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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
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When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Franz Liszt in memoriam
No puedo dejar pasar la oportunidad de hacer notar que hace hoy 120 años moría en la alemana localidad de Weimar el pianista más grande que ha conocido la humanidad: Franz Liszt.



En el verano de 1886 Liszt contrajo neumonía durante un viaje en tren de Weimar a Bayreuth con objeto de asistir al enlace matrimonial entre su nieta, Daniela von Bülow, y Henry Thode. Semanas más tarde el músico insistió en asistir a las representaciones de Parsifal y Tristan pese a su delicado estado.

Los últimos compases del Tristan fueron la última música que oyó. El 27 de julio cayó en cama y no volvió a levantarse. Durante la mañana del 30 de julio su hija Cosima le preguntó si le gustaría ver a alguien. "A nadie", rugió Liszt con voz profunda. A las diez y media de la noche del 31 de julio de 1886 el compositor musitó "Tristan" sin apenas fuerzas. Fue su última palabra.

Nadie, obivamente, oyó jamás tocar a Liszt en vivo y está entre nosotros para contarlo. A menudo surge la pregunta de si Liszt era mejor o peor pianista que algunos de los portentos que pueblan los escenarios hoy en día. En mi opinión, Franz les daría a todos sopas con onda. No hay más que ver el estilo de su escritura y testimonios de la época para comprender que el talento natural para el teclado del músico húngaro sólo puede compararse con el talento compositivo de Mozart. Me temo que nunca volverá a haber un pianista de su altura.

Somos afortunados de haber tenido un genio de esa magnitud.
 
Chopin, Barcarolle Op. 60 + Bonus Track
Un regalito para esos oídos oxidados. No es que ésta sea una obra difícil, es más, es de las que se aprenden en diez días. Pero es una joya de la literatura pianística y es lo que estoy estudiando ahora entre criostato y criostato.

El pianista es Krystian Zimerman. Un intérprete que, si no del todo malo, sí es de esos de "la puntita nada más". En cualquier caso le da mil vueltas a Barenboim. Al teclado, me refiero. A la batuta, no creo.

Hala, a disfrutar. Otro día pongo (comentados) los Estudios Transcendentales de Liszt.




Nota bene
: con lo de "la puntita nada más" me refería a que Zimerman no es capaz de hacer cosas como ésta:




El pájaro de ahí arriba es Cziffra, pero esta vez el de pata negra, no el idiota que esto escribe. En fin, la próxima vez que alguien les diga que toca el piano simplemente llámenle mentiroso sin temor a equivocarse.
 
Galería de "creaturas"
El laboratorio Cavendish y, más concretamente, el grupo de Semiconductores, del que formo parte, cuentan con una fauna... curiosa, por decirlo comedidamente, para lo que suele ser un centro de investigación.

Durante las dos semanas que llevo trabajando aquí no he podido, ni de lejos, conocerlos a todos. Pero lo que he visto hasta ahora me resulta chocante en extremo. No hay tiempo para aburrirse.

En primer lugar, quisiera desmontar un tópico. Ése que dice que en la física no hay mujeres bellas. Mi grupo cuenta con un especimen que le hace a uno replantearse el concepto de compañero de trabajo. La muchacha, no sólo está buena, sino que también es una de las que lleva más años en el grupo y, por lo tanto, una de las que corta el bacalao. Es culturista (aquí, un inciso: las mujeres que dedican tiempo a trabajar con pesas y a cuidar su nutrición no suelen parecer travestis en tanga a no ser que se metan testosterona directamente en vena. Simplemente, suelen tener un cuerpo más bonito que la mayoría de sus congéneres; un cuerpo tal y como lo diseñó la anciana y sabia madre Naturaleza. Lo digo por si hay alguna chica leyendo esto y alguna vez ha pensado que por levantar una mancuerna más pesada de la cuenta al día siguiente se iba a despertar con más músculos que Arnie). Y, al ser culturista, pues compartimos afición y la hora del almuerzo se centra en discutir porcentajes de macronutrientes, rutinas de ejercicio, HIIT, Tabata, EPHAs, y un montón de siglas más. Voy a tener que poner límite a eso porque se nos alargan los almuerzos una hora y yo estoy en Cambridge para lo que estoy: hacer mi nombre inmortal en la historia de la Ciencia. Estas charlas de sobremesa me son más gratas por el tema que por el interlocutor. Y la frase anterior no es gratuita: en cualquier hora elijo a mi novia antes que a cualquier otra mujer del mundo. Si no, no estaría con ella. La amo pero reconozco también un cuerpo bonito cuando lo veo. Me gusta la anatomía humana. Tanto la masculina como la femenina, siempre desde el punto de vista más puramente estético. Lo cortés no quita lo valiente.

El Cuerpo, que así la llamaré aquí, no tiene un rostro de esos que vienen dentro de los portafotos nuevos, pero tampoco desentona en demasía con el resto de su fisonomía. Las manos son feas, sí. Supongo que de no usar guantes en el gimnasio. No quiero pensar de qué otra forma le han podido salir todos esos callos. No. Mejor no imaginar nada.

