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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
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When the shit hits the fan.
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Turno de noche
El viernes pasado, cuando me encaramaba a mi bici para irme a casa, vi que Penderecki salía del laboratorio y corría hacia mí agitando los brazos. Me pareció una despedida un tanto efusiva para ser sólo un fin de semana. En cualquier caso, agité mi mano en respuesta mientras comenzaba a pedalear. Dado que Penderecki no sólo no cejó en sus amorosos estertores, sino que incluso los hizo más notorios, decidí detenerme.

La turbobomba que había yo dejado bombeando en la OVC del criostato presentaba una línea plana. Amarro la bici y entro al laboratorio. En efecto, la turbobomba hacía un ruido que no auguraba nada bueno. Como el aparato vale unos 100 kiloeuros, decidí no forzarlo y lo desconecté. No pasa nada, me dije. Tenemos más bombas. Conecto otra turbo, una Varian. Esta vez no me da tiempo ni a enchufar la turbo. La bomba auxiliar, una Scroll, grita como si le hubieran pillado los cojones con un montador de nata. Mierda.

Paciencia. Aún queda otra bomba. Una Leybold (misma marca que la primera en fallecer) sin estrenar. La ha comprado hace poco un estudiante: Sebastián. Sebastián tiene rasgos japoneses y es de Australia (!). Y el nombre, en este caso, no me lo invento. Sebastián. Con dos cojones. Os lo juro. Bueno, pues me dice Sebastián que la bomba aún no se puede usar porque uno de los cables de alimentación que han mandado no es compatible y hay que cambiarlo. Giro a mi alrededor en busca de algo con lo que chupar gas de la OVC. Un sudor frío me recorre la espalda. ¿Cómo cojones puede estar un laboratorio de bajas temperaturas sin bombas? Y no, esto no ha sido una sucesión de infortunios. Un par de preguntas me confirman que las bombas vienen funcionando "malamente" desde hace cinco o seis meses. ¿Ves?, me digo. Eso es lo malo de trabajar en un grupo tan grande. Todos piensan que el siguiente capullo en la fila se encargará de solucionar el percal. Y entre unos y otros la casa sin barrer y la OVC sin bombear.

Aparco mentalmente el problema hasta la semana siguiente. Ahora tengo que ingeniármelas para bombear la OVC antes del lunes. Como sea. Es viernes por la tarde y el resto de los grupos del Cavendish ya está disfrutando de su fin de semana. No puedo pedir prestada una bomba a nadie. Probablemente, tampoco me la dejarían. Los científicos suelen ser muy celosos con sus bombas. Son caras. Bueno, los de mi grupo, no, ya lo he comprobado.

Y, de repente, la veo. Allí, solita, tan poquita cosa ella, bajo la escalera que conduce a la sala de seminarios "Mott". La bomba de difusión.

Las bombas de difusión son tremendamente efectivas. Su funcionamiento se basa en una corriente de partículas de aceite que atrapa las moléculas de gas. En la práctica, presentan un inconveniente: debido al riesgo de reflujo y de que el volumen a bombear se contamine con restos de aceite, necesitan de una trampa de nitrógeno. Es decir, la línea de bombeo cuenta con un espacio sumergido en nitrógeno líquido donde se condensan todos los detritos, evitando asi la contaminación de espacios limpios. Y una trampa de nitrógeno significa que hay que rellenarla cada cierto tiempo. En este caso, cada dos o tres horas.

En fin, que conecto la bomba de difusión al dewar y pregunto si alguien tiene pensado pasar allí la noche. Sebastián me informa de que a él le toca tajo hoy. Así que le pido que me vaya rellenando la trampa de nitrógeno a su libre albedrío. El fin de semana me lo paso yendo y viniendo al laboratorio para rellenar la puta trampa. 20 kilómetros en bici cada ida y vuelta. Bienvenidos al maravilloso mundo de la física experimental.

El lunes, ya bombeada la OVC, me hago un claro en el laboratorio y me dispongo a realizarles una operación a corazón abierto a ambas bombas. Normalmente no debería hacerse algo así. Se supone que sólo personal cualificado debe abrir las bombas. Pero entre lo cabreado que estoy con el asunto y que las bombas ya están jodidas, decido proceder con las autopsias.

