Los hechos
Son ya varias las personas que me han pedido detalles de lo de anoche. Como no me apetece contarlo varias veces, he decidido ofrecerlo aquí, con más o menos detalle, y pueden ustedes servirse las raciones que quieran.
A punto de terminar mi jornada laboral, me dice Paquito (un estudiante mejicano del que aún no he hablado aquí) que qué planes tengo para la noche. Le digo que ir a casa y poner las pesas a caldo. Me dice que hay una velada de Salsa en el Wolfson College. Le pregunto que qué se hace allí. "Bailar o beber. O ambas. Yo, como no sé bailar, bebo". "Yo, ni bailo ni bebo, machote, así que lo tengo crudo". "Bueno, como quieras". Vuelvo a la oficina. El Cuerpo está allí haciendo sus cositas. Le comento que qué gracioso es Paquito, que como no baila, va a beber. Y me dice ella que también va a ir (ella lleva más de un año bailando Salsa) a bailar. Entonces pienso que la ocasión la pintan calva y no me cuesta ni un suspiro apuntarme a la fiesta.
A las 9 salgo del laboratorio con Paquito y Matías (otro estudiante) rumbo al Wolfson. El Cuerpo se nos unirá más tarde, pues tiene que terminar una carta de recomendación para no sé quién.
En cuanto llego a la pista de baile me dedico con mucho esmero a observar a los chicos que mejor bailan y a asimilar sus movimientos lo mejor que puedo. Tras un rato, me atrevo a sacar a una chica a bailar. La cosa no sale del todo mal. A las 10 y media llega El Cuerpo.
Espectacular, para qué os voy a decir otra cosa. Con una camisetita de esas que se atan encima del ombligo. Intento no mirar mucho a esa parte y enseguida le pido un baile. Acepta. Bailamos. Me guía. Estoy en el cielo, os lo juro. Después le pido bailar a otro par de tipas, pues El Cuerpo me ha dicho que para 15 minutos que llevo aprendiendo, los pasos principales los tengo ya clavados (nailed, me dice).
Momento crítico de la noche. Son las 12 y media y están a punto de cerrar. Pronto nos iremos todos. De repente, se me ocurre que para qué retrasarlo más. Sí, lo sé, en cuanto le dices a una chica que te gusta, si no te lo has trabajado mucho antes, y cuando digo mucho estoy hablando de meses de persistencia y genialidad constante, todo está perdido. Ya no eres un reto para ella. Eres fácil. No interesas. Punto. Sin embargo, así, espontáneamente, pienso que eso no puede ser de aplicación general. Específicamente, me da la sensación, en esos momentos, que la regla no es aplicable a toda mujer mayor de 22 años. A algunas, o muchas, sí, sin embargo.
Decido correr el riesgo. De todas maneras, tarde o temprano tengo que moverme, hablar o actuar. Actuar puede significar que mi trabajo se convierta en un infierno, así que hablar se me antoja más seguro, aunque con menos posibilidades de éxito. Además, quiero terminar de una vez con todas esas ambiguas señales que ella me ha estado mandando.
Bueno, pues si no teníamos suficientes señales ambiguas, esta noche voy a tomarme dos tazas.
Me acerco a ella. "Tengo que hablar contigo". "¿Por qué?" "No puedo decírtelo aquí, con todo este ruido". "Ok, pero quiero bailar un poco más antes de irme". De modo que ella baila un poco más. Yo espero. Preparo un párrafo. Lo ensayo unas tres veces. De puta madre. O salgo en hombros esta noche, o me voy por la pata abajo de vergüenza.
Finalmente, me dice que se va. Le pido un minuto. Me lo concede. La acompaño hacia su bici. Por el camino recojo la mía. Al cabo, hablo.
