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Hitting the fan
Llenando la www con más basura todavía.
Acerca de
When the shit hits the fan.
Sindicación
 
Reflexiones más o menos escatológicas
Tengo un problema. Bueno, más de uno, pero el problema al que me refiero es el que más recursos me consume en estos momentos. Sin embargo, ya que esto lo lee quien lo lee, no puedo contarlo aquí, no aún.

Si sois fieles os acabaréis enterando. O no. Tengo que meditarlo detenidamente. Alguno de vosotros ya se lo huele y le pido que se ahorre los comentarios. No soy demasiado rápido borrándolos.

Otra cosa. Hoy, por fin, he conseguido pinchar mi bici. Me ha ocurrido a una milla más o menos de casa, cuando aún me faltaban más de 5 para llegar al Cavendish. En una zona no comercial, además. Le he echado huevos y he seguido pedaleando hasta llegar al centro de Cambridge. Allí me he metido en la primera tienda de bicis que he encontrado (abundan aquí) y he comprado el lote completo: neumático nuevo, bomba y kit de reparación.

Me he ido tranquilamente al parque y me he sentado tranquilamente a reparar el roto. A los pocos minutos me he empezado a hacer aguas menores. He continuado mi labor moviendo un poquito las caderas para aliviar los músculos de la pelvis. La gente que pasaba a mi lado me lanzaba miradas curiosas, lo que ha hecho que me colocara el MP3 para disimular. Como si bailara. Pero no me ha durado mucho la treta, porque enseguida he notado con horror que también me empezaba a hacer aguas mayores. Eso ha hecho que el trabajo me haya llevado más de lo esperado, obviamente. Para cuando montaba la rueda de nuevo en el cuadro, apenas podía doblarme, tal debía ser la largura de la cataplasma. El resto del trayecto lo he hecho más tieso que una vela, casi sin usar las manos. He llegado al Cavendish a puntito. Un poco más y no alcanzo a bajarme los pantalones. Comprendo que esto no es bonito de imaginar, pero si supiérais lo que me importan vuestros escrúpulos probablemente me negaríais el saludo de por vida.

Ya más aliviado he conseguido hacer algo productivo con el resto del día. Puedo anunciar con orgullo que en menos de dos semanas he dejado listos para funcionar dos criostatos que estaban dando muchos problemas. Ahora sólo hay un detalle que impide usarlos: las tuberías por las que circula la mezcla de Helio3-Helio4 han de sustituirse y el fontanero del laboratorio no parece estar muy al tanto. Me habían llegado noticias de que los trabajos de fontanería habían de empezar el pasado lunes. Hoy, ya con la mosca tras la oreja, he ido a buscarlo. El tío estaba esperando a que le diéramos los planos. Sí, suena a ciencia ficción, pero puedo asegurarlo. Nosotros esperando al fontanero y el fontanero esperándonos a nosotros. Así que he esbozado un plano con todas las distancias, diámetros y tubos. Cuando he ido de nuevo al fontanero, éste me ha dicho que hoy ya era tarde, que le lleve los planos mañana y en nueve días, nueve, comienza las obras. Increíble. Que alguien me explique en qué línea temporal viven los fontaneros.

A Penderecki tampoco le ha hecho gracia el asunto, claro. Al fin y al cabo es él el que tiene que obtener los datos. Me he ofrecido a ayudarle a medir unas cuantas cosas durante los próximos nueve días para evitar que se bebiera un litro de Nitrógeno líquido.

Mañana nos vamos de copas un grupo de gente para celebrar el cumpleaños de El Cuerpo. Creo que cubriré mi bici de barro para que no destaque mucho aparcada en el centro. Tal como está ahora, roja y brillante, llama mucho la atención y en Cambridge doblar las ruedas de las bicis tras meterse entre pecho y espalda siete u ocho litros de cerveza un viernes por la noche es deporte nacional.
No