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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Uffffff
Estamos vivos. Penderecki y yo.

Ya está entrenado el imán. Hasta 15 Teslas lo he subido. Lo he bajado a 10. Lo he vuelto a subir. Así entrenaba, así, así, así entrenaba, así, así, así entrenaba, así, así, así entrenaba que yo lo vi.

Al hilo de lo que me apuntaba Ghiret en un comentario, voy a poner un ejemplo de becario proponiendo ideas. Con la mañana aún fresca, sugiere Penderecki darle otra oportunidad al ordenador. Accedo, nada como dejar que se les pelen los huevos a los estudiantes a base de quenches.

Empezamos a aumentar el campo. Al llegar a 6 Teslas el suministrador detecta que algo no va bien. Los circuitos de seguridad se disparan y el imán pasa de 6 a 0 Teslas en 0.3 segundos (si alguien está interesado en un modelo similar para hacer carreras en el barrio, la marca es Oxford Instruments). Total, ahí están todos los LEDs del suministrador de potencia parpadeando con insistencia. Y Penderecki y yo con los huevos de corbata. Milagro del cielo, no ha ocurrido nada, porque a 6 Teslas el baño de Helio se las ha apañado para absorver todo el calor generado por el quench.

En este punto ya decidí no tentar al destino y le dije a Penderecki que, de aquí en adelante, tomaba yo los mandos. Si moríamos los dos y a mí me echaban del trabajo (por ese orden), yo asumiría las consecuencias.

He entrenado el imán, por lo tanto, manualmente durante el resto del día. Suave como la seda, oye. Como le he hecho notar a Penderecki, eso no demuestra que la culpa es del ordenador, más bien no demuestra que la culpa no es del ordenador. Una vez entrenado el imán el peligro es mínimo, así que el resto de la semana dejaré que Penderecki proceda a su libre albedrío mientras yo comienzo a diseñar mi experimento.

Y, para terminar, unas palabras sobre las dificultades que estoy encontrando para poder concentrarme en los artículos que trato de leer en el trabajo. Si los leo en mi oficina soy interrumpido por estudiantes que constantemente entran a preguntarle a Figo (con quien comparto ratonera) detalles sobre los experimentos. Si trato de leerlos por los pasillos o en el laboratorio soy constantemente molestado por las idas y venidas de El Cuerpo, que hacen que mis hormonas tomen el mando y me dirijan la sangre no al cerebro precisamente.

... Y es que, qué buena que está la hija de la gran puta. Y qué bien me ha sentado escribir la frase anterior.
No