En el mar una medusa, tocaba la cornamusa
... Y una osa en la meseta, tocaba la pandereta. Vamos a ver, moyayos y moyayas. Tras siete horas (!) de entrevista y seis horas de tren, no estoy como para arrancarme por bulerías. Así que no me extenderé mucho.
La entrevista fue bien, dentro de lo que cabría esperar. Sin embargo no he tenido una oferta formal. Ni informal.
Aún.
Cuando uno llega a Cambridge la primera sensación es de encontrarse en mitad de una novela de Harry Potter. La segunda sensación es de miedo, pues la ciudad está plagada de ciclistas esquizofrénicos. En los dos primeros cruces he estado a punto de morir cuatro veces. Luego, uno le pilla el truquillo y esquiva a los bólidos sin frenos que circulan por la acera.
El laboratorio Cavendish está situado en la parte noroeste de la ciudad, apartado del centro. Se halla en medio de un entorno natural que no transmite sino serenidad. Eso, desde fuera. Por dentro, todo es frenético.
Me reciben en recepción con 10 minutos de retraso (por su parte). Una de las investigadoras, muy mona ella (también aficionada al fitness), me guía en una rápida visita por las instalaciones. Lo que veo es increíble. Instrumental fuera de serie, impresionantes MBEs y cleanrooms para litografía. Cuatro criostatos (que son los que se hallarían bajo mi responsabilidad de obtener el puesto), dos de ellos bastante nuevos. El grupo de semiconductores es enorme y es fácil perderse en sus dependencias.
Al rato, me recibe el gran jefe. Diez minutos de charla breve para decirme que lo que buscan es un experto en criogénicos. Yo le digo que me parece de perlas siempre que me permitan formar parte del equipo científico y aportar ideas. No limitarme únicamente a trabajos ingenieriles. Vamos, que quiero colocar mi nombre en sus publicaciones. Me pregunta por qué quiero trabajar con ellos y le cuento mis intenciones de dejar el 3He debido a que es un campo con ya pocas posibilidades, después de 30 años de investigación. Quiero entrar en el campo de la nanotecnología y este proyecto me ofrece un paso intermedio ideal, donde puedo emplear mi experiencia a bajas temperaturas al mismo tiempo que aprendo sobre técnicas de preparación de muestras y física de semiconductores.
A continuación, pasamos a la sala de reuniones donde doy mi seminario.
El seminario resulta ser bastante del interés de los peces gordos del grupo, unos seis catedráticos más la monada que me recibió en recepción. Muchos oooooohs y aaaaaahs cuando presento mis resultados. Muchas preguntas interesantes después, que contesto sin problemas, mayormente relacionadas con contactos térmicos y termometría. El gran jefe no hace ninguna pregunta. Sonríe a veces, pero como en respuesta a sus propios pensamientos, no en relación a lo que yo estoy diciendo. Parece ausente.
Al terminar, me quedo en la sala con dos de los catedráticos que me preguntan por mi disponibilidad y por mi opinión sobre el grupo. Y algunas preguntas técnicas para terminar.
Mi gran error es no preguntar sobre cuándo tienen pensado darme una respuesta. Tenía la idea de preguntarles al final del proceso, pues aún no es la hora de comer y sé que me queda mucho por delante. Sin embargo, cuando todo haya terminado, comprobaré que los peces gordos han desaparecido como por ensalmo. Acabaré marchándome del Cavendish sin tener ni puñetera idea sobre si me consideran seriamente (bueno, eso no es del todo cierto, como comentaré en un momento).
Tras comer con miss mundo y un postdoc indio que me acaba cayendo bastante bien (las buenas personas tienen algo en la mirada que las delata), volvemos al laboratorio donde me dejan en manos de los estudiantes. 20 minutos con cada uno para que me expliquen sus investigaciones y métodos. Todo muy bien, salvo uno de ellos que se hace el listillo y me desprecia con la mirada por no saber tanto sobre semiconductores como él. Pienso que si me dieran un par de meses para ponerme al día con la literatura se iba a enterar el amigo de lo que vale un peine. Me habla del efecto Kondo y le digo que la última vez que leí algo sobre eso fue a finales de 2003. Mayormente, lo he olvidado todo salvo que se trataba de la dependencia en metales de la resistividad con la temperatura. El rapaz apenas puede contener una risa de burla. Ni me inmuto.
