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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Pierda peso lenta y dificilmente


He perdido alrededor de 10 libras durante los últimos dos meses. Los cálculos me dicen que para llegar al 8% de grasa corporal aún debo perder otras 15. Pero viendo la marcha que llevo, antes de Navidad estoy allí.

Perder grasa (ojo, no peso), es muy simple. Simple y difícil. Simple porque lo que hay que hacer es comer un poquito por debajo del mantenimiento, utilizar alimentos no procesados, con los porcentajes adecuados de carbohidratos, proteínas y grasas, y moverse mucho. Y cuando digo mucho es mucho más de lo que ustedes se imaginen. Y difícil precisamente por lo mismo. Personalmente, aún no he conocido a nadie tan nutricionalmente comprometido como yo cuando se trata de alcanzar una meta. He rechazado todo tipo de comidas familiares (las comidas, no las reuniones), he ido con frecuencia a restaurantes como parte de un grupo y he pedido un vaso de agua mientras los demás se inflaban los mofletes con pasta Alfredo y pizzas margaritas. Cuando se trata de ver mis abdominales lo que diga la gente me la trae bien floja.

Conversaciones como la siguiente no me son ajenas:

Familiar 1: Nene, come unas torrijas, que las ha hecho la abuela.

Cziffra: No, gracias.

Familiar 2: Pero chacho, no le vas a hacer un feo a la yaya, que las ha hecho con todo su amor.

Cziffra: No, gracias.

Familiar 1: Venga, no te hagas de rogar, si al final te las vas a comer.

Cziffra: No.

Familiar 2: Una nada más, hombre, para probarlas.

Cziffra: Vamos a ver. ¿Qué parte no habéis entendido? ¿La "N" o la "O"?

Se me enfadan, sí. Y hace un par de años me preocupaba, sí. Ahora ya no. Sólo a base de este tipo de consistencia he conseguido en el pasado llegar a este estado. Al que le guste, bien. Al que no, que se ponga otra ración doble de tiramisú y ahogue sus penas en azúcar.

Para que la pérdida de grasa sea efectiva, conviene hacerla lentamente. De esa manera se evita perder músculo, que es lo que hace que el metabolismo sea razonablemente alto. Mucha gente aboga por perder entre una y dos libras a la semana. Yo me adhiero más a perder un 10% del peso corporal en grasa semanalmente. Así, las personas con más sobrepeso pueden realizar dietas más agresivas con buenos resultados. Una advertencia final. Dieta es una palabra que, etimológicamente, significa "modo de vida" o algo parecido. Estaría bien tener eso en cuenta. Una dieta no es algo que se toma y se deja. Se trata de cambiar de hábitos para siempre. Una vez que se alcanza la composición corporal deseada, se cambia la ingesta energética, pero sin variar los tipos de comidas, ni su número, ni la cantidad de ejercicio. Es decir, la vida va a ser dura hasta el minuto mismo de nuestra muerte. Pero cuando vayamos a la playa, todos (todas) los (las) tíos (tías) querrán ser como nosotros (nosotras) y todas (todos) las (los) tías (tíos) querrán estar con nosotros (nosotras). Para mí, compensa. Para otra gente, comprendo y respeto que no.

Una vez que consiga reencontrarme con todos los bultitos de mi vientre, seguramente me centraré en adquirir masa muscular durante un par de meses hasta conseguir aumentar mis bíceps en una pulgada cada uno. Ahora mismo miden 13 pulgadas y media de circunferencia. Calculo que alrededor de 15 sería lo ideal dada mi altura (5 pies y 5 pulgadas). Sí, lo sé. Soy más bien bajito.

Nota: el software que utilizo y que se ve en la imagen se llama Dietpower. Es de pago. No es que sea nada especial, de hecho sólo tiene en cuenta las calorías ingeridas, lo que es útil para perder peso pero no para perder grasa. Sin embargo hace las cosas muy cómodas a la hora de llevar una base de datos de la energía consumida. Como llevo más de dos años estudiando mi cuerpo, sé lo que me ayuda a perder grasa y lo que no, la cantidad de nutrientes, las horas a las que comer, cuántas veces y todo eso.

Cuando llegue a 145-147 libras, cuelgo alguna foto. Shirtless, of course.
 
Sobremesa
A veces no me gusta que opinen sobre lo que hay en mi plato. Otras veces no me importa hablar sobre ello. Depende del día o del tono del interlocutor. O del volumen de sus pechos. O de nada de lo anterior, en fin... El caso es que hoy estaba teniendo yo uno de esos días en que es mejor no decirme ni hola. Mucho mal humor y un incipiente dolor de cabeza. Y un criostato con el imán en cortocircuito que me está dando unos días en el infierno con todos los gastos pagados (por mí).

