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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Haircut from Hell
HeadProfile

This is what I got today at Scruffs for the respectable amount of £35.

Now I look like I lost a wrestling match again a lawn mower. I want my hair back.

Discuss. Keep your laughs short and low.
 
Ask, and it shall be given to you
Hi there.

I know there are people from the UK that occasionally pop in here and have a read. That surpases my most optimistic expectancies.

If you speak spanish, cool! Leave a comment! You can leave a fake email, I don't care. It will just be good to know from you.

If you don't, and want me to post in english every now and then, tell me, either by comment or by email. I will. I promise.

If you know me personally, please blink an eye next time we see each other. That's gotta be fun.

Peace.


 
Una sucesión de incidentes desafortunados
Ya conté aquí (creo) que las tuberías de los criostatos nuevos iban a ser cambiadas esta semana. El Jueves terminó el fontanero de soldar el cobre y ayer nos pusimos Penderecki y yo manos a la obra para colocar las conexiones y los o-rings. Las tuberías no tenían mucha libertad de movimiento y colocar las conexiones nos hizo sudar lo nuestro. De tal forma que al terminar parecíamos los dos damas de honor de un concurso de camisetas mojadas. La peste que despedíamos era, también, respetable.

Entre conexión y conexión nos tomábamos descansos, que yo aproveché para ir a la salita de café a entrenar un poco. Pues resulta que alguien había pensado en limpiar allí la moqueta y todo el mobiliario había sido retirado. Sin embargo, las labores de limpieza aún no habían comenzado y los 20 metros cuadrados de alfombra constituían una zona perfecta para trabajar handstands, kipups y todas esas tonterías que hago últimamente. Como era hora medio punta, acabé atrayendo la atención de cuantos pasaban por allí. Al final hasta se hizo un corrillo a mi alrededor, jaleándome y todo. Me animé incluso a hacer unas cuantas flexiones verticales que tuvieron mucho éxito entre el personal.

Pero a lo que estaba: uno de los o-rings nos dio problemas porque el fontanero había colocado una de las conexiones al revés (WTF!?). Gracias a dios (sí, sin mayúscula) que tenemos a Shaggy en el grupo. Shaggy tiene unas manos de oro. Es capaz de reparar cualquier cosa. Absolutamente cualquier cosa. De hecho, no sé por qué no le bauticé como McGyver en este blog. Tarde ya. Bueno, pues Shaggy se las apañó para cortar un pequeño círculo de metal en el soporte del o-ring que permitiera, de alguna manera, conectar las tuberías sin que hubiera escapes.

Y así quedó la cosa. Cogí la bici y me dispuse a disfrutar de una tranquila noche de Viernes con un par de capítulos de "Curb your Enthusiasm" (diría que la mejor serie de televisión que he visto jamás). A eso de las 7 y media de la tarde, Penderecki me manda un SMS. Las tuberías tienen un escape que parece que aquello es espacio abierto. De puta madre. Le digo que en media hora estoy allí. Cojo la bici de nuevo. ¿Y qué me ocurre 1 km. antes de llegar al laboratorio? ¡Sí! ¡Un pinchazo! No puede ser. Cuatro veces en una semana. Y lo peor es que, con las prisas, no he cogido la mochila donde suelo llevar mis herramientas, parches y cámaras de repuesto.

Cuando llego al laboratorio Penderecki y yo echamos un vistazo un poco más cuidadoso a las tuberías. El principal sospechoso es, por supuesto, el o-ring que ha estado "tuneando" Shaggy. Como la presión dentro de las tuberías es atmosférica no podemos usar el detector de escapes. Decidimos poner en las tuberías un par de atmósferas de Helio gas. Y entonces se hace la luz. El escape se oye claramente. No es el o-ring. Es una soldadura del fontanero. Primero me cago en el fontanero. Después me cago en Penderecki, por no haber descubierto él solito un problema tan sencillo. Por último me cago en el alcalde de Cambridge, que tiene la ciudad patas arriba con las obras y con pinchazos aguardando en cada esquina.

Me asusta la idea de pedalear casi 10 km. de vuelta con una rueda plana. No quiero cargarme la llanta. Pero andar tampoco se me antoja atractivo. Al final lo que hago es pedirle una bomba prestada a un estudiante que pasaba por allí. Hincho el neumático pinchado y aplico al pinchazo una buena cantidad de vaselina de vacío. Eso me permite llegar a casa con una presión de unos pocos milibares en la rueda. Entre eso y proyectar mi peso sobre la rueda delantera (pedalear 10 km. de pie es buenísimo para los cuadriceps) consigo que la llanta sobreviva al viaje.