Primero, la Leybold. Abro la turbo y no veo nada evidentemente fuera de lugar. Miro aquí. Miro allá. Todo parece bien. Ya que está abierta, decido limpiar las hojas del rotor a conciencia con etanol. La dejo como el culo de un chiquillo. La virgen, si parece nueva. La cierro. La enchufo. Funciona, la muy hija de puta. Tan suave como un coche recién estrenado.

La aparto y me pongo con la Varian. Esta vez no es la turbo, sino la Scroll. Le abro el culete y veo que los tip seals (me niego a traducir eso) tienen más mierda que el palo de un gallinero. Los saco. Etanol a diestro y siniestro. Sin cortarse, que eso es barato. Tanto le echo que los vapores me empiezan a poner alegre. A pesar de haberlos dejado limpios, los tip seals presentan claras señas del inexorable paso del tiempo. Están pidiendo una jubilación a gritos. Decido pedir unos nuevos al fabricante, pero antes voy a darles a estos una última oportunidad. Los coloco en su sitio. Cierro el culete (el de la bomba). Para limpiar todo el polvillo que he visto dentro, bombeo la atmósfera durante dos minutos. Conecto la turbo. La enciendo.

Funciona.

Santa María, soy un genio. Le he ahorrado al laboratorio unos cientos de miles de libras en bombas en cuestión de dos horas. Para cerrar el asunto, pido un juego de tip seals por internet. Los mandan de Italia y me llegarán a finales de mes. Cuestan 200 libras. Por supuesto, paga el Cavendish.

Tras esta bonita historia se impone el llevar un registro minucioso de quién utiliza cada bomba, dónde la utiliza y por cuánto tiempo. Le comento a Tentetieso que las cosas con las bombas no pueden seguir así. Me da vía libre para tomar medidas.

Ok, pues si alguien del Cavendish está leyendo esto (y si no, me la suda, voy a hacer circular un memorandum para que se enteren hasta las ratas), tome nota: DE AHORA EN ADELANTE LAS BOMBAS NO LAS TOCA NI DIOS SIN DAR CUENTA AL TITO CZIFFRA. Hala, telón.

Y a cuentas del título de este post, seré breve, pues no tengo el cuerpo para mucho folklore. Hoy, a eso del mediodía, le he dicho a Penderecki que para que el criostato esté frío el lunes hay que empezar a echarle helio esta noche. Uno de nosotros ha de sacar el nitrógeno durante el día y el otro tomará el mando para transferir el helio durante la noche. Le he propuesto hacer yo el turno nocturno (trabajo mejor solo y en silencio). Obviamente, le ha parecido de perlas.

Así que esta noche, un tubo de silicona, 200 litros de helio líquido y un buen libro... Y a vivir.
 
Comentario:
Sólo se aceptan vigilantes de bombas asexuales en el Cavendish. Aunque creo que esa claúsula se desestimará en cuanto el Cuerpo deje este grupo. Demasiada tensión sexual en el ambiente para que alguien sea capaz de vigilar una bomba o incluso su propia cremallera.

Pero siempre puedes venir a gorronearme un par de birras, claro.
 
Comentario:
Viendo lo que pagan allí me ofrezco como vigilante de bombas.
 
Comentario:
Joder, el ISO 17025...

Ponemos eso y en dos semanas los estudiantes nos han formateado los discos duros de todo el Cavendish. Y alguno lo utilizaría para escribir su diario, su blog o los SMS para su novia.

Nada, nada, un lápiz y un papel colgando de cada bomba y a correr. Y al que pille que no lo usa, pescozón en la cocorota. Y a la segunda vez que lo pille, me trae el café a la oficina durante dos meses.
 
Comentario:
Digno de un episodio de "El equipo A". Ole "tus bombas".

Si no lo tenéis todavía, igual os podéis plantear implantar la ISO 17025. Un sistema de calidad os puede ayudar a gestionar ese tipo de asuntillos burocráticos. Claro que seguro que ya tenéis bastante con investigar, como para hacerlo con una ISO en la chepa.
No