llueve y tien pinta de tardar n'abocanar
Lloviendo a chuzos en Gijón. Pensaba ir a la playa en mi último día de descanso, pero acabaré las veinte páginas que me quedan de Lunar Park y luego bajaré a la biblioteca a por otra cosa, bueno, creo que cogeré Glamourama que dejé cuando llevaba más de doscientas páginas por falta de tiempo. Fue hace tres o cuatro años así que no lo recuerdo bien. No se, Bret Easton Ellis me pone...
Y es mi último día de descanso porque ayer me comunicaron en la tienda que me olvidara de librar en agosto, que seguramente haya mucha gente. Mierda de turistas que tardan media hora en comprar una camiseta, mierda de turistas que regalan quince llaveros a sus amigos y pretende que los envuelvas en bolsitas individuales. Ah, ya estoy otra vez con la rabieta de cada jueves de: No quiero volver a ESE trabajo de MIEEEEEEEEERDA.
Hoy estrené una crema antiojeras que me compró mi abuela. No se, el otro día se enfadó conmigo porque gastaba mucho (hasta dejó caer que pensaba que estaba metida en asuntos de drogas, jaaaaaa) y ahora me viene con la cremita de pepino y no se qué más.
Mañana me dejan sola todo el mes, así que estoy contenta por una parte, pero por otra preveo que pasaré más hambre que el perro un gitano.
¿Por qué Roberto debe marcharse a otro equipo? Oh, entre todos me vais a hacer la vida imposible. ¿Por qué el Sporting no puede ganar a un equipo malo de rigor en su primer partido de pretemporada? ¿Por qué tiene que llover hoy? ¿Por qué las habitaciones en Inglaterra son tan caras?
Primicia: mi habitación de doce metros cuadrados, 2731 libras con desayuno incluído está abierta para todo el mundo. El té con leche para mí, tu te quedas con los cereales.
2731 libras son 4000 euros. En casa me van a matar.
Y es mi último día de descanso porque ayer me comunicaron en la tienda que me olvidara de librar en agosto, que seguramente haya mucha gente. Mierda de turistas que tardan media hora en comprar una camiseta, mierda de turistas que regalan quince llaveros a sus amigos y pretende que los envuelvas en bolsitas individuales. Ah, ya estoy otra vez con la rabieta de cada jueves de: No quiero volver a ESE trabajo de MIEEEEEEEEERDA.
Hoy estrené una crema antiojeras que me compró mi abuela. No se, el otro día se enfadó conmigo porque gastaba mucho (hasta dejó caer que pensaba que estaba metida en asuntos de drogas, jaaaaaa) y ahora me viene con la cremita de pepino y no se qué más.
Mañana me dejan sola todo el mes, así que estoy contenta por una parte, pero por otra preveo que pasaré más hambre que el perro un gitano.
¿Por qué Roberto debe marcharse a otro equipo? Oh, entre todos me vais a hacer la vida imposible. ¿Por qué el Sporting no puede ganar a un equipo malo de rigor en su primer partido de pretemporada? ¿Por qué tiene que llover hoy? ¿Por qué las habitaciones en Inglaterra son tan caras?
Primicia: mi habitación de doce metros cuadrados, 2731 libras con desayuno incluído está abierta para todo el mundo. El té con leche para mí, tu te quedas con los cereales.
2731 libras son 4000 euros. En casa me van a matar.
los alemanes
Ayer salimos con dos alemanes de 16 o 17 años. Uno de ellos es primo de Lala, y el otro un amigo. Rubios, monos ellos, pero sí, demasiado pequeños. Teníamos que hablar con ellos en inglés y era divertido oir a Angie farfullar y hacer uso del inglés que aprendió en el colegio. Bueno, los alemanes (cuyos nombres no recuerdo) no parecían tener mucho nivel y de todas formas luego estábamos todos borrachos y tampoco importaba mucho lo que se dijera o en qué idioma.