Para cuando llego al último estudiante son casi las cuatro de la tarde y tengo los sesos hechos gazpacho. Afortunadamente el chico parece darse cuenta y, en lugar de meterme todo el rollo sobre su experimento, me pregunta sobre el mío. Se lo agradezco. Es, tal vez, la persona que mejor me ha caído en todo el laboratorio. Tengo la sensación de que es un candidato a "amigo", de los que te duran toda la vida. Paso con él casi 45 minutos en lugar de los 20 prescritos. Me conduce a secretaría y se despide. Le doy a la secretaria el recibo del billete de tren para que me lo abonen y, mientras firmo los papeles necesarios para la transacción, un estudiante se acerca y me saluda. Me cuenta que ayer mismo tuvo su defensa de tesis y está como en una nube. Le digo que lo comprendo perfectamente. Muy amable, me acompaña hasta la salida del laboratorio (que tiene un sistema de seguridad comparable al de cualquier laboratorio privado estadounidense; he tenido que llevar todo el día una tarjeta identificativa colgada de la camisa para que no me detuvieran los de seguridad) mientras me cuenta que es canadiense. De los canadienses franceses.
Al despedirnos, me apunta que mi nombre ha estado sonando con fuerza en el grupo durante los últimos días y ésa es la única pista que me llevo sobre mis posibilidades con el puesto.
Me gustaría mucho conseguirlo, sí. Ahora más que antes de la visita. El grupo tiene nivel. Mucho. Y yo me siento lo suficientemente capacitado como para formar parte de él. Me llevo buenas sensaciones de la entrevista, pero ya se sabe... De las sensaciones no se come.
En cuanto sepa algo, os prometor que desfago este entuerto.
Gracias por la fidelidad. Ahora id y estudiad un poquito, que sé que lleváis un buen rato ya en internet. Vagos, más que vagos.
La entrevista fue bien, dentro de lo que cabría esperar. Sin embargo no he tenido una oferta formal. Ni informal.
Aún.
Cuando uno llega a Cambridge la primera sensación es de encontrarse en mitad de una novela de Harry Potter. La segunda sensación es de miedo, pues la ciudad está plagada de ciclistas esquizofrénicos. En los dos primeros cruces he estado a punto de morir cuatro veces. Luego, uno le pilla el truquillo y esquiva a los bólidos sin frenos que circulan por la acera.
El laboratorio Cavendish está situado en la parte noroeste de la ciudad, apartado del centro. Se halla en medio de un entorno natural que no transmite sino serenidad. Eso, desde fuera. Por dentro, todo es frenético.
Me reciben en recepción con 10 minutos de retraso (por su parte). Una de las investigadoras, muy mona ella (también aficionada al fitness), me guía en una rápida visita por las instalaciones. Lo que veo es increíble. Instrumental fuera de serie, impresionantes MBEs y cleanrooms para litografía. Cuatro criostatos (que son los que se hallarían bajo mi responsabilidad de obtener el puesto), dos de ellos bastante nuevos. El grupo de semiconductores es enorme y es fácil perderse en sus dependencias.
Al rato, me recibe el gran jefe. Diez minutos de charla breve para decirme que lo que buscan es un experto en criogénicos. Yo le digo que me parece de perlas siempre que me permitan formar parte del equipo científico y aportar ideas. No limitarme únicamente a trabajos ingenieriles. Vamos, que quiero colocar mi nombre en sus publicaciones. Me pregunta por qué quiero trabajar con ellos y le cuento mis intenciones de dejar el 3He debido a que es un campo con ya pocas posibilidades, después de 30 años de investigación. Quiero entrar en el campo de la nanotecnología y este proyecto me ofrece un paso intermedio ideal, donde puedo emplear mi experiencia a bajas temperaturas al mismo tiempo que aprendo sobre técnicas de preparación de muestras y física de semiconductores.
A continuación, pasamos a la sala de reuniones donde doy mi seminario.
El seminario resulta ser bastante del interés de los peces gordos del grupo, unos seis catedráticos más la monada que me recibió en recepción. Muchos oooooohs y aaaaaahs cuando presento mis resultados. Muchas preguntas interesantes después, que contesto sin problemas, mayormente relacionadas con contactos térmicos y termometría. El gran jefe no hace ninguna pregunta. Sonríe a veces, pero como en respuesta a sus propios pensamientos, no en relación a lo que yo estoy diciendo. Parece ausente.
Al terminar, me quedo en la sala con dos de los catedráticos que me preguntan por mi disponibilidad y por mi opinión sobre el grupo. Y algunas preguntas técnicas para terminar.