“Llevo dos meses trabajando en el laboratorio. Estoy gratamente sorprendido por lo agradable que es todo el mundo (salvo Volodos) - ella sonríe- por lo interesante de la investigación, por vuestra amabilidad conmigo... Pero en tu caso, ultimamente, he empezado a sentir algo más. Algo que no puedo seguir negándome a mí mismo. Me gustas. Me gustas mucho. No quiero que te sientas incómoda por lo que te estoy diciendo: primero, porque no voy a hacer nada que te haga sentir incómoda. Segundo, porque tengo una opinión increiblemente alta de mí mismo y, en estos momentos, no hay probablemente ninguna persona en el mundo que pueda herirme con lo que digan o hagan. Así que no te preocupes por nada de eso. Sólo pensé que te iba a decir esto tarde o temprano y no he visto razón para seguir retrasándolo".
Todo eso, así, del tirón, como un machote. Primera reacción: "Oh, eso ha sido tan bonito, dame un abrazo". Y me abraza de una manera que se vendrá conmigo a la tumba. "Sé lo que sientes porque yo también he estado en esa situación varias veces y he hecho lo mismo. Aprecio mucho lo que acabas de hacer. Requiere mucho valor. La única diferencia es que a mí me costó mucho más tiempo decidir que me gustaba alguien. Varios meses, incluso un año. Nada cambiará de aquí en adelante, creo que nos entendemos muy bien los dos y tenemos muchas cosas en común. Yo tampoco quiero perder eso."
Tras eso, para empezar, empiezo a sentir por ella mucho más respeto como persona que antes,si cabe. He hecho esto, como ya dije en otra entrada, varias veces en mi vida. Nunca, pero nunca nunca, he recibido una respuesta como esta. Me sorprendió que ella de verdad pareciera sentirse cómoda con todo esto.
Volvimos juntos en las bicis hasta el centro. Una hermosa, larga y relajada conversación sobre sentimientos, relaciones y todo lo divino y lo humano. Ahora, os diré algo. Imaginad la situación: le acabo de decir que me gusta; ella no ha saltado a mis brazos con pasión ni me ha metido la lengua en la boca. Y aún así, mientras pedaleamos uno junto al otro, sus ojos se pierden a veces en los míos de una manera que me hace resbuscar en el cubo de dudas que acababa de enterrar. Sí, lo sé, como se dice por aquí, she just LJBFed me. Y eso suele ser carretera de un solo sentido. Pero sus ojos... Sus ojos me llevan confundiendo desde hace meses.
En otras palabras, no he perdido la esperanza. Eso, por una parte. Pero aún más... Estoy satisfecho de haber hecho lo que he hecho. Probablemente ella me gusta aún más ahora. Y pensar que ella tal vez no piense en mí nunca como algo más que amigo no me molesta. No me molesta en absoluto.
¿Soy raro? ¿Soy imbécil? A quién le importa.
Antes de despedirnos, volvió a decir que nada cambiará entre nosotros. Volvió a abrazarme hasta que se me pusieron los pelillos del cogote como escarpias. Me sentí muy bien. Ni puta idea de por qué. Hubo una increíble sensación entre nosotros, seguramente nada sexual, sino algo hermoso y profundo. No me gusta escribir esto, pero tal vez fuera amistad.
Esos fueron los hechos. Y ella estaba preciosa, y voy a seguir viéndola casi a diario durante los próximos dos o tres años. Y un día puede que ella se despierte y decida que le gusto. O puede que yo me despierte y vea que, al fin y al cabo, no me importa ser "sólo" su amigo.
Ha sido una de las noches más bellas, intensas e instructivas de mi vida.
Bonus track: Hoy por la mañana. Oficina. Entro y la encuentro en su escritorio. Se vuelve. Me ofrece la sonrisa más amplia y sincera que le he visto hasta la fecha. Muestra todos los dientes superiores. Me pregunta que cómo me siento. Le digo "I feel like a million bucks". Ríe. Hablamos un buen rato. Ya ni recuerdo de qué. El ambiente es muy relajado entre los dos.