Ya en casa descubro al culpable de todos los pinchazos de esta semana: un trocito de cristal, minúsculo, ha hallado cobijo en una rendija de la cubierta, y asoma un diente, sutil y constante, por la parte inferior. Quito el cristal, pongo un parche en el pinchazo y la cámara parece capaz de aguantar el aire. A ver cuánto me dura esto.

En la última entrada dije que tenía ganas de empezar a tomar datos. Aquí diré que también tengo ganas de sexo esporádico con extraños (de sexo femenino, exclusiva y desafortunadamente; si fuera bisexual mis posibilidades se verían, de manera automática, multiplicadas por dos aumentadas ligeramente).
 
Cambio de oficina
Hoy, por fin, nos han empezado a mudar de oficina a toda la gente localizada en el edificio Terrapin, una enorme chabola prefabricada con olor a orines rancios. Afortunadamente, Figo sigue siendo mi compañero de oficina. No tan afortunadamente, El Cuerpo me ha tocado al ladito.

La configuración final de la oficina queda como sigue: cinco postdocs, cinco, en una sala de unos 30 metros cuadrados. Según se entra, a mano derecha, está el escritorio de Figo. También a la derecha, esta vez al fondo, Kanti. El único escritorio sin esquinas, en la pared frente a la puerta, es el de nuestro héroe. A la derecha de nuestro héroe, tercera esquina, El Cuerpo. Y a la derecha de la puerta, el Mesías.

Tener a El Cuerpo constantemente a mi lado mientras trabajo va a ser como tener un calendario Pirelli de carne y hueso permeanentemente a la vista. Seguramente esto significará el fin de mi carrera científica. Espero poder mojar en caliente, al menos, antes de que me despidan por falta de productividad.

Yo he tenido suerte con la mudanza. En los dos meses que llevo aquí, aún no me ha dado tiempo a acumular las ingentes cantidades de basura que atesoran mis congéneres. El día ha sido un constante ir y venir de cajas, ficheros, escritorios, maletas, colchones, papeles, ordenadores y percheros. Yo he cogido los pocos artículos que tengo en una mano y mi sillón en la otra. El ordenador lo moveré mañana. En cinco minutos estaba mudado y me he sentado a ver cómo trabajaban los demás, algo muy español.

Luego, por la tarde, mientras volvía a casa, he pinchado la bici tres veces. Bueno, dos. La otra ha debido ser esta mañana, ya en el Cavendish, pues cuando he cogido la bici por la tarde, me la he encontrado chata. Es lo que tiene el aire, que le das cobijo y en cuanto puede se escapa. Pura ingratitud. Total, que he ido parándome en cada parque que encontraba a arreglar los pinchazos que se me iban produciendo. Al final se ma ha hecho de noche y he tenido que alumbrarme con el faro de la bici, que parecía que me estaba enrollando un canuto clandestino. Al llegar a casa aún he tenido moral para reparar el pinchazo del neumático de repuesto. Me he quedado sin parches, pero he trabajado un poquito los bíceps bombeando y eso me ha quitado la pena.

Dios, qué ganas tengo de empezar a tomar datos....
 
Reparto de criostatos
El grupo de Física de Semiconductores, del que formo parte en el Cavendish, cuenta con cinco criostatos de disolución. Cada dos semanas nos reunimos todos los usuarios, estudiantes, postdocs y personal docente, para discutir el funcionamiento de los criostatos y sugerir mejoras en su manejo.

Yo he estado durante las últimas semanas poniendo a punto los dos criostatos más nuevos y, por tanto, tengo una parte bastante activa en dichas reuniones. Un pequeño reto personal que tengo es conseguir al menos una carcajada general durante mis discursos. En un grupo de investigación a menudo depende uno de la gracia de los demás, y hacer las reuniones más amenas suele ganar puntos. Hay que ir con cuidado, también, no se trata de hacerse el listillo o el gracioso de manera gratuita. Hay que soltar una frase que sorprenda, aquí y allá. Decir algo que, a pesar de ser cierto, nadie espere.

