera acoplado al oscilador. En otras palabras, para que el profano me entienda, la interacción líquido-substrato no era lo suficientemente frecuente como para que el líquido "supiera" lo que hacía el substrato y pudiera imitar su movimiento. En esas condiciones no se podía estudiar la superfluidez. Solución: añadir centros de scattering aleatorios al substrato. La superficie interior del oscilador fue "decorada" con partículas de plata con un diámetro medio de alrededor de 600 nm con la intención de hacer la interacción líquido-oscilador más frecuente.
Mano de santo, oye. El líquido no volvió a desacoplarse en estado normal, lo que sugirió dos cosas. Una, ahora era posible estudiar la transición superfluida, que era de lo que se trataba en un principio. Los resultados de dicho experimento acabaron siendo, por cierto, maravillosos. Y dos, la teoría del transporte de partículas en sistemas mesoscópicos era aplicable a nuestro sistema, con lo que podíamos hacer un estudio paralelo del líquido en estado normal y tener un experimento adicional con la misma muestra.
Pensando en lo que les gustaría oir a la gente del Cavendish, y dado que solamente tendré media hora para mostrar que soy una persona capacitada para trabajar en uno de los mejores laboratorios de física experimental del mundo, he decidido poner énfasis en las propiedades de flujo del 3He líquido en estado normal. Por otra parte, la mayor parte de mi trabajo doctoral se apoyó en los superfluidos y estoy un tanto cansado de ese tema. El estudio del transporte en medios balísticos proporciona una sensación de frescor y novedad a mis ideas. Me siento más cómodo pensando sobre algo nuevo. Dedicaré unos cinco o diez minutos a resumir nuestros hallazgos sobre superfluidez y me lanzaré de lleno al análisis del transporte durante el resto de la charla.
Y si no me dan el puesto empezaré a pensar en la manera más rápida de hacerme fontanero.
Seminario y perfiles de futuro
Tanto hablar del seminario, tanto hablar del seminario... Pues os voy a contar qué tal fue el seminario. De puta pena. Y no por el conferenciante, no me corto al sacar la cara por mí mismo. No. Es que acudieron diez, tal vez doce personas. De las que al menos cuatro ya sabían de qué iba el asunto y estaban allí por educación.
No hay nada más triste que el sonido del aplauso de diez personas. Es como un intento de cante jondo, pero sin ritmo; una palmada en la espalda que se queda en empujón torpe; una voz de ánimo que carraspea y se atraganta.
Los comentarios del escaso público fueron muy positivos, sí. Me quedo con eso. Y creo que tal vez uno o dos se acostaran ese día sabiendo una cosa más. Me daría por satisfecho en ese caso. Ahora bien, la charla importante es la del próximo jueves. Es el puesto de trabajo que siempre he soñado, una meta de las que el corazón te hace "crack" cuando las consigues. Sí, el jueves será seguramente uno de los días más importantes de mi vida si todo sale bien. Y un día como otro cualquiera si todo sale mal. Y escribiendo esto recuerdo la patada en el culo que me dieron en la Universidad de Zaragoza cuando solicité una beca de doctorado.
... No imaginaron que aquella patada no hizo sino alzarme en vuelo a las estrellas.
No hay nada más triste que el sonido del aplauso de diez personas. Es como un intento de cante jondo, pero sin ritmo; una palmada en la espalda que se queda en empujón torpe; una voz de ánimo que carraspea y se atraganta.
Los comentarios del escaso público fueron muy positivos, sí. Me quedo con eso. Y creo que tal vez uno o dos se acostaran ese día sabiendo una cosa más. Me daría por satisfecho en ese caso. Ahora bien, la charla importante es la del próximo jueves. Es el puesto de trabajo que siempre he soñado, una meta de las que el corazón te hace "crack" cuando las consigues. Sí, el jueves será seguramente uno de los días más importantes de mi vida si todo sale bien. Y un día como otro cualquiera si todo sale mal. Y escribiendo esto recuerdo la patada en el culo que me dieron en la Universidad de Zaragoza cuando solicité una beca de doctorado.
... No imaginaron que aquella patada no hizo sino alzarme en vuelo a las estrellas.
