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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Ars longa, vita brevis
Quisiera haber escrito sobre unas cuantas cosas en los últimos días, pero las circunstancias me superan. Queda en el aire el desenlace de mi búsqueda de piso, que serviré a su debido tiempo. De momento, el jueves dejo éste que ha sido mi hogar durante los últimos dos años. Estaré un tiempo (corto, espero) sin internet.

Después de un año de blog ya nos vamos conociendo. No me echaréis mucho de menos, rapaces.
 
Empaquetando
He comenzado a llenar cajas por eso de que al final siempre nos falta tiempo. En una semana estaré de camino a Cambridge con toda mi vida a cuestas.

Después de tres cajas de considerables dimensiones, mi cuarto tiene exactamente el mismo aspecto. Es increíble la cantidad de cosas que he estado almacenando en los últimos dos años.

Verbigracia: Centenas de partituras que me he ido bajando de internet conforme me apetecía tocarlas (Marcha turka de Mozart-Volodos, Barcarolla de Chopin, Imprompti de Schubert, Muerte de Isolda de Wagner en transcripción de Liszt, docenas de sonatas de Beethoven...) Por supuesto, tras una semanita con cada obra me cansaba de ella y me descargaba otra. Soy un inconstante. Más cosas, una cantidad vergonzosa de números de "Physics World", "Runners World" y otros cuantos "Worlds" que la decencia me impide mencionar aquí. Tras dos segundos de meditación he decidido deshacerme de los más de 10 kg de papel "couché". Total, a partir de ahora nunca más voy a tener tiempo de leer esas cosas. Me debo a la ciencia en cuerpo y alma. Aunque sólo sea por demostrarle a España entera que un expediente mediocre no es sinónimo de un científico mediocre. Si un día gano, pongamos, el Príncipe de Asturias, como el amigo Cirac, prometo echarle un gargajo a la estatuilla o lo que quiera que den en frente del principito Felipito. Y aquí queda escrito. Siguiendo con el inventario, una cámara fotográfica digital del tamaño de una goma de borrar y que me debió costar 5 libras. A la basura. Una radio de cuando aún no existían los circuitos integrados, papers de no se sabe qué materias, tarjetas navideñas de gente que no conozco... Y la joya de la corona: un libro titulado "Técnicas de masturbación masculina". No voy a tirarme el farol de que no sé cómo llegó ese volumen a mi poder. Lo recuerdo perfectamente. Me lo regaló mi novia pensando que paliaría esos largos meses entre polvo y polvo y me mantendría con las tuberías engrasadas. Tras hojearlo durante un par de minutos decidí que si hay algo en esta vida para lo que no necesito instrucciones es para meneármela. No lo he vuelto a abrir.

Necesito agenciarme más cajas. También necesito hacer un montón de burocracia. Y llevar el asunto de las FFT lo más lejos posible (imposible terminarlo; cada vez que consigo avanzar, surgen nuevas posibilidades y empiezo a pensar que ese proyecto podría constituir un doctorado en sí mismo).

Mañana hay barbacoa de despedida en casa. Unos diez o quince tipos del laboratorio la han organizado para despedirme. Los cabrones saben que el sábado me toca limpiar para la inspección del casero el domingo.

Voy a colocar los estropajos y la fregona en la entrada y hasta que la casa no quede como una patena de aquí no sale ni Dios. Hostia ya.
 
Donde dije digo...
... digo me cago en San Diego.

En estos momentos debería yo estar durmiendo en un avión rumbo a Zaragoza con un hilillo de babas colgando de la comisura de mis labios.

Pero no. El tren que me llevaba a Londres ha debido pinchar o algo, pues hemos estados una hora y cuarenta y siete minutos parados. Una vez en la estación de Waterloo no tenía sentido coger el tren al aeropuerto de Stansted; mi vuelo ya debía de estar embarcando.

La broma me sale por 75 libras del ala. Es lo que me ha costado el billete para mañana.

¿Será esto una señal del cielo? ¿se irá el avión que perdí a tomar por culo? ¿vivimos en un mundo determinista?

No todo iban a ser noticias malas hoy. Por fin he recibido el contrato del Cavendish y el sueldo es mejor de lo que yo esperaba.

3500 euritos al mes. Creo que me puedo permitir el vuelo de mañana.

P. S. Pido perdón a todos los pasajeros que iban conmigo esta mañana en el tren por tener que oir mis juramentos (en español) durante poco menos de una hora. Apuesto a que a partir de hoy todos ellos pueden repetir de carrerilla me-cago-en-dios-en-la-virgen-del-pilar-en-todos-los-santos-del-cielo-y-en-la-corte-celestial.

Salut.
 
Obituario
Mierda.

Ha muerto el compositor más importante que teníamos en el planeta.

Descanse en paz, Gyorgy Ligeti.
 
Interruptus
Me marcho a España cinco días. Estás serán las únicas vacaciones que tendré este año.