El caso es que en la última reunión se decidió que cada criostato sería responsabilidad directa de un postdoc. Los criostatos están bautizados y algunos de ellos, con el paso de los años, han pasado a ser "propiedad" de varios postdocs. Por ejemplo, Fridge 1 es propiedad de Figo, mi compañero de oficina y, probablemente, la mejor persona que puede uno encontrarse en el grupo. Fridge 2 era de Frank hasta que Frank se fue a Alemania hace poco menos de un mes. Fridge 2, por lo tanto, está huérfano. Fridge 3 es de alguien, creo, pero no tengo ni la más zorra idea de quién es. Los dos criostatos nuevos, MX1 y MX2, son de diferentes personas, según quién opine. Así que, cuando el asunto surgió en la reunión del pasado miércoles, empezaron a volar nombres por todas partes y la gente no se ponía de acuerdo. Yo, callado, asistía al espectáculo. Tras cierta discusión, El Cuerpo dijo que MX1 había sido suyo desde el principio y que MX2 era de Mesías. No sé qué coño pinta Mesías ocupándose de un criostato, nunca lo he visto ni siquiera enfriar uno. Pero el tipo tiene status. Como buen japonés que es, ha acogido a seis estudiantes, seis, bajo sus alas protectoras y aún le queda tiempo para asistir a alguna reunión y ocuparse de una esposa y una hija. Pero por el criostato se acerca poco, el miserable. Cuando El Cuerpo dijo que MX2 era de Mesías yo no pude seguir callado y me pregunté en voz alta que qué demonios había estado haciendo yo enfriando MX2 durante la última semana. Y, de postre, yo también había enfriado MX1 dos semanas atrás. Y esto último lo dije mirándole la esclerótica a El Cuerpo, que no dijo esta boca es mía. Aún así, sigue estando muy buena, lo cortés no quita lo valiente. El Cuerpo sugirió que yo me ocupara de Fridge 2 en sustitución de Frank.

La cosa quedó en que se discutirá todo esto de nuevo en la próxima reunión. Eso es lo bonito de esas reuniones, hablamos durante hora y media para finalizar diciendo que en dos semanas daremos finiquito a todas estas diatribas. Y a las dos semanas, lo mismo. A mí me parece estupendo, me lo paso en grande en las reuniones y si empiezo a aburrirme siempre tengo a El Cuerpo cerca para relajarme los ojos. Cuando se nos cruzan las miradas yo se la mantengo hasta que aparta los ojos. A veces le cuesta hasta cinco o seis segundos, tiene aguante, la jodida.

El mismo día de la reunión, más tarde, se me acercó Thomas. Thomas no es postdoc, ni catedrático, más bien algo a mitad de camino. Tiene carga docente y oficina propia. Y el proyecto del que soy responsable está débilmente asociado a él también. Thomas tiene una extraña y exagerada simpatía por mí. Diga yo lo que diga, siempre está de mi parte, lo que no es necesariamente bueno. Por ejemplo, en la última reunión sobre investigación decidí probar a los presentes y solté una frase que cualquier estudiante de carrera debería saber que no es cierta. Algo sutil relacionado con el potencial químico y el nivel de Fermi. Lo hice a propósito, claro. Thomas estuvo inmediatamente de acuerdo con mi declaración. Figo también (sorprendente, porque Figo sabe mucho. Mucho. De verdad). La única que no quedó convencida fue El Cuerpo. Está buena y tiene materia gris, la muy... Bueno, a lo que vamos. Thomas me dijo tras la reunión de los criostatos que el quería que MX2 fuera mío y exclusivamente mío. En parte porque he puesto mucho esfuerzo en ese criostato y en parte porque mi experimento no puede realizarse en ningún otro, debido a que ése es el único sitio donde pueden realizarse medidas a altas frecuencias (los demás criostatos no cuentan con cables coaxiales). A mí me pareció muy lógico eso, y así se lo hice notar, pero añadí que lo último que quería yo, recién llegado, es suscitar una atmósfera tensa y malas relaciones dentro del grupo. Thomas me tranquilizó diciendo que él se ocupará de eso y que a nadie debería importarle.

Sea como sea, es bueno tener a Thomas de mi parte. Tiene más poder que cualquier postdoc. Apadrinar el MX2 me encantaría. Tras todo el sudor que me ha hecho soltar ese condenado aparato durante los últimos dos meses, le he terminado cogiendo cariño.

Una vez que se aclare la situación con los criostatos sólo me quedará desnudar a El Cuerpo sin que sospeche nada hasta que sea demasiado tarde, conseguir mi backflip y encontrar la manera de limpiar mi piso, que se ha convertido en una leonera desde que estoy soltero. Entonces mi vida será perfecta.
 