Ensalada de sesos
Cuando era pequeño a menudo tenía las ideas más absurdas que uno pueda imaginarse. Supongo que como todo el mundo. Por ejemplo, recuerdo que pensaba qué ocurriría si la gente tuviera que escribir todo lo que decía. Y me imaginaba que una tarea tan tediosa no tendría como consecuencia sino un descenso considerable del número de conversaciones a mi alrededor. Siempre pensé que la gente habla demasiado. Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras.
Hoy, de repente y sin motivo, me ha asaltado la misma idea pero con el pensamiento. ¿Y si nos viéramos obligados, por algún capricho de la Naturaleza, a escribir absolutamente todos nuestros pensamientos desde que despertamos hasta que volvemos a ser presa del sueño? Pues en mi opinión, leer tales pensamientos nos horrorizaría. Lo que se cuece bajo nuestros cráneos suele ser una mezcla de sinsentidos que son pasados a través de algún tipo de filtro, con lo que, al cabo del día, nuestro recuerdo sólo ha seleccionado los pensamientos con los que se ha sentido más cómodo. Haced la prueba. Intentad ser conscientes de cada uno de los pensamientos que pasan por vuestra mente desde que suena el despertador. Intentad escribirlos, aunque sólo sean los de los primeros cinco minutos del día. Probablemente el resultado parecerían los vómitos literarios de un loco.
Para dar ejemplo, esto es lo que podría surgir de mi cerebro en los primeros 30 minutos de un día cualquiera. Por supuesto, no todos los pensamientos se pueden traducir en palabras, pero lo intentaré lo mejor que pueda.
"Fuck. ¿Qué suena? Las siete. Ahora voy. Joder, las nueve ya... Soy un vago de mierda. Arriba. Mear. Mear, mear... Chuiiiiiiiiiiiiii, jueves. Agua, botella. Vamos a desayunar. Nananiiiinanaaaaaa, na na naaaaaa. Siete, ocho, nueve, diez, once, doce y trece. Correo. Nada para mí. Joder, no fregarán los platos los hijos de puta, no. La virgen, qué guarros. A ver, huevos. Balanza, mi sartén. Don Giovaaaaaaaaaaaaaanni, a cenar teeeeeeeecooooooooooo. But if the magnet was retuned after the demag, then... Medio pomelo. Anda, pimientos. Cambridge, tengo que preparar la charla. Me van a mandar a la mierda, pero igual puedo meter un par de chistes. The human brain starts working the moment you are born and then never stops until you stand in public and speak. Vuelta y vuelta, que no se mezcle... y al ratooooooooo moriiiiiiiaaaaaaaa por estaaaaaaaar ausente de ti. Naninananiiinaaaaaa luchaaaaba por soooooooobreviviiiiiir. ¿Y la tabla? Sin fregar. Cabrones. Té. Té, té, té... Set the kettle. Huevos listos. Ah, quema. Qué espeso. Pomelito. Qué hambre. Un, dos, tres, internet, as, Trueba, once, doce, trece. Qué peste. Hoy empiezo la charla, sin falta. Con los dedos de las manos y los dedos de los pies, los piiiiiiiiiii y la piiiiiiiiiiiii todos suman veintitrés. Ja, ja, ja, ja... Qué buenos son los jodíos. Habari Xenu. Emule, lost, house. Correr, esta tarde, tal vez... Dado, hoy tocan 1700 calorías. Queda salmón. Ducha. Fría, caliente, champú de Dave. Qué peste. Pies, dedos, rodillas, huevos, culo, sobacos. Se me cae el pelo, mierda. Donde no hay mata, no hay patata. Dubadubabú. Toalla. Qué peste, por dios. Lavar la toalla. Fuck. Fuckfuckfuck. Los calcetines de ayer, total... No hay calzoncillos. Fuck. Pues sin calzoncillos, más libertad. Perfume. Qué peste. Portátil, cartera. Nanananananiina, the reason is youuuuuuuuuuuuuuu, naninana, once, doce y trece. Correro. Puto spam. La cerradura se va a joder en menos de una semana, me juego mi tesis. Hace viento, lovely english weather. Las diez, hora punta. Agujetas en los quads. Escaleras. Rubia, perfume. Ah, perfume. Culo. Joder, qué culo, tallado en roca, que no se acaben las escaleras. Facultad de biología, no acaban con los andamios ni para el copón. Howard. Hola, Howard. Je, je, qué barba tiene el cabrón. Look, fruit today. And I'll tell you more. Do not bang this door. ¡Bang! Que te jodan. Laboratorio cerrado. Vagos. Llaves. Ah, ya me siento. Monitor. Outlook. Spam spam spam..."
