El pisito
Podría empezar esto con un homenaje a García Márquez diciendo: "El día en que lo iban a endeudar, Cziffra se levantó a las 5:30 de la mañana para coger un tren con destino a Cambridge". O bien, "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el Profesor Cziffra había de recordar aquella tarde remota en que se endeudó hasta las cachas". Pero no. Voy a hacerlo así:
"Cziffra se levanta temprano y desayuna un pomelo y un tortilla de claras. A las 7 en punto está en la estación de tren, como un clavo, para dirigirse a Cambridge a la caza de un nuevo hogar. Durante el fin de semana ha telefoneado a cuatro propietarios y ha concertado sendas visitas a cada una de las viviendas. Un mapa malamente garabateado y una botella de agua componen todo su equipaje. Son ya las 9 cuando llega a Cambridge y comienza su andadura de punta a punta de la ciudad. Ha decidido andar, pues, además de ser muy bueno para el corazón, le ofrece la oportunidad de ir familiarizándose con la ciudad que lo albergará durante los próximos tres años.
Su primera parada es una pequeña calle que linda con Milton Road, en el noroeste de la ciudad. La estación de tren se encuentra muy al sur y el paseo es considerable. A eso de las 9 y media el sol se abre paso en el pensamiento consciente de Cziffra. Está pegando duro hoy, a pesar de la hora. Será por la fecha, la ciudad es un hervidero de turistas. Conforme se aleja del centro en dirección a Milton Road los turistas son reemplazados por albañiles y jardineros que comienzan su semana laboral bajo un sol que ya no recordaban. Sobre las 10 y media Cziffra llega a los alrededores de la primera casa a visitar. La cita era a las 11 y media, pues pensó que el camino sería más largo. Por no esperar, llama de nuevo y sugiere un adelantamiento del encuentro. La dueña de la casa accede. El sol ya empieza a picar y la botella de agua se antoja la mejor idea que Cziffra ha tenido en las últimas tres lunas.
Cziffra llama, noc, noc, noc, al número 72 de Ramsden Square. Le abre una mujer de edad avanzada (aunque Cziffra apostaría que ella opina de forma diferente) y más ancha que alta. Una verruga enorme junto a la aleta derecha de la nariz completa el cuadro. Saludos pertinentes, bla, bla, bla. Abre la puerta del cuarto. El anuncio decía "self contained flat", con cocina y baño. Tipo estudio. El cuarto resulta ser más pequeño que la actual habitación de Cziffra en Egham. Es curioso cómo la gente manipula el lenguaje según sus necesidades. Medio metro cuadrado en una esquina de la estancia es presentado como "la cocina". Es un microondas sobre el que reposan dos fogoncetes de esos que usan los domingueros en España para hacer paellas en el monte y, de paso, quemar éste. Ah, espera, que también hay un fregadero. La cama... Mejor no hablar. Alguien se deshizo de un juego de Pin y Pon en el barrio y el lecho ha terminado en esta habitación. En el armario cabrían los zapatos de Cziffra, y no todos. Cziffra hace ya rato que ha tomado una decisión: salir de allí en cuanto la carcelera se descuide. Al fondo de la estancia hay una puerta. "Esto es el baño", dice ella, y Cziffra no puede reprimir un escalofrío. En ese baño uno puede cagar y ducharse a la vez. "Bueno, tengo que ver un par de habitaciones más. Si me decanto por éste, la llamaré". "Estupendo, esta es una zona muy tranquila. Encima de este cuarto tiene la oficina mi marido. El alquiler son 400 libras al mes, todas las facturas incluidas". Lo dice todo así, sin solución de continuidad. Mirando a la mujer Cziffra piensa que el marido pasará el 95% de sus horas en la oficina. Y el 5% restante en el puticlub más cercano. Mientras salen de la vivienda, un gato gordísimo se enrosca en los pies de Cziffra. Cziffra tiene alergia a los gatos. "Es el gato de los vecinos, ja, ja, ja... Siempre tiene hambre, aunque nadie lo diría". Hay que salir de allí, aquello se empieza a parecer demasiado a una película de Buñuel.
Cziffra se despide una vez más y mira el reloj. Las 11 y media. El siguiente piso está a 5 millas de allí y la cita es a la 1 y media. El calor empieza a ser insoportable. Respirando hondo, y tras un nuevo tiento a la botella de agua, Cziffra reemprende el camino.
Continuará...