Mi gran error es no preguntar sobre cuándo tienen pensado darme una respuesta. Tenía la idea de preguntarles al final del proceso, pues aún no es la hora de comer y sé que me queda mucho por delante. Sin embargo, cuando todo haya terminado, comprobaré que los peces gordos han desaparecido como por ensalmo. Acabaré marchándome del Cavendish sin tener ni puñetera idea sobre si me consideran seriamente (bueno, eso no es del todo cierto, como comentaré en un momento).
Tras comer con miss mundo y un postdoc indio que me acaba cayendo bastante bien (las buenas personas tienen algo en la mirada que las delata), volvemos al laboratorio donde me dejan en manos de los estudiantes. 20 minutos con cada uno para que me expliquen sus investigaciones y métodos. Todo muy bien, salvo uno de ellos que se hace el listillo y me desprecia con la mirada por no saber tanto sobre semiconductores como él. Pienso que si me dieran un par de meses para ponerme al día con la literatura se iba a enterar el amigo de lo que vale un peine. Me habla del efecto Kondo y le digo que la última vez que leí algo sobre eso fue a finales de 2003. Mayormente, lo he olvidado todo salvo que se trataba de la dependencia en metales de la resistividad con la temperatura. El rapaz apenas puede contener una risa de burla. Ni me inmuto.
Para cuando llego al último estudiante son casi las cuatro de la tarde y tengo los sesos hechos gazpacho. Afortunadamente el chico parece darse cuenta y, en lugar de meterme todo el rollo sobre su experimento, me pregunta sobre el mío. Se lo agradezco. Es, tal vez, la persona que mejor me ha caído en todo el laboratorio. Tengo la sensación de que es un candidato a "amigo", de los que te duran toda la vida. Paso con él casi 45 minutos en lugar de los 20 prescritos. Me conduce a secretaría y se despide. Le doy a la secretaria el recibo del billete de tren para que me lo abonen y, mientras firmo los papeles necesarios para la transacción, un estudiante se acerca y me saluda. Me cuenta que ayer mismo tuvo su defensa de tesis y está como en una nube. Le digo que lo comprendo perfectamente. Muy amable, me acompaña hasta la salida del laboratorio (que tiene un sistema de seguridad comparable al de cualquier laboratorio privado estadounidense; he tenido que llevar todo el día una tarjeta identificativa colgada de la camisa para que no me detuvieran los de seguridad) mientras me cuenta que es canadiense. De los canadienses franceses.
Al despedirnos, me apunta que mi nombre ha estado sonando con fuerza en el grupo durante los últimos días y ésa es la única pista que me llevo sobre mis posibilidades con el puesto.
Me gustaría mucho conseguirlo, sí. Ahora más que antes de la visita. El grupo tiene nivel. Mucho. Y yo me siento lo suficientemente capacitado como para formar parte de él. Me llevo buenas sensaciones de la entrevista, pero ya se sabe... De las sensaciones no se come.
En cuanto sepa algo, os prometor que desfago este entuerto.
Gracias por la fidelidad. Ahora id y estudiad un poquito, que sé que lleváis un buen rato ya en internet. Vagos, más que vagos.
Comentario:
Seguro que han alucinado con el espagnolito que surgió del 3He! Muy oportuno tu giro hacia la nanociencia, aunque a lo mejor al final necesitas bucear en algo tan espantoso como ... como...si, si, como la Química!!!
Ya tienes la perspectiva de tu tercer Nobel a la vista.
Salud y mantennos informados.
Ya tienes la perspectiva de tu tercer Nobel a la vista.
Salud y mantennos informados.
Comentario:
Pues al parecer no te ha ido nada mal, me alegro. Te deseo mucha suerte y ahora me voy a hacerte caso, a estudiar.
Un saludo.
Un saludo.
Comentario:
Menuda entrevista! Aunque leyéndote, me da la sensación de que guardas cierta satisfacción: de que al final todo ha ido no sólo mejor de lo esperado, sino que ha ido bien... seguro que es así.
Es difícil pedirte que en cuanto sepas algo (caso de que sea bueno) escribas aquí algo en vez de lanzarte a la calle a descorchar cava, pero bueno... mantén informado al personal ;)
Un saludo!
Es difícil pedirte que en cuanto sepas algo (caso de que sea bueno) escribas aquí algo en vez de lanzarte a la calle a descorchar cava, pero bueno... mantén informado al personal ;)
Un saludo!