El caso es que me siento a la mesa en la cantina del Cavendish y no pasan ni diez segundos antes de que una estudiante me pregunte:

PEGGY SUE: Are you on a diet?

CZIFFRA: What makes you think I'm on a diet?

PS: You're eating raw celery.

CZ: You know, my grandgrandfather lived to the respectable age of 102.

PS: Just by eating celery?

CZ: No. He just minded his own fucking business.

Ahora, ya en casa y con la cabeza fría, no puedo evitar darme cuenta de que me he pasado. He sido maleducado, rudo e inconsiderado. Pero también me he quedado muy a gusto.

Pido perdón. Primero aquí y mañana a Peggy Sue en persona. Pero por si acaso... Cuando abráis la boca pensad si lo que va a salir de ella es más bonito que el silencio. Especialmente si el interpelado tiene cara de querer coger un Kalashnikov de un momento a otro y ponerse a jugar al Doom con fuego real.
 
Physics at the heart of everything
Me and my much beloved ultra-chilling creature.
 
Turno de noche
El viernes pasado, cuando me encaramaba a mi bici para irme a casa, vi que Penderecki salía del laboratorio y corría hacia mí agitando los brazos. Me pareció una despedida un tanto efusiva para ser sólo un fin de semana. En cualquier caso, agité mi mano en respuesta mientras comenzaba a pedalear. Dado que Penderecki no sólo no cejó en sus amorosos estertores, sino que incluso los hizo más notorios, decidí detenerme.

La turbobomba que había yo dejado bombeando en la OVC del criostato presentaba una línea plana. Amarro la bici y entro al laboratorio. En efecto, la turbobomba hacía un ruido que no auguraba nada bueno. Como el aparato vale unos 100 kiloeuros, decidí no forzarlo y lo desconecté. No pasa nada, me dije. Tenemos más bombas. Conecto otra turbo, una Varian. Esta vez no me da tiempo ni a enchufar la turbo. La bomba auxiliar, una Scroll, grita como si le hubieran pillado los cojones con un montador de nata. Mierda.

Paciencia. Aún queda otra bomba. Una Leybold (misma marca que la primera en fallecer) sin estrenar. La ha comprado hace poco un estudiante: Sebastián. Sebastián tiene rasgos japoneses y es de Australia (!). Y el nombre, en este caso, no me lo invento. Sebastián. Con dos cojones. Os lo juro. Bueno, pues me dice Sebastián que la bomba aún no se puede usar porque uno de los cables de alimentación que han mandado no es compatible y hay que cambiarlo. Giro a mi alrededor en busca de algo con lo que chupar gas de la OVC. Un sudor frío me recorre la espalda. ¿Cómo cojones puede estar un laboratorio de bajas temperaturas sin bombas? Y no, esto no ha sido una sucesión de infortunios. Un par de preguntas me confirman que las bombas vienen funcionando "malamente" desde hace cinco o seis meses. ¿Ves?, me digo. Eso es lo malo de trabajar en un grupo tan grande. Todos piensan que el siguiente capullo en la fila se encargará de solucionar el percal. Y entre unos y otros la casa sin barrer y la OVC sin bombear.

Aparco mentalmente el problema hasta la semana siguiente. Ahora tengo que ingeniármelas para bombear la OVC antes del lunes. Como sea. Es viernes por la tarde y el resto de los grupos del Cavendish ya está disfrutando de su fin de semana. No puedo pedir prestada una bomba a nadie. Probablemente, tampoco me la dejarían. Los científicos suelen ser muy celosos con sus bombas. Son caras. Bueno, los de mi grupo, no, ya lo he comprobado.

Y, de repente, la veo. Allí, solita, tan poquita cosa ella, bajo la escalera que conduce a la sala de seminarios "Mott". La bomba de difusión.

Las bombas de difusión son tremendamente efectivas. Su funcionamiento se basa en una corriente de partículas de aceite que atrapa las moléculas de gas. En la práctica, presentan un inconveniente: debido al riesgo de reflujo y de que el volumen a bombear se contamine con restos de aceite, necesitan de una trampa de nitrógeno. Es decir, la línea de bombeo cuenta con un espacio sumergido en nitrógeno líquido donde se condensan todos los detritos, evitando asi la contaminación de espacios limpios. Y una trampa de nitrógeno significa que hay que rellenarla cada cierto tiempo. En este caso, cada dos o tres horas.

En fin, que conecto la bomba de difusión al dewar y pregunto si alguien tiene pensado pasar allí la noche. Sebastián me informa de que a él le toca tajo hoy. Así que le pido que me vaya rellenando la trampa de nitrógeno a su libre albedrío. El fin de semana me lo paso yendo y viniendo al laboratorio para rellenar la puta trampa. 20 kilómetros en bici cada ida y vuelta. Bienvenidos al maravilloso mundo de la física experimental.