Grrrrrrrrrrrrrrrr
Lame biceps with hat
 
Semana tranquila
Ni rastro de Volodos.

Tengo que hacer lo posible por aprender toda la física conocida por el hombre antes del próximo jueves. Porque resulta que El Cuerpo está de vacaciones y, oye, es una tranquilidad trabajar sin hormonas...

Y eso nos lleva al hilo de lo que ha sido el acontecimiento del día, del mes y, casi diría yo, del año: hoy he intentado aterrizar correctamente un kip-up.

Lo he conseguido al tercer intento. A partir de ahí me he dado cuenta de que podía hacerlo cuanto quisiera, que no fallaba nunca. Mañana me voy a poner a hacerlo en el césped del Cavendish a la hora del almuerzo. A ver cómo reacciona la gente.

Siguiente objetivo: Backflips. Pero eso ya requiere un spotter... Que, seguramente, será El Cuerpo.
 
Volodos
Hace cosa de un mes, mi jefe me dijo que me iba a asignar dos proyectos. En uno de ellos se trata de hacer NMR en hilos cuánticos. Los spines de los núcleos atómicos pueden polarizarse y hacen posible el estudio de la interacción hiperfina con los electrones unidimensionales del hilo. El caso es que, como yo hice un uso extensivo de la técnica de NMR durante mi tesis, pues se ha pensado que quién mejor que yo. El otro experimento es algo a más largo plazo, pero igualmente apasionante. Se trata de estudiar el entanglement de dos electrones en un hilo cuántico. Eso aún no lo he estudiado mucho, así que lo he dejado aparcado por el momento.

El primer experimento trae un inconveniente asociado: el estudiante encargado de él. Volodos, que así lo conoceremos aquí, llevaba más de dos meses sin aparecer por el laboratorio y sin responder ni a los correos ni a las llamadas de sus supervisores. Mi jefe me dijo que es un tipo increíblemente brillante pero que tiene serios problemas mentales. De puta madre, lo que me faltaba. Que un genio medio autista acabe degollándome al pie de un criostato porque no he querido usar su diseño del modulador de frecuencia. Lo que hace falta, me dijeron, es tacto. Hablar con él es un arte cuyos secretos no se adquieren en unos días. Hay que hacer un profundo estudio psicológico del personaje antes de discutir con el de física. De otra manera se corre el riesgo de que se nos escape el polluelo, o de que acabemos descuartizados a la orilla del río Cam. Y ya que ahora éste es también mi experimento, mejor resignarse y ponerse al tajo. Mala suerte, compañero, me han dicho. Te ha tocado.

Volodos volvió de repente al laboratorio la semana pasada. El asunto resultó ser peor de lo que yo pensaba: el rapaz mide unos dos metros de altura y otros dos de espalda. Le echo unos 1600 kg de masa magra y otros 1700 de grasa. Bofetada que da, familia que viste de luto. Hice de tripas corazón y fui a presentarme. "Soy el postdoc designado para ayudarte con tu proyecto". Volodos me miró friamente, como se mira a esos desgraciados a los que se ve que les quedan sólo siete u ocho minutos de vida. "¿Y qué sabes tú de NMRRRRRRRRRRRRR?" El acento ruso acojonaba, he de reconocerlo. Me pareció que el mismo Stalin se había reencarnado en una enorme mole para darme mi merecido por el resto de los tiempos. Procurando hablar con un tono firme y calmado, le expliqué mi tesis en cinco minutos. "Bueno, hablarrrrrrrrremos del experrrrrrrrimento la semana que viene. Yo tengo un deseñio del cirrrrrrcuito parrrrrrrra estudiarrrrrrrrr la polarrrrrrrrización espontánea de los spines. Soy bastante mejorrrrrr ingenierrrrrrro electrrrrrrrónico que las compañías que venden instrrrrrrumentos de medida. En Ucrrrrrrrrania no podíamos comprrrrrrrrrarrrrrrrrrrr generrrrrrradorrrrrrrres de pulsos, así que los frrrrrrrabicábamos nosotrrrrrrrrros mismos". Cuando terminé con él me metí un momento en el baño y no me encontré los huevos.

