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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Pero... ¿de qué demonios trata este blog?
Nunca pensé crear este blog para atraer a las masas. Del mismo modo que, y líbreme de equiparame a él, Thomas Mann tampoco escribió "Der Zauberberg" para regocijo del populacho. Sería bastante fácil hacerse un nombre en la blogosfera. Sólo haría falta soltar cada día alguna cosilla rancia y un puñado de polémica y lanzarse a comentar con el bisturí preparado en las más populares bitácoras españolas, siempre dejando mi seña de identidad. De hecho, sería posible, al cabo, ganarse la vida de ese modo como hacen algunas personas. Ya se sabe... al pueblo pan y mierda, y luego quitarle el pan.

Pero no. Creé este rincón como una extensión de mí mismo, un lugar donde dejar caer mis sueños, ilusiones, frustraciones, fracasos, pasiones... Y me gusta tenerlo así, ordenadito y tranquilo, sin apenas comentarios, aunque los pocos que caen significan mucho para mí. Al igual que cada uno de los que me visita más o menos periódicamente. Casi podría afirmar que os conozco a todos, no personalmente, pero sí a través de internet. Si alguna vez dije, que lo dije, que escribía esto sólo para mí, pues mentí un poquito. Porque esto también es vuestro. Una gran parte de lo que uno escribe en su vida es para que sea leído por otras personas.

Me gustaría escribir más a menudo, pero no soy una persona que suela hacer las cosas de manera metódica, no, al menos, la mayoría de las cosas. Últimamente mi vida anda discurriendo por derroteros no muy plácidos. Existe una lucha en mi interior entre lo que quiero y lo que creo que debo hacer. Por una parte, mi vida sigue estando en Zaragoza. Todo lo que más quiero está allí, mi princesa, mis recuerdos, mi identidad... Quisiera dejarlo todo y marcharme a mi ciudad y ganarme la vida de cualquier forma, dedicando mi tiempo libre a mi familia, tener hijos y redescubrir con ellos la sencilla belleza de la vida. Por otra parte, sé que puedo hacer algo por el mundo. Será una pequeña aportación, pero así es como ha evolucionado nuestra especie, con pequeños pero trascendentales pasos dados por individuos muchas veces anónimos. Y esa opción implica seguir en el exilio, colgado del teléfono y soltando alguna lágrima con una frecuencia más o menos semanal.

Es así que no sé qué hacer. Hasta dónde yo sé sólo vivimos una vez y no estoy seguro de dónde puse el libro de instrucciones para la vida. Ignoro si debo dedicar mi tiempo a ser feliz y dar bienestar a los que me rodean o a crear algo valioso para las generaciones venideras. Aparquemos por un instante las falsas modestias, todos sabemos dónde están nuestros límites, si bien no siempre conscientemente, y yo sé que mi mente se desenvuelve con razonable brillantez en determinadas circunstancias. Pero llevo ya unos cuantos años sintiendo cómo la tristeza va empapando mis horas, dejando a su paso un olor a recuerdos rancios e imágenes en sepia. En estos momentos me siento incapaz de embarcarme en otros dos o tres años de cautividad espiritual. En estos momentos, porque hay días en que lo veo claro, seguiré en la investigación y haré algo hermoso. Lo malo, lo realmente incómodo, es que no me queda mucho tiempo para decidir. Si acaso, un mes, dos...

No es hoy el mejor día, en cualquier caso, para tomar una decisión. Si alguien puede abrirme (o cerrarme) los ojos, es más que bienvenido.

Estoy escuchando "La consagración de la primavera", de Stravinsky. Es tan bello que casi duele escucharlo. Cosas así me hacen reconciliarme con la condición humana.

Hace una semana me compré el "Ulysses" de Joyce en versión original. Me he propuesto leerlo antes de que termine el año e insto a quien esto leyere a que haga lo propio. Pocas cosas más fructíferas hay en que emplear el tiempo. Me encanta el olor de un libro nuevo. En especial si es un libro bueno. Me embriaga el tacto de sus páginas, secas y firmes. El simple sonido de la palabra "libro" me produce algo que yo definiría como cercano a la felicidad. Lo mismo ocurrer con la palabra "palabra", fonéticamente muy cercana a "libro". Durante mis largas sesiones de carrera continua me suelo llevar un audio libro en el mp3, pongamos "El Quijote", y me sorprendo a menudo haciendo caso omiso de la historia, toda mi atención centrada en el sonido de las palabras en su música semántica y argentina.

Qué bello es vivir. Qué efímero. Qué mágico.

Recuerdo que os debo un cuento. Trataré de cumplir durante el fin de semana.
 
Comentario:
Plin, gracias por tu comentario. Estoy seguro de que existe una solución que puede reconciliar ambos sueños. El problema, en estos momentos, es que no he dado con ella.

Sigo buscando, obviamente. Por alguna razón soy de la creencia de que la vida acaba por poner las cosas en su sitio en la mayor parte de los casos. Lo que, por otra parte, no significa que haya de cruzarme de brazos.

De momento, sigo teniendo fe. El desenlace no tardará mucho en definirse, de una u otra forma...
 
Comentario:
Yo creo que debe de haber alguna forma de que puedas hacer ambas cosas. Está claro que no será igual a ninguno de los dos casos... sería un compromiso. Reflexiona sobre lo que estás dispuesto hacer y observa si algo de eso satisface ambas cuestiones.

Un saludo.
No