"Cziffra se levanta temprano y desayuna un pomelo y un tortilla de claras. A las 7 en punto está en la estación de tren, como un clavo, para dirigirse a Cambridge a la caza de un nuevo hogar. Durante el fin de semana ha telefoneado a cuatro propietarios y ha concertado sendas visitas a cada una de las viviendas. Un mapa malamente garabateado y una botella de agua componen todo su equipaje. Son ya las 9 cuando llega a Cambridge y comienza su andadura de punta a punta de la ciudad. Ha decidido andar, pues, además de ser muy bueno para el corazón, le ofrece la oportunidad de ir familiarizándose con la ciudad que lo albergará durante los próximos tres años.
Su primera parada es una pequeña calle que linda con Milton Road, en el noroeste de la ciudad. La estación de tren se encuentra muy al sur y el paseo es considerable. A eso de las 9 y media el sol se abre paso en el pensamiento consciente de Cziffra. Está pegando duro hoy, a pesar de la hora. Será por la fecha, la ciudad es un hervidero de turistas. Conforme se aleja del centro en dirección a Milton Road los turistas son reemplazados por albañiles y jardineros que comienzan su semana laboral bajo un sol que ya no recordaban. Sobre las 10 y media Cziffra llega a los alrededores de la primera casa a visitar. La cita era a las 11 y media, pues pensó que el camino sería más largo. Por no esperar, llama de nuevo y sugiere un adelantamiento del encuentro. La dueña de la casa accede. El sol ya empieza a picar y la botella de agua se antoja la mejor idea que Cziffra ha tenido en las últimas tres lunas.
Cziffra llama, noc, noc, noc, al número 72 de Ramsden Square. Le abre una mujer de edad avanzada (aunque Cziffra apostaría que ella opina de forma diferente) y más ancha que alta. Una verruga enorme junto a la aleta derecha de la nariz completa el cuadro. Saludos pertinentes, bla, bla, bla. Abre la puerta del cuarto. El anuncio decía "self contained flat", con cocina y baño. Tipo estudio. El cuarto resulta ser más pequeño que la actual habitación de Cziffra en Egham. Es curioso cómo la gente manipula el lenguaje según sus necesidades. Medio metro cuadrado en una esquina de la estancia es presentado como "la cocina". Es un microondas sobre el que reposan dos fogoncetes de esos que usan los domingueros en España para hacer paellas en el monte y, de paso, quemar éste. Ah, espera, que también hay un fregadero. La cama... Mejor no hablar. Alguien se deshizo de un juego de Pin y Pon en el barrio y el lecho ha terminado en esta habitación. En el armario cabrían los zapatos de Cziffra, y no todos. Cziffra hace ya rato que ha tomado una decisión: salir de allí en cuanto la carcelera se descuide. Al fondo de la estancia hay una puerta. "Esto es el baño", dice ella, y Cziffra no puede reprimir un escalofrío. En ese baño uno puede cagar y ducharse a la vez. "Bueno, tengo que ver un par de habitaciones más. Si me decanto por éste, la llamaré". "Estupendo, esta es una zona muy tranquila. Encima de este cuarto tiene la oficina mi marido. El alquiler son 400 libras al mes, todas las facturas incluidas". Lo dice todo así, sin solución de continuidad. Mirando a la mujer Cziffra piensa que el marido pasará el 95% de sus horas en la oficina. Y el 5% restante en el puticlub más cercano. Mientras salen de la vivienda, un gato gordísimo se enrosca en los pies de Cziffra. Cziffra tiene alergia a los gatos. "Es el gato de los vecinos, ja, ja, ja... Siempre tiene hambre, aunque nadie lo diría". Hay que salir de allí, aquello se empieza a parecer demasiado a una película de Buñuel.
Cziffra se despide una vez más y mira el reloj. Las 11 y media. El siguiente piso está a 5 millas de allí y la cita es a la 1 y media. El calor empieza a ser insoportable. Respirando hondo, y tras un nuevo tiento a la botella de agua, Cziffra reemprende el camino.
Continuará...
Comentario:
El día que blogger vuelva a funcionar como está mandado (últimamente solo da problemas) prometo contar la odisea que estoy viviendo con el tema del piso... España está llena Lazarillos de Tormes! jaja
Resumen: todavía sigo sin piso, un mes después de comenzar a buscar.
Resumen: todavía sigo sin piso, un mes después de comenzar a buscar.
Comentario:
Interesante relato, algo así se vive en todas las ciudades de estudiantes. Hoy a mi me lo ha enseñado un rumano petaísimo, muy majo el tío :) xD, creo que hemos tenido algo más de suerte que tú, aunque aún hay que esperar el resto de tu historia :).
Un saludo y suerte con tu historia :) y con tu búsqueda de piso xD.
Un saludo y suerte con tu historia :) y con tu búsqueda de piso xD.