Bueno, pues eso es sólo una versión muy abreviada de lo que puede pasar por mis mientes en un día típico desde que abro los ojos hasta que llego a mi mesa en el laboratorio. Haced la prueba, y tened mucho miedo.
Porque somos lo que pensamos. Y viendo lo que he escrito, tengo bastante trabajo por delante.
Anexo: mi ritmo de publicación ha bajado en las últimas semanas y va a bajar todavía más, pues esta semana es crítica para mi futuro. Como hay gente que se pasa por aquí más o menos a diario para ver si suena la flauta, aconsejo agenciarse un buen lector de feeds (yo uso Habari Xenu, que no sé si es bueno, pero de momento me sirve) y añadirme al RSS. Aunque, la verdad, después de casi un año escribiendo en este blog me maravilla el hecho de que aún se deje caer por aquí gente de cuando en cuando. Cosas veredes.
Hoy, de repente y sin motivo, me ha asaltado la misma idea pero con el pensamiento. ¿Y si nos viéramos obligados, por algún capricho de la Naturaleza, a escribir absolutamente todos nuestros pensamientos desde que despertamos hasta que volvemos a ser presa del sueño? Pues en mi opinión, leer tales pensamientos nos horrorizaría. Lo que se cuece bajo nuestros cráneos suele ser una mezcla de sinsentidos que son pasados a través de algún tipo de filtro, con lo que, al cabo del día, nuestro recuerdo sólo ha seleccionado los pensamientos con los que se ha sentido más cómodo. Haced la prueba. Intentad ser conscientes de cada uno de los pensamientos que pasan por vuestra mente desde que suena el despertador. Intentad escribirlos, aunque sólo sean los de los primeros cinco minutos del día. Probablemente el resultado parecerían los vómitos literarios de un loco.
Para dar ejemplo, esto es lo que podría surgir de mi cerebro en los primeros 30 minutos de un día cualquiera. Por supuesto, no todos los pensamientos se pueden traducir en palabras, pero lo intentaré lo mejor que pueda.
"Fuck. ¿Qué suena? Las siete. Ahora voy. Joder, las nueve ya... Soy un vago de mierda. Arriba. Mear. Mear, mear... Chuiiiiiiiiiiiiii, jueves. Agua, botella. Vamos a desayunar. Nananiiiinanaaaaaa, na na naaaaaa. Siete, ocho, nueve, diez, once, doce y trece. Correo. Nada para mí. Joder, no fregarán los platos los hijos de puta, no. La virgen, qué guarros. A ver, huevos. Balanza, mi sartén. Don Giovaaaaaaaaaaaaaanni, a cenar teeeeeeeecooooooooooo. But if the magnet was retuned after the demag, then... Medio pomelo. Anda, pimientos. Cambridge, tengo que preparar la charla. Me van a mandar a la mierda, pero igual puedo meter un par de chistes. The human brain starts working the moment you are born and then never stops until you stand in public and speak. Vuelta y vuelta, que no se mezcle... y al ratooooooooo moriiiiiiiaaaaaaaa por estaaaaaaaar ausente de ti. Naninananiiinaaaaaa luchaaaaba por soooooooobreviviiiiiir. ¿Y la tabla? Sin fregar. Cabrones. Té. Té, té, té... Set the kettle. Huevos listos. Ah, quema. Qué espeso. Pomelito. Qué hambre. Un, dos, tres, internet, as, Trueba, once, doce, trece. Qué peste. Hoy empiezo la charla, sin falta. Con los dedos de las manos y los dedos de los pies, los piiiiiiiiiii y la piiiiiiiiiiiii todos suman veintitrés. Ja, ja, ja, ja... Qué buenos son los jodíos. Habari Xenu. Emule, lost, house. Correr, esta tarde, tal vez... Dado, hoy tocan 1700 calorías. Queda salmón. Ducha. Fría, caliente, champú de Dave. Qué peste. Pies, dedos, rodillas, huevos, culo, sobacos. Se me cae el pelo, mierda. Donde no hay mata, no hay patata. Dubadubabú. Toalla. Qué peste, por dios. Lavar la toalla. Fuck. Fuckfuckfuck. Los calcetines de ayer, total... No hay calzoncillos. Fuck. Pues sin calzoncillos, más libertad. Perfume. Qué peste. Portátil, cartera. Nanananananiina, the reason is youuuuuuuuuuuuuuu, naninana, once, doce y trece. Correro. Puto spam. La cerradura se va a joder en menos de una semana, me juego mi tesis. Hace viento, lovely english weather. Las diez, hora punta. Agujetas en los quads. Escaleras. Rubia, perfume. Ah, perfume. Culo. Joder, qué culo, tallado en roca, que no se acaben las escaleras. Facultad de biología, no acaban con los andamios ni para el copón. Howard. Hola, Howard. Je, je, qué barba tiene el cabrón. Look, fruit today. And I'll tell you more. Do not bang this door. ¡Bang! Que te jodan. Laboratorio cerrado. Vagos. Llaves. Ah, ya me siento. Monitor. Outlook. Spam spam spam..."