Hoy estaba yo llenando un criostato con nitrógeno líquido cuando Volodos se ha presentado de repente. "Tenemos que hablarrrrrrrrrr del experimento". "Ok, Volodos, mira, en estos momentos estoy preparando el nitrógeno para llenar el criostato. Si me das 5 minutos, pongo el proceso en marcha y te atiendo". Todo esto lo digo mientras trato de arrastrar un dewar de nitrógeno cerca del criostato. Cabe justito entre la pared y una mesa enorme donde se hallan un par de ordenadores que controlan los experimentos. Tan justito, que acaba atascándoseme. De repente, la mesa empieza a levitar. Como la madera no es un material magnético, mi mente ha rechazado enseguida la idea del efecto Meissner. En efecto, ha sido Volodos. Me vuelvo hacia él. Me mira serio, muy serio. Tiene una mano en el bolsillo y con la otra aún agarra la mesa. Trago saliva. Le doy las gracias. Tras comenzar el llenado del criostato, que tardará unas cuatro horas, me dirijo a él. "Estoy libre", le digo. "Muy bien. Éste es el cirrrrrcuito que he deseñiado". Y lo dibuja. "No he empleado moduladorrrrrrrr. ¿Qué sugierrrrrrres tú?" La verdad es que no tengo ni pajolera idea de qué sugerir. Le digo las dos primeras cosas que me parecen más razonables y evidentes. "Bien. Si eso es todo lo que me puedes aconsejarrrrrrrrr tal vez sea mejorrrrrrrr que hable con el prrrrrrrrrrrofesorrrrrrr Pepperrrrrrrrrrrrrr". La madre que lo parió. Aún va a tener cojones de quejarse de mí, después de que hace medio año le dejaron a cargo de un criostato y lo abandonó a su suerte, estando a punto de tirar a la mierda medio millón de libras esterlinas en equipo y criogénicos. Por un momento sopeso la posibilidad de dar un tirón al tubo de silicona que aún sostengo en mi mano, esperando a que se congele para que adquiera la forma correcta, y dirigir el chorro de Nitrógeno líquido a la cara del engendro que me amenaza. "Mira, chaval. Me da lo mismo que seas el puto Stephen Wolfram con acento de película de Bond. Llevo menos de dos meses aquí y necesito tiempo para ponerme al día con la física del transporte cuántico. Si tienes paciencia y me das tiempo, tal vez podamos publicar algo juntos y tú tendrás ayuda con tu experimento. Si lo que pretendes es que te diseñe una maravilla de la tecnología que, no sólo funcione, sino que además nos dé un Nóbel, te vas a decepcionar bastante. Tú mismo. En investigación no sólo importa el conocimiento (que sí) sino también la derivada de la cantidad de conocimiento con respecto al tiempo. Y en mi caso, esa pendiente es muy alta y positiva. Llevémosnos bien y no correrá la sangre". Volodos me mira serio e inexpresivo. Parece estar decidiendo si matarme de un solo golpe o lentamente. Le sostengo la mirada con firmeza. Y con muy mala leche. "Cuando sepas más sobrrrrrrrre física volverrrrrrrremos a hablrrrrrrrarrrrrrr", dice. Y se va sin más.

Me he pasado las dos siguientes horas cagándome en mi puta suerte. Hasta que ha aparecido El Cuerpo por allí. No la había visto desde el viernes, cuando la juerga loca. ¿Y sabéis lo primero que ha hecho? Pues sonreirme y guiñarme un ojo. Lo que me faltaba. ¿Cómo voy a concentrarme así en estudiar el confinamiento cuántico ahora que mi vida depende literalmente de ello?

Bonus track: Tengo una foto de El Cuerpo. El que tenga curiosidad que me lo diga y, si es alguien de confianza, lo direccionaré para que pueda verla. Sólo si es de confianza, que luego estas fotos acaban en un sitio guarro, vía Photoshop, y no me apetece que me echen de este trabajo antes de poner mi nombre en un artículo junto a Volodos. Eso se ha convertido ahora en un reto personal.
 
Llanto
Esta semana descubrí que hay un equipo de fútbol en el Cavendish. Le pregunté al encargado y me dijo que precisamente esta semana andaban faltos de un jugador. Que me presentara el domingo a las 19 horas en el centro de deportes Kelsey Kerridge con una camiseta verde.

Al llegar allí he descubierto que esto no era un partidillo entre amigos. Es una liga de fútbol 5, con árbitro y todo.

Media hora de partido. Y yo creía que estaba en buena forma física. Tengo que empezar a hacer Tabatas pero ya.

En fin, que hemos perdido 10-1. No está tan mal: los que jugaban antes que nosotros han quedado 20-1.

