Morfeo me da calabazas y yo me alzo en guerra contra el mundo
Hoy, tras mucho tiempo, me visita de nuevo mi viejo amigo el Insomnio. No ha cambiado mucho. Tiene la misma cara de hijoputa que la última vez que me honró con su compañía. Ya no me desespero: le hago un hueco en mi silla y le cuento mi perra vida. Disimulo el odio que le tengo. No es bueno abrir el corazón al Insomnio, porque se alimenta, principalmente, de sentimientos. Morfeo, que con su sola presencia reduciría a jirones de bostezos al repugnante intruso, al parecer ha tenido cosas mejores que hacer esta noche. Les miento a la madre. A los dos. A uno por no venir y al otro por presentarse. Pasan las horas indicando que mis juramentos, a estos dos miserables, les resbalan.
Me pongo a escribir lipogramas. Uno con cada vocal. Los de la "a" y la "e" son muy jodidos. Los colgaré aquí cuando los termine. Si los termino.
Tras una hora y media me canso de los lipogramas y me meto en esta web. Encargo un par de paquetes de incienso. Por puro aburrimiento. Supongo que me llegarán el martes. Voy a convertir mi cuarto en un puto salón de meditación. A ver si entro en trance y escribo de una vez la novela de los cojones.
No sé si se nota que estoy cabreado. Voy a llenar el post de juramentos porque no le puedo partir la cara al Insomnio. El muy hijo de perra es incorpóreo.
No me he emborrachado más que una vez en mi miserable vida, pero la sensación que tuve es muy parecida a la que siento en estos momentos. Me cruzan la mente pensamientos incoherentes y estúpidos. Corrijo, más estúpidos que de costumbre. La diferencia es que cuando me emborraché estaba más preocupado por controlar mis funciones corporales (sin éxito) que por poner en palabras mis insensateces. Ahora la tecnología pone en mis manos la herramienta para lanzar al mundo sinsentidos que no significan nada y que, seguramente, alguien acabará leyendo.
¿Puede uno emborracharse de Insomnio?
Mañana me espera un día de perros. He de ir al laboratorio. No recuerdo para qué, pero sé que he de ir. Mi cerebro se encuentra en estos momentos en medio de un bucle infinito y algunos de sus rincones me son inaccesibles. Luego he de empezar a preparar las preguntas que imagino surgirán durante la defensa de la tesis. Y debería a empezar a plantearme seriamente el arreglar mi cuarto. Poner la lavadora y esas cosas. No puedo estudiar con desorden a mi alrededor. Mi mente se estanca. Sí, aún más. Créeme, tú que estás leyendo esto, puedo ser aún más estúpido de lo que demuestran estas líneas. Mis sábanas parecen cartón. Si las doblo, se quiebran y sueltan polvillo. Mi cama se abre como un libro. Un libro infame, de tapas duras. Y yo soy el texto.
Voy a sincerarme un poco. Hoy (¿o fue ayer?) he llamado a mi padre para felicitarlo. Lo he hecho porque sé que de otra forma se hubiera sentido dolido. Pero no me apetecía en absoluto. Felicitarle, digo. Llamarle sí me apetecía. Joder, qué cruel que soy.
Voy a sincerarme un poco más. Mi madre tuvo la mala ocurrencia de morirse un 6 de noviembre. El de 1981, para ser más exactos. Últimamente, pienso mucho en ella. Daría lo que fuera por haber compartido aunque sólo fuera una hora de mi vida adulta con ella. Pero no. Mi padre volvió a casarse y yo tuve la suerte de que una mujer hiciera de madre de manera ejemplar hasta que el infierno empezó a desatarse en nuestra familia. Hasta el día en que me muera besaré el suelo que pisa mi madre adoptiva. Pero quisiera haber conocido más a mi madre natural. Qué perra es la vida. O qué aguda.
Soy consciente de que todo lo escrito más arriba parece obra de alguien que se ha metido un buen chute de algo fuerte. Estoy sobrio, sin embargo. Sobrio, cabreado, amargado y en guerra con la vida y con la noche. ¿Y si después de estos párrafos empiezo a caerle mal a los cuatro o cinco lectores que pasan por aquí de vez en cuando? Pues entonces, aquí paz y después gloria. Esto se convertirá en un blog privado. Un escritor y un único lector fundidos en la misma persona. La versión digital de "Mi pequeño diario". "Mi pequeño diario". Vaya título de mierda. Estoy escupiendo palabras como el que escupe gargajos negros y podridos. Escribo sin ton ni son. He redactado todo lo anterior en unos siete u ocho minutos. Tal como me salen las palabras, las arrojo a la pantalla, cual vómitos verdes de bilis putrefacta. Me siento una mezcla entre Gregorio Samsa y Raskolnikov. Mañana me despertaré convertido en cucaracha y asesinaré a una ancianita. Tal vez sea eso lo máximo que me puedo acercar a la buena literatura.
Voy a apagar esto y a leer la guía telefónica hasta que el jodido Insomnio salga por donde coño quiera que ha entrado. Si tú,querido lector, has leído hasta aquí, quisiera que sepas que normalmente no escribo esta clase de cosas. Hoy, sin embargo, el futuro y la vida me la traen bien floja.
Que duerman bien, ustedes que pueden.
Me pongo a escribir lipogramas. Uno con cada vocal. Los de la "a" y la "e" son muy jodidos. Los colgaré aquí cuando los termine. Si los termino.
Tras una hora y media me canso de los lipogramas y me meto en esta web. Encargo un par de paquetes de incienso. Por puro aburrimiento. Supongo que me llegarán el martes. Voy a convertir mi cuarto en un puto salón de meditación. A ver si entro en trance y escribo de una vez la novela de los cojones.