Tal vez, al fin y al cabo, no me he cargado nada. Ese viejo caprichoso y persistente al que llamamos tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.
A punto de terminar mi jornada laboral, me dice Paquito (un estudiante mejicano del que aún no he hablado aquí) que qué planes tengo para la noche. Le digo que ir a casa y poner las pesas a caldo. Me dice que hay una velada de Salsa en el Wolfson College. Le pregunto que qué se hace allí. "Bailar o beber. O ambas. Yo, como no sé bailar, bebo". "Yo, ni bailo ni bebo, machote, así que lo tengo crudo". "Bueno, como quieras". Vuelvo a la oficina. El Cuerpo está allí haciendo sus cositas. Le comento que qué gracioso es Paquito, que como no baila, va a beber. Y me dice ella que también va a ir (ella lleva más de un año bailando Salsa) a bailar. Entonces pienso que la ocasión la pintan calva y no me cuesta ni un suspiro apuntarme a la fiesta.
A las 9 salgo del laboratorio con Paquito y Matías (otro estudiante) rumbo al Wolfson. El Cuerpo se nos unirá más tarde, pues tiene que terminar una carta de recomendación para no sé quién.
En cuanto llego a la pista de baile me dedico con mucho esmero a observar a los chicos que mejor bailan y a asimilar sus movimientos lo mejor que puedo. Tras un rato, me atrevo a sacar a una chica a bailar. La cosa no sale del todo mal. A las 10 y media llega El Cuerpo.
Espectacular, para qué os voy a decir otra cosa. Con una camisetita de esas que se atan encima del ombligo. Intento no mirar mucho a esa parte y enseguida le pido un baile. Acepta. Bailamos. Me guía. Estoy en el cielo, os lo juro. Después le pido bailar a otro par de tipas, pues El Cuerpo me ha dicho que para 15 minutos que llevo aprendiendo, los pasos principales los tengo ya clavados (nailed, me dice).
Momento crítico de la noche. Son las 12 y media y están a punto de cerrar. Pronto nos iremos todos. De repente, se me ocurre que para qué retrasarlo más. Sí, lo sé, en cuanto le dices a una chica que te gusta, si no te lo has trabajado mucho antes, y cuando digo mucho estoy hablando de meses de persistencia y genialidad constante, todo está perdido. Ya no eres un reto para ella. Eres fácil. No interesas. Punto. Sin embargo, así, espontáneamente, pienso que eso no puede ser de aplicación general. Específicamente, me da la sensación, en esos momentos, que la regla no es aplicable a toda mujer mayor de 22 años. A algunas, o muchas, sí, sin embargo.
Decido correr el riesgo. De todas maneras, tarde o temprano tengo que moverme, hablar o actuar. Actuar puede significar que mi trabajo se convierta en un infierno, así que hablar se me antoja más seguro, aunque con menos posibilidades de éxito. Además, quiero terminar de una vez con todas esas ambiguas señales que ella me ha estado mandando.
Bueno, pues si no teníamos suficientes señales ambiguas, esta noche voy a tomarme dos tazas.
Me acerco a ella. "Tengo que hablar contigo". "¿Por qué?" "No puedo decírtelo aquí, con todo este ruido". "Ok, pero quiero bailar un poco más antes de irme". De modo que ella baila un poco más. Yo espero. Preparo un párrafo. Lo ensayo unas tres veces. De puta madre. O salgo en hombros esta noche, o me voy por la pata abajo de vergüenza.
Finalmente, me dice que se va. Le pido un minuto. Me lo concede. La acompaño hacia su bici. Por el camino recojo la mía. Al cabo, hablo.