El lunes, ya bombeada la OVC, me hago un claro en el laboratorio y me dispongo a realizarles una operación a corazón abierto a ambas bombas. Normalmente no debería hacerse algo así. Se supone que sólo personal cualificado debe abrir las bombas. Pero entre lo cabreado que estoy con el asunto y que las bombas ya están jodidas, decido proceder con las autopsias.

Primero, la Leybold. Abro la turbo y no veo nada evidentemente fuera de lugar. Miro aquí. Miro allá. Todo parece bien. Ya que está abierta, decido limpiar las hojas del rotor a conciencia con etanol. La dejo como el culo de un chiquillo. La virgen, si parece nueva. La cierro. La enchufo. Funciona, la muy hija de puta. Tan suave como un coche recién estrenado.

La aparto y me pongo con la Varian. Esta vez no es la turbo, sino la Scroll. Le abro el culete y veo que los tip seals (me niego a traducir eso) tienen más mierda que el palo de un gallinero. Los saco. Etanol a diestro y siniestro. Sin cortarse, que eso es barato. Tanto le echo que los vapores me empiezan a poner alegre. A pesar de haberlos dejado limpios, los tip seals presentan claras señas del inexorable paso del tiempo. Están pidiendo una jubilación a gritos. Decido pedir unos nuevos al fabricante, pero antes voy a darles a estos una última oportunidad. Los coloco en su sitio. Cierro el culete (el de la bomba). Para limpiar todo el polvillo que he visto dentro, bombeo la atmósfera durante dos minutos. Conecto la turbo. La enciendo.

Funciona.

Santa María, soy un genio. Le he ahorrado al laboratorio unos cientos de miles de libras en bombas en cuestión de dos horas. Para cerrar el asunto, pido un juego de tip seals por internet. Los mandan de Italia y me llegarán a finales de mes. Cuestan 200 libras. Por supuesto, paga el Cavendish.

Tras esta bonita historia se impone el llevar un registro minucioso de quién utiliza cada bomba, dónde la utiliza y por cuánto tiempo. Le comento a Tentetieso que las cosas con las bombas no pueden seguir así. Me da vía libre para tomar medidas.

Ok, pues si alguien del Cavendish está leyendo esto (y si no, me la suda, voy a hacer circular un memorandum para que se enteren hasta las ratas), tome nota: DE AHORA EN ADELANTE LAS BOMBAS NO LAS TOCA NI DIOS SIN DAR CUENTA AL TITO CZIFFRA. Hala, telón.

Y a cuentas del título de este post, seré breve, pues no tengo el cuerpo para mucho folklore. Hoy, a eso del mediodía, le he dicho a Penderecki que para que el criostato esté frío el lunes hay que empezar a echarle helio esta noche. Uno de nosotros ha de sacar el nitrógeno durante el día y el otro tomará el mando para transferir el helio durante la noche. Le he propuesto hacer yo el turno nocturno (trabajo mejor solo y en silencio). Obviamente, le ha parecido de perlas.

Así que esta noche, un tubo de silicona, 200 litros de helio líquido y un buen libro... Y a vivir.
 
Las delicias del contribuyente
¡Hostias!

Estaba yo dando brincos con esto de mi nuevo y boyante sueldo y resulta que la Gran Bretaña se me lleva un tercio (sí, un tercio) de mi estipendio para hacer lo que quiera que hagan los gobiernos con los impuestos.

Total, que entre el puto Inland Revenue y el alquiler del piso, que es el doble de lo que pagaba en Londres, estoy igualito que cuando era estudiante.

Bueno, igualito, igualito, no... Ahora al menos puedo decirle a los doctorandos que me hagan el trabajo negro durante los fines de semana mientras yo leo a Hesse (gracias, Tao Sen, por el libro), escucho a Pergolesi y saboreo un zumo de tomate. Todo al mismo tiempo.
 
¡Qué frío!
Esto es lo que puede pasar si tienes un criostato sin válvula de "no retorno" (o como se diga en español, en inglés es "check valve" o "one-way valve").

Solid air inside cryostat


Lo que se ve en la foto no es hielo en el sentido habitual de la palabra. Es aire sólido cubierto de helio líquido. El helio, obviamente, debería estar ahí. El aire, no. Total, que hay que emplear cinco o seis días en calentar el criostato y limpiarlo a conciencia. Como estamos esperando que los de mantenimiento nos cambien unas cuantas tuberías de las que empleamos para bombear la mezcla 3He/4He que usa el frigorífico, pues tampoco es que sea una catástrofe.

Pero acojona.