Cenamos pastel de cabracho (fish foie en traducción de Angie), tabla de embutidos, pulpo, chipirones, y mejillones a la vinagreta. Angie se empeñaba en decir que debían comerlo todo porque en España había una maldición y cuando dejabas algo en el plato te arriesgabas a tener una mujer fea (ugly wife, decía ella. "Like Angie", murmuraba yo).
Es bastante preocupante que acabáramos en el karaoke otro fin de semana más. Lala y yo repetimos Aserejé ante la mirada de estupefacción de la hermana de Lala, su cuñado, Angie y los dos alemanes. Luego cantamos algo en inglés pero ya no lo recuerdo, estaba borracha.
Regresamos también al Tizón después de que nos echaran el otro día para jugar un billar, y tuvimos tiempo de ir a la playa de San Lorenzo (cuatro de la mañana) y meternos en el agua. Pingadura total con ropa incluída y esas cosas.
El fin de noche fue en un bar de adolescentes bakaladeros donde bailamos en la gogotera éxitos de Paco Pil, Ecuador y no se qué más milongas. Bastante terrible, pero lo pasé bien.
Y no recuerdo más.
Yo sólo se que llegué a casa a las siete de la mañana y que debía estar despierta a las ocho y media de la mañana para abrir la tienda. Me desperté a las 10:28 (con la merluza me olvidé de poner el despertador), dos minutos antes de la hora en que ya debería empezar a cobrar y vender más y más camisetas. Agarré la ropa de la noche anterior (mojada aún) que era lo que estaba más a mano, y sin peinar y sin poder beber agua para combatir la más que evidente resaca, me metí en un taxi rumbo a la tienda. Llegué veinte minutos tarde y nadie se enteró, yuju. Sin embargo, esto es algo que sólo puedo hacer yo: no lo intentes en casa. Y si lo intentas, por favor, no vayas a trabajar con la ropa húmeda hasta la cintura.
Ahora voy a dormir las horas que no dormí esta noche.
Mañana creo que veo a Xuxú, bien.
Cenamos pastel de cabracho (fish foie en traducción de Angie), tabla de embutidos, pulpo, chipirones, y mejillones a la vinagreta. Angie se empeñaba en decir que debían comerlo todo porque en España había una maldición y cuando dejabas algo en el plato te arriesgabas a tener una mujer fea (ugly wife, decía ella. "Like Angie", murmuraba yo).
Es bastante preocupante que acabáramos en el karaoke otro fin de semana más. Lala y yo repetimos Aserejé ante la mirada de estupefacción de la hermana de Lala, su cuñado, Angie y los dos alemanes. Luego cantamos algo en inglés pero ya no lo recuerdo, estaba borracha.
Regresamos también al Tizón después de que nos echaran el otro día para jugar un billar, y tuvimos tiempo de ir a la playa de San Lorenzo (cuatro de la mañana) y meternos en el agua. Pingadura total con ropa incluída y esas cosas.
El fin de noche fue en un bar de adolescentes bakaladeros donde bailamos en la gogotera éxitos de Paco Pil, Ecuador y no se qué más milongas. Bastante terrible, pero lo pasé bien.
Y no recuerdo más.
Yo sólo se que llegué a casa a las siete de la mañana y que debía estar despierta a las ocho y media de la mañana para abrir la tienda. Me desperté a las 10:28 (con la merluza me olvidé de poner el despertador), dos minutos antes de la hora en que ya debería empezar a cobrar y vender más y más camisetas. Agarré la ropa de la noche anterior (mojada aún) que era lo que estaba más a mano, y sin peinar y sin poder beber agua para combatir la más que evidente resaca, me metí en un taxi rumbo a la tienda. Llegué veinte minutos tarde y nadie se enteró, yuju. Sin embargo, esto es algo que sólo puedo hacer yo: no lo intentes en casa. Y si lo intentas, por favor, no vayas a trabajar con la ropa húmeda hasta la cintura.
Ahora voy a dormir las horas que no dormí esta noche.
Mañana creo que veo a Xuxú, bien.
