Ah... Esos maravillosos criostatos
Penderecki está teniendo problemas con su criostato, MX1, y nos manda un email a El Cuerpo y a mí. A El Cuerpo, porque es la encargada de MX1 y a mí porque soy el encargado de todos los criostatos del laboratorio en general.
Al parecer, Penderecki no puede meter la unidad en el criostato. Se queda atascada unos 4 cm por encima del tope. Apuesto a que, una vez más, éste es el problema.

El hielo, que no es más que aire sólido, impide que la parte central de la unidad entre a través del imán. Tres soluciones se me han ocurrido y así se lo he hecho saber. La primera, la fuerza bruta. Puede parecer una medida un tanto extrema cuando estamos hablando de los precios que estamos hablando, pero a mí me viene funcionando ya durante meses en el MX2, aunque allí el problema no es el hielo, sino que la unidad está doblada (y bien doblada, se aprecia a simple vista) porque algún ingeniero de Oxford Instruments se pasó de rosca al atornillar la parte donde se coloca la muestra experimental en la unidad.
Otra solución, coger un palo bien largo y quitar el hielo como buenamente se pueda. Nada del otro mundo. Un palo y una linterna. Y a barrer.
Por último, lo que ninguno queremos hacer, pero que garantizaría la solución del problema. Calentar el criostato a temperatura ambiente. Una semanita para calentar, otra para enfriar, y casi que nos plantamos en febrero sin haber tomado datos.
Le he mandado todo esto a Penderecki (CC a El Cuerpo) y, cuando le he dado al botón de Enviar, el servidor de la Universidad me había hecho un logoff de los que hacen afición. Me he cagado en unas cuantas personas a las que no conozco y he vuelto a redactarlo todo con una paciencia que hacía tiempo no encontraba en mí.
Es digno de encomio que Penderecki se coma los turrones o lo que quiera que se coma en este país junto al criostato, pero mis días de estudiante ya pasaron y mis vacaciones y madrugadas en el laboratorio, también. Así que lo último que voy a hacer es poner mi culo en la bici y chuparme los veintitantos kilómetros de ida y vuelta al Cavendish para hacer fuerza encaramado a un criostato.
Como consultor a distancia, lo que quieran. Como mano de obra, que se vayan olvidando.
Al parecer, Penderecki no puede meter la unidad en el criostato. Se queda atascada unos 4 cm por encima del tope. Apuesto a que, una vez más, éste es el problema.

El hielo, que no es más que aire sólido, impide que la parte central de la unidad entre a través del imán. Tres soluciones se me han ocurrido y así se lo he hecho saber. La primera, la fuerza bruta. Puede parecer una medida un tanto extrema cuando estamos hablando de los precios que estamos hablando, pero a mí me viene funcionando ya durante meses en el MX2, aunque allí el problema no es el hielo, sino que la unidad está doblada (y bien doblada, se aprecia a simple vista) porque algún ingeniero de Oxford Instruments se pasó de rosca al atornillar la parte donde se coloca la muestra experimental en la unidad.
Otra solución, coger un palo bien largo y quitar el hielo como buenamente se pueda. Nada del otro mundo. Un palo y una linterna. Y a barrer.
Por último, lo que ninguno queremos hacer, pero que garantizaría la solución del problema. Calentar el criostato a temperatura ambiente. Una semanita para calentar, otra para enfriar, y casi que nos plantamos en febrero sin haber tomado datos.
Le he mandado todo esto a Penderecki (CC a El Cuerpo) y, cuando le he dado al botón de Enviar, el servidor de la Universidad me había hecho un logoff de los que hacen afición. Me he cagado en unas cuantas personas a las que no conozco y he vuelto a redactarlo todo con una paciencia que hacía tiempo no encontraba en mí.
Es digno de encomio que Penderecki se coma los turrones o lo que quiera que se coma en este país junto al criostato, pero mis días de estudiante ya pasaron y mis vacaciones y madrugadas en el laboratorio, también. Así que lo último que voy a hacer es poner mi culo en la bici y chuparme los veintitantos kilómetros de ida y vuelta al Cavendish para hacer fuerza encaramado a un criostato.
Como consultor a distancia, lo que quieran. Como mano de obra, que se vayan olvidando.





