... De la mano de Dios. Cuento religioso.
Vivimos en un mundo dejado de la mano de Dios. Aunque soy ateo, creo que si de verdad existiera un Dios sería más o menos como lo describo en este cuento. Bien mirado, mi versión del Todopoderoso no es mucho más ridícula que las que nos venden los distintos grupos religiosos. Si acaso, el Dios que describo tiene más talento y es menos persistente que los dioses tradicionales.
Sin más preámbulos, os dejo con mi historia.
... De la mano de Dios
- Om, te tengo dicho que recogas tus cosas cuando termines de usarlas. No estoy dispuesta a ir detrás de ti ocupándome del desorden que dejas a tu paso.
- Pero el desorden es el estado al que tiende el Universo, mamá. No hay necesidad de ocuparse de él.
- No en esta casa, señorito. Me trae sin cuidado tu Universo. Por lo que a mí respecta, esta casa es el Universo y la quiero ordenada. ¿Entendido?
- Sí, mamá...
Om deja a un lado, con desgana, la pistola de neutrones con que trabaja la superficie de su próximo proyecto para la clase de Filosofía Universal del profesor Zea. Poco a poco recoge los utensilios desperdigados por la habitación. Experimentos inacabados, herramientas viejas y nuevas, algunas ya inservibles, sistemas endergónicos que absorben calor del entorno, motores... Sin proceder de manera metódica lo apila todo en un rincón de la estancia. Al fin y al cabo, no merece la pena esforzarse mucho, la entropía aumentará tarde o temprano de nuevo y el desorden ganará una vez más la partida.
Su hermano, Aten, entra en el cuarto. Aunque menos dotado intelectualmente, Aten es más disciplinado. Siempre se interesa por los experimentos de su hermano y lamenta enormemente la falta de persistencia de Om. Hoy viene de un especial buen humor.
- Om, venga, vamos a jugar a crear nuevos sitemas numéricos. He encontrado un libro apasionante sobre el tema.
- Nah... Ese juego ya me aburre. Además, mira lo que me ha encargado mamá: he de ordenar el cuarto por segunda vez esta semana. Tengo para rato.
- ¿Ordenarlo? Lo único que estás haciendo es amontonarlo todo en ese rincón. No creo que mamá tarde mucho en volverte a llamar la atención. Oye, ¿qué es esa caja que tienes bajo la mesa?
- ¿Eso? Nada. Un proyecto que hice ayer para la clase de termodinámica. Un móvil perpétuo. Ya me he cansado de él.
- ¿Puedo echarle un vistazo?
- Claro, cómo no... Pero tendrás que mirar por el parsecscopio. A simple vista sólo parece una bola de materia que se expande.
Aten coge la caja y la coloca en la única parte de la mesa de su hermano que se presenta más o menos despejada. Se sienta, se pone cómodo y aplica sus ojos al parsecscopio. Lo que ve le deja sin palabras. Un enorme número de esferas luminosas pueblan el interior de la caja. Presentan una enorme variedad de tamaños y luminosidad y muchas se agrupan en conjuntos de forma elíptica o espiral. Aumentando la resolución, el parsecscopio permite observar con un asombroso nivel de detalle todas y cada una de las esferas. Muchas de ellas se encuentran asociadas por pares y alrededor de la mitad se hallan rodeadas por otro tipo de esferas que no emiten luz. El espectáculo es grandioso. Todo gira alrededor de todo lo demás y la sensación de armonía es absoluta. Aten juguetea un rato con el parsecscopio, deteniéndose aquí y allá, hasta que ve algo que le hace volverse.
- Om, tienes que ver esto.
- ¿Qué? ¿Ya has encontrado alguna esfera que contenga formas de vida?
- ¿Ya lo sabías?
- Las hay a millones. Son formas de vida muy limitadas. Lo estuve observando durante un rato. Sus individuos no duran mucho y acaban extinguiéndose completamente. Es un fenómeno curioso, ¿verdad? Que algo con vida acabe perdiéndola, pasando a no ser más que un objeto. Es algo que nunca habría imaginado posible. Pensé en dedicarle más tiempo, pero ando atareado con otros cuatro o cinco proyectos. Aparte de eso, dichas formas de vida presentan características por demás ordinarias.