.
no quiero ir al puto trabajo
ya lo he dicho
necesito pharmatón
me duele la espalda y paso de subir al almacén cargada de cajas
no quiero ir al puto trabajo
quiero dormir tres horas de siesta
comprarme unos pantalones
acabar Lunar Park
lo que sea
ya lo he dicho
necesito pharmatón
me duele la espalda y paso de subir al almacén cargada de cajas
no quiero ir al puto trabajo
quiero dormir tres horas de siesta
comprarme unos pantalones
acabar Lunar Park
lo que sea
De tontunas, planes y deseos
DE CÓMO DEMOSTRÉ TENER MUY POQUITAS LUCES
Estaba sola en casa y me apetecía dar un paseo, así que salí a la calle hecha unos zorros (eran las doce y media de la noche y no había apenas gente en la calle) y me llevé únicamente el móvil, las llaves, y la cajetilla de tabaco con el mechero dentro. Cerré la puerta de casa dándole las cuatro vueltas a la llave, y entonces se me ocurrió que podría dejarlas escondidas en una de los tiestos, no por nada, sino para llevar las manos aún más desocupadas durante la caminata.
Di mi paseo de un hora y a eso de la una y media de la mañana regresé. Delante del portal me miré las manos, saqué un cigarrillo. Las volví a mirar. Faltaba algo, claro. Las llaves, eso es. Entonces me metí la mano en el bolsillo del pantalón y maldije mi estrechez de mente. Las llaves de casa estaban dentro de un maldito tiesto junto con las del portal. Comprobé la hora: demasiado tarde para hacerme pasar por cartero comercial.
Barajé otras opciones: podría hacerme pasar por telepizzero despistado, pero sería sospechoso.
Bien, me dije, dormiré en la calle y mañana iré a trabajar, así al menos llegaré puntual. Pero entonces imaginé crímenes, drogas, violaciones, y descarté la absurda idea.
Podría haber llamado a Lala y Angie, pero ellas están trabajando fuera esta semana.
Al final me decidí a llamar al timbre de un vecino. Noté cómo me ponía colorada de la vergüenza mientras me identificaba por el telefonillo, y eso que no confesé el desliz del tiesto.
Luego, una vez en casa, me sentí gilipollas y un poco culpable por ser el imsomnio particular de mi edificio.
PLANES
Um, me voy a la playa ahora, me bañaré en el mar y a las cinco menos diez me cambiaré de ropa en la playa (sin que se me caiga la toalla como suele suceder) e iré al trabajo. Hoy viene La Jefa Suprema a inspeccionar el estado de la tienda. Por la mañana me tocó limpiar el baño y fue un poco asqueroso, y yo estoy muy sensible y tuve que pisar el suelo (cuando se secaba lo de la fregona) para echar unas lagrimillas antiestrés dentro.
DESEOS DEL DÍA:
Dios, no quiero conocer a la Jefa Suprema, no, hoy no. Y tampoco quiero que el patético de mi Jefecillo Mínimo, con su nivel de 4º de EGB, me pregunte si necesito ayuda cuando llegue un inglés a la tienda. Oh, vamos, ¿qué se cree, que soy anormal? Bueno....quizás, pero en fin, creo que estudio Filología Inglesa para algo.
También desearía no volver a contemplar la terrible imagen de mi jefe caminando en calzoncillos por el almacén. Sería muy amable de su parte ponerse algo de ropa, aunque haya este calor.
Y como yo soy muy buena y muy trabajadora, ya de paso desearía que el otro jefe pesado que se presenta allí cuando menos se le necesita dejara de mirarme el culo y de observarme fijamente mientras atiendo a la gente. Gracias.
Estaba sola en casa y me apetecía dar un paseo, así que salí a la calle hecha unos zorros (eran las doce y media de la noche y no había apenas gente en la calle) y me llevé únicamente el móvil, las llaves, y la cajetilla de tabaco con el mechero dentro. Cerré la puerta de casa dándole las cuatro vueltas a la llave, y entonces se me ocurrió que podría dejarlas escondidas en una de los tiestos, no por nada, sino para llevar las manos aún más desocupadas durante la caminata.