Bueno, pues eso es sólo una versión muy abreviada de lo que puede pasar por mis mientes en un día típico desde que abro los ojos hasta que llego a mi mesa en el laboratorio. Haced la prueba, y tened mucho miedo.
Porque somos lo que pensamos. Y viendo lo que he escrito, tengo bastante trabajo por delante.
Anexo: mi ritmo de publicación ha bajado en las últimas semanas y va a bajar todavía más, pues esta semana es crítica para mi futuro. Como hay gente que se pasa por aquí más o menos a diario para ver si suena la flauta, aconsejo agenciarse un buen lector de feeds (yo uso Habari Xenu, que no sé si es bueno, pero de momento me sirve) y añadirme al RSS. Aunque, la verdad, después de casi un año escribiendo en este blog me maravilla el hecho de que aún se deje caer por aquí gente de cuando en cuando. Cosas veredes.
Damn!
I think I hit the bottom. I know what I mean.
Nuff said.
Nuff said.
Por la pata abajo
No, es broma, no estoy tan acojonado. Bueno, no mucho. Un poco sólo.
Bastante.
Recibo hace 20 minutos otro correo electrónico del Cavendish.
NOTA: Tras meditarlo, he decidido quitar el texto del correo, que reproduje íntegro, por no considerar que la publicación de un mensaje privado fuera algo éticamente correcto.
Pues ahí estamos, voy a dar una charla en frente de este tipo. Tipo que, buceando un poco en internet, aparece como el fabricante de las muestras que dieron lugar a esto. Michael Pepper podría ser mi jefe de aquí a unas pocas semanas. O no, porque yo soy especialista en cagarla en los últimos instantes. Siempre me cuelan un gol en zona Cesarini. En fin, lo de que me devolverán el dinero de los viajes ya empieza a olerme mal. Es como si me rechazaran antes siquiera de llegar, aunque soy consciente de que es un procedimiento estándar en todos los laboratorios. De hecho, el laboratorio donde vivo ahora también me pagó los gastos del viaje cuando vine a hacer la entrevista, hace ya... Mmmm... muchos años.
Bueno, pues dentro de dos semanitas os cuento qué tal.
Bastante.
Recibo hace 20 minutos otro correo electrónico del Cavendish.
NOTA: Tras meditarlo, he decidido quitar el texto del correo, que reproduje íntegro, por no considerar que la publicación de un mensaje privado fuera algo éticamente correcto.
Pues ahí estamos, voy a dar una charla en frente de este tipo. Tipo que, buceando un poco en internet, aparece como el fabricante de las muestras que dieron lugar a esto. Michael Pepper podría ser mi jefe de aquí a unas pocas semanas. O no, porque yo soy especialista en cagarla en los últimos instantes. Siempre me cuelan un gol en zona Cesarini. En fin, lo de que me devolverán el dinero de los viajes ya empieza a olerme mal. Es como si me rechazaran antes siquiera de llegar, aunque soy consciente de que es un procedimiento estándar en todos los laboratorios. De hecho, el laboratorio donde vivo ahora también me pagó los gastos del viaje cuando vine a hacer la entrevista, hace ya... Mmmm... muchos años.