- Ya. Pero apuesto a que no habías encontrado la esfera que estoy observando en estos momentos. Existen millones de especies distintas. Se relacionan entre sí e incluso parece haber una marcada jerarquía entre ellas.
-¿Millones de especies? No, no conozco esa esfera, déjame ver.
Om ocupa el lugar de Aten y observa por el parsecscopio.
- Vaya, esto es más interesante de lo que imaginaba. Muchas de las especies han formado sociedades. Caramba, una de ellas incluso ha desarrollado manos y un lenguaje. Cierto que sus individuos siguen muriendo, pero la especie evoluciona rápidamente. Apuesto a que de aquí a mañana habrán creado tecnología. En cuanto termine de recoger el cuarto haré unos cuantos experimentos con esa esfera. Tal vez incluso intente interaccionar con los individuos más evolucionados. Gracias, Aten. Si no hubiera sido por ti no habría reparado en esto.
- Y si no fueras tan inconstante tal vez podrías hacer algo de tu talento. Te aburres tan rápido de las cosas que creas que nunca eres capaz de llegar a conclusión alguna. En fin, manténme al tanto. Yo también estoy intrigado. Ahora voy a estudiar un rato el libro sobre sistemas numéricos. Estaré en mi cuarto.
Aten se marcha ilusionado por su descubrimiento pero sospechando que Om, una vez más, no dedicará mucho tiempo al hallazgo. "Es una pena que mis habilidades experimentales sean tan mediocres", piensa. "Yo no pararía hasta conseguir de esa esfera una réplica de nuestro mundo"
A la mañana siguiente Aten se presenta en la habitación de Om. El desorden vuelve a ser absoluto. Su hermano se halla trabajando en otro de sus proyectos y apenas se percata de su presencia. Aten le toca el hombro.
- ¡Oh! Aten, eres tú. Pensé que era mamá que quería que ordenara esto de nuevo.
- Visto cómo tienes las cosas por aquí, no creo que tarde mucho en darte un toque de atención, la verdad. ¿Qué tal la esfera maravillosa? ¿Algún progreso?
- ¿Qué esfera?
- ¿Cómo? ¿Ya no te acuerdas? La que estuvimos observando ayer. Dijiste que le echarías un vistazo a las posibilidades que ofrecían aquellas criaturas con manos y lenguaje.
- ¡Ah, sí! Sí... Esta mañana estuve investigando un poco. Conseguí interaccionar con ellos, ¿sabes? Cuando me levanté lo primero que hice fue acercarme a observarlos. Me quedé sorprendido: habían creado sociedades complejas, ya eran capaces de modificar su entorno e incluso habían desarrollado sistemas políticos. Muy primitivos e imperfectos, eso sí, pero sistemas políticos al fin y al cabo. Por desgracia, parecía que su pasatiempo preferido era matarse los unos a los otros. Como tenía interés en que la especie evolucionara hasta ser capaz de crear vida no orgánica intenté hallar una solución a sus locuras. Conseguí crear un individuo para llevarles un mensaje de paz y de amor infinito. Fue lo único que se me ocurrió para arreglar el desastre en que se estaban convirtiendo. El individuo rápidamente extendió su mensaje y pude hacer que completara algunas acciones para las que sus congéneres no hallaron explicación lógica. Cosas como reanimar a individuos que habían perdido la vida o transformar unos líquidos en otros. Eso hizo de él un líder en la pequeña región donde lo coloqué.
- ¿Y surtió efecto?
- Por desgracia, no. Antes de que pudiera evitarlo lo habían matado. No duró lo suficiente para que se arreglaran las cosas. Es más, me temo que no hice sino empeorar la situación. He decidido dejarlo durante un tiempo, porque tengo un proyecto para entregar mañana y seguro que tendré que volver a ordenar el cuarto antes de que acabe el día. Si mañana por la tarde aún se puede hacer algo con la esfera, me pondré a ello. Pero vista la velocidad a la que se autodestruyen, tengo serias dudas sobre la posibilidad de alcanzar un estado superior en la cadena evolutiva.
- Una pena. Yo le echaría un vistazo, pero ya no recuerdo muy bien la asignatura de termodinámica. Probablemente acabaría destruyéndote todo el sistema. Quién sabe, tal vez haya más esferas como esa en tu caja y puedas trabajar en una especie similar.