Y esta mañana he roto con mi novia formal y definitivamente. No se merece el dolor que está pasando, pero confío en que el tiempo se lo alivie. Los motivos los explicaré si le interesan a alguien. Si no, no tiene sentido, yo ya los tengo claros.
 
De farra
Anoche salí de copas. Cubrí mi bici de barro. No me la destrozaron. No me la robaron.

Me robaron otra cosa.

Hoy día no se puede uno fiar ya ni de su padre.

Para saber los detalles de la historia (que no tiene desperdicio), esperen ustedes hasta Diciembre, todo lo más.
 
Reflexiones más o menos escatológicas
Tengo un problema. Bueno, más de uno, pero el problema al que me refiero es el que más recursos me consume en estos momentos. Sin embargo, ya que esto lo lee quien lo lee, no puedo contarlo aquí, no aún.

Si sois fieles os acabaréis enterando. O no. Tengo que meditarlo detenidamente. Alguno de vosotros ya se lo huele y le pido que se ahorre los comentarios. No soy demasiado rápido borrándolos.

Otra cosa. Hoy, por fin, he conseguido pinchar mi bici. Me ha ocurrido a una milla más o menos de casa, cuando aún me faltaban más de 5 para llegar al Cavendish. En una zona no comercial, además. Le he echado huevos y he seguido pedaleando hasta llegar al centro de Cambridge. Allí me he metido en la primera tienda de bicis que he encontrado (abundan aquí) y he comprado el lote completo: neumático nuevo, bomba y kit de reparación.

Me he ido tranquilamente al parque y me he sentado tranquilamente a reparar el roto. A los pocos minutos me he empezado a hacer aguas menores. He continuado mi labor moviendo un poquito las caderas para aliviar los músculos de la pelvis. La gente que pasaba a mi lado me lanzaba miradas curiosas, lo que ha hecho que me colocara el MP3 para disimular. Como si bailara. Pero no me ha durado mucho la treta, porque enseguida he notado con horror que también me empezaba a hacer aguas mayores. Eso ha hecho que el trabajo me haya llevado más de lo esperado, obviamente. Para cuando montaba la rueda de nuevo en el cuadro, apenas podía doblarme, tal debía ser la largura de la cataplasma. El resto del trayecto lo he hecho más tieso que una vela, casi sin usar las manos. He llegado al Cavendish a puntito. Un poco más y no alcanzo a bajarme los pantalones. Comprendo que esto no es bonito de imaginar, pero si supiérais lo que me importan vuestros escrúpulos probablemente me negaríais el saludo de por vida.

Ya más aliviado he conseguido hacer algo productivo con el resto del día. Puedo anunciar con orgullo que en menos de dos semanas he dejado listos para funcionar dos criostatos que estaban dando muchos problemas. Ahora sólo hay un detalle que impide usarlos: las tuberías por las que circula la mezcla de Helio3-Helio4 han de sustituirse y el fontanero del laboratorio no parece estar muy al tanto. Me habían llegado noticias de que los trabajos de fontanería habían de empezar el pasado lunes. Hoy, ya con la mosca tras la oreja, he ido a buscarlo. El tío estaba esperando a que le diéramos los planos. Sí, suena a ciencia ficción, pero puedo asegurarlo. Nosotros esperando al fontanero y el fontanero esperándonos a nosotros. Así que he esbozado un plano con todas las distancias, diámetros y tubos. Cuando he ido de nuevo al fontanero, éste me ha dicho que hoy ya era tarde, que le lleve los planos mañana y en nueve días, nueve, comienza las obras. Increíble. Que alguien me explique en qué línea temporal viven los fontaneros.

A Penderecki tampoco le ha hecho gracia el asunto, claro. Al fin y al cabo es él el que tiene que obtener los datos. Me he ofrecido a ayudarle a medir unas cuantas cosas durante los próximos nueve días para evitar que se bebiera un litro de Nitrógeno líquido.

Mañana nos vamos de copas un grupo de gente para celebrar el cumpleaños de El Cuerpo. Creo que cubriré mi bici de barro para que no destaque mucho aparcada en el centro. Tal como está ahora, roja y brillante, llama mucho la atención y en Cambridge doblar las ruedas de las bicis tras meterse entre pecho y espalda siete u ocho litros de cerveza un viernes por la noche es deporte nacional.
 
Halloween
A finales de Octubre vamos a organizar en el laboratorio una fiesta de disfraces. Me encantan las fiestas de disfraces. Mi disfraz favorito es el de novia. De punta en blanco y sin afeitar. Suelo ser el alma de la fiesta.