Cuando hablé en este blog sobre mi entrevista, algo así como dos meses atrás, mencioné a unas cuantas personas con las que me encontré. Una de ellas fue Penderecki, el estudiante que se partió el pecho en mi cara por no acordarme de las particularidades del efecto Kondo. Penderecki ahora me sigue como un perrito allá donde voy. Ignoro por qué. Durante mi primera semana le eché una mano con unas medidas que tenía que tomar y le di unos cuantos consejos sobre cómo usar el criostato de manera más eficiente. Ahora viene a mí en cuanto le surge una duda. Me cae bien. Por cierto, sigo sin repasarme el efecto Kondo, tengo una agenda demasiado repleta estos días.

Y, lo que son las cosas, el otro muchacho flacucho que me cayó tan bien, Saggy, me habla como si yo estuviera en el escalón más bajo de la cadena alimenticia del Cavendish (lo cual, probablemente, sea cierto). Es un estudiante brillante, tal vez sea por eso. Pero yo también lo fui (sin falsa modestia, joder, ya somos todos mayorcitos) y nunca hice de menos a ningún postdoc. Y mira que los encontré torpes... Cualquier cosa que sugiero para preservar la vida de los frigoríficos hace que Saggy se ponga a la defensiva y me rebata. Nada de lo que propongo le parece bien. A los demás, sí. Incluyendo algún jefe. Como sólo llevo dos semanas he pensado que no es cuestión de presionar. Ya iré haciendo las cosas a mi manera poco a poco. Al fin y al cabo, los criostatos son responsabilidad mía y si yo digo que hay que cambiar algunas infraestructuras, lo lógico es que se cambien.

Y ya que he hablado de jefes, el único con el que hasta ahora he tenido algún contacto ha sido Tentetieso. Tentetieso hizo su tesis en el Cavendish cuando los refrigeradores de dilución aún funcionaban con manivelas. Ha ido ascendiendo en la escala jerárquica del grupo hasta estar a un pelito nada más de conseguir un Professorship. Todo se andará, digo yo. Tentetieso me pregunta constantemente cosas técnicas, cómo reduciríamos el ruido aquí, cómo mejoraríamos el contacto térmico allá... Igualito que si yo fuera un experto. Espera. Eso es lo que debe pensar él, al fin y al cabo es uno de los que propuso mi contratación y un experto era precisamente lo que ellos necesitaban. Así que, sí. La gente me tiene por un experto en criogenia. En buena me he metido.

Al canadiense que me acompañó a la salida el día de mi entrevista, Figo, ya lo he mencionado aquí. Ahora es mi compañero de oficina. Terminó la tesis más o menos al mismo tiempo que yo pero, no nos engañemos. Creo que lleva en el Cavendish desde que Watson y Crick discutían por estos pasillos sobre la estructura del ácido desoxirribonucleico (a ver si diciéndolo así me llegan visitas vía Google). Figo me ayuda mucho explicándome las leyes no escritas del grupo, que son muchas y aconsejándome sobre lo que hacer para lanzar mi carrera científica en los próximos tres años. Por otra parte, da la impresión de que Figo pisaría el cadáver caliente de su santa madre con tal de hacerse un nombre en la física de semiconductores. Extraña contradicción que espero resolver en no mucho tiempo. Y, a ser posible, antes de que sea demasiado tarde para mí. Ya me entendéis.

Otros personajes del grupo son Tarzán, Ringo I, Ringo II, Mesías y MA, por mencionar algunos. Pero de ellos ya hablaré próximamente. No quiero finalizar esta entrada, sin embargo, sin mencionar a Stoichkov. Stoichkov está en el grupo de microelectrónica aunque pertenecía a semiconductores hasta hace poco. Poseedor del Cuello más Largo del Mundo (TM), no consigue alcanzarse la cintura con la punta de los dedos aun estirando los brazos en toda su extensión. De ahí lo de Stoichkov. No sé si es que tiene el cuerpo muy corto o las piernas muy largas. Es tan bajito como yo, así que supongo que es lo primero. Ya se sabe, el vaso medio lleno o medio vacío. O, simplemente, el vaso es demasiado grande. Pero a lo que vamos. Stoichkov se quiere hacer al El Cuerpo. Se la quiere hacer cosa mala y a toda costa. Suele sentarse con nosotros a almorzar mientras nos cuenta cómo la mayoría de la gente que ostenta una posición permanente en semiconductores provienen del grupo de microelectrónica. "¿Tú eres el que se va a encargar de los criostatos?", me dice. "Buena suerte". Y yo pienso que con una décima parte de la suerte que necesitará él para llevarse al catre a El Cuerpo me doy por bien servido. Y no es que dude del mal gusto de El Cuerpo, que todo podría ser. Es que Stoichkov almuerza cosas como salchichas en salsa de queso con puré de patatas y pan de ajo seguido de pastel de manzana bañado en natillas que hacen que El Cuerpo mire su plato con cara de disgusto. Las culturistas no se llevan bien con los carbohidratos simples ni con las grasas saturadas. Y, mucho menos, con la gente que las traga. Hay cosas en esta vida que, sencillamente, no son compatibles.