- Seguramente. Pero ese proyecto no está en mi lista de prioridades ahora. Tengo que acabar el proyecto del profesor Zea. La caja es un móvil perpétuo, así que no me corre mucha prisa. ¿Vas a comer hoy en casa?
- No. Seguramente tomaré algo en la biblioteca. Se acercan los exámenes finales y este curso quiero que salga bien.
- Venga. Pues nos vemos por la noche.
Al día siguiente Aten entra en el cuarto de Om para dejarle la correspondencia. Cuando está a punto de salir, repara en la caja y decide echar un vistazo. El parsecscopio está enfocado en la esfera azul de los individuos con manos y lenguaje. Sólo que ya no es azul. Por más que aumenta la resolución Aten sólo consigue ver una nube gris y densa cubriéndolo todo. No hay signos de vida en la esfera. Ni siquiera restos de materia orgánica. Aten tiene la sospecha de que la superficie del globo despide altos niveles de radiación nuclear. Con cierta decepción, Aten mueve el parsecscopio buscando otras esferas con propiedades similares. Encuentra muchas con diferentes formas de vida, pero ninguna con propiedades tan extraordinarias como la que encontró dos días atrás. Sabe que Om nunca llegará al fondo del asunto. Es demasiado inconstante. La caja terminará en un rincón, abandonada, continuando con su eterna actividad interior. El hallazgo fue cuestión de azar, pero Aten está convencido de que dedicándole el tiempo suficiente puede hacerse de ese proyecto algo interesante. Sería una buena idea desempolvar sus apuntes de termodinámica y pedirle prestada la caja a Om. Sí. Eso es lo que hará. Repasará la asignatura durante las próximas vacaciones e intentará encontrar una esfera en la que trabajar hasta que se desarrollen especies inmortales.
Quién sabe... Quizá un proyecto así podría incluso publicarse.
Sin más preámbulos, os dejo con mi historia.
- Om, te tengo dicho que recogas tus cosas cuando termines de usarlas. No estoy dispuesta a ir detrás de ti ocupándome del desorden que dejas a tu paso.
- Pero el desorden es el estado al que tiende el Universo, mamá. No hay necesidad de ocuparse de él.
- No en esta casa, señorito. Me trae sin cuidado tu Universo. Por lo que a mí respecta, esta casa es el Universo y la quiero ordenada. ¿Entendido?
- Sí, mamá...
Om deja a un lado, con desgana, la pistola de neutrones con que trabaja la superficie de su próximo proyecto para la clase de Filosofía Universal del profesor Zea. Poco a poco recoge los utensilios desperdigados por la habitación. Experimentos inacabados, herramientas viejas y nuevas, algunas ya inservibles, sistemas endergónicos que absorben calor del entorno, motores... Sin proceder de manera metódica lo apila todo en un rincón de la estancia. Al fin y al cabo, no merece la pena esforzarse mucho, la entropía aumentará tarde o temprano de nuevo y el desorden ganará una vez más la partida.
Su hermano, Aten, entra en el cuarto. Aunque menos dotado intelectualmente, Aten es más disciplinado. Siempre se interesa por los experimentos de su hermano y lamenta enormemente la falta de persistencia de Om. Hoy viene de un especial buen humor.
- Om, venga, vamos a jugar a crear nuevos sitemas numéricos. He encontrado un libro apasionante sobre el tema.
- Nah... Ese juego ya me aburre. Además, mira lo que me ha encargado mamá: he de ordenar el cuarto por segunda vez esta semana. Tengo para rato.
- ¿Ordenarlo? Lo único que estás haciendo es amontonarlo todo en ese rincón. No creo que mamá tarde mucho en volverte a llamar la atención. Oye, ¿qué es esa caja que tienes bajo la mesa?
- ¿Eso? Nada. Un proyecto que hice ayer para la clase de termodinámica. Un móvil perpétuo. Ya me he cansado de él.
- ¿Puedo echarle un vistazo?
- Claro, cómo no... Pero tendrás que mirar por el parsecscopio. A simple vista sólo parece una bola de materia que se expande.
