El oficio de llorar
A ver, pónganse cómodos que hoy venimos calentitos. Dije hace unos días que no iba a escribir aquí durante un tiempo. Tal vez no debiera. Seguramente no debiera. Sobre todo con todo lo que pienso soltar aquí en los próximos párrafos. Es igual. A quien no le guste, ALT+F4.
Hoy he tenido una larga e intensa reunión conmigo mismo y he llegado a la conclusión de que estoy deprimido. Pero deprimido en el sentido más clínico de la palabra. Un doctor que tuviera ocasión de examinarme diría que estoy enfermo. Las más de las personas dirían, simplemente, que tengo mucho cuento, una vida muy cómoda y que me quejo de vicio.
Motivos por los que me he autodiagnosticado depresión:
1- Las endorfinas ya no me llaman. No me apetece salir a correr, ni hacer ejercicio. Hace más de dos semanas que no hago nada. Me levanto aletargado y fuera de forma. Como consecuencia, mis pulsaciones en reposo han aumentado de 46 a más de 60. Pienso a menudo que eso me restará años de vida y descubro que no me importa.
2- Cada noche, antes de dormirme, mi último pensamiento es que qué hermoso sería no despertar, no existir. Es un pensamiento originado por la cobardía más rastrera del espíritu humano. Evadir mis responsabilidades, huir de mis miedos, no tener que explicarme a mí mismo por qué no persigo mis sueños...
3- Últimamente duermo mucho. Unas nueve horas cada noche (aunque no logro conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada; las cosas de no tener que madrugar) y luego otras cuatro o cinco horas esparcidas durante el día. Dormir es amigar con la muerte, acostumbrarse a la que un día será nuestra única compañía. Nunca he querido dormir mucho. Ahora quisiera dormir cien años seguidos.
4- No cojo el teléfono a nadie. Bueno, no. A nadie no. A ELLA sí que le cojo el teléfono. No puedo dejar que ELLA no encuentre respuesta. ELLA es todo lo que tengo ahora. A los demás, que les vayan dando. Llama mi padre y no lo cojo. No quiero hablar con mi padre. Esto es, tal vez, lo más cruel que he escrito en mi vida y muchos se llevarían las manos a la cabeza al leerlo. Es cierto. No está bajo mi control, lo siento. No quiero hablar con mi padre. Por otra parte, nadie más me llama a no ser que se equivoquen de número. Ni puta falta que me hace.
5- No puedo disfrutar de las cosas bellas. Todo me hace daño. Beethoven me hace llorar, Mozart me hace llorar. Joder, incluso la obertura 1812 de Tchaikovsky me hace llorar. Lloro con Kafka, con Neruda, con Hesse. Incluso Muñoz Seca y Jardiel Poncela hacen aflorar lágrimas a mis ojos. Y no de alegría.
6- Cualquier futuro que imagine no me satisface. Conseguir un puesto en uno de los mejores grupos de computación cuántica de Europa (por ejemplo, el de Per Delsing) me dejaría frío. Seguiría solo. Hablando por teléfono una hora al día, maldito Graham Bell. Sólo oscuridad y silencio. Por otros tres años. Volver a mi tierra y trabajar de pizzero o de repartidor de publicidad... Un repartidor de publicidad doctorado en física. La imagen más representativa de lo que es ese país de caciques y gilipollas llamado España.
¿Son suficientes motivos? Para mí lo son. Así que lo declaro oficialmente: estoy deprimido. ¿Y ahora qué? Dejo pasar el tiempo. Deseo que pase el dolor, ver alguna luz, encontrar mi camino y redescubrir aquél que fui, ambicioso, imbatible. Capaz de cosas que la mayoría de los seres humanos no se atreven a imaginar siquiera... Pero la vida no responde al deseo. La vida no responde a la necesidad.
Métanse esto en la cabeza: La vida sólo responde a los méritos.
Qué putada, ¿no? "Pedid y se os dará". El problema es que hemos perdido el significado del verbo pedir en algún momento del camino. Pedir no es extender la mano. Pedir es pelarse el culo a base de esfuerzo y alcanzar lo que se desea cueste lo que cueste. Entonces sí. Si pedimos así, nos será dado. Yo ya no quiero pedir nada. Quisiera ser libre, libre de mis miedos y mis fantasmas. Libre de mis pertenencias materiales. Liberarme de los límites que me impone mi cuerpo. Montarme en un rayo de luz, volar...
Mañana amanecerá otra vez, y otra vez tendré que plantearme cómo hacerle frente al día. Cada día es una batalla contra mí mismo que siempre pierdo.
Me siento cual Prometeo. La vida me da otro día para regocijarse en mi dolor. Algún día, sin embargo, despertaré de esta pesadilla.
Sí. Aún me quedan momentos felices en este mundo. Aún. Un día despertaré y volveré a ver color en las cosas. No sé si ocurrirá mañana o dentro de un año. O de diez. Afortunadamente, paciencia me queda. Deseo, no, pero paciencia, mucha.
Me gustaría que esta entrada no tuviera comentarios. Y si alguien piensa que puede ayudarme, se equivoca. Sólo hay una persona en el mundo que puede ayudarme.