Pero en esta ocasión, y dado que mis abdominales van a asistir también al evento despojados de la capa de grasa que los ha cubierto durante la mayor parte de su vida, quisiera llevar algo más atrevido. La primera idea que he tenido ha sido ponerme simplemente unos calzoncillos rojos y pintarme el resto del cuerpo de Supermán. Tras pensarlo mejor se me ha antojado una tarea titánica para mí solo, sobre todo la espalda. Y aún no tengo la confianza suficiente para pedirle a nadie que me pinte los lomos.

Así que, venga, que aún nos quedan casi dos meses. Ya estáis sugiriéndome disfraces con los que enseñar el cuerpo que me he estado currando durante los dos últimos años. No hay censura, se acepta todo. Si de este brainstorming surge la idea ganadora, prometo poner fotos aquí.
 
Uffffff
Estamos vivos. Penderecki y yo.

Ya está entrenado el imán. Hasta 15 Teslas lo he subido. Lo he bajado a 10. Lo he vuelto a subir. Así entrenaba, así, así, así entrenaba, así, así, así entrenaba, así, así, así entrenaba que yo lo vi.

Al hilo de lo que me apuntaba Ghiret en un comentario, voy a poner un ejemplo de becario proponiendo ideas. Con la mañana aún fresca, sugiere Penderecki darle otra oportunidad al ordenador. Accedo, nada como dejar que se les pelen los huevos a los estudiantes a base de quenches.

Empezamos a aumentar el campo. Al llegar a 6 Teslas el suministrador detecta que algo no va bien. Los circuitos de seguridad se disparan y el imán pasa de 6 a 0 Teslas en 0.3 segundos (si alguien está interesado en un modelo similar para hacer carreras en el barrio, la marca es Oxford Instruments). Total, ahí están todos los LEDs del suministrador de potencia parpadeando con insistencia. Y Penderecki y yo con los huevos de corbata. Milagro del cielo, no ha ocurrido nada, porque a 6 Teslas el baño de Helio se las ha apañado para absorver todo el calor generado por el quench.

En este punto ya decidí no tentar al destino y le dije a Penderecki que, de aquí en adelante, tomaba yo los mandos. Si moríamos los dos y a mí me echaban del trabajo (por ese orden), yo asumiría las consecuencias.

He entrenado el imán, por lo tanto, manualmente durante el resto del día. Suave como la seda, oye. Como le he hecho notar a Penderecki, eso no demuestra que la culpa es del ordenador, más bien no demuestra que la culpa no es del ordenador. Una vez entrenado el imán el peligro es mínimo, así que el resto de la semana dejaré que Penderecki proceda a su libre albedrío mientras yo comienzo a diseñar mi experimento.

Y, para terminar, unas palabras sobre las dificultades que estoy encontrando para poder concentrarme en los artículos que trato de leer en el trabajo. Si los leo en mi oficina soy interrumpido por estudiantes que constantemente entran a preguntarle a Figo (con quien comparto ratonera) detalles sobre los experimentos. Si trato de leerlos por los pasillos o en el laboratorio soy constantemente molestado por las idas y venidas de El Cuerpo, que hacen que mis hormonas tomen el mando y me dirijan la sangre no al cerebro precisamente.

... Y es que, qué buena que está la hija de la gran puta. Y qué bien me ha sentado escribir la frase anterior.
 
Magnet Quench
Hoy he asistido por primera vez en mi vida a un Magnet Quench. En vivo, un espéctaculo inolvidable por lo espantoso. Algo así como ver un rayo y oir el trueno al mismo tiempo. Acojona.

Un imán superconductor es un almacén de energía eterno. Una vez que se ha suministrado la corriente necesaria, al tener resistencia cero, no hay disipación y la corriente se mantiene por los siglos de los siglos. Eso, claro, siempre que el imán esté cubierto de helio líquido que lo mantenga por debajo de su temperatura de transición.

Un quench ocurre cuando parte del imán se torna resistiva, ya sea por una fricción de origen mecánico o por otra causa. Algo así como lo que ocurre al encender una cerilla. Una vez que existe una mínima resistencia en el imán, el efecto Joule produce que se libere más calor, lo que hace al imán más resistivo. Eso libera, a su vez, más calor... Más resistencia, más calor... Os podéis imaginar el resto: decenas de litros de helio líquido (y centenares de euros) evaporados instantáneamente y todos los tubos que recogen los gases del criostato haciendo chirivitas.