Aten coge la caja y la coloca en la única parte de la mesa de su hermano que se presenta más o menos despejada. Se sienta, se pone cómodo y aplica sus ojos al parsecscopio. Lo que ve le deja sin palabras. Un enorme número de esferas luminosas pueblan el interior de la caja. Presentan una enorme variedad de tamaños y luminosidad y muchas se agrupan en conjuntos de forma elíptica o espiral. Aumentando la resolución, el parsecscopio permite observar con un asombroso nivel de detalle todas y cada una de las esferas. Muchas de ellas se encuentran asociadas por pares y alrededor de la mitad se hallan rodeadas por otro tipo de esferas que no emiten luz. El espectáculo es grandioso. Todo gira alrededor de todo lo demás y la sensación de armonía es absoluta. Aten juguetea un rato con el parsecscopio, deteniéndose aquí y allá, hasta que ve algo que le hace volverse.
- Om, tienes que ver esto.
- ¿Qué? ¿Ya has encontrado alguna esfera que contenga formas de vida?
- ¿Ya lo sabías?
- Las hay a millones. Son formas de vida muy limitadas. Lo estuve observando durante un rato. Sus individuos no duran mucho y acaban extinguiéndose completamente. Es un fenómeno curioso, ¿verdad? Que algo con vida acabe perdiéndola, pasando a no ser más que un objeto. Es algo que nunca habría imaginado posible. Pensé en dedicarle más tiempo, pero ando atareado con otros cuatro o cinco proyectos. Aparte de eso, dichas formas de vida presentan características por demás ordinarias.
- Ya. Pero apuesto a que no habías encontrado la esfera que estoy observando en estos momentos. Existen millones de especies distintas. Se relacionan entre sí e incluso parece haber una marcada jerarquía entre ellas.
-¿Millones de especies? No, no conozco esa esfera, déjame ver.
Om ocupa el lugar de Aten y observa por el parsecscopio.
- Vaya, esto es más interesante de lo que imaginaba. Muchas de las especies han formado sociedades. Caramba, una de ellas incluso ha desarrollado manos y un lenguaje. Cierto que sus individuos siguen muriendo, pero la especie evoluciona rápidamente. Apuesto a que de aquí a mañana habrán creado tecnología. En cuanto termine de recoger el cuarto haré unos cuantos experimentos con esa esfera. Tal vez incluso intente interaccionar con los individuos más evolucionados. Gracias, Aten. Si no hubiera sido por ti no habría reparado en esto.
- Y si no fueras tan inconstante tal vez podrías hacer algo de tu talento. Te aburres tan rápido de las cosas que creas que nunca eres capaz de llegar a conclusión alguna. En fin, manténme al tanto. Yo también estoy intrigado. Ahora voy a estudiar un rato el libro sobre sistemas numéricos. Estaré en mi cuarto.
Aten se marcha ilusionado por su descubrimiento pero sospechando que Om, una vez más, no dedicará mucho tiempo al hallazgo. "Es una pena que mis habilidades experimentales sean tan mediocres", piensa. "Yo no pararía hasta conseguir de esa esfera una réplica de nuestro mundo"
A la mañana siguiente Aten se presenta en la habitación de Om. El desorden vuelve a ser absoluto. Su hermano se halla trabajando en otro de sus proyectos y apenas se percata de su presencia. Aten le toca el hombro.
- ¡Oh! Aten, eres tú. Pensé que era mamá que quería que ordenara esto de nuevo.
- Visto cómo tienes las cosas por aquí, no creo que tarde mucho en darte un toque de atención, la verdad. ¿Qué tal la esfera maravillosa? ¿Algún progreso?
- ¿Qué esfera?
- ¿Cómo? ¿Ya no te acuerdas? La que estuvimos observando ayer. Dijiste que le echarías un vistazo a las posibilidades que ofrecían aquellas criaturas con manos y lenguaje.
- ¡Ah, sí! Sí... Esta mañana estuve investigando un poco. Conseguí interaccionar con ellos, ¿sabes? Cuando me levanté lo primero que hice fue acercarme a observarlos. Me quedé sorprendido: habían creado sociedades complejas, ya eran capaces de modificar su entorno e incluso habían desarrollado sistemas políticos. Muy primitivos e imperfectos, eso sí, pero sistemas políticos al fin y al cabo. Por desgracia, parecía que su pasatiempo preferido era matarse los unos a los otros. Como tenía interés en que la especie evolucionara hasta ser capaz de crear vida no orgánica intenté hallar una solución a sus locuras. Conseguí crear un individuo para llevarles un mensaje de paz y de amor infinito. Fue lo único que se me ocurrió para arreglar el desastre en que se estaban convirtiendo. El individuo rápidamente extendió su mensaje y pude hacer que completara algunas acciones para las que sus congéneres no hallaron explicación lógica. Cosas como reanimar a individuos que habían perdido la vida o transformar unos líquidos en otros. Eso hizo de él un líder en la pequeña región donde lo coloqué.