Bueno, pues dentro de dos semanitas os cuento qué tal.
Autobombo
Bueno, ya está anunciado. Ya no tengo otra salida, he de preparar un seminario de una hora. Dr. Moroni también nos dará lo suyo un mes más tarde, como puede observarse. El link no será válido durante mucho tiempo, así que pronto eliminaré este post.
Sólo quería poneros los dientes largos.
Sólo quería poneros los dientes largos.
Miedo
Hoy, durante un brevísimo espacio de tiempo, me ha sido concedido el infrecuente privilegio de verme tal y como soy, sin máscaras ni disfrazes, la cruda realidad que represento. Ignoro el mecanismo por el que la vida me ha mostrado lo que me ha mostrado sin atenerse a un suceso concreto. Estaba yo en mitad del bosque, en el campus, pensando qué hacer con mi vida. Y entonces me he visto.
Y he sentido miedo.
He visto a mi peor enemigo, doblemente peligroso, cuanto que no puedo despegarme de él ni un solo minuto. Está siempre ahí, acechando. Y ataca cuando bajo la guardia. Me he visto y soy repugnante, pero eso es lo que hay. Y la única solución es aprender a amar lo poco bueno que pueda rescatar de mi alma.
A media tarde se me ha acercado Andrew y me ha comentado que necesitan que haga urgentemente unos análisis en unos datos de hace un año. No le he dicho ni que sí ni que no. Simplemente, cuando se ha marchado, he recogido mis cosas y me he venido a casa. Una vez solo, he dedicado un cuarto de hora a llorar. Cruda y amargamente. No me ha hecho sentirme mejor, pero me ha dado algo de calma.
Nadie debería tomarse en serio lo que escribo aquí. Escribo sin trabas y no me permito censura alguna. Mirad los archivos. Hay días en que me parece que voy a alcanzar la luna con simplemente extender la mano y otros días ando buscando la manera menos dolorosa de morir. Llamadme enfermo, sí... Qué importa.
Hace media hora he recibido el siguiente correo electrónico:
NOTA: Tras meditarlo, he decidido quitar el texto del correo, que reproduje íntegro, por no considerar que la publicación de un mensaje privado fuera algo éticamente correcto.
Es decir, el jueves de la semana que viene tengo una entrevista en el laboratorio Cavendish para lo que podría ser el trabajo de mi vida. A pesar del pesimismo que hoy me inunda estoy seguro de conseguir el puesto.
Sin embargo, hace mucho, mucho, que ya no puedo tallar una sonrisa en la línea de mis labios. Se me ha roto la máquina de reir.
Sigo teniéndome miedo.
Y he sentido miedo.
He visto a mi peor enemigo, doblemente peligroso, cuanto que no puedo despegarme de él ni un solo minuto. Está siempre ahí, acechando. Y ataca cuando bajo la guardia. Me he visto y soy repugnante, pero eso es lo que hay. Y la única solución es aprender a amar lo poco bueno que pueda rescatar de mi alma.
A media tarde se me ha acercado Andrew y me ha comentado que necesitan que haga urgentemente unos análisis en unos datos de hace un año. No le he dicho ni que sí ni que no. Simplemente, cuando se ha marchado, he recogido mis cosas y me he venido a casa. Una vez solo, he dedicado un cuarto de hora a llorar. Cruda y amargamente. No me ha hecho sentirme mejor, pero me ha dado algo de calma.
Nadie debería tomarse en serio lo que escribo aquí. Escribo sin trabas y no me permito censura alguna. Mirad los archivos. Hay días en que me parece que voy a alcanzar la luna con simplemente extender la mano y otros días ando buscando la manera menos dolorosa de morir. Llamadme enfermo, sí... Qué importa.
Hace media hora he recibido el siguiente correo electrónico:
NOTA: Tras meditarlo, he decidido quitar el texto del correo, que reproduje íntegro, por no considerar que la publicación de un mensaje privado fuera algo éticamente correcto.
Es decir, el jueves de la semana que viene tengo una entrevista en el laboratorio Cavendish para lo que podría ser el trabajo de mi vida. A pesar del pesimismo que hoy me inunda estoy seguro de conseguir el puesto.