Yo.
Hoy he tenido una larga e intensa reunión conmigo mismo y he llegado a la conclusión de que estoy deprimido. Pero deprimido en el sentido más clínico de la palabra. Un doctor que tuviera ocasión de examinarme diría que estoy enfermo. Las más de las personas dirían, simplemente, que tengo mucho cuento, una vida muy cómoda y que me quejo de vicio.
Motivos por los que me he autodiagnosticado depresión:
1- Las endorfinas ya no me llaman. No me apetece salir a correr, ni hacer ejercicio. Hace más de dos semanas que no hago nada. Me levanto aletargado y fuera de forma. Como consecuencia, mis pulsaciones en reposo han aumentado de 46 a más de 60. Pienso a menudo que eso me restará años de vida y descubro que no me importa.
2- Cada noche, antes de dormirme, mi último pensamiento es que qué hermoso sería no despertar, no existir. Es un pensamiento originado por la cobardía más rastrera del espíritu humano. Evadir mis responsabilidades, huir de mis miedos, no tener que explicarme a mí mismo por qué no persigo mis sueños...
3- Últimamente duermo mucho. Unas nueve horas cada noche (aunque no logro conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada; las cosas de no tener que madrugar) y luego otras cuatro o cinco horas esparcidas durante el día. Dormir es amigar con la muerte, acostumbrarse a la que un día será nuestra única compañía. Nunca he querido dormir mucho. Ahora quisiera dormir cien años seguidos.
4- No cojo el teléfono a nadie. Bueno, no. A nadie no. A ELLA sí que le cojo el teléfono. No puedo dejar que ELLA no encuentre respuesta. ELLA es todo lo que tengo ahora. A los demás, que les vayan dando. Llama mi padre y no lo cojo. No quiero hablar con mi padre. Esto es, tal vez, lo más cruel que he escrito en mi vida y muchos se llevarían las manos a la cabeza al leerlo. Es cierto. No está bajo mi control, lo siento. No quiero hablar con mi padre. Por otra parte, nadie más me llama a no ser que se equivoquen de número. Ni puta falta que me hace.
5- No puedo disfrutar de las cosas bellas. Todo me hace daño. Beethoven me hace llorar, Mozart me hace llorar. Joder, incluso la obertura 1812 de Tchaikovsky me hace llorar. Lloro con Kafka, con Neruda, con Hesse. Incluso Muñoz Seca y Jardiel Poncela hacen aflorar lágrimas a mis ojos. Y no de alegría.
6- Cualquier futuro que imagine no me satisface. Conseguir un puesto en uno de los mejores grupos de computación cuántica de Europa (por ejemplo, el de Per Delsing) me dejaría frío. Seguiría solo. Hablando por teléfono una hora al día, maldito Graham Bell. Sólo oscuridad y silencio. Por otros tres años. Volver a mi tierra y trabajar de pizzero o de repartidor de publicidad... Un repartidor de publicidad doctorado en física. La imagen más representativa de lo que es ese país de caciques y gilipollas llamado España.
¿Son suficientes motivos? Para mí lo son. Así que lo declaro oficialmente: estoy deprimido. ¿Y ahora qué? Dejo pasar el tiempo. Deseo que pase el dolor, ver alguna luz, encontrar mi camino y redescubrir aquél que fui, ambicioso, imbatible. Capaz de cosas que la mayoría de los seres humanos no se atreven a imaginar siquiera... Pero la vida no responde al deseo. La vida no responde a la necesidad.
Métanse esto en la cabeza: La vida sólo responde a los méritos.
Qué putada, ¿no? "Pedid y se os dará". El problema es que hemos perdido el significado del verbo pedir en algún momento del camino. Pedir no es extender la mano. Pedir es pelarse el culo a base de esfuerzo y alcanzar lo que se desea cueste lo que cueste. Entonces sí. Si pedimos así, nos será dado. Yo ya no quiero pedir nada. Quisiera ser libre, libre de mis miedos y mis fantasmas. Libre de mis pertenencias materiales. Liberarme de los límites que me impone mi cuerpo. Montarme en un rayo de luz, volar...
Mañana amanecerá otra vez, y otra vez tendré que plantearme cómo hacerle frente al día. Cada día es una batalla contra mí mismo que siempre pierdo.
Me siento cual Prometeo. La vida me da otro día para regocijarse en mi dolor. Algún día, sin embargo, despertaré de esta pesadilla.
Sí. Aún me quedan momentos felices en este mundo. Aún. Un día despertaré y volveré a ver color en las cosas. No sé si ocurrirá mañana o dentro de un año. O de diez. Afortunadamente, paciencia me queda. Deseo, no, pero paciencia, mucha.
Me gustaría que esta entrada no tuviera comentarios. Y si alguien piensa que puede ayudarme, se equivoca. Sólo hay una persona en el mundo que puede ayudarme.
Yo.
Comentario:
que raro que es esto , yo solo estoy buscando como descargar obertura 1812 y termine leyendo esto , de seguro que no tengo respuesta a tu problema solo voy a seguir buscando como descargar obertura 1812 . hasta luego :)