- ¿Y surtió efecto?
- Por desgracia, no. Antes de que pudiera evitarlo lo habían matado. No duró lo suficiente para que se arreglaran las cosas. Es más, me temo que no hice sino empeorar la situación. He decidido dejarlo durante un tiempo, porque tengo un proyecto para entregar mañana y seguro que tendré que volver a ordenar el cuarto antes de que acabe el día. Si mañana por la tarde aún se puede hacer algo con la esfera, me pondré a ello. Pero vista la velocidad a la que se autodestruyen, tengo serias dudas sobre la posibilidad de alcanzar un estado superior en la cadena evolutiva.
- Una pena. Yo le echaría un vistazo, pero ya no recuerdo muy bien la asignatura de termodinámica. Probablemente acabaría destruyéndote todo el sistema. Quién sabe, tal vez haya más esferas como esa en tu caja y puedas trabajar en una especie similar.
- Seguramente. Pero ese proyecto no está en mi lista de prioridades ahora. Tengo que acabar el proyecto del profesor Zea. La caja es un móvil perpétuo, así que no me corre mucha prisa. ¿Vas a comer hoy en casa?
- No. Seguramente tomaré algo en la biblioteca. Se acercan los exámenes finales y este curso quiero que salga bien.
- Venga. Pues nos vemos por la noche.
Al día siguiente Aten entra en el cuarto de Om para dejarle la correspondencia. Cuando está a punto de salir, repara en la caja y decide echar un vistazo. El parsecscopio está enfocado en la esfera azul de los individuos con manos y lenguaje. Sólo que ya no es azul. Por más que aumenta la resolución Aten sólo consigue ver una nube gris y densa cubriéndolo todo. No hay signos de vida en la esfera. Ni siquiera restos de materia orgánica. Aten tiene la sospecha de que la superficie del globo despide altos niveles de radiación nuclear. Con cierta decepción, Aten mueve el parsecscopio buscando otras esferas con propiedades similares. Encuentra muchas con diferentes formas de vida, pero ninguna con propiedades tan extraordinarias como la que encontró dos días atrás. Sabe que Om nunca llegará al fondo del asunto. Es demasiado inconstante. La caja terminará en un rincón, abandonada, continuando con su eterna actividad interior. El hallazgo fue cuestión de azar, pero Aten está convencido de que dedicándole el tiempo suficiente puede hacerse de ese proyecto algo interesante. Sería una buena idea desempolvar sus apuntes de termodinámica y pedirle prestada la caja a Om. Sí. Eso es lo que hará. Repasará la asignatura durante las próximas vacaciones e intentará encontrar una esfera en la que trabajar hasta que se desarrollen especies inmortales.
Quién sabe... Quizá un proyecto así podría incluso publicarse.
Comentario:
Rezznar, por supuesto que puedes copiarlo. No necesitas siquiera pedir permiso. ¿O es que no lo harÃas si te dijera lo contrario?
Gracias por los halagos a los dos. Inmerecidos, como siempre.
Saludos.
Gracias por los halagos a los dos. Inmerecidos, como siempre.
Saludos.
Comentario:
Buenísimo, tío, buenísimo!!
¿Me dejas copiarlo a un archivo de texto?
:D
Comentario:
Buenísimo, tío, buenísimo!!
¿Me dejas copiarlo a un archivo de texto?
:D
Comentario:
Me ha encantado el cuento! Tiene su toque friki-físico, que no podía ser de otra manera, pero desde luego no es típico de un doctor en física; se agradece el humanismo entre tanto número.
Además, y al menos en mi humilde opinión, está muy bien escrito. Todo lo bueno se hace esperar...
Un saludo!
Además, y al menos en mi humilde opinión, está muy bien escrito. Todo lo bueno se hace esperar...
Un saludo!