“Llevo dos meses trabajando en el laboratorio. Estoy gratamente sorprendido por lo agradable que es todo el mundo (salvo Volodos) - ella sonríe- por lo interesante de la investigación, por vuestra amabilidad conmigo... Pero en tu caso, ultimamente, he empezado a sentir algo más. Algo que no puedo seguir negándome a mí mismo. Me gustas. Me gustas mucho. No quiero que te sientas incómoda por lo que te estoy diciendo: primero, porque no voy a hacer nada que te haga sentir incómoda. Segundo, porque tengo una opinión increiblemente alta de mí mismo y, en estos momentos, no hay probablemente ninguna persona en el mundo que pueda herirme con lo que digan o hagan. Así que no te preocupes por nada de eso. Sólo pensé que te iba a decir esto tarde o temprano y no he visto razón para seguir retrasándolo".
Todo eso, así, del tirón, como un machote. Primera reacción: "Oh, eso ha sido tan bonito, dame un abrazo". Y me abraza de una manera que se vendrá conmigo a la tumba. "Sé lo que sientes porque yo también he estado en esa situación varias veces y he hecho lo mismo. Aprecio mucho lo que acabas de hacer. Requiere mucho valor. La única diferencia es que a mí me costó mucho más tiempo decidir que me gustaba alguien. Varios meses, incluso un año. Nada cambiará de aquí en adelante, creo que nos entendemos muy bien los dos y tenemos muchas cosas en común. Yo tampoco quiero perder eso."
Tras eso, para empezar, empiezo a sentir por ella mucho más respeto como persona que antes,si cabe. He hecho esto, como ya dije en otra entrada, varias veces en mi vida. Nunca, pero nunca nunca, he recibido una respuesta como esta. Me sorprendió que ella de verdad pareciera sentirse cómoda con todo esto.
Volvimos juntos en las bicis hasta el centro. Una hermosa, larga y relajada conversación sobre sentimientos, relaciones y todo lo divino y lo humano. Ahora, os diré algo. Imaginad la situación: le acabo de decir que me gusta; ella no ha saltado a mis brazos con pasión ni me ha metido la lengua en la boca. Y aún así, mientras pedaleamos uno junto al otro, sus ojos se pierden a veces en los míos de una manera que me hace resbuscar en el cubo de dudas que acababa de enterrar. Sí, lo sé, como se dice por aquí, she just LJBFed me. Y eso suele ser carretera de un solo sentido. Pero sus ojos... Sus ojos me llevan confundiendo desde hace meses.
En otras palabras, no he perdido la esperanza. Eso, por una parte. Pero aún más... Estoy satisfecho de haber hecho lo que he hecho. Probablemente ella me gusta aún más ahora. Y pensar que ella tal vez no piense en mí nunca como algo más que amigo no me molesta. No me molesta en absoluto.
¿Soy raro? ¿Soy imbécil? A quién le importa.
Antes de despedirnos, volvió a decir que nada cambiará entre nosotros. Volvió a abrazarme hasta que se me pusieron los pelillos del cogote como escarpias. Me sentí muy bien. Ni puta idea de por qué. Hubo una increíble sensación entre nosotros, seguramente nada sexual, sino algo hermoso y profundo. No me gusta escribir esto, pero tal vez fuera amistad.
Esos fueron los hechos. Y ella estaba preciosa, y voy a seguir viéndola casi a diario durante los próximos dos o tres años. Y un día puede que ella se despierte y decida que le gusto. O puede que yo me despierte y vea que, al fin y al cabo, no me importa ser "sólo" su amigo.
Ha sido una de las noches más bellas, intensas e instructivas de mi vida.
Bonus track: Hoy por la mañana. Oficina. Entro y la encuentro en su escritorio. Se vuelve. Me ofrece la sonrisa más amplia y sincera que le he visto hasta la fecha. Muestra todos los dientes superiores. Me pregunta que cómo me siento. Le digo "I feel like a million bucks". Ríe. Hablamos un buen rato. Ya ni recuerdo de qué. El ambiente es muy relajado entre los dos.
Tal vez, al fin y al cabo, no me he cargado nada. Ese viejo caprichoso y persistente al que llamamos tiempo, como siempre, tendrá la última palabra.