Cuando reservé los billetes, hace unos meses, recuerdo que lo hice porque tenía algún asuntillo pendiente en Zaragoza. Pero ahora ya no recuerdo de qué se trataba... Supongo que si era lo suficientemente importante, me acabaré enterando de un modo u otro.

Hoy he mirado presupuestos en empresas de mudanzas. Me he dado cuenta de que no puedo pagar una mudanza. También he descubierto que el bulto que hace dos días me salió en la garganta son mis cojones.

Y, para rematar, los papeles de mi contrato siguen sin llegar.
 
El pisito
Podría empezar esto con un homenaje a García Márquez diciendo: "El día en que lo iban a endeudar, Cziffra se levantó a las 5:30 de la mañana para coger un tren con destino a Cambridge". O bien, "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Profesor Cziffra había de recordar aquella tarde remota en que se endeudó hasta las cachas". Pero no. Voy a hacerlo así:

"Cziffra se levanta temprano y desayuna un pomelo y un tortilla de claras. A las 7 en punto está en la estación de tren, como un clavo, para dirigirse a Cambridge a la caza de un nuevo hogar. Durante el fin de semana ha telefoneado a cuatro propietarios y ha concertado sendas visitas a cada una de las viviendas. Un mapa malamente garabateado y una botella de agua componen todo su equipaje. Son ya las 9 cuando llega a Cambridge y comienza su andadura de punta a punta de la ciudad. Ha decidido andar, pues, además de ser muy bueno para el corazón, le ofrece la oportunidad de ir familiarizándose con la ciudad que lo albergará durante los próximos tres años.

Su primera parada es una pequeña calle que linda con Milton Road, en el noroeste de la ciudad. La estación de tren se encuentra muy al sur y el paseo es considerable. A eso de las 9 y media el sol se abre paso en el pensamiento consciente de Cziffra. Está pegando duro hoy, a pesar de la hora. Será por la fecha, la ciudad es un hervidero de turistas. Conforme se aleja del centro en dirección a Milton Road los turistas son reemplazados por albañiles y jardineros que comienzan su semana laboral bajo un sol que ya no recordaban. Sobre las 10 y media Cziffra llega a los alrededores de la primera casa a visitar. La cita era a las 11 y media, pues pensó que el camino sería más largo. Por no esperar, llama de nuevo y sugiere un adelantamiento del encuentro. La dueña de la casa accede. El sol ya empieza a picar y la botella de agua se antoja la mejor idea que Cziffra ha tenido en las últimas tres lunas.

Cziffra llama, noc, noc, noc, al número 72 de Ramsden Square. Le abre una mujer de edad avanzada (aunque Cziffra apostaría que ella opina de forma diferente) y más ancha que alta. Una verruga enorme junto a la aleta derecha de la nariz completa el cuadro. Saludos pertinentes, bla, bla, bla. Abre la puerta del cuarto. El anuncio decía "self contained flat", con cocina y baño. Tipo estudio. El cuarto resulta ser más pequeño que la actual habitación de Cziffra en Egham. Es curioso cómo la gente manipula el lenguaje según sus necesidades. Medio metro cuadrado en una esquina de la estancia es presentado como "la cocina". Es un microondas sobre el que reposan dos fogoncetes de esos que usan los domingueros en España para hacer paellas en el monte y, de paso, quemar éste. Ah, espera, que también hay un fregadero. La cama... Mejor no hablar. Alguien se deshizo de un juego de Pin y Pon en el barrio y el lecho ha terminado en esta habitación. En el armario cabrían los zapatos de Cziffra, y no todos. Cziffra hace ya rato que ha tomado una decisión: salir de allí en cuanto la carcelera se descuide. Al fondo de la estancia hay una puerta. "Esto es el baño", dice ella, y Cziffra no puede reprimir un escalofrío. En ese baño uno puede cagar y ducharse a la vez. "Bueno, tengo que ver un par de habitaciones más. Si me decanto por éste, la llamaré". "Estupendo, esta es una zona muy tranquila. Encima de este cuarto tiene la oficina mi marido. El alquiler son 400 libras al mes, todas las facturas incluidas". Lo dice todo así, sin solución de continuidad. Mirando a la mujer Cziffra piensa que el marido pasará el 95% de sus horas en la oficina. Y el 5% restante en el puticlub más cercano. Mientras salen de la vivienda, un gato gordísimo se enrosca en los pies de Cziffra. Cziffra tiene alergia a los gatos. "Es el gato de los vecinos, ja, ja, ja... Siempre tiene hambre, aunque nadie lo diría". Hay que salir de allí, aquello se empieza a parecer demasiado a una película de Buñuel.

Cziffra se despide una vez más y mira el reloj. Las 11 y media. El siguiente piso está a 5 millas de allí y la cita es a la 1 y media. El calor empieza a ser insoportable. Respirando hondo, y tras un nuevo tiento a la botella de agua, Cziffra reemprende el camino.

Continuará...
 
Homeless
... o casi. O me espabilo pero ya o me veo durmiendo debajo del puente de Londres a partir del 1 de Julio. Mi búsqueda, no obstante, va a resultar mucho más sencilla que la de Tao Sen. Precisamente por la extrema necesidad. Mi táctica para la búsqueda de piso va a ser ésta: si está libre y no hay goteras, me lo quedo. Así de desesperado ando.