Di mi paseo de un hora y a eso de la una y media de la mañana regresé. Delante del portal me miré las manos, saqué un cigarrillo. Las volví a mirar. Faltaba algo, claro. Las llaves, eso es. Entonces me metí la mano en el bolsillo del pantalón y maldije mi estrechez de mente. Las llaves de casa estaban dentro de un maldito tiesto junto con las del portal. Comprobé la hora: demasiado tarde para hacerme pasar por cartero comercial.
Barajé otras opciones: podría hacerme pasar por telepizzero despistado, pero sería sospechoso.
Bien, me dije, dormiré en la calle y mañana iré a trabajar, así al menos llegaré puntual. Pero entonces imaginé crímenes, drogas, violaciones, y descarté la absurda idea.
Podría haber llamado a Lala y Angie, pero ellas están trabajando fuera esta semana.
Al final me decidí a llamar al timbre de un vecino. Noté cómo me ponía colorada de la vergüenza mientras me identificaba por el telefonillo, y eso que no confesé el desliz del tiesto.
Luego, una vez en casa, me sentí gilipollas y un poco culpable por ser el imsomnio particular de mi edificio.
PLANES
Um, me voy a la playa ahora, me bañaré en el mar y a las cinco menos diez me cambiaré de ropa en la playa (sin que se me caiga la toalla como suele suceder) e iré al trabajo. Hoy viene La Jefa Suprema a inspeccionar el estado de la tienda. Por la mañana me tocó limpiar el baño y fue un poco asqueroso, y yo estoy muy sensible y tuve que pisar el suelo (cuando se secaba lo de la fregona) para echar unas lagrimillas antiestrés dentro.
DESEOS DEL DÍA:
Dios, no quiero conocer a la Jefa Suprema, no, hoy no. Y tampoco quiero que el patético de mi Jefecillo Mínimo, con su nivel de 4º de EGB, me pregunte si necesito ayuda cuando llegue un inglés a la tienda. Oh, vamos, ¿qué se cree, que soy anormal? Bueno....quizás, pero en fin, creo que estudio Filología Inglesa para algo.
También desearía no volver a contemplar la terrible imagen de mi jefe caminando en calzoncillos por el almacén. Sería muy amable de su parte ponerse algo de ropa, aunque haya este calor.
Y como yo soy muy buena y muy trabajadora, ya de paso desearía que el otro jefe pesado que se presenta allí cuando menos se le necesita dejara de mirarme el culo y de observarme fijamente mientras atiendo a la gente. Gracias.
karaoke y diversiones macarro-pueriles
El sábado se resume así:
1. Ocho horas de trabajo.
2. Quedo con Lala para ir a la Semana Negra, donde nos subimos en una atracción mortal llamada "Ratón vacilón". Este año no nos tocó muerte, quizás el año que viene sí.
3. Actuación de hora y cuarto de un grupo cuyo nombre no recuerdo. Tocaron canción y media.
4. Meadita entre dos coches ( la cuestión de los baños es la asignatura pendiente de la Semana).
5. Bar de adolescentes donde tomamos una bebida llamada Tumbadioses. Ya no estamos para esas tonterías, pero en fin.
6. ENTRADA TRIUNFAL EN EL KARAOKE CON SUBLIME INTERPRETACIÓN DE A) ASEREJÉ (baile incluido), y B) BURBUJAS DE AMOR (de Juan Luis Guerra). También le robé el micro a un chico e hice un dueto con él, pero no recuerdo qué canción era. Todos nos aplaudieron mucho, pero me quedé con las ganas de interpretar alguna de la Jurado.
7. EXPULSIÓN DEL BAR AL QUE SOMOS ASIDUAS CUANDO TUVIMOS LA GENIAL IDEA DE LANZAR UNA BOMBA FÉTIDA DENTRO DE LA BARRA.
Lala, con lanzamiento certero, tiró la última bomba que robé el año pasado en La Feria de Muestras. Olor realmente insoportable.