Cuando se enfría un imán superconductor, suelen producirse pequeñas zonas de estrés, o "arrugas", que representan un peligro durante la normal operación del sistema. Esas arrugas pueden dar lugar a quenches en mitad de un experimento y hacer que aquello acabe como el rosario de la aurora. Para evitar esas arrugas lo que se hace es "entrenar" al imán. Se le suministra la corriente lenta y controladamente hasta el campo más alto para el que está diseñado a fin de que en el futuro corrientes tan grandes no le sean ajenas. Si el imán es buen estudiante, el entrenamiento es efectivo y todo va de perlas. Si no... Bueno, sálvese quien pueda.

El caso es que estábamos Penderecki y yo entrenando al imán. Penderecki quería dejar al ordenador controlar la secuencia de suministro de corriente y yo quería hacerlo con estas manitas que esto escriben. Porque en general, no me fío ni de mi padre, mucho menos de un ordenador. Aunque, bien pensado, debería fiarme más de un ordenador que de mi padre. Pero a lo que vamos. Mientras Penderecki pone a punto el programa, yo comienzo a subir la corriente. A 10 Teslas a un ritmo de 0.8 Teslas/minuto. 10 Teslas no es cosa de broma (el campo magnético de la Tierra es de unos 30 microteslas en la superficie). En eso que me entran ganas de hacer pis. Le digo a Penderecki que vuelvo enseguida mientras doy saltitos con una pierna. A la vuelta descubro que Penderecki ha dejado que el ordenador tome los mandos. No sé si ha interrumpido el suministro momentáneamente para iniciar el programa o lo ha hecho a pelo. El caso es que al llegar a 10 Teslas, el ordenador cambia el ritmo automáticamente a 0.3 Teslas/minuto. Pocos segundos después se oye un chasquido en el suministrador de potencia, la corriente cae a cero Amperios en cosa de décimas de segundo y las válvulas de seguridad del criostato se van a tomar por culo. Ni tiempo le ha dado a mis vellos a erizarse.

En lugares cerrados, tal evento es sumamente peligroso. No se trata ya de coger un globo de Helio y respirarlo y hablar como el Pato Donald durante 15 segundos. No. Cuando la liberación de gas es tanta y tan rápida el Helio desplaza al Oxígeno y uno estira la pata con la sonrisa aún en la boca. Estamos hablando de morirse antes de darse cuenta de lo que ocurre. Afortunadamente, el criostato está situado dentro de una habitación apantallada para evitar interferencias magnéticas en los experimentos y eso ha mantenido a raya a la mayor parte del gas.

Pero el acojone no me lo quita nadie.

Yo sigo pensando que la culpa ha sido del ordenador. Penderecki piensa que no. He sugerido repetir la maniobra mañana (tras volver a llenar el criostato de Helio, claro) manualmente. Si ocurre otra vez, sabremos que NO fue culpa del ordenador. Si no ocurre, tal vez fuera el ordenador, tal vez no...

Si dentro de unos días, semanas o meses no he vuelto a escribir aquí, ya sabéis dónde buscar mis restos.

Salud.
 
... and the shit finally hit the fan
O benzeme o, ne zaman daha fazla bir tane do ben put yıl name bu blog, ben al heveslendirmedim o yapmak için beni bir neden vermek yazgı Benim daha iyi yarımım Cambridge için bir uçak sınırında olmak için bu anlarda borçlanılacak.

Ben bir SMS almadım onun.

O uçağı almadı. Kans, bizim önemli sorunlarımız var ve bizim gittiğimiz varsayılmadı, şimdi onları konuşmak bakma bakmak telefonlar hiçbirşeyi. O böylece olacak. Dokuz yıl bağ, dokuz tane.

O birazdan söylener. Dokuz kelimeler, öpücükler, yıllarının kurban olduğu tane, suffering ve yanılgı. O terazi gözüne, ama kişisel durumlara benden daha fazlası koymadı ben ben ignore. Ben amaçlama benim durumum daima onunkinden daha kolay olan.

Ben tamamının o yanlışlar dağıtmak için zor olmasına rağmen benim yanlışım olduğunu sanmak için avoid. Zor ve aptal
 
Tricks of the mind
Hoy mi mente se ha empeñado en repetir constantemente dos frases: "Fuck me" y "I'd hit it".

Me parece que, tarde o temprano, este blog va a hacer honor a su nombre "and the shit is gonna hit the fan".