He concertado cita con tres caseros para el lunes que viene. Dos de ellos ofrecen una habitación doble con baño propio. Cocina y salón compartidos con estudiantes. No suena halagüeño, precisamente. Estoy de estudiantes hasta los concejales. Lo único que piensan es "Party, party" y yo voy a Cambridge con mentalidad de ora et labora, no a hacer vida social. Y no es el ruido lo que me molesta, no. Es más, lo agradezco. Padezco cierto trauma (creo que lo arrastro desde la infancia debido a las inhumanas sesiones de piano que me metía entre metacarpo y metacarpo) que me impide conciliar el sueño si a mi alrededor reina el silencio. Digamos que esta característica nunca le ha parecido digna de aprecio a la gente con la que he compartido piso, aunque suelo intentar moderarme y utilizar auriculares en la medida de lo posible (da igual lo que suene, ya sea el ruido de una autopista en hora punta). Pero, como digo, no es el ruido, no, sino la mierda que dejan los hijos de Satanás cuando se llenan de zumo de cebada.

Así que estoy cruzando los dedos para que nadie pille el otro piso antes del lunes. Porque se da el caso, torreznos míos, que este otro piso es independiente, completo, cerrado y acotado. Y algo más caro, pero qué más da... Ahora voy a tener un contrato como el demiurgo manda.

Estas son, pues, las condiciones iniciales. Calcúlese, utilizando un potencial armónico, los eigenestados y los egienvalores (toma ya) de Cziffra a tiempo t = to + 1814400 con to = 0. Y sí, los eigenvalores también dependen del tiempo en este caso.

Bonus track: un día de estos prometo escribir algo que merezca la pena leer (un cuento, un soneto, un himno proselitista...) Como siempre, mis promesas tienen valor nulo.
 
Arf, arf...
Estaba yo en un sinvivir, pues pese a lo que opinen los políticos españoles se suele vivir mejor bajo techo y yo me quedaba sin él a finales del corriente, cuando decidí poner las cartas sobre la mesa y preguntar a los de Cambridge sobre la fecha exacta de incorporación al puesto de trabajo. No sería lo mismo empezar en Julio, en cuyo caso me mudaría a Cambridge inmediatamente, que en Agosto, lo cuál me forzaría a buscar alojamiento temporal cerca de mi actual domicilio.

Pues me contestaron que en cuantito pudiera, que si me incorporo hoy, mejor que mañana. Obviamente uno necesita arreglar sus asuntos y así se lo he hecho saber.

En definitiva, que probablemente empezaré a trabajar en Julio. Los papeles, me han dicho, ya están camino de mi buzón. Un par de firmitas, y a investigar.

Este mes va a ser un correcalles para mí. Por una parte tenemos que he de dejar todo mi análisis de Fourier lo suficientemente ordenado y documentado como para que otros puedan proseguirlo. Yo soy un auténtico especialista en escribir código increíblemente oscuro, así que me va a llevar más de una hora y más de dos el poner las cosas en orden. Luego está lo de buscar piso. He de ir a Cambridge un par de días y hacerme con una vivienda decente. Y la mudanza, por supuesto. ¿Me alquilo yo mismo una furgoneta y me lanzo por el carril derecho hasta Cambridge o contrato a una empresa de mudanzas? Dependerá, como casi siempre, del precio.

Más cosas, más, que no acaba aquí el asunto. La semana que viene he de ir a España cuatro días por asuntos burocráticos (con vistas a caer en la trampa del matrimonio). Y tengo que arreglar lo de las facturas de luz y gas del año pasado, que aún no sé cuánto le debo a quién. Y preparar las cosas para mi graduación el 11 de Julio. Y ponerme al día por lo que a la física de semiconductores se refiere (recuerden, sólo hay tres cosas en esta vida que no se pueden falsear). Todo eso sin perderme ni un solo día de entrenamiento, porque me dejé llevar durante la primera mitad de 2006 y, oye, que cuando me he dado cuenta, pues resulta que peso unos 1600 kg. Y no voy a permitir que las cosas sigan así. Creo.

¿Qué? ¿Les emocionan mis perspectivas? ¿No va a resultar al final que soy un tío con suerte? Si es que, ya lo decía mi abuela: Dios siempre está al lado de quien lo necesita.
 
Perfiles de futuro (y III)
Le he escrito al gran jefe del Cavendish para preguntarle cuándo tomarán una decisión.

Me ha dicho que van a hacerme una oferta. Dicha oferta será formal dentro de alrededor de una semana.

Me he colocado el HRM y tengo las pulsaciones en reposo a 130.

No sé qué más decir, estoy nervioso, ilusionado como un crío, con miedo, con alegría, esperanzado, taquicárdico, feliz, feliz, feliz...

No tiene sentido seguir escribiendo en este estado. Volveré por aquí cuando reencuentre mi coherencia.