Sin embargo, hace mucho, mucho, que ya no puedo tallar una sonrisa en la línea de mis labios. Se me ha roto la máquina de reir.
Sigo teniéndome miedo.
Miscelánea
No. No he abandonado el blog. Simplemente me he encontrado de repente ocupadísimo con varias cosas. Lo cuál es, desde luego, muy bienvenido. Entre otras cosas me han pedido que dé un seminario en mi departamento dentro de diez días. Y quiero prepararlo bien porque seguramente lo utilizaré más de una vez en mi búsqueda de empleo.
Ésa es otra parte, la búsqueda de empleo... Sin éxito hasta ahora pero, puestas las cosas en perspectiva, ya no tengo tanta urgencia. Mi laboratorio me ha ofrecido mantenerme ocupado (a cambio de pecunio, por supuesto) hasta Agosto, si hace falta.
Y, finalmente, he encontrado unos métodos de entrenamiento interesantísimos, efectivos y brutales. Podéis esperar un post sobre ellos durante los próximos días. Necesito encontrar un intervalo de tiempo suficientemente largo y libre de estrés para poder describir la rutina, sus fundamentos y sus efectos, así como dar las referencias necesarias para los que quieran ahondar en el tema.
Ah, y para aquéllos interesados en nutrición, la próxima semana escribiré un artículo bastante extenso sobre los hábitos alimenticios y cómo optimizarlos. Mi experiencia es que a la mayoría de la gente no le importa nada el efecto de los alimentos que se llevan a la boca, mientras sepan bien. Pero hay un pequeño grupo de gente a la que no le importaría descubrir nuevas ideas y protocolos alimenticios, probarlos y ver si su calidad de vida se ve afectada positivamente. Durante los últimos dos años, a base de prueba y error, he descubierto lo que mejor le sienta a mi cuerpo y, creo, lo que sería la dieta ideal del ser humano. Admito que mis ideas son polémicas y aún no he encontrado a nadie de mi entorno que esté dispuesto a probarlas. Una pena, porque simplemente unas pocas semanas siguiendo unas sencillas pautas serían suficientes para que cualquiera se diera cuenta de lo bella que es la vida cuando el cuerpo es tratado con respeto. En fin, discutiré lo que yo creo es lo mejor y por qué creo que es lo mejor.
Nada más. Feliz fin de semana.
Ésa es otra parte, la búsqueda de empleo... Sin éxito hasta ahora pero, puestas las cosas en perspectiva, ya no tengo tanta urgencia. Mi laboratorio me ha ofrecido mantenerme ocupado (a cambio de pecunio, por supuesto) hasta Agosto, si hace falta.
Y, finalmente, he encontrado unos métodos de entrenamiento interesantísimos, efectivos y brutales. Podéis esperar un post sobre ellos durante los próximos días. Necesito encontrar un intervalo de tiempo suficientemente largo y libre de estrés para poder describir la rutina, sus fundamentos y sus efectos, así como dar las referencias necesarias para los que quieran ahondar en el tema.
Ah, y para aquéllos interesados en nutrición, la próxima semana escribiré un artículo bastante extenso sobre los hábitos alimenticios y cómo optimizarlos. Mi experiencia es que a la mayoría de la gente no le importa nada el efecto de los alimentos que se llevan a la boca, mientras sepan bien. Pero hay un pequeño grupo de gente a la que no le importaría descubrir nuevas ideas y protocolos alimenticios, probarlos y ver si su calidad de vida se ve afectada positivamente. Durante los últimos dos años, a base de prueba y error, he descubierto lo que mejor le sienta a mi cuerpo y, creo, lo que sería la dieta ideal del ser humano. Admito que mis ideas son polémicas y aún no he encontrado a nadie de mi entorno que esté dispuesto a probarlas. Una pena, porque simplemente unas pocas semanas siguiendo unas sencillas pautas serían suficientes para que cualquiera se diera cuenta de lo bella que es la vida cuando el cuerpo es tratado con respeto. En fin, discutiré lo que yo creo es lo mejor y por qué creo que es lo mejor.
Nada más. Feliz fin de semana.