8. Como dos macarras salimos del bar y conocemos a un niñato que cree que soy genovesa solo porque imito a Carmen Russo. Nos acompaña una gran parte del camino mientras nos mira alucinado y repite: Qué fuerte, tío, no puedo creerlo.
(¿El qué? ¿Que yo sea de Génova? Hombre, chaval, no me extraña...)
9. Seis de la mañana en la cama. Vomito unas...eh....cuatro veces.
(Recomiendo leer el Vida desesperada mejor olvidarla de Lala, que para una vez que actualiza...)
Y el domingo, a poner la lavadora con las sábanas (mala puntería la mía) y el pijama (me gusta revolcarme en mis miserias, se conoce). Me paso la mañana muerta de risa regodeándome en mi marranez y currando las ocho horas de rigor. Un día llamaré a Lala para que tire una bomba fétida a los pies de mi jefe el mierdas.
Y ahora...a recoger la casa. Mañana abro yo la tienda a las diez y media y vuelven mis abuelos, he de dejarlo todo atado y bien atado, como con Franco.
Veamos: planchar, fregar los platos, recoger la ropa tirada, ventilar la cocina para que se vaya el olor a humo, et c' est tout.
1. Ocho horas de trabajo.
2. Quedo con Lala para ir a la Semana Negra, donde nos subimos en una atracción mortal llamada "Ratón vacilón". Este año no nos tocó muerte, quizás el año que viene sí.
3. Actuación de hora y cuarto de un grupo cuyo nombre no recuerdo. Tocaron canción y media.
4. Meadita entre dos coches ( la cuestión de los baños es la asignatura pendiente de la Semana).
5. Bar de adolescentes donde tomamos una bebida llamada Tumbadioses. Ya no estamos para esas tonterías, pero en fin.
6. ENTRADA TRIUNFAL EN EL KARAOKE CON SUBLIME INTERPRETACIÓN DE A) ASEREJÉ (baile incluido), y B) BURBUJAS DE AMOR (de Juan Luis Guerra). También le robé el micro a un chico e hice un dueto con él, pero no recuerdo qué canción era. Todos nos aplaudieron mucho, pero me quedé con las ganas de interpretar alguna de la Jurado.
7. EXPULSIÓN DEL BAR AL QUE SOMOS ASIDUAS CUANDO TUVIMOS LA GENIAL IDEA DE LANZAR UNA BOMBA FÉTIDA DENTRO DE LA BARRA.
Lala, con lanzamiento certero, tiró la última bomba que robé el año pasado en La Feria de Muestras. Olor realmente insoportable.
8. Como dos macarras salimos del bar y conocemos a un niñato que cree que soy genovesa solo porque imito a Carmen Russo. Nos acompaña una gran parte del camino mientras nos mira alucinado y repite: Qué fuerte, tío, no puedo creerlo.
(¿El qué? ¿Que yo sea de Génova? Hombre, chaval, no me extraña...)
9. Seis de la mañana en la cama. Vomito unas...eh....cuatro veces.
(Recomiendo leer el Vida desesperada mejor olvidarla de Lala, que para una vez que actualiza...)
Y el domingo, a poner la lavadora con las sábanas (mala puntería la mía) y el pijama (me gusta revolcarme en mis miserias, se conoce). Me paso la mañana muerta de risa regodeándome en mi marranez y currando las ocho horas de rigor. Un día llamaré a Lala para que tire una bomba fétida a los pies de mi jefe el mierdas.
Y ahora...a recoger la casa. Mañana abro yo la tienda a las diez y media y vuelven mis abuelos, he de dejarlo todo atado y bien atado, como con Franco.
Veamos: planchar, fregar los platos, recoger la ropa tirada, ventilar la cocina para que se vaya el olor a humo, et c' est tout.
pastsimplefuture
Pensaba salir, pensaba beberme la botella, pensaba hacerme una cena rica, pensaba en ti de una manera un poco más ¿distante?. Sí, eso es, distante.
