Una dosis de versos mediocres
EPÍLOGO
Cantó el cisne por fin su son postrero.
¡Qué corta fue su vida! ¡Qué tortura
su muerte! Y su agonía... ¡cuán oscura!
¡Qué triste su lamento lastimero!
¿Por qué me quitaste lo que más quiero?
¿Por qué el destino infame me asegura
que no gozaré más de tu hermosura?
¿Por qué sigo viviendo mientras muero?
No puedo concebir sin ti la vida.
El tren de mi ilusión se ha detenido
y el fuego de tu amor ya se ha apagado.
Se desvanece al fin mi alma transida.
Se pierden uno a uno mis latidos...
Hoy vuelvo a ser un solo atormentado.
Ya no quiero ser físico. Sólo quiero ser escritor. Pero esto es lo máximo de lo que soy capaz.
Podría conseguir el Nobel de Literatura en un planeta de subnormales. ¿Para cuándo los viajes intergalácticos?
Cantó el cisne por fin su son postrero.
¡Qué corta fue su vida! ¡Qué tortura
su muerte! Y su agonía... ¡cuán oscura!
¡Qué triste su lamento lastimero!
¿Por qué me quitaste lo que más quiero?
¿Por qué el destino infame me asegura
que no gozaré más de tu hermosura?
¿Por qué sigo viviendo mientras muero?
No puedo concebir sin ti la vida.
El tren de mi ilusión se ha detenido
y el fuego de tu amor ya se ha apagado.
Se desvanece al fin mi alma transida.
Se pierden uno a uno mis latidos...
Hoy vuelvo a ser un solo atormentado.
Ya no quiero ser físico. Sólo quiero ser escritor. Pero esto es lo máximo de lo que soy capaz.
Podría conseguir el Nobel de Literatura en un planeta de subnormales. ¿Para cuándo los viajes intergalácticos?





