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LAS HORAS
Desde aquí lejos, desde el fin del mundo
Bienvenidos
Donde conviven agua y aceite, donde existe noche y día, donde el extasis y el dolor se unen, donde convergen los deseos... donde termina lo real y comienza lo eterno... Bienvenidos al fin del mundo PAZ!!
Sindicación
 
ASILO



Alguna vez quizas miré a través de la ventana. Ya no lo recuerdo con certeza.
Alguna vez tuve fuerza y creo que también gozé de la dulsura de la esperanza. Lloré con las mentiras cuando aún me quedaban lágrimas y reí hasta que también olvidé ser feliz.
Una ola de aguas de fantasía ahogó a cada persona que amé, la misma ola que me arrojó hasta este rincón de los olvidos y de los olvidados.

Miro hacia mi izquierda: una mujer desenrolla una madeja de lana, y cuando acaba, la desarma y vuelve a volver. En su cabeza blanca se mezcla la fantasía y la realidad, mira hacia la puerta y ve a su hijo que nunca estuvo allí.
Miro hacia mi derecha: Sólo veo una mujercita reducida hasta los huesos, su menudo y trémulo cuerpo busca los rayos del sol para calentar los restos de su alma.
Miro hacia adentro, adentro de mi mente y desespero. ¿Dónde esta Cecilia, mi princesa de ojos claros, de cabellos de oro, la que tuvo como primer hogar mis entrañas? ¿Donde están todos?

Abren la puerta, es la hermana Gabriela que nos invita a pasar al comedor común.
Ya sólo vivo de suspiros y me alimento de los esbozos de mis recuerdos. La vida se me esta duermiendo entre los brazos.

 
NACER



En un intento de ser libre, mordí los hierros de mis cadenas, pero las cuatro paredes continuaban manteniendome agena a la realidad.
Soñé, entonces, con el mundo que aún no conocía, soñé con sus montañas, sus ríos, los pueblos primitivos, las grandes civilizaciones, el descubrimiento de una tierra joven, fértil y virgen a la codicia, soñé con las guerras entre naciones, entre pensamientos, creencias y pasiones, soñé con las mismas montañas y los mismos ríos, pero con la única diferencia de que ya no eran los de entonces. Me detuve entre el tiempo en el instante en que, luego de comprar los alimentos de la tierra, el agua, la luz, el fuego, las tierras, el tiempo y el aire, todo comenzó a decaer y mi sueño se volvió una pesadilla, un mar pestilente. Los hombres dañaban a los niños, se mataban unos a otros por obtener lo que se agotaría en menos tiempo de lo que tardaron en conquistar para subsistir.
Al despertar vi las cuatro paredes y temí de lo que había más allá de ellas, pero todo había concluído y comenzado a la vez, era mi momento de nacer.
 
AUTODESTRUCCION


Sus poros secretaban odio, su agitada respiración emanaba ira y parte de la divina creación, de la evolución de un simple pez a un hombre, se veía destruída por el filo de una tijera. Y el corte en la piel, destruyó miles de células inocentes que gritaban de dolor al ver sus miembros mutilados flotando entre los rojos glóbulos que a su vez se deslizaban a través de la herida.
El dolor no existía, la mano ensangrentada no sentía, pero si el corazón ahogado entre olas de nostalgia, de soldad.
Mientras veía caer esos trocitos de rubies y teñir su brazo de un rojo intenso pensó en que esa llaga no le dolería a ella sino que a su verdugo progenitor.
Sentía que su pecho se abría, que se partía en dos... Era su corazón que buscaba una salida.
Ella no se dio cuenta que yo la observaba desde sus pupilas. Vi al diabo sentado junto a ella, cantando una canción de cuna, lamiendo las gotas de sangre que caían al suelo, acariciandola entre las piernas, besando su cuello, quería llevarla a su reino, hacerla suya. Ella no se percató de su invisible presencia. No quería morir, sólo deseaba ser feliz aunque fuera un minuto, anhelaba ver esos ojos verdeennegresidos que tanto ama y que tanto la aman.

El diablo, al verla enjugar su sangre, lavabando sus heridas y vendando su piel, se retiró cerrando la puerta de un golpe diciendo algo entre dientes que sólo yo escuché: "Mañana"