Al final leí cinco capítulos del nuevo de Bret Easton Ellis (Lunar Park), me di un automasaje en los pies con el gel frío, cené pulpo que sobraba de la comida, bebí dos vasos de agua, y me dormí por puro cansancio, no porque yo no quisiera hacer más cosas.
Pero hoy volví al Pharmatón para afrontar las ocho horas seguidas de pié y tengo energía.
En la tienda menos gente, menos ventas. Soy la jodida traductora en inglés y francés de los mensajes de las camisetas, soy la imbécil que sube al almacén las veces que haga falta porque los madrileños pesaditos de turno quieren el modelo tal en la talla cual, y luego la ven y opinan que "a Pablito esto no le entra, hombre", y prestas atención a la discusión marital sobre el tamaño de Pablito, que al parecer es un bebé muy alto para su edad y gordito. Pues no le deis tanta papilla, qué coño quereis que os diga. Y se llevan la camiseta, pero no la que he bajado del almacén, otra.
Entonces voy al baño, cojo el pastillero, pero lo coloco dentro del bolso de nuevo mientras canto mentalmente el A por ellos que cantaba los domingos en el Molinón, cuando los sábados no eran más que resaca, gritos, risas, goles, chipirones del Dakar y cervezas.
La gente me cae bien. Quiero decir, suelo pensar lo mejor de los demás aunque en ocasiones haya malicia; puedo ver cosas bonitas en un trozo de mierda, pero no soporto a mi jefe. Y tampoco es para tanto, lo se, estoy exagerando lo negativo, pero agggggggggggg.
Y ahora: ducha, cena, automasaje en los pies, Cocacola light, quizás vaso de vino, y a la calle.
Y la resaca ya vendrá mañana.
Al final leí cinco capítulos del nuevo de Bret Easton Ellis (Lunar Park), me di un automasaje en los pies con el gel frío, cené pulpo que sobraba de la comida, bebí dos vasos de agua, y me dormí por puro cansancio, no porque yo no quisiera hacer más cosas.
Pero hoy volví al Pharmatón para afrontar las ocho horas seguidas de pié y tengo energía.
En la tienda menos gente, menos ventas. Soy la jodida traductora en inglés y francés de los mensajes de las camisetas, soy la imbécil que sube al almacén las veces que haga falta porque los madrileños pesaditos de turno quieren el modelo tal en la talla cual, y luego la ven y opinan que "a Pablito esto no le entra, hombre", y prestas atención a la discusión marital sobre el tamaño de Pablito, que al parecer es un bebé muy alto para su edad y gordito. Pues no le deis tanta papilla, qué coño quereis que os diga. Y se llevan la camiseta, pero no la que he bajado del almacén, otra.
Entonces voy al baño, cojo el pastillero, pero lo coloco dentro del bolso de nuevo mientras canto mentalmente el A por ellos que cantaba los domingos en el Molinón, cuando los sábados no eran más que resaca, gritos, risas, goles, chipirones del Dakar y cervezas.
La gente me cae bien. Quiero decir, suelo pensar lo mejor de los demás aunque en ocasiones haya malicia; puedo ver cosas bonitas en un trozo de mierda, pero no soporto a mi jefe. Y tampoco es para tanto, lo se, estoy exagerando lo negativo, pero agggggggggggg.
Y ahora: ducha, cena, automasaje en los pies, Cocacola light, quizás vaso de vino, y a la calle.
Y la resaca ya vendrá mañana.
la mofeta
Cuarto día ddPh (después de dejar el Pharmatón).
Caramba, esas viejas del taichi son sorprendentes. Ahí hay gente con mucho nivel, auténticas maestras que inventan sobre la marcha movimientos nuevos y, a pesar de su avanzada edad, los ejecutan con una armonía y un buen gusto que ya me gustaría a mi.