No sé si se nota que estoy cabreado. Voy a llenar el post de juramentos porque no le puedo partir la cara al Insomnio. El muy hijo de perra es incorpóreo.
No me he emborrachado más que una vez en mi miserable vida, pero la sensación que tuve es muy parecida a la que siento en estos momentos. Me cruzan la mente pensamientos incoherentes y estúpidos. Corrijo, más estúpidos que de costumbre. La diferencia es que cuando me emborraché estaba más preocupado por controlar mis funciones corporales (sin éxito) que por poner en palabras mis insensateces. Ahora la tecnología pone en mis manos la herramienta para lanzar al mundo sinsentidos que no significan nada y que, seguramente, alguien acabará leyendo.
¿Puede uno emborracharse de Insomnio?
Mañana me espera un día de perros. He de ir al laboratorio. No recuerdo para qué, pero sé que he de ir. Mi cerebro se encuentra en estos momentos en medio de un bucle infinito y algunos de sus rincones me son inaccesibles. Luego he de empezar a preparar las preguntas que imagino surgirán durante la defensa de la tesis. Y debería a empezar a plantearme seriamente el arreglar mi cuarto. Poner la lavadora y esas cosas. No puedo estudiar con desorden a mi alrededor. Mi mente se estanca. Sí, aún más. Créeme, tú que estás leyendo esto, puedo ser aún más estúpido de lo que demuestran estas líneas. Mis sábanas parecen cartón. Si las doblo, se quiebran y sueltan polvillo. Mi cama se abre como un libro. Un libro infame, de tapas duras. Y yo soy el texto.
Voy a sincerarme un poco. Hoy (¿o fue ayer?) he llamado a mi padre para felicitarlo. Lo he hecho porque sé que de otra forma se hubiera sentido dolido. Pero no me apetecía en absoluto. Felicitarle, digo. Llamarle sí me apetecía. Joder, qué cruel que soy.
Voy a sincerarme un poco más. Mi madre tuvo la mala ocurrencia de morirse un 6 de noviembre. El de 1981, para ser más exactos. Últimamente, pienso mucho en ella. Daría lo que fuera por haber compartido aunque sólo fuera una hora de mi vida adulta con ella. Pero no. Mi padre volvió a casarse y yo tuve la suerte de que una mujer hiciera de madre de manera ejemplar hasta que el infierno empezó a desatarse en nuestra familia. Hasta el día en que me muera besaré el suelo que pisa mi madre adoptiva. Pero quisiera haber conocido más a mi madre natural. Qué perra es la vida. O qué aguda.
Soy consciente de que todo lo escrito más arriba parece obra de alguien que se ha metido un buen chute de algo fuerte. Estoy sobrio, sin embargo. Sobrio, cabreado, amargado y en guerra con la vida y con la noche. ¿Y si después de estos párrafos empiezo a caerle mal a los cuatro o cinco lectores que pasan por aquí de vez en cuando? Pues entonces, aquí paz y después gloria. Esto se convertirá en un blog privado. Un escritor y un único lector fundidos en la misma persona. La versión digital de "Mi pequeño diario". "Mi pequeño diario". Vaya título de mierda. Estoy escupiendo palabras como el que escupe gargajos negros y podridos. Escribo sin ton ni son. He redactado todo lo anterior en unos siete u ocho minutos. Tal como me salen las palabras, las arrojo a la pantalla, cual vómitos verdes de bilis putrefacta. Me siento una mezcla entre Gregorio Samsa y Raskolnikov. Mañana me despertaré convertido en cucaracha y asesinaré a una ancianita. Tal vez sea eso lo máximo que me puedo acercar a la buena literatura.
Voy a apagar esto y a leer la guía telefónica hasta que el jodido Insomnio salga por donde coño quiera que ha entrado. Si tú,
Que duerman bien, ustedes que pueden.
Comentario:
Javi...
Suelo pensar que los elogios no nos ayudan, en general, a crecer. Intento olvidarlos cuanto antes, me hacen ser egocéntrico (más aún) y levantar el pie del acelerador.
Sin embargo... Tus últimos comentarios han sido lo mejor que me ha pasado en la última semana. Probablemente también en lo que va de año.
Es bueno saber que hay personas inteligentes que leen esto. Me ayudáis a ponerme el listón más alto.
Tu blog es impagable. Cuídalo.
Suelo pensar que los elogios no nos ayudan, en general, a crecer. Intento olvidarlos cuanto antes, me hacen ser egocéntrico (más aún) y levantar el pie del acelerador.
Sin embargo... Tus últimos comentarios han sido lo mejor que me ha pasado en la última semana. Probablemente también en lo que va de año.
Es bueno saber que hay personas inteligentes que leen esto. Me ayudáis a ponerme el listón más alto.
Tu blog es impagable. Cuídalo.
Comentario:
Antonio,
En mi opinión, estos dos últimos posts son muy, pero que muy buenos. Están escritos con mucha víscera y poca cabeza. La cabeza... olvida la cabeza; olvidemos la cabeza. El mundo no está dividido en cuadrantes; el mundo es un caos.
Se agradece un post sin marcado estilo, sin intención y sin ataduras.
Los lectores, las visitas, los comentarios... todo eso da igual. Tan pronto viene como se va.
Enhorabuena. Un saludo!
En mi opinión, estos dos últimos posts son muy, pero que muy buenos. Están escritos con mucha víscera y poca cabeza. La cabeza... olvida la cabeza; olvidemos la cabeza. El mundo no está dividido en cuadrantes; el mundo es un caos.
Se agradece un post sin marcado estilo, sin intención y sin ataduras.
Los lectores, las visitas, los comentarios... todo eso da igual. Tan pronto viene como se va.
Enhorabuena. Un saludo!





