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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Soy gilipollas.
Hoy, en exclusiva para los lectores de "Hitting the fan", les presentamos un nuevo capítulo (sí, uno más) de las tristes y muy discretas aventuras de su físico incompetente favorito.

Imagínense ustedes ese recién doctorado, esa oveja negra del laboratorio, ese monaguillo de la ciencia que se dirige al cajero automático para efectuar la operación definitoria y caracterizante de las modernas sociedades de consumo: sacar dinero. Ese primate con poco pelo que introduce el rectángulo de plástico en la ranura correspondiente mientras piensa en el teorema de Wiener-Kintchine. Introduzca PIN. Fale. Withdraw cash. Stupendo. Escúpeme diez libras, manolo. Ruidillo en las tripas de la máquina. Ñiqui, ñiqui, ñí... Tres mozas en edad de merecer hacen cola tras nuestro héroe. Y qué bien huelen las jodías. Y qué ligeritas de trapos que andan, ahora que ha llegado la primavera. Imposible decidir si lo que llevan son minifaldas o cinturones. Si es que hasta las trompas de Falopio se les ven. Los pitiditos del cajero arrojan a nuestro monaguillo al mundo real. Tarjeta a la cartera. Billete al bolsillo. Un momento. ¡Coño, cómo ha cambiado Darwin! Por fin se ha afeitado esas barbas. Y ese bigotillo que se ha dejado, a lo Benito Pérez Galdós... Espera, espera... Este tío no es Darwin. Es Elgar. Elgar el compositor. Virgen bendita, esto es un billete de 20 libras.

El científico incompetente se dirige al laboratorio para comprobar la operación. Página web de Natwest. Log in. Download statement. Efectivamente, la operación ha sido de 10 libras. El monaguillo no se cree su buena suerte y, eufórico, corre a contárselo al Dr. Nyeki, que anda por allí manipulando nitrógeno líquido. El Dr. Nyeki escucha la historia y mira al monaguillo con ojos incrédulos.

- ¿Y qué cojones estás haciendo aquí?

El monaguillo mira sin entender y boquea un poquito, como un pez recién pescado.

- ¿Tú crees que los billetes los meten uno a uno en los cajeros automáticos?

El monaguillo entiende al fin, porque hasta la imbecilidad tiene un límite en los seres humanos, pese a lo que dijera Einstein. Sale corriendo al cajero, dispuesto a repetir la operación hasta superar el límite diario de la tarjeta. Por el camino calcula unas doscientas libras de beneficio. Con el colmillo goteando, dobla la esquina. Horror... Hay una cola frente al cajero de unas veinte personas. El cajero de al lado, curiosamente, está libre. Nuestro idiota hace cola, a pesar de todo, por si acaso. Mientras espera se da cuenta de que nació subnormal y que subnormal se irá a la tumba. El único consuelo es que hay humanos más subnormales que él. Verbigracia, ése que ha tenido la brillante idea de esparcir la noticia tan altruista y regaladamente.

El monaguillo aprovecha la espera para cagarse unas siete veces en la madre de Adam Smith. Cuando llega su turno, lógicamente, la máquina sólo escupe estampitas de Darwin de nuevo.

Sí, amigos, ése personajillo que por allí véis, caminando a pasos cortitos, de mente lenta, ateo, español y gilipollas es el mismo que aún abriga esperanzas de colocarse en un laboratorio y hacer algo por la ciencia.

Incompetentes del mundo, yo soy vuestro santo patrón.
 
Comentario:

Pues yo creo que eres digno de admiración. Totalmente.

Es decir, esto significa que no cuantificas tu vida en DINERO,que no estás obsesionado con ello, y eso tiene más valor que cualquier otra cosa.

Enhorabuena.
 
Comentario:
...jajajaja...

Siempre que voy a sacar dinero me pregunto lo mismo: ¿cómo de sólido será el código del software y cómo de depurado estará el hardware como para que nunca se equivoque?

Lo de la cola de gente esperando es buenísimo, digno de una película española de los años 70.

Y tú, bueno... no seas tan duro contigo mismo jeje. Has ganado 10 libras!
No