Hoy es un día histórico para el taichi, un día que será recordado por los amantes de esta disciplina. Teníamos la grulla, el tigre y que se yo que otros nombres, pero ahora...ahora tenemos LA MOFETA.
Antes de comenzar los ejercicios propiamente dichos hacemos unos minutos de calentamiento, estirándonos y demás. Con las piernas flexionadas y el peso repartido entre las dos piernas dejamos caer el cuerpo abajo y nos balanceamos en esa postura a derecha e izquierda. ¿Fácil, eh? Culete en pompa ya sentimos fluir la energía oh sí.
Pero entonces la señora de atrás, en la segunda repetición, deja escapar un...¿ruido? No, no, no, aquello era un pedo en toda regla.
HABÍA CREADO LA "MOFETA".
Lo dicho, este día pasará a los anales (dios, ya estoy haciendo bromas baratas) de esta legendaria práctica. En la próxima clase me pondré detrás de ella con un mechero y crearemos el "Fuego Artificial", lo estoy viendo.
Y mañana empiezo a trabajar de continuo, y sin Pharmatón, hasta que el cuerpo aguante. Bien, aún me queda un paquete entero, pero lo reservaré para momentos especialmente agotadores como eh...pues no se, como bajar a tirar la basura uno de esos días en los que yaces en el sofá en pijama .
Tengo que pasar por la Semana Negra antes de que acabe. Fuimos el sábado pasado pero no vi la zona de los libros y no me subí en la noria, jopé. Hoy me quedo sola en casa hasta el martes que viene, tendré que aprovechar. Jueves, viernes, sábado, domingo, lunes, martes: alcoholidays mientras trabajo.
Uh, estoy contenta. Pero no quiero ir a ese trabajo, no quiero volver a dejar encerrados a los clientes porque acciono sin querer la llave que baja la persiana, no quiero estar ocho horas de pié sin parar, no quiero fumar más cigarrillos a escondidas, no quiero que lleguen más tinerfeñas y me llamen Muxaxaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa a gritos.
Caramba, esas viejas del taichi son sorprendentes. Ahí hay gente con mucho nivel, auténticas maestras que inventan sobre la marcha movimientos nuevos y, a pesar de su avanzada edad, los ejecutan con una armonía y un buen gusto que ya me gustaría a mi.
Hoy es un día histórico para el taichi, un día que será recordado por los amantes de esta disciplina. Teníamos la grulla, el tigre y que se yo que otros nombres, pero ahora...ahora tenemos LA MOFETA.
Antes de comenzar los ejercicios propiamente dichos hacemos unos minutos de calentamiento, estirándonos y demás. Con las piernas flexionadas y el peso repartido entre las dos piernas dejamos caer el cuerpo abajo y nos balanceamos en esa postura a derecha e izquierda. ¿Fácil, eh? Culete en pompa ya sentimos fluir la energía oh sí.
Pero entonces la señora de atrás, en la segunda repetición, deja escapar un...¿ruido? No, no, no, aquello era un pedo en toda regla.
HABÍA CREADO LA "MOFETA".
Lo dicho, este día pasará a los anales (dios, ya estoy haciendo bromas baratas) de esta legendaria práctica. En la próxima clase me pondré detrás de ella con un mechero y crearemos el "Fuego Artificial", lo estoy viendo.
Y mañana empiezo a trabajar de continuo, y sin Pharmatón, hasta que el cuerpo aguante. Bien, aún me queda un paquete entero, pero lo reservaré para momentos especialmente agotadores como eh...pues no se, como bajar a tirar la basura uno de esos días en los que yaces en el sofá en pijama .
Tengo que pasar por la Semana Negra antes de que acabe. Fuimos el sábado pasado pero no vi la zona de los libros y no me subí en la noria, jopé. Hoy me quedo sola en casa hasta el martes que viene, tendré que aprovechar. Jueves, viernes, sábado, domingo, lunes, martes: alcoholidays mientras trabajo.