No obstante, y tal vez debido a ese sentimiento de identificación que sentimos hacia los que emprenden misiones imposibles, le deseo a Stoichkov la mejor de las suertes en conseguir el polvo de su vida. Venga, chaval, que los brazos son cortos, pero con ese cuello llegas a donde jamás humano alguno osó poner sus miras. Campeón.
 
No saben lo que han contratado
Desde el lunes pasado estoy trabajando en el Cavendish. Es miércoles y aún no me han despedido. Eso ya es más de lo que esperaba hace una semana.

Como ya dije aquí, voy a escribir poco, muy poco, en este blog durante los próximos dos o tres meses. Tengo que ponerme al día y aprender técnicas para disimular mi incompetencia. No es sólo que tenga a un premio Nóbel trabajando en una oficina justo encima de mí. Es que mi jefe es Sir y el estudiante más torpe del laboratorio the hace un punto cuántico con un grano de pimienta y unos alicates.

En estos días, aparte de una cantidad ingente de burocracia, he recibido tres encargos. Uno: idear un método para evitar la transferencia de calor en cables coaxiales. La parte exterior de un cable coaxial es muy fácil de conectar térmicamente a varios puntos intermedios del criostato entre temperatura ambiente y unas decenas de milikelvin. La parte inferior, sin embargo, es de todo punto imposible. No se puede cortar el cable para anclarlo a un poste de cobre cada vez que bajemos un orden de temperatura. Lo que se me ha ocurrido es lo siguiente. Los cables coaxiales los usaremos para medidas a altas frecuencias, del orden de los GHz. Las señales de altas frecuencias viajan a través de la superficie de los conductores, penetrándolos una distancia llamada "profundidad de piel". Por lo tanto, para nuestras señales de GHz, serían suficiente unas pocas micras de conductor en la superficie del centro del cable coaxial. El resto podría construirse a partir de un buen aislante térmico. La parte conductora podría conseguirse con un baño de plata, por ejemplo.

Dos: reducir el consumo de Helio líquido. Las solicitudes de fondos del Cavendish son tan exitosas que han de tener truco. Y lo tienen. Al solicitar fondos se miente un poquito, en primer lugar, sobre la cantidad de Helio que se consume. Se declara más de lo que se consume. Además, se infla un tanto el precio de la producción de Helio para ir sobre seguro. El caso es que en el último año se ha consumido la cantidad de Helio que había destinada para cuatro. Una vez más, se me ha ocurrido algo: optimizar los tiempos de transferencia de Helio a los criostatos a partir de una gráfica de evaporación-tiempo para cada máquina.

Tres: pensar en cómo obtener filtros para utilizar en conectores D con una frecuencia de corte de unos 10 MHz. Aún no me he puesto con esto, pero no parece muy complicado. Creo que los hay disponibles incluso comercialmente.

Mi vida es un sueño que yo mismo podría haber diseñado. Lo único que me apetece hacer cada mañana al despertar es saltar de la cama y salir disparado al laboratorio. Encima, me pagan por ello. Y me pagan muy bien. Sigo sin entender cómo una institución como el Cavendish ha acabado proporcionando semejantes sumas de dinero a alguien como yo. Se conoce que les sobra.

Hagan apuestas... ¿se comerá Cziffra los turrones en Cambridge?
 
Doctores tiene la "inglesia"
Stairs casualDe izquierda a derecha: Dr. Cziffra, Sra. de Dr. Cziffra, Sra. de Dr. Moroni, Dr. Moroni, Sra. de Dr. Korber, Dr. Korber.

Bonus: Homenaje a D. Juan Carlos I.
King Juan Carlos tribute
 
Reubicado
Sí, ya estoy instalado en Cambridge, sí. Y tengo conexión a internet en casa, sí. Y mucho tiempo libre.

Lo que ocurre es que no me apetece escribir. El tiempo que me deja la redacción de un artículo, encargo de mi anterior laboratorio (¿como regalo de despedida?), lo dedico a leer. Actualmente me hallo sumergido en las maravillas de Nostromo. Y eso es demasiado seductor como para dejarlo a un lado y sentarme aquí a poner tonterías.

He estado últimamente jugando con la idea de abandonar este blog por unos meses. Los motivos son tan diversos como estúpidos. En cualquier caso terminaré la dichosa historia de la búsqueda de piso y, tal vez, hable, para despedirme, de los encantos de ntl a la hora de contratar la conexión a internet. La historia no tiene desperdicio y sería digna (mejor narrada) del Teleoperador.

Veremos qué decido hacer.