Uh, estoy contenta. Pero no quiero ir a ese trabajo, no quiero volver a dejar encerrados a los clientes porque acciono sin querer la llave que baja la persiana, no quiero estar ocho horas de pié sin parar, no quiero fumar más cigarrillos a escondidas, no quiero que lleguen más tinerfeñas y me llamen Muxaxaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa a gritos.
taichi
Teniendo en cuenta que llevo toda la semana despertándome a la ua de la tarde, consideré una señal el hacerlo hoy a las nueve de la mañana. Sí, alguien quería decirme algo.
Me puse a pensar en la cama qué era lo que debía ocurrir, y entonces caí en la cuenta. ¡Los cursos de taichi!
Empezaba a las diez de la mañana en la playa de Poniente, así que me daba tiempo de sobra a llegar. Oh, sí, vuelta a la vida sana y todo eso.
Pero de camino a la playa me perdí y empecé a maldecirme a mi misma y a la señal que me dio los buenos días. Me metí en una especie de callejón donde gente con muy mala pinta esperaba ante un centro de acogida a tomar el café mañanero.
Niña presiosaaaaaaaaaaaa, el sol no sale hoy en Gijón porque estás tu aquí mi amol. Ven a tomarte algo con nosotros aquí!
Eh, um, sí, jeje, otro día quizás.
Me pierdo de nuevo y aparezco en el lugar donde hace dos o tres semana mataron a un mendigo. Doy marcha atrás.L a única posibilidad parece cruzar por la autopista. Lo hago, con miedo, pero lo hago.
Llego a las vías del tren donde advierte claramente: Prohibido cruzar.
Cruzo.
Y llego a taichi donde el profesor no es el del año pasado, hace chistes malos, y el grupito de viejas pesadas va radiando los movimientos mientras dicen: armonía, armonía, mira fía, esto ye la grulla.
Me puse a pensar en la cama qué era lo que debía ocurrir, y entonces caí en la cuenta. ¡Los cursos de taichi!
Empezaba a las diez de la mañana en la playa de Poniente, así que me daba tiempo de sobra a llegar. Oh, sí, vuelta a la vida sana y todo eso.
Pero de camino a la playa me perdí y empecé a maldecirme a mi misma y a la señal que me dio los buenos días. Me metí en una especie de callejón donde gente con muy mala pinta esperaba ante un centro de acogida a tomar el café mañanero.
Niña presiosaaaaaaaaaaaa, el sol no sale hoy en Gijón porque estás tu aquí mi amol. Ven a tomarte algo con nosotros aquí!
Eh, um, sí, jeje, otro día quizás.
Me pierdo de nuevo y aparezco en el lugar donde hace dos o tres semana mataron a un mendigo. Doy marcha atrás.L a única posibilidad parece cruzar por la autopista. Lo hago, con miedo, pero lo hago.
Llego a las vías del tren donde advierte claramente: Prohibido cruzar.
Cruzo.
Y llego a taichi donde el profesor no es el del año pasado, hace chistes malos, y el grupito de viejas pesadas va radiando los movimientos mientras dicen: armonía, armonía, mira fía, esto ye la grulla.
subir o bajar, he ahí la cuestión
Tres cansequillos (copas con ginebra), dos porros, una lasaña después, estoy em colocada,
Este ritmo de vida, um, mal. Muy mal.
Trabajar ocho horas, a veces nueve.
Dormir tres horas, a veces dos.
Bailar, reir, no comer, beberse cuatro copas, tres chupitos.
Vomitar una vez, a veces dos.
Pensar en ti, en ti, en ti, en ti.
Lala no se quiere hacer el tercer porro. Dita sea.
Os quiero.
Este ritmo de vida, um, mal. Muy mal.
Trabajar ocho horas, a veces nueve.
Dormir tres horas, a veces dos.
Bailar, reir, no comer, beberse cuatro copas, tres chupitos.
Vomitar una vez, a veces dos.
Pensar en ti, en ti, en ti, en ti.
Lala no se quiere hacer el tercer porro. Dita sea.